Ya desde hace unos años comenzamos a escuchar el
pedido cada vez más frecuente de los padres por alguien
que acompañe a sus hijos con las cuestiones escolares.
Un pedido que muchas veces hacía hincapié
en la función de orientación y organización
que podía cumplir alguien cercano en edad y que tal
vez hubiera pasado por la misma escuela que sus hijos, que
pudiera ayudar desde otro lugar que no fuera el parental
o el docente. La demanda no era de psicopedagoga ni de maestra
particular. Era común escuchar que estos padres no
estaban disponibles para asistir a sus hijos con las tareas
escolares. Algunos no contaban con el tiempo o no tenían
interés en hacerlo; otros no podían evitar
enojarse y terminar peleando a la hora de encontrarse con
sus hijos para tal fin o estaban atravesando situaciones
conflictivas como pueden ser una mudanza, el fallecimiento
de algún familiar o una separación.
El espectro de problemáticas con las que tomamos
contacto eran muy variadas: desde cierta falta de interés
y curiosidad en aprender, tal vez parte de los avatares
esperables en el proceso de aprendizaje, hasta chicos que
con su problemática escolar quedaban ubicados en
un lugar pasivo, de objeto en relación a la demanda
parental. Cada uno de los chicos había establecido
un vínculo con el aprendizaje y/o con lo escolar
que era singular y propio y las dificultades surgidas en
este vínculo pocas veces coincidían con un
déficit intelectual.
La pregunta ¿cómo acompañar a estos
niños para facilitarles el aprendizaje? empezó
a tener cada vez más peso ¿De qué manera
propiciar un aprendizaje interesado? Ocupando el lugar de
maestra que transmite conocimientos cerrados y que ya sabe
de antemano no parecía tener resultado y, generalmente,
reduplicaba lo que sucedía en la escuela: el niño
se encuentra con la misma dificultad, es él el que
tiene el problema cuando en realidad la problemática
es más compleja e incluye a todos los que participan
junto a él en el proceso pedagógico: los maestros,
los padres y el contexto social.
¿Cómo utilizar el psicoanálisis como
herramienta para abordar estas cuestiones? Pensar desde
el psicoanálisis nos permitió enfocar las
diferentes situaciones desde otra perspectiva, interrogando
la consulta, deconstruyendo aquello que se presentaba como
consistente, ubicando al niño en un lugar fijo que
obstaculizaba todo cambio posible. Por ejemplo, frente a
un niño que no puede prestar atención en clase
no es lo mismo preguntarse qué será aquello
a lo que está prestando atención, que etiquetar
eso que le pasa con un diagnóstico, como ser el de
ADD. Preguntarnos qué le ocurre a ese niño
a la hora de prestar atención, es correrlo del lugar
de objeto en que el rótulo de ADD lo sitúa.
Es así que el trabajo que comenzó como apoyo
escolar fue tomando la forma de lo que llamamos Tutorías.
Las Tutorías son un proceso de acompañamiento
y orientación escolar por fuera del horario de clases
siendo el lugar de trabajo la casa de los chicos. El objetivo
principal es propiciar en el niño un aprendizaje
apasionado en que él tenga protagonismo y no un aprendizaje
repetitivo y de memoria en el que quede eclipsado por el
objeto de estudio. Jugar con los niños y conversar
con los adolescentes para que algo de lo que estaba obstaculizado
abra paso al interés, al entusiasmo y a la curiosidad
es a lo que apunta el tutor en los encuentros.
Para esto se hace necesario mantener entrevistas con los
padres, conocer la historia del niño y su problemática
y, de ser conveniente, con los terapeutas, psicopedagogos,
maestros y demás profesionales que puedan estar trabajando
con él o que han decidido derivarlo para hacer un
trabajo conjunto. A partir de estas entrevistas se diseñará
la modalidad de trabajo que será en función
de aquello que obstruye el vínculo con lo escolar
para cada niño en particular. Además el tutor
trabaja junto con los demás tutores del equipo de
Tutorias intercambiando cuestiones de su propia tarea y/o
con los supervisores.
Las Tutorías no consisten ni en clases de apoyo ni
en tratamiento psicológico. Más bien es un
acompañamiento que apunta a causar el deseo de aprender
e investigar.
Los papás de Angela, de 6 años,
consultan porque no terminaba de cumplir con los objetivos
esperables para primer grado, por ejemplo, si bien ha aprendido
a escribir en imprenta no puede hacerlo todavía en
cursiva. En los encuentros con ella, mirando los cuadernos,
ayudándola con las tareas extras que le daban en
la escuela para alcanzar este objetivo se podía observar
que no lograba apropiarse de este modo de escritura, le
insumía mucho tiempo y le resultaba forzado. A partir
de que ella dice que le toma mucho tiempo escribir en cursiva
el tutor propone un juego: medirse el tiempo que le tomaba
a cada una escribir determinada palabra en cursiva, para
luego reírse y ridiculizar lo ilegible de las letras
que resultaban de este juego. Luego por propuesta de Angela
este juego se transformó en escribir con los ojos
vendados y destaparlos luego para sorprenderse con lo deforme
de las letras al haberlas escrito sin mirar. Leer lo que
le estaba pasando como un juego y acompañarla en
él para que se pudiera desplegar posibilitó
que se apropiara de las letras cursivas pudiendo usar este
modo de escritura sin dificultad.
Guido de 14 años había sido diagnosticado
con ADD, etiqueta que trajo como efecto en la madre el creer
que a su hijo nada le podía interesar y que no era
capaz de realizar ningún tipo de tarea escolar por
sí solo. A partir de la renuncia de una maestra de
apoyo escolar que se ocupaba de realizarle las tareas al
igual que la madre, es que recibimos el pedido para comenzar
a trabajar con él. Nos encontramos con un adolescente
que no hacía nada por si mismo esperando que todo
lo hiciera el tutor. Solo se mostraba interesado en jugar
a la batalla de aviones en la computadora. Conversando con
él acerca de esto que parecía ser lo único
que lo entusiasmaba y a lo que podía prestar atención,
el tutor descubre que no solo tenía un gran interés
por los aviones de guerra sino que poseía un amplio
conocimiento acerca de ellos y sobre diferentes tipos de
bombas utilizados durante la segunda guerra mundial. Es
así como se inició una serie de intercambios
de libros y conversaciones sobre esta temática en
los que Guido era el que tenía algo para enseñar.
Así, este adolescente en principio apático,
comenzó a mostrarse interesado y decidido a hacer
por cuenta propia tareas que hasta ese momento eran realizadas
por alguien más.
De esta manera, apuntalándonos en el psicoanálisis
creamos este dispositivo como un modo posible de respuesta
a situaciones como las aquí planteadas, que se derivan
del complejo panorama de la escuela actual - padres desorientados,
maestros desbordados, niños que no pueden aprender
-.