15
de abril de 2005 en el IUNA
A
lo largo de casi 30 años, compartí con Eliseo
muchisimas clases, algunas co-coordinaciones de grupos,
muchos artículos escritos, proyectos pedagógicos
y artísticos, una temporada teatral y dos libros,
además de aventuras y desventuras de la vida cotidiana.
Como
testigo privilegiado, puedo decir que en cada una de esas
cosas no hay una sola letra que no sea fiel a quien el era
genuinamente en cada momento. No hay palabras huecas ni
meras expresiones de deseos, ni declaraciones panfletarias,
solo el reflejo de un trabajo y una búsqueda coherentes.
Cuando
escribíamos la primera versión de "El
Cuerpo Emocionado" en el '87, un día me dijo
que creía que yo era la persona que mas sabia de
su trabajo, y que le gustaba que no fuese una interlocutora
complaciente. Después se quedo pensando y agrego
que yo era la persona con quien mas hablaba de si. Yo respondí
que eso no era raro, considerando que el y su trabajo eran
lo mismo.
Cuento
esto porque tiene que ver con algo que a Eliseo le importaba,
que era comprobar que no hablaba de utopías o idealismos
ingenuos, sino que esa emoción y creatividad que
describía en los escritos y en las clases era vivible
cotidianamente.
Había
una intensidad en todo lo que hacia que era una celebración,
y que se expresaba con los alumnos, en lo que escribía
o arreglando una canilla, y hacia que muy rara vez hubiese
momentos intrascendentes estando con el. Eliseo casi nunca
funcionaba en piloto automático.
Cuando
estabamos terminando esta segunda versión del libro,
hablando sobre la libertad como concepto, me decía
que luego de todo un recorrido que el imaginaba diverso,
se daba cuenta de que finalmente su trabajo era una comprensión
profunda de la ideología libertaria de sus padres
y abuelos anarquistas.
Y otra vez apareció el tema de la practica cotidiana
de palabras que parecen muy grandes para usar de entrecasa
pero que no tienen sentido si solo se las usa para las ocasiones
especiales o por unos pocos elegidos.
Libertad,
responsabilidad, creatividad, emoción, son conceptos
que Eliseo desplegaba en cada gesto, con coherencia aun
en la contradicción que implica aceptarse multifacetico
y cambiante. Y compartía esta posibilidad con todos
los que estuviesen dispuestos a emprender el viaje, con
la premisa de que no había que ser especial para
lograrlo, o de que en realidad, todos somos especialisimos.
En
una sobremesa en que se conversaba de cualquier cosa, su
madre nos dijo una vez: "A mi me gusta como ustedes
hablan", y supongo que ese como aludía
a esto de las intensidades, la no intrascendencia, el estar
presente aun para hablar de lo mas frívolo.
Retomo
la pregunta del libro ¿Por qué volver a
escribir? para mencionar que es lo nuevo en esta segunda
versión ampliada. Aquí, además de la
idea de neurosis como mal endémico y cultural, y
de la educación como causa inevitable de alienación
o enajenación, aparece la implementación concreta
de un proyecto de Educación por el Arte en una escuela
secundaria y el desarrollo del porque artístico y
pedagógico de la improvisación como método.
Nuevamente, mas allá de los principios enunciados,
hay acciones concretas en que se plasman estas ideas, que
proponen desde un hacer comprometido, empezando por el mismo,
y no bajando línea. Eliseo jamas decía, "Habría
que..." sino que se ocupaba de lo que le parecía
importante y trataba de hacerlo significativo para otros,
sin caer en la melancolía, la queja sin propuesta,
el no hacerse cargo de la propia emoción o la impotencia
del sentirse víctima.
En
el libro se y nos pregunta:
"Los maestros debiéramos
impedirnos ofrecer modelos para la imitación.
¿Cómo seria realizar nuestra tarea escolar,
sin apelar únicamente a sacralizar e imponer modelos
externos? ¿Como seria si de verdad estimulásemos
el descubrir y descubrirse, el descubrir el conocimiento
en lugar de adquirirlo? ¿A que precio lo adquieren
hoy nuestros alumnos? ¿A que precio se lo vendemos,
nosotros los maestros? ¿Que oscuras debilidades personales
pretendemos saciar con esta transacción?"
Ninguna
de estas cosas son dichas en abstracto, sino luego de trabajosa
y fascinante creación. Tampoco son dichas con carácter
definitivo, justamente porque para Eliseo, el placer estaba
en la búsqueda mas que en estabilizar los encuentros.
Sobre
eso nos dice: "... deseo personalmente
encontrarme rebatiendo los postulados que hoy sustento,
porque con esa actitud me demostrare que sigo defendiendo
mi condición de artista como individuo libre y no
como profesional que sabe capitalizar como éxito
propio el gusto de una mayoría propensa a la comodidad
de "los gustos ya digeridos".
Cuando
hablaba de movimiento, se refería a eso, no al logro
de una técnica sacralizada en un movimiento muscular
preestablecido, ni a la agitación sin sentido en
busca de novedad, sino a la actitud de abrazar el fluir
de la vitalidad en nosotros y los otros, y responder inevitablemente,
generando cambio, no para encontrar un estado ideal donde
volver a instalarse, sino para seguir buscando equilibrarnos
cada vez según el estimulo, la necesidad y la elección.
Mario
Weinfeld dice sobre los intelectuales:
"No me precio de ser muy riguroso para las definiciones,
pero tengo una hipótesis de qué es lo que
define a un intelectual. No pensar, que lo hacen todos los
humanos. Ni pensar mucho, que lo hacen los neuróticos.
Ni pensar bien, que lo hacen los inteligentes. Lo que pinta
al intelectual es su aptitud para hacer pensar a los otros."
(*)
Creo
que en este libro, Eliseo no solo piensa su practica, sino
que también, como siempre, a partir de habitarse,
nos hace pensar y sentir, favoreciendo una vez mas lo que
el llamaría "la producción del propio
discurso, la creación de la propia poética."
(*) Mario Weinfeld (Pág. 12 8/4/03) nota sobre Oscar
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