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Cuentos
fantásticos, cuentos de infancia
por Juan Pawlow
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Nos
acercaremos con algún cuidado al corazón del
misterio, a la noche profunda. En principio tomémoslo
por uno de sus sesgos: el despertar.
Una nena recién salida del sueño, con inquietud,
pregunta:
-¿Somos de verdad? Y ante el asombro de quien la
escucha continúa:
-¿Somos de verdad o somos un cuento? Finalmente aclara:
-A veces pienso que una abuela le cuenta un cuento a unos
chicos y nosotros estamos ahí, somos esos.
No necesita ser lacaniana para enunciar a su manera y en
una de sus aristas, la fórmula. "el deseo es
el deseo del Otro". En realidad sabemos que no descubre
nada nuevo, pero no está tan mal para sus cinco años.
"Los elixires del diablo" de E. T. A. Hoffmann
transitan esa vía en su vertiente siniestra. Las
"ruinas circulares" de J.L. Borges nos meten en
el mismo laberinto pero en un desplazamiento onírico:
somos el sueño del otro.
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Tiene
razón la nena, es verdad que somos un cuento: somos
relato sobre relato. Relato de padres a hijos, somos el
cuento de nuestros abuelos. Somos parte del mito.
Pero la preguntona no se detiene allí, hace rato
que viene insistiendo con otra vertiente de lo fantástico:
-¿Existen los monstruos?
Aunque le respondamos que no , deberíamos decirle
la verdad:
-¡Existen, claro que sí, chiquita!
Existen instaurados por el relato, instalados en la oscuridad
de lo desconocido(1). El cuento fantástico permite
transformar la amenaza en relato. Monstruos, fantasmas y
demás representaciones de la amenaza se aquietan
en el relato, en el cuento, en el mito. La literatura no
deja de transitar esas vías, sigue esas viejas trazas,
las recorre una y otra vez. Y vaya paradoja: en esto la
novedad muchas veces no trae nada nuevo, sino que se hunde
en aquellos viejos relatos, en temas ya recorridos. Tal
vez en este punto lo que distinga la buena literatura de
la otra es apenas un tono singular en el tratamiento de
lo ya alguna vez tramitado, algo que, parafraseando a Zé
Estrangeiro, "mergulhe na superfície da língua".
Este pequeño cuento que presentamos aquí,
de una pequeña autora de ocho años, creo que
tiene ese "toque" que hace que un tema ya trillado
merezca volver a leerse en esta nueva versión.
(1)
Creímos interesante reproducir aquí aquel
pasaje en que Zé Estrangeiro se refiere al misterio
confrontando con la proliferación actual de hechiceros
y tierras mágicas:
"O mistério? O desconhecido?
Você acredita? Eu não encontrei nada nesse
interesse tão atual: dos magos e terras mágicas.
Prefiro outro mistério, prefiro mergulhar na superfície
da língua , esa è pra mi a terra incógnita.
E por isso eu sou estrangeiro. Mas quem é que é
o amo?¿quem o dono?¿ Cervantes era amo da
língua? Aurèlio mesmo não è
estrangeiro? (nota: Zé Estrangeiro se refiere aquí
a Aurèlio Buarque de Holanda Ferreira, "aurélio"
es ya sinónimo de diccionario).
O senhor é ou não é?"
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La mansión embrujada de los muertos vivientes
por Catalina Pawlow
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En
una noche de llovizna , truenos y relámpagos , la
familia Stanrrey llegó a la LA MANSIÓN EMBRUJADA
DE LOS MUERTOS VIVIENTES , pero ninguno de ellos sabía
que esa mansión estaba EMBRUJADA .
Al otro día , cuando la mamá Stanrrey despertó
, fue a la cocina y empezó a gritar, el padre Stanrrey
y la hermana Stanrrey se despertaron por los gritos y dijeron:
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-¡¿
Qué ha pasado!?. Fueron a la cocina y ... la madre
Stanrrey ya estaba muerta. Y entonces , en ese momento tocaron
timbre SOL MI ... SOL MI , El padre le dijo a la hija que
abra la puerta. La hija Stanrrey fue y abrió la puerta
pero.... no había nadie. Cerró la puerta,
se dio vuelta y estaban los seis muertos vivientes , la
hija gritó:
-
¡Padre, padre, necesito ayuda, auxilio!
El padre Stanrrey fue a rescatarla pero los muertos vivientes
la habían encerrado en un cuarto muy pero muy oscuro
con muchas arañas y el papá Stanrrey se sentía
muy triste. El papá Stanrrey y el hijo Stanrrey fueron
a sus camas por un día, entonces el fantasma de la
madre Stanrrey, el de la hija Stanrrey y el del hijo Stanrrey,
le dijeron al padre:
- ¡Andate, o sufrirás las consecuencias!
El padre Stanrrey dijo que no se iría, pero los fantasmas
lo mataron y vivieron felices matando y asustando gente.
FIN
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