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Razones para un joven poeta (¿servirán para un psicoanalista?)
Por Juan Pawlow
Transcribimos a continuación un fragmento del capítulo 16 de la Parte Segunda de "Don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes Saavedra.
En este pasaje, en el que Don Quijote dialoga con don Diego de Miranda "el de Verde Gabán", el Caballero de la Triste Figura arremete nuevamente contra un espejismo, en este caso uno que se hace presente cada vez que alguien intenta un acto de escritura. El asunto en cuestión es la relación de la lengua propia, la que se mama en la leche como dice Don Quijote, con alguna otra que se instala como ideal.

 

El asunto que nos concierne no es ya si escribir en "latín o griego" como en el caso del hijo de "el del Verde Gabán", pero está presente de un modo más sutil.
Don Quijote dice que ni Virgilio, ni Homero "fueron a buscar las (lenguas) estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos"; por nuestro lado podemos afirmar que hay escritos psicoanalíticos que parecen extranjeros, y no solo los de Lacan sino los de muchos habitantes de nuestra lengua.
Es un asunto complejo que no pretendemos resolver acá, sólo iremos desgranando algunas razones con el correr del tiempo. Asunto complejo en tanto juegan las vicisitudes de las traducciones (1), el empeño por el rigor conceptual, los ideales de la transmisión pura; lo cierto es que se ha instalado un modo "lacanés" o "etcheverriano" (sepa disculparse el horrible neologismo) así como abundó el "kleiniano" y también hubo la prosa de cuño positivista post-freudiana, que en muchos casos barrieron la posibilidad del encuentro con la lengua propia, la única posibilidad de acuñar un estilo.
Creemos que en el texto que transcribimos se puede leer el trazo grueso del asunto, aunque más bien léaselo disfrutando la pluma del buen Cervantes.

(1) Véase por ejemplo los derroteros entre el demander francés y el "pedir" castellano que sigue Irene Agoff en "Un caso de traducción imposible" en Redes de la letra n° 10

"La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo estremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar muchas otras doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor o príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo; y así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviese a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. Y a lo que decís, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, doime a entender que no anda muy acertado en ello, y la razón es esta: el grande Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió en griego, porque era latino. En resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos; y siendo esto así, razón sería se estendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya.

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