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Con Winnicott: estar presente, en cuerpo y alma, en la disposición que emanaba tanto de su gesto como de su mirada atenta, una presencia que tomaba cuerpo.

 


Winnicott under my skin

por Paula Larotonda

 


Testimonios de aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo, hablan de la presencia corporal de Donald Winnicott. De la relajación física intensa y de la brillante concentración que emanaba de su persona. Decía Masud Khan que "Winnicott escuchaba con todo su cuerpo, y su aguda mirada, que no quería ser inquisitiva, se clavaba en el interlocutor con una mezcla de incredulidad y aceptación total. Una suerte de infantil espontaneidad impregnaba sus movimientos y sin embargo podía ser tranquilo, tan reconcentrado... es imposible apreciar su talento clínico si no se tiene en cuenta que en él, la psique y el soma mantenían un diálogo y un debate constantes...".
Reflexionaremos, entonces, acerca de la coexistencia psicosomática. Dice Winnicott (1) "Con el objeto de conservar la relación entre el cuerpo y la psique, que es fundamental y que se establece y se mantiene en la salud, utilizo el término psique-soma en la disección de la personalidad. Está también la mente, una parte especializada de la psique que no está necesariamente ligada al cuerpo, aunque por supuesto depende del funcionamiento del cerebro...".
Hallamos en la literatura y en el cine, innumerables historias de fantasmas, espíritus no encarnados destinados a vagar, a la espera de cierto anclaje en el soma, que les devuelva la existencia de su self.
Asimismo, encontramos en la literatura psicoanalítica vastas referencias acerca de la relación psique-soma. Para citar sólo algunas, en el inicio de su obra, Freud determina que las parálisis motoras orgánicas difieren de las parálisis histéricas en tanto que éstas no se corresponden con las vías de inervación del sistema nervioso central (por ejemplo no están sometidas a la regla por la cual el segmento periférico es más afectado que el segmento central -en el caso de una pierna, el pie debería estar más paralizado que el muslo-), sino que más bien se relacionan con las ideas / representaciones populares acerca del cuerpo. (2)
De este modo a partir de Freud, el inconsciente se relaciona con el cuerpo, un cuerpo que ya no será el biológico sino aquel que evidencia una incorporación de lo simbólico y su afectación por la palabra.
J. Lacan a lo largo de su obra ubicará la idea de cuerpo para el psicoanálisis, empezando por su dimensión imaginaria, se tratará de una unidad percibida por parte del sujeto en desarrollo como una gestalt en el espejo. Mas tarde en sus teorizaciones, pone de relieve al cuerpo simbólico; se trata del lenguaje, que al incorporarse al organismo, lo mortifica. Esto significa que el sujeto es alguien del cual se habla antes de nacer y después de su muerte, con lo cual la temporalidad del sujeto excede la temporalidad del cuerpo.
Entonces el psicoanálisis, en esta línea, considera el cuerpo como efecto del significante sobre lo biologico. Finalmente, la dimensión real del cuerpo estaría marcada por el significante al delimitar las zonas erógenas y la falta de homeostasis que deriva de ellas.
A su turno, F. Doltó elaboró una concepción diferente de la función del espejo en la constitución de la imagen inconsciente del cuerpo. Una vez vista la imagen en el espejo, casi deja de haber imagen inconsciente del cuerpo, salvo en el sueño, también muy presente en la afección psicosomática e incluso omnipresente en los psicóticos o en los enfermos comatosos. Es esta una imagen corporal arcaica, que si se llegara a perder precozmente, pondría al sujeto al borde de la muerte. Una imagen que se lee en el lugar doloroso del cuerpo, allí donde se sitúa el sujeto, donde éste puede aprehender su yo, o su cuerpo.
Doltó toma el ejemplo de los niños ciegos de nacimiento, que conservan una intacta imagen inconsciente de su cuerpo a pesar de no haberla visto nunca en el espejo.

Pasemos, luego de esta brevísima reseña, a Donald Winnicott, para quien uno de los fenómenos tempranos del desarrollo emocional es el alojamiento de la psique en el cuerpo. Este "habitar el cuerpo" es un logro facilitado por las experiencias de las sensaciones de la piel. Al principio, entonces, para este autor, hay soma, y luego una psique que en la salud quedará gradualmente anclada al soma Pero ¿qué es la psique? Winnicott llama psique a una elaboración imaginativa del funcionamiento corporal, "una especie de fantasía que liga las experiencias del pasado, el presente y el futuro y confiere sentido al sentimiento que tiene la persona de su propio self."
Podríamos pensar en aquel cincuentón habitado por un self que conserva la sensación de ser un joven adolescente. En este caso que propongo, no es sólo cuestión de estética, sino que el self de ese hombre tiene apenas ¡diecinueve años!!, y como su sentimiento del self no acompaña a la cronología, de vez en cuando percibe con estupor que las articulaciones le quedan doloridas después de una noche de juerga.
Entonces, entre el cuerpo y la psique no hay una identidad inherente, no se superponen uno sobre el otro, y sin embargo, para la salud es preciso que esa superposición se vuelva un hecho, de manera tal que el individuo sea capaz de identificarse con su self.
Así suelo escuchar a mis vecinos travestis. Ellos "son" mujeres, así se sienten íntimamente y definitivamente, solo que -se quejan- "nacieron con un cuerpo extraño..." .(3)
Para Winnicott, en el proceso de maduración del individuo, el manejo de la piel promueve un "sano vivir en el cuerpo". Es un proceso que procede tanto de lo personal (la experiencia personal de las sensaciones de la piel, del erotismo muscular y del instinto, que implican una excitación de toda la persona) como de los cuidados del medio ambiente (el manejo corporal). Gradualmente, en la salud, los límites de la psique y del cuerpo llegan a coincidir. Winnicott refiere, por ejemplo, el círculo que traza un niño y que llama "pato", es la persona del pato así como el cuerpo del pato.
Dijimos que este anclaje es un logro. Y sin duda precario, ya que "podría afirmarse que en todos los seres humanos, cuando las frustraciones instintivas los llevan a veces a un sentimiento de desesperanza y futilidad, la fijación de la psique al cuerpo se afloja y debe soportar un período de desconexión entre ambos... El atascamiento de la experiencia instintiva puede conducir, en particular a un aflojamiento o pérdida del lazo psique-soma" (4)
Tener un cuerpo, habitarlo, dejarlo entrar en diálogo con nuestras emociones, usarlo... Algo así propone la eutonía: la percepción real del cuerpo, del tono muscular que lo rige, la percepción de la piel y del espacio interno a ésta... Desde las diversas corrientes psicoanalíticas se podrá argumentar que esto es un efecto puramente imaginario, así como se podría decir que Masud, tal como cité al comienzo de este escrito, no hablaba de otra cosa que del brillo fálico que emanaba de Donald Winnicott. No lo cuestiono, pero propongo, en esta ocasión, hacer la experiencia del propio cuerpo. Pienso en el modo en que un bebé experiencia el sostén físico que su madre le provee. O el ser sumergido en la bañadera con agua. El infans "vive" esas experiencias: agua fría... agua caliente... caricias... ruido fuerte... canto suave... . O antes aún, cuando por primera vez experiencia el sentido de la gravedad. No hay aún elaboración psíquica, sólo experiencia en estado puro. Hay, en todo caso, una madre que atiende las necesidades del infans, posibilitando -si todo va bien- el surgimiento del cuerpo erógeno.
Winnicott basó sus investigaciones en todo lo que acontece previo al punto de apuntalamiento del deseo en las necesidades del infans (5). Y situó que las fallas severas en la función materna de "handling" (manejo, manipulación) del infans, darán como resultado perturbaciones en la psique-soma.
Volviendo a Freud, él decía que el yo es ante todo un yo corporal, que deriva de las sensaciones corporales, fundamentalmente de aquellas que surgen de la superficie del cuerpo. Podemos pensar, entonces, que es desde estos cuidados maternos, estos roces en la piel, aquel estremecimiento tibio, que comienza a construirse un cuerpo, que empieza a desplegarse un ser...

 

 

(1) En "La Naturaleza Humana", Ed. Paidós, Buenos Aires, 1993.
(2) Freud afirma que la histeria se comporta como si la anatomía no existiera, entonces por ejemplo, la lesión será una alteración de la idea del brazo. La parálisis del brazo consistirá en el hecho de que la concepción del brazo no puede entrar en asociación con otras ideas, ya que está saturada de afecto con cierto recuerdo del suceso traumático que produjo la parálisis
(3) Es decir, no es sólo una determinación sexual, sino relativa al género -diferencias somáticas secundarias, género gramatical, rol social, vestimenta, etc.-
(4) Ob. Cit.
(5) Es decir, en el tiempo anterior a que de la función no sexual surja la pulsión sexual, cuando interviene la sexualidad desplazando e interiorizando un objeto (de la leche a la teta fantaseada)

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