La alternancia entre las angustias de intrusión y
separación remiten a vivencias originarias de un
déficit narcisista primario que impidió
tanto la representación de objeto en el sentido
freudiano, como la constitución de un self que
se mueva en un espacio potencial sin el peligro de ver amenazada
su relativa autonomía. Su forma precaria de preservación
lo lleva a un retraimiento esquizoide o a una expulsión
masiva (identificación proyectiva) aunque sea a costa
del propio vaciamiento. Este movimiento oscilante que observamos
en estos pacientes, en tanto intento de constitución
de la representación de la ausencia como de la presencia
interna del objeto, los deja varados en algo que podemos
denominar un ford-da fallido.
Las formas clínicas diferentes son correlativas a
la gradación que va desde una constitución
precaria del espacio subjetivo a los casos en que la subjetividad
clama por una distancia mínima respecto del objeto.
Este espectro abarca los pacientes con una dependencia patológica
del objeto a los casos en los que predomina la manipulación
como modo de apropiación. Los primeros se caracterizan
por un modo depresivo de vivir mientras que los segundos
son los que conocemos como "actuadores".
Las formas depresivas se diferencian de la depresión
clínica de un neurótico por la predominancia
de la falta de vitalidad, sentimiento de futilidad y de
superficialidad de las cosas. Advertimos en estas la falta
de un mundo interno que palpita a diferencia de lo que encontramos
en las depresiones neuróticas donde intuimos una
actividad pulsional cuyo empuje es inhibido por la contrainvestidura
del Yo, que merced a esto queda paralizado. Es importante
advertir la sutil diferencia entre la inhibición
(neurosis) y la falta de iniciativa (depresión narcisista).
Esto es lo que ha llevado a postular una depresión
esencial en los estados límites (Bergeret, 1990).
Esta modalidad depresiva anteriormente descripta en los
pacientes límites es una forma de no confrontarse
con la pérdida del objeto manteniendo el tono vital
a raya a modo de preservación. Lo que da muestras
de un narcisismo mortífero en el que el movimiento
de desobjetalización tiende a llevar a la
pulsión a una curva asintótica cercana al
cero. (Green, 1984). Se trata entonces de mantener un Yo
con un pobre caudal libidinal en el que la vida no es vivida
como auténtica dado que en la constitución
del sí-mismo hubo un déficit en la
impronta libidinal del objeto. El "sostenerse por lo
bajo" de estos pacientes es una forma de defenderse
de la vivencia de abandono, una vida donde no se ha obtenido
la capacidad para estar solo. (Winnicott, 1958)
Es por eso que es tan común observar que este tipo
de personas viven adosadas a sus padres, viven siempre con
ellos y no pueden establecer relaciones significativas con
otros, al mismo tiempo que la relación con los progenitores
carece de una corriente libidinal en el vínculo,
prevaleciendo una tensión agresiva narcisista
producto de este adosamiento. El adosamiento es la contrapartida
del déficit en la internalización del objeto.
La otra forma clínica es la presentación neurótica
de muchos casos límite con la predominancia de fobias
y en particular los ataques de pánico con agorafobia.
(
)
Cabe destacar que desde el punto de vista clínico
los pacientes con ataque de pánico y agorafobia siempre
presentan un miedo a volverse locos que relacionaré
con la estructuración del self, la constitución
de las envolturas psíquicas (Anzieu) y la noción
de "locura" en Winnicott.
Como ejemplo de esta temática haré referencia
a un caso clínico al que llamaremos paciente F. La
misma me consultó luego de un brote psicótico
de causa tóxica, por ingesta de anfetaminas. Luego
de una breve internación inició su tratamiento
debido a su miedo de tener otro episodio. En esta paciente
las crisis de pánico en espacios abiertos eran constantes
siendo la agorafobia uno de los síntomas centrales
de su patología.
En un artículo de Winnicott que se llama "La
psicología de la locura, una contribución
psicoanalítica", (1965), el autor examina este
temor a estar loco. La idea que plantea Winnicott y que
recorre otros textos es que lo que se teme es algo que
ya ocurrió. En este sentido dice: "hay que
dejar abierta la posibilidad de que se formula una teoría
en la cual cierta experiencia de la locura, cualquiera sea
el significado atribuido a esta palabra sea universal. Esto
implicaría que por mas que un niño este muy
bien atendido en su mas temprana infancia es imposible suponer
que no haya habido posibilidades de que su personalidad
tal como esta integrada en un momento dado sufriera una
tensión excesiva. Debe concederse no obstante
que en líneas generales hay dos tipos de seres humanos,
los que no arrastran consigo una experiencia significativa
de derrumbe o quebrantamiento psíquico en su muy
temprana infancia, y los que sí la arrastran, y por
eso deben huir de dicha experiencia, de lidiar con ella,
temerle y hasta cierto punto estar siempre preocupados por
esta amenaza. (
) El estudio psicoanalítico
de la locura, sea cual fuera el significado de esta, se
realiza principalmente sobre la base del análisis
de los llamados casos fronterizos" (el destacado es
mío)
Podemos entonces hablar de una locura encapsulada en
los trastornos límites. En términos de Green,
se trata de locuras privadas. Para Winnicott se trata
de una experiencia de locura que ya fue vivida pero que
paradojalmente no fue experimentada por el infant como
tal, pues en ese momento no había tal bebé,
es decir, un psiquismo que pudiese cualificar la experiencia.
No obstante esto acompaña en forma muda al sujeto
durante toda la vida, hasta que puede aparecer con distintas
formas: temor al derrumbe, temor al vacío, temor
a la muerte.
Es importante relacionar esta cuestión con la noción
de vacío que Winnicott desarrolla en otro texto.
En términos clínicos esta noción me
hizo pensar que lo terrorífico de la experiencia
de vacío es que allí donde existía
la expectativa de "algo ha llenarse" no hubo nada.
En este sentido, como condición de la constitución
del psiquismo debe haber una instancia que consiste en una
expectativa respecto de aquello que esta por advenir. Esta
noción eq uivale a la expectativa del pecho que Bion
escribe con el signo -p (no pecho) como condición
del surgimiento del pensamiento.
"Limitaré el término ´pensamiento`
a la conjunción de una preconcepción con una
frustración. El modelo que propongo es el de un bebé
cuya expectación de un pecho entra en conjunción
con la realización de la no existencia de un pecho
para su satisfacción. Esta conjunción es experimentada
como un no-pecho o un no-pecho ´ausente` adentro (
)
si la capacidad para tolerar la frustración es suficiente
el ´no-pecho` adentro deviene un pensamiento, y se
desarrolla un aparato para pensar". (Bion, "Una
teoría del pensamiento", 1962)
En el artículo de Winnicott "El
miedo al derrumbe", (1963), encontramos esta definición:
"el vacío es el anhelo de recibir algo dentro
de sí. El vacío primario significa simplemente
antes de empezar a llenarse, para que este estado sea significativo
se precisa una madurez considerable. En el tratamiento el
vacío es un estado que el paciente intenta experienciar,
un estado del pasado que no puede recordarse a menos que
sea experimentado en el presente por primera vez. En la
práctica la dificultad reside en que el paciente
siente temor ante el carácter atroz de ese vacío,
a manera de defensa organiza un vacío controlando,
no comiendo o no aprendiendo. O bien lo llena cruelmente
con una avidez compulsiva que lo hace sentirse loco."
Se trata por ende de un vacío que no ha sido organizado.
El resultado que encontramos en estos pacientes es el de
un vacío controlado que observamos en estos
cuadros. (la paciente a la que hago referencia comía
compulsivamente).
Ahora bien, surge el interrogante de si el sujeto está
vacío en el sentido de falta de contenidos psíquicos
o si, paradojalmente, ese vacío fue demasiado
llenado con lo cual hay que vaciarlo para volver a crearlo.
Volvemos entonces a la problemática de la intrusión
o la separación ya que, tanto un objeto holgado como
un objeto invasivo impiden que se genere un espacio psíquico
entre el infant y la madre.