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Furtivos por Julio Pirrera Quiroga

Noviembre despabila las brujas ansiosas de la siesta, con la monotonía de las chicharras.
La sangre cruje en la sien forjando el rumor de las venas apuradas.
Y el acecho, arrastra su mirada larga.
Sigilosas las ánimas del encanto acarician con aire caliente la piel desconcertada.
La calle de los álamos blancos, tirita el ruido.
Desfachatado el mono azul de los secretos, se pasea por la sombra de los árboles masticando un nombre prohibido.
Un pájaro quieto, teje la flojera del vuelo intuyendo la vida en el hueco del abrazo.
Sus ojos escarban el sollozo de los suspiros.
Y la sangre se desangra en la sangre desbocada, arriando a los latidos.
La certeza del amor en carne viva, espanta los juramentos del rechazo.
La pasión se anidará en los huesos como el sol en el sabor del vino.
Y arderá el silencio, en la boca que sella el aliento de otra boca mojada.
Desata confidencias el roce clandestino.
Ya nada se parece a nada.
Y las ansias, parte del pasado.
Los álamos blancos tiemblan la tarde en el comadreo de las hojas.
Y los amantes, se acurrucan en el rescoldo de un beso demorado.
JPQ 2006

 

 

 

 

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