2.
El
colectivo acción de palabras que no callan el
dolor proclama su inadvertida disolución.
Tras
el intento de sortear su propia mesa redonda (ese
espacio de presentación de ideas, con un momento
de preguntas, alguna discusión, protagonizado por
expositores renombrados, que tienen un tiempo compartido,
a la vez que limitado para permitir la atención de
los asistentes) se esfuma, ahora, para siempre nuestra instalación.
No
sin antes decir que no se ofreció como alternativa
a las mesas redondas. Ni como avanzada contra formas
conocidas. Tampoco se propició como multiplicación
de palabras. O como obrar de la espontaneidad. O de los
automatismos atropellados de una nueva ilusión creadora.
Se
probó como narración colectiva. Relato,
a la vez, monológico y polifónico. Sitio apartado
de voces que permanecieron durante diez horas y cuarenta
minutos. Responsabilidad de sostener la palabra entre muchos.
Acción
de la que participaron cincuenta expositores. Voces que
se sucedieron. Presencias en tránsito. Ficción
de antiprotagonismo.
La
decisión de decir algo. Hablar para pasar la palabra.
Escenario en donde el por decir importó tanto como
la voluntad de ocupar un lugar para dejar el lugar. Decisión
activa, violenta, donadora, de habitar un momento. Ejercicio
de desposesión. Cuerpos que se ausentaron para dar
lugar a otros cuerpos. Lugares tomados por asalto. El hablar
no como meta lograda sino como instante utópico de
lo que no se alcanza. No importó si alguien dijo
lo que había que decir. Se procuró la palabra
que calla, la voz que persiste.
La
intención de evitar formatos de prestigio, sin embargo,
estuvo herida en el programa del congreso. Se puede
matar sin querer. Tal vez el anonimato, una ingenua protesta
identitaria. O ilusión extásica. Artificio
para probar salir de uno mismo. Provisorio olvido de sí.
La instalación no quiso consumir nombres propios.
Insistió en restituir una agitación, una algarabía,
hablaba, entre muchos.
Una
semiosis colectiva que se preparaba para el silencio. Un
conjunto desunido. Una vecindad de extrañezas. La
amistad como lógica de un agrupamiento caprichoso.
Una acción que no era modelo de nada. Un gramática
continua afectada por imprevistos, desvíos, accidentes,
acciones fuera de planes.
Dolientes
que practicaron diferentes formas de ausencia. Palabras
indocumentadas. Experiencias descompiladas. Fragilidad demorada
en el umbral.
Discursos
como objetos de papel sobre una mesa repleta. Acción
de lecturas: el texto de un grupo de alumnas que deciden
no hacer un parcial que desmiente los contenidos que están
estudiando. Fragmentos de novelas. Poemas. Ensayos. Citas
de autores. Relatos. Cartas (de una amiga que está
lejos de su país tras muchos años de exilio,
de un amigo que dice que está sangrando por los cuatro
costados, de un hijo para su madre). Testimonios clínicos.
Una ayuda memoria de parte de lo que no podremos leer en
tan menuda jornada. Guitarras. Un escrito de una mujer que,
a las tres de la mañana, habla con su compañero
secuestrado el 28 de junio de 1976. Un telegrama de despido.
Un listado de nombres del dolor en diferentes lenguas. Una
editorial paródica sobre el acuerdo con la República
Popular China.
Evocación
del trayecto de lo ausente. Procesión de amantes
aban-donados. La continuidad como protección de lo
efímero.
La
voluntad de leer interferida por el pasaje de voces que
se presentan, que claman, invocantes, acompasadas, quebradas,
entrecortadas; que llaman temblorosas, agudas, ronroneantes,
vivas, inarticuladas, afónicas, graves; que penetran
profundas, apagadas, roncas, afectadas, murmurantes, huecas;
que vibran monocordes, apuradas, quejosas, querellantes;
que braman tímidas, desnudas, tristes. El acento
extranjero de una joven recitando en su lengua.
Recinto
de una espera. No del milagro, ni de la creación,
sino del accidente. Habla colectiva que se suelta. Papeles
desmontados de sus cautiverios: una página cuadriculada
arrancada de un cuaderno, impresos con tachaduras y agregados,
manuscritos sin corregir, una hoja en blanco, copias con
caracteres diversos, un papel impreso con letras azules,
caligrafías incomprensibles, una hoja de afeitar
pegada sobre un cartón, un fragmento transcripto
de memoria, fotocopias de libros. Un trozo de papel higiénico
con trazos precisos.
Diez
horas y cuarenta minutos. Fatiga, aturdimiento, saturación.
Deseo que no alcanza el decir que no tiene. Pasión
desatada. Potencia que hace silencio. Refugio de un ansia
que no cesa.
colectivo
de cómplices que prefieren el anonimato