Los
psicoanalistas participamos de la Universidad y también
de pequeñas capillas o grandes iglesias. El psicoanalista
entonces puede convertirse en oficinista o en oficiante
de un Santo Oficio apenas laico.
¿Cómo
hacer para que nuestras palabras se mantengan aún
vivas, y no sucumban al registro del memorando o al ritual
gastado del oficiante?
(2) Es esa la pregunta que de manera desgarrada intenta
Winnicott que llegue a plantearse Melanie Klein.
Pero si usted, lector, anduvo por esta casa en otoño,
¿No advierte algún aire en común entre
esta preocupación de Winnicott y el consejo de don
Quijote a los jóvenes poetas? Los dos abogan por
una lengua viva y no lenguajes muertos, momias ilustres
que aún se veneran pero que ya no hablan.
El encuentro con una carta de Winnicott
a Melanie Klein, entre otras cosas, dio motivos a este
trabajo. Tomemos algún fragmento:
"Lo primero que deseo decirle es que puedo advertir
lo molesto que resulta, cuando algo se desarrolla en mí
por mi crecimiento y mi experiencia analítica, que
mi deseo sea el de expresarlo en mi propio lenguaje. Es
molesto porque yo supongo que todo el mundo quiere hacer
lo mismo cuando sabemos que en una sociedad científica
uno de los objetivos es encontrar un lenguaje común.
Sin embargo, este lenguaje debe mantenerse vivo,
ya que no hay nada peor que un lenguaje muerto. (...)
Personalmente creo que es muy importante que su obra sea
reenunciada por personas que realicen los descubrimientos
a su manera y que presenten lo que descubren en su propio
lenguaje . Sólo de ese modo se mantendrá vivo
el lenguaje. Pero si usted estipula que en el futuro únicamente
sea su propio lenguaje el que debe ser utilizado para la
enunciación de los descubrimientos de otras personas,
el lenguaje se convertirá en un lenguaje muerto,
como ya se convirtió en la Sociedad. (...) Sus ideas
sólo perdurarán en tanto y en cuanto sean
redescubiertas y reformuladas por personas originales, dentro
y fuera del movimiento psicoanalítico. (...) Usted
es la única capaz de destruir este lenguaje denominado
doctrina kleiniana y kleinismo, con un propósito
constructivo. Si no lo destruye, este fenómeno artificialmente
integrado deberá ser atacado en forma destructiva.
Pienso que algunos de los pacientes que acuden a los 'entusiastas
kleinianos' para ser analizados no se les permite realmente
crecer o crear en el análisis..."
Hay en este fragmento muchas cosas, y también mucho
en común con lo que Lacan cuestiona, denuncia, sólo
un año después, en "Función y
campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis"(3)
. La critica que Winnicott realiza a cierto kleinismo,
Lacan la hará a los
psicoanalistas del yo: el uso de términos coagulados
que perdieron el sentido de la experiencia desemboca en
el ejercicio místico de una práctica que ha
perdido sus fundamentos.
Esto atañe entonces a la formación de los
analistas, al uso de los términos "doctrinarios",
y también a cómo se lleva adelante la praxis.
Son cuestiones que van de la mano.
Winnicott plantea el problema, aparentemente insoluble,
de la relación entre el interés de la "sociedad
científica" de encontrar un lenguaje común
entre sus miembros y la necesidad de cada uno de encontrar
su propio lenguaje.
Pero veamos los énfasis de Winicott, él habla
de "reenunciar", redescubrir, reformular, crear.
Habla de la necesidad de que los analistas, cada uno, realicen
los descubrimientos a su manera y que presenten lo
que descubren en su propio lenguaje.
Si se trata de la formación del analista, se trata
de la necesidad de que el descubrimiento freudiano lo vuelva
a realizar cada analista, y que cada vez, cada uno, encuentre
un modo de "reenunciar" eso que se redescubre.
Paradoja: ¿Cómo forjar así un lenguaje
común?
Los "entusiastas kleinianos" (hoy podemos sustituir
aquí: "los entusiastas lacanianos") no
tienen ese problema. Pero entonces no hay más que
dar un pequeño paso y la doctrina se vuelve creencia,
y la eficacia del oficiante de ese ritual no permite al
analizante crecer o crear en el análisis....
Si el lenguaje muerto, si ese "fenómeno artificialmente
integrado" llamado kleinismo es un problema para Winnicott;
el "uso de rutina" de los términos de la
teoría" y "los modos establecidos"
de la formación de los analistas lo son para Lacan,
en tanto desembocan en una "minorización perpetuada"
y un "formalismo decepcionante". Los "modos
establecidos" no permiten que el analista encuentre
"su modo".
¿Cómo encuentra el analista su propia voz?
¿Cómo pueden esos términos ser comunes
y a su vez ser recreados por cada uno? ¿Cómo
transformar en verdad -o sea una verdad que pueda leerse
en sus efectos- aquella afirmación de Masotta: "los
conceptos en psicoanálisis son objetos teóricos
inquietantes"?
"...lo que es redundancia para la información,
es precisamente lo que, en la palabra, hace oficio de resonancia.
Pues la función del lenguaje no es informar sino
evocar."
Y esto es válido también para los términos
psicoanalíticos. Es una falacia suponer que los términos
portan una información unívoca. (4)
O diciéndolo de otro modo: cada término "chisporrotea"
no sólo con otros, sino, y fundamentalmente, consigo
mismo. Su "mismidad" es una ilusión de
dominio.
Lacan nombra tres paradojas "de las relaciones en el
sujeto de la palabra y el lenguaje". La tercera de
ellas "es la del sujeto que pierde su sentido en las
objetivaciones del discurso... ...es ésta la enajenación
más profunda del sujeto de la civilización
científica y es ella la que encontramos en primer
lugar cuando el sujeto empieza a hablarnos de él..."
La resolución de esta enajenación nos enfrenta
con nuestra responsabilidad en tanto analistas: no es realizable
si "con las manipulaciones míticas de nuestra
doctrina" damos "una ocasión suplementaria
de enajenarse" a los términos del corpus teórico.
"...reconocerlo o abolirlo como sujeto. Tal es la responsabilidad
del analista cada vez que interviene con la palabra."
Hay
palabras.
Hay también lenguajes muertos.
"...la fuerza de las iglesias reside en el lenguaje
que han sabido mantener..."
Pero también: ninguna iglesia, ningún intento
de dominio, ninguna objetivación termina de amordazar
a la palabra.
Esto es así, entre otras cosas, porque la palabra
tiene sus oficios. Oficios de la palabra que van más
allá de los intentos de sus oficiantes.
"Oficios del adjetivo, del sustantivo", se lee
en las gramáticas; "oficio de resonancia"
encontrábamos recién en Lacan.
Oficio entendido aquí, de entre sus muchas acepciones,
como "cosa puesta a trabajar", "función",
inclusive: "papel". Algo que trabaja, que labora,
que no se queda quieto.
Tal vez la posibilidad de un lenguaje común que no
mate a la palabra, es aquella que indague, que interrogue,
que investigue y que juegue con los conceptos- y no es esta
tarea de nomenclatura, de diccionario.
(5)
Indagar los oficios de los términos psicoanalíticos,
es meterse con su funcionamiento, meterse con objetos teóricos
que no terminan de asirse, que siguen inquietantes y nos
hacen trabajar. Singular tarea que se consuma, y no termina
de consumirse nunca, en distintos planos: el análisis,
la lectura, el diálogo entre analistas.
(1)
Una versión de este trabajo fue presentado en "Cuestiones
del psicoanálisis" el 24 de mayo de 2003, en
el marco de la presentación del grupo "Función
y campo de la palabra...".
(2) Y no se piense que esa reiteración ritual no
tiene sus efectos:
"¿No es, acaso, la recitación incesante
el principio mismo del poder de la oración, de su
efecto sugestivo en punto a lo que los mismos antiguos denominaban,
no sin acierto, "identificaciones morales"? Juan
B. Ritvo: Comentario a "El tiempo lógico y el
aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma".
P. 1.
(3) Loa citas de Lacan presentes en este artículo
son todas tomadas de ese Escrito de Jacques lacan.
(4) Recorto y transformo en afirmación una pregunta
retórica de Celia Nusimovich: "...los analistas
padecemos la nostalgia de una lengua no contaminada, no
infiltrada por un cuerpo extraño, una lengua purificada
de síntoma, una lengua al uso de la lingüística."
Celia Nusimovich: "Instantáneas de lectura"
(5) Seguimos aquí la idea de Lacan de remitirse a
los "principios que gobiernan"a los términos,
más que a los términos en sí.