Testimonios de aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo,
hablan de la presencia corporal de Donald Winnicott. De
la relajación física intensa y de la brillante
concentración que emanaba de su persona. Decía
Masud Khan que "Winnicott escuchaba con todo su cuerpo,
y su aguda mirada, que no quería ser inquisitiva,
se clavaba en el interlocutor con una mezcla de incredulidad
y aceptación total. Una suerte de infantil espontaneidad
impregnaba sus movimientos y sin embargo podía ser
tranquilo, tan reconcentrado... es imposible apreciar su
talento clínico si no se tiene en cuenta que en él,
la psique y el soma mantenían un diálogo y
un debate constantes...".
Reflexionaremos, entonces, acerca de la coexistencia psicosomática.
Dice Winnicott
(1) "Con el objeto de conservar la relación
entre el cuerpo y la psique, que es fundamental y que se
establece y se mantiene en la salud, utilizo el término
psique-soma en la disección de la personalidad. Está
también la mente, una parte especializada de la psique
que no está necesariamente ligada al cuerpo, aunque
por supuesto depende del funcionamiento del cerebro...".
Hallamos en la literatura y en el cine, innumerables historias
de fantasmas, espíritus no encarnados destinados
a vagar, a la espera de cierto anclaje en el soma, que les
devuelva la existencia de su self.
Asimismo, encontramos en la literatura psicoanalítica
vastas referencias acerca de la relación psique-soma.
Para citar sólo algunas, en el inicio de su obra,
Freud determina que las parálisis motoras orgánicas
difieren de las parálisis histéricas en tanto
que éstas no se corresponden con las vías
de inervación del sistema nervioso central (por ejemplo
no están sometidas a la regla por la cual el segmento
periférico es más afectado que el segmento
central -en el caso de una pierna, el pie debería
estar más paralizado que el muslo-), sino que más
bien se relacionan con las ideas / representaciones populares
acerca del cuerpo.
(2)
De este modo a partir de Freud, el inconsciente se relaciona
con el cuerpo, un cuerpo que ya no será el biológico
sino aquel que evidencia una incorporación de lo
simbólico y su afectación por la palabra.
J. Lacan a lo largo de su obra ubicará la idea de
cuerpo para el psicoanálisis, empezando por su dimensión
imaginaria, se tratará de una unidad percibida por
parte del sujeto en desarrollo como una gestalt en el espejo.
Mas tarde en sus teorizaciones, pone de relieve al cuerpo
simbólico; se trata del lenguaje, que al incorporarse
al organismo, lo mortifica. Esto significa que el sujeto
es alguien del cual se habla antes de nacer y después
de su muerte, con lo cual la temporalidad del sujeto excede
la temporalidad del cuerpo.
Entonces el psicoanálisis, en esta línea,
considera el cuerpo como efecto del significante sobre lo
biologico. Finalmente, la dimensión real del cuerpo
estaría marcada por el significante al delimitar
las zonas erógenas y la falta de homeostasis que
deriva de ellas.
A su turno, F. Doltó elaboró una concepción
diferente de la función del espejo en la constitución
de la imagen inconsciente del cuerpo. Una vez vista la imagen
en el espejo, casi deja de haber imagen inconsciente del
cuerpo, salvo en el sueño, también muy presente
en la afección psicosomática e incluso omnipresente
en los psicóticos o en los enfermos comatosos. Es
esta una imagen corporal arcaica, que si se llegara a perder
precozmente, pondría al sujeto al borde de la muerte.
Una imagen que se lee en el lugar doloroso del cuerpo, allí
donde se sitúa el sujeto, donde éste puede
aprehender su yo, o su cuerpo.
Doltó toma el ejemplo de los niños ciegos
de nacimiento, que conservan una intacta imagen inconsciente
de su cuerpo a pesar de no haberla visto nunca en el espejo.
Pasemos,
luego de esta brevísima reseña, a Donald Winnicott,
para quien uno de los fenómenos tempranos del desarrollo
emocional es el alojamiento de la psique en el cuerpo. Este
"habitar el cuerpo" es un logro facilitado por
las experiencias de las sensaciones de la piel. Al principio,
entonces, para este autor, hay soma, y luego una psique
que en la salud quedará gradualmente anclada al soma
Pero ¿qué es la psique? Winnicott llama psique
a una elaboración imaginativa del funcionamiento
corporal, "una especie de fantasía que liga
las experiencias del pasado, el presente y el futuro y confiere
sentido al sentimiento que tiene la persona de su propio
self."
Podríamos pensar en aquel cincuentón habitado
por un self que conserva la sensación de ser un joven
adolescente. En este caso que propongo, no es sólo
cuestión de estética, sino que el self de
ese hombre tiene apenas ¡diecinueve años!!,
y como su sentimiento del self no acompaña a la cronología,
de vez en cuando percibe con estupor que las articulaciones
le quedan doloridas después de una noche de juerga.
Entonces, entre el cuerpo y la psique no hay una identidad
inherente, no se superponen uno sobre el otro, y sin embargo,
para la salud es preciso que esa superposición se
vuelva un hecho, de manera tal que el individuo sea capaz
de identificarse con su self.
Así suelo escuchar a mis vecinos travestis. Ellos
"son" mujeres, así se sienten íntimamente
y definitivamente, solo que -se quejan- "nacieron con
un cuerpo extraño..." .(3)
Para Winnicott, en el proceso de maduración del individuo,
el manejo de la piel promueve un "sano vivir en el
cuerpo". Es un proceso que procede tanto de lo personal
(la experiencia personal de las sensaciones de la piel,
del erotismo muscular y del instinto, que implican una excitación
de toda la persona) como de los cuidados del medio ambiente
(el manejo corporal). Gradualmente, en la salud, los límites
de la psique y del cuerpo llegan a coincidir. Winnicott
refiere, por ejemplo, el círculo que traza un niño
y que llama "pato", es la persona del pato así
como el cuerpo del pato.
Dijimos que este anclaje es un logro. Y sin duda precario,
ya que "podría afirmarse que en todos los seres
humanos, cuando las frustraciones instintivas los llevan
a veces a un sentimiento de desesperanza y futilidad, la
fijación de la psique al cuerpo se afloja y debe
soportar un período de desconexión entre ambos...
El atascamiento de la experiencia instintiva puede conducir,
en particular a un aflojamiento o pérdida del lazo
psique-soma" (4)
Tener un cuerpo, habitarlo, dejarlo entrar en diálogo
con nuestras emociones, usarlo... Algo así propone
la eutonía: la percepción real del cuerpo,
del tono muscular que lo rige, la percepción de la
piel y del espacio interno a ésta... Desde las diversas
corrientes psicoanalíticas se podrá argumentar
que esto es un efecto puramente imaginario, así como
se podría decir que Masud, tal como cité al
comienzo de este escrito, no hablaba de otra cosa que del
brillo fálico que emanaba de Donald Winnicott. No
lo cuestiono, pero propongo, en esta ocasión, hacer
la experiencia del propio cuerpo. Pienso en el modo en que
un bebé experiencia el sostén físico
que su madre le provee. O el ser sumergido en la bañadera
con agua. El infans "vive" esas experiencias:
agua fría... agua caliente... caricias... ruido fuerte...
canto suave... . O antes aún, cuando por primera
vez experiencia el sentido de la gravedad. No hay aún
elaboración psíquica, sólo experiencia
en estado puro. Hay, en todo caso, una madre que atiende
las necesidades del infans, posibilitando -si todo va bien-
el surgimiento del cuerpo erógeno.
Winnicott basó sus investigaciones en todo lo que
acontece previo al punto de apuntalamiento del deseo en
las necesidades del infans
(5). Y situó que las fallas severas en
la función materna de "handling" (manejo,
manipulación) del infans, darán como resultado
perturbaciones en la psique-soma.
Volviendo a Freud, él decía que el yo es ante
todo un yo corporal, que deriva de las sensaciones corporales,
fundamentalmente de aquellas que surgen de la superficie
del cuerpo. Podemos pensar, entonces, que es desde estos
cuidados maternos, estos roces en la piel, aquel estremecimiento
tibio, que comienza a construirse un cuerpo, que empieza
a desplegarse un ser...
(1)
En "La Naturaleza Humana", Ed. Paidós,
Buenos Aires, 1993.
(2) Freud afirma que la histeria se comporta como si la
anatomía no existiera, entonces por ejemplo, la lesión
será una alteración de la idea del brazo.
La parálisis del brazo consistirá en el hecho
de que la concepción del brazo no puede entrar en
asociación con otras ideas, ya que está saturada
de afecto con cierto recuerdo del suceso traumático
que produjo la parálisis
(3) Es decir, no es sólo una determinación
sexual, sino relativa al género -diferencias somáticas
secundarias, género gramatical, rol social, vestimenta,
etc.-
(4) Ob. Cit.
(5) Es decir, en el tiempo anterior a que de la función
no sexual surja la pulsión sexual, cuando interviene
la sexualidad desplazando e interiorizando un objeto (de
la leche a la teta fantaseada)