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Poesía de Invierno
Por Julio Pirrera Quiroga

Entre vaticinios e incertidumbres

 

Pintura: Kenneth Kemble

 

Omnes ferunt, ultima necat

Morar la Vida
La realidad, vaticina el devenir cotidiano empobreciendo el momento de abrir los ojos para celebrar la vida.
Y mientras los perros del caserío duermen,
un trago caliente y soñoliento chancletea
la salida.
Frunce las cejas el aliento de la calle.
En silencio, evita rozar otras manos eludiendo el saludo huraño de la despedida.
Carencias.
El fastidio cobijado en el hueco del compromiso, alza vuelo en el trecho de la ida, a la misma hora, todos los días.
Enoja el recorrido recordar carencias.
En el traqueteo del viaje descubre siempre
Igual la claridad de la madrugada, de cuando en cuando zamarrean sus ojos, imperceptibles pestañeos espantando la ensoñación.
En silencio.
El reconocimiento de la manada respeta el silencio.
De vez en vez las palomas de sus manos, rozan el cuero curtido de la frente desperezando el gesto enjuto de la cara sin vacilación.
Se amarillea la mañana.
El ruido igual y la costumbre, desmadejan los pensamientos hasta llegar.
Tarde, entre sombras desteñidas, el tropel del regreso amontonará en sus comisuras el cansancio que construyó la partida.
En silencio.
El volver estira más la distancia mientras los sueños, le mienten a la existencia.
La prepotencia del esfuerzo languidece la mirada altiva.
La inevitable rutina se anidará en las orillas de las palabras, colgando la mansedumbre en la puerta de la hambruna apurada.
Hasta que el nuevo amanecer, despabile otra vez la llamada proletaria que espera agazapada.   

 

Dudas
Los pájaros de la  incertidumbre se adueñan del  abrazo.
Y el beso apurado, es una puñalada en la  sombra de la desconfianza.
El  resquemor escarba en la imaginación deshilachando los motivos de la  demora en su fragancia.
Nada es igual.
El portón, la esquina, la vereda, el rincón y la mesa del bar, sembraron  intrigas en la espera desolada.
Nada será igual.
La excusa  torna huraña la mirada y el silencio no cree en ella ni en ninguna.
Y allá va el desquite imaginado pintando venganzas.
Del último encuentro,  va a olvidar las ramas azules en el cielo celeste con nubes de luna.
Y  de la tarde aquella, el amarillo intenso cortado en el medio por el vuelo de los suspiros verdes de la primera vez.
En la cuesta del acecho se arrastra  el  presagio caldeando la certeza.
Tarda más de la cuenta el aletear cansino de las palomas de sus ojos,  en desmadejar  el juramento de una  promesa.
Nada es igual.
La suspicacia desconfía  hasta del recuerdo.
Sin embargo, y  a pesar de todo, el instinto huele  sangre y desata  los perros de las ansias.
Las velas encendidas de su piel, señalarán el camino deshaciendo la escarcha de los  pensamientos.
Igual, ya nada será igual.
Las dudas husmearán  a su alrededor como una manada de lobos hambrientos.

 


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