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El moño

Por Julio Pirrera Quiroga

 

…Y, las minas son así, cuando les gusta algo no paran hasta conseguirlo ¡Pobre! Le tocó un hueso duro de masticar. Lo que pasa es que además de ser tímido yo soy un tipo muy difícil, a mí no me convencen así como así nomás.

 

Fotografía: Riad Bourayou

 

Son casi las nueve de la mañana. Es un poco tarde, pero seguramente va a aparecer en el próximo subte. En este año y medio en que nos conocemos no va a ser la primera vez que se le va el de las ocho, el de las ocho y cuarto, el de las ocho y media y el de las nueve menos cuarto. ¡Qué linda que es! …no, no llegó todavía pero la tengo grabada en la imaginación y la veo en todo momento. Ya va a aparecer con ese aire ausente que la destaca de todas las otras que bajan en tropel, como si fueran vacas. Ella no, ella parece levitada con su mentón desafiante como proa buscando la salida. Y… que se le va hacer, es parte de su personalidad esa actitud distinguida, y a esta altura difícil que el chancho chifle, es decir; que su empaque y refinamiento cambien… ¿Veinticinco? Y sí, ahí, no más de treinta.

Me acuerdo como si fuera hoy el día en que nos conocimos, mejor dicho el día en que yo la conocí, ella por lo visto hacia rato que me tenía en la carpeta. ¿Se puede creer que me empujó en la escalera mecánica? Tal cual, ¡qué la parió! …es decir; ¡qué coraje! me obligó a caminar ¿se puede creer? De entrada me calenté, di vuelta la cabeza como para estamparle una piña al gil que se estaba haciendo el vivo y no; era ella. Impertérrita, como si viera llover, como si viera llover pero dejando entrever después del empujón, de que me avivara de una vez por todas… ¡Vaya uno a saber cuánto hacía que me tenía fichado! …y, las minas son así, cuando les gusta algo no paran hasta conseguirlo ¡Pobre! Le tocó un hueso duro de masticar. Lo que pasa es que además de ser tímido yo soy un tipo muy difícil, a mí no me convencen así como así nomás.

Pero bueno, ha llegado el momento de hacerle frente a las circunstancias no vaya a ser que se le dé por llevar adelante el refrán ese que dice: a rey muerto rey puesto y me cambie de buenas a primeras con el primer tipo pintón, y de fina estampa que se le cruce en el camino… y sí, si me cambia va a ser por un tipo parecido, si no, no me va a cambiar.

¿Quién no hubiera pensado en una rosa? Es lo más fácil, entras en cualquier florería y listo, hasta casi no llama la atención si estas parado con una rosa en la mano. Cualquiera que pasa lo primero que dice es; mirá ése, está con una rosa en la mano y seguro que es para declarársele a una mina, en una palabra: obvio. Los jazmines tampoco me gustan, son diferentes sí, pero, que se yo… es como si te los hubieran ofrecido en una esquina y aprovechas la ocasión… es algo así como que lo ves al jazminero y te acordas y decís; ¡Qué justo me acorde de que tengo que regalar flores! te bajas de la bicicleta y compras. No, no va.

“El hurón tururú” no puede creer que haya perdido toda la tarde del domingo para conseguir violetas… ¿Violetas? me dijo el gordo que es un cinéfilo de aquellos; Me haces acordar esas películas antiguas donde las minas se desarman todas cuando reciben una carta o flores. No está equivocado el hurón, esa es la idea.

¿Y el día en que me llevó por delante a la salida del cine? Esa noche me sorprendió en serio y la verdad, no me sentí cómodo por varios días. Sí, me sentí vigilado. Me la imaginaba observándome permanentemente y uno cuando está solo, hace cosas inconvenientes como poner cara de boludo y hacer los mismos gestos que hacen los tipos de las películas o rascarse las nalgas y que se yo, un montón de otras cosas, como escupir el espaldar de la butaca de adelante… Siempre que me acuerdo de esa noche en lo primero que pienso es si justo que me estaba mirando no me estaría metiendo el dedo en la nariz. Mario “el hurón tururú” insiste en que es peligroso tanta lucubración para levantar una mina, - un moño muy complicado para desatar, hermano- me dijo: ¿Y quién quiere desatarlo? le retruque yo mirándolo fijamente para que se avive ¡Quién tururú!

Es ella. Sí… ¡Y se ha puesto el vestidito celeste! Como conoce mis gustos… Ah bueno… sí señor… no se puede negar, es la reina en el arte de la simulación, siempre con el teléfono celular pegado al oído. Por fin ha llegado el momento, hoy voy a ver bien el color de sus ojos.

- No, gracias… las violetas me parecen tétricas y el perfume ¡Un asco!… igual espere, espere señor, a ver si encuentro una… si, tome.

Los cabitos de las flores que le devuelve la muchacha de ojos verdes, se mezclan con la moneda de un peso que se acurruca en el hueco de la mano.


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