>> IR AL ALTILLO
La sala de estar


PRINCIPAL
LA SALA DE ESTAR
EL ESTUDIO
EL PATIO DE ATRAS
LA COCINA
EL BARRIO
 
Descargar archivo

Acción de palabras que no callan el dolor.
Instalación coordinada por Marcelo Percia, en el 3er. Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos. Buenos Aires, 13 de Noviembre de 2004

Tercer Congreso Internacional
Salud Mental y Derechos Humanos

Asociación Madres de Plaza de Mayo.


1.
Mesa permanente. Voces que no se interrumpen. Un colectivo de expositores leen textos. Un dúo de guitarras acústicas dice algo. Cada acción toma diez minutos. El escenario panel siempre ocupado por más de una persona. Cada tanto se levanta alguien. Otro ocupa su lugar. Se utiliza una contraseña de pasaje. Cada expositor confiesa su nombre, anuncia el título de lo que leerá, las señas del autor (el texto puede ser suyo o de otro); dice: "entonces, ahora, comienzo". Al terminar repite su nombre, el título de lo que leyó, las señas del autor; dice: "entonces... dejo mi texto sobre esta mesa, ahora, paso la palabra". Todos repiten la misma fórmula. Movimientos suaves, acompasados, no distraen ni llaman la atención. Las presentaciones se suceden, una tras otra, sin pausa hasta el momento de cierre. No hay espacios en blanco. No hay intervalos. Cada participante trae dos copias impresas de lo que leerá, una queda disponible sobre la mesa. Algunas lecturas se repiten. A veces alguien ofrece su voz para la palabra de otro. La gente entra y sale. Una persona hace recepción de los que llegan en el umbral. Quizás un recién venido tenga ganas de prestar su voz para interpretar las palabras que comienzan a poblar el lugar. Al final, los que participamos durante diferentes momentos leemos, todos a la vez, los textos. Un cierre entre amigos. Tal vez nada pueda decirse sobre el dolor. Una instalación de muchas horas para que voces entremezcladas pronuncien lo inescuchable. Con ese murmullo ensordecedor, entonces, hacemos silencio.


"Sin fantasía es mucho el dolor".
Macedonio Fernández.


FOTOGRAFIA: P. Moska - www.paulinhomoska.com.br

2.
El colectivo acción de palabras que no callan el dolor proclama su inadvertida disolución.

Tras el intento de sortear su propia mesa redonda (ese espacio de presentación de ideas, con un momento de preguntas, alguna discusión, protagonizado por expositores renombrados, que tienen un tiempo compartido, a la vez que limitado para permitir la atención de los asistentes) se esfuma, ahora, para siempre nuestra instalación.

No sin antes decir que no se ofreció como alternativa a las mesas redondas. Ni como avanzada contra formas conocidas. Tampoco se propició como multiplicación de palabras. O como obrar de la espontaneidad. O de los automatismos atropellados de una nueva ilusión creadora.

Se probó como narración colectiva. Relato, a la vez, monológico y polifónico. Sitio apartado de voces que permanecieron durante diez horas y cuarenta minutos. Responsabilidad de sostener la palabra entre muchos.

Acción de la que participaron cincuenta expositores. Voces que se sucedieron. Presencias en tránsito. Ficción de antiprotagonismo.

La decisión de decir algo. Hablar para pasar la palabra. Escenario en donde el por decir importó tanto como la voluntad de ocupar un lugar para dejar el lugar. Decisión activa, violenta, donadora, de habitar un momento. Ejercicio de desposesión. Cuerpos que se ausentaron para dar lugar a otros cuerpos. Lugares tomados por asalto. El hablar no como meta lograda sino como instante utópico de lo que no se alcanza. No importó si alguien dijo lo que había que decir. Se procuró la palabra que calla, la voz que persiste.

La intención de evitar formatos de prestigio, sin embargo, estuvo herida en el programa del congreso. Se puede matar sin querer. Tal vez el anonimato, una ingenua protesta identitaria. O ilusión extásica. Artificio para probar salir de uno mismo. Provisorio olvido de sí. La instalación no quiso consumir nombres propios. Insistió en restituir una agitación, una algarabía, hablaba, entre muchos.

Una semiosis colectiva que se preparaba para el silencio. Un conjunto desunido. Una vecindad de extrañezas. La amistad como lógica de un agrupamiento caprichoso. Una acción que no era modelo de nada. Un gramática continua afectada por imprevistos, desvíos, accidentes, acciones fuera de planes.

Dolientes que practicaron diferentes formas de ausencia. Palabras indocumentadas. Experiencias descompiladas. Fragilidad demorada en el umbral.

Discursos como objetos de papel sobre una mesa repleta. Acción de lecturas: el texto de un grupo de alumnas que deciden no hacer un parcial que desmiente los contenidos que están estudiando. Fragmentos de novelas. Poemas. Ensayos. Citas de autores. Relatos. Cartas (de una amiga que está lejos de su país tras muchos años de exilio, de un amigo que dice que está sangrando por los cuatro costados, de un hijo para su madre). Testimonios clínicos. Una ayuda memoria de parte de lo que no podremos leer en tan menuda jornada. Guitarras. Un escrito de una mujer que, a las tres de la mañana, habla con su compañero secuestrado el 28 de junio de 1976. Un telegrama de despido. Un listado de nombres del dolor en diferentes lenguas. Una editorial paródica sobre el acuerdo con la República Popular China.

Evocación del trayecto de lo ausente. Procesión de amantes aban-donados. La continuidad como protección de lo efímero.

La voluntad de leer interferida por el pasaje de voces que se presentan, que claman, invocantes, acompasadas, quebradas, entrecortadas; que llaman temblorosas, agudas, ronroneantes, vivas, inarticuladas, afónicas, graves; que penetran profundas, apagadas, roncas, afectadas, murmurantes, huecas; que vibran monocordes, apuradas, quejosas, querellantes; que braman tímidas, desnudas, tristes. El acento extranjero de una joven recitando en su lengua.

Recinto de una espera. No del milagro, ni de la creación, sino del accidente. Habla colectiva que se suelta. Papeles desmontados de sus cautiverios: una página cuadriculada arrancada de un cuaderno, impresos con tachaduras y agregados, manuscritos sin corregir, una hoja en blanco, copias con caracteres diversos, un papel impreso con letras azules, caligrafías incomprensibles, una hoja de afeitar pegada sobre un cartón, un fragmento transcripto de memoria, fotocopias de libros. Un trozo de papel higiénico con trazos precisos.

Diez horas y cuarenta minutos. Fatiga, aturdimiento, saturación. Deseo que no alcanza el decir que no tiene. Pasión desatada. Potencia que hace silencio. Refugio de un ansia que no cesa.

colectivo de cómplices que prefieren el anonimato

 

 
Copyright © 2003/2006 - Todos los derechos reservados -