>> IR AL ALTILLO
La cocina


PRINCIPAL
LA SALA DE ESTAR
EL ESTUDIO
EL PATIO DE ATRAS
LA COCINA
EL BARRIO
 
Descargar archivo

Vinicius de Moraes: Un poeta bien acompañado (1)
por Espacio Potencial

De mañana oscurezco/ De día tardo/ De tarde anochezco/ De noche ardo... (Vinicius)

 

 

Sobremesa con José Castello
Nació en Rio de Janeiro, en 1951. Se graduó en Teoria de la Comunicación, en la Escola de Comunicação da UFRJ y, más tarde, en la misma escuela, en Periodismo. Es maestro en Comunicación en la misma UFRJ. Fue reportero de Veja, redactor del semanario Opinião, jefe de la sucursal carioca de IstoÉ y editor de los suplementos Idéias/Livros e Idéias/Ensaios, ambos del Jornal do Brasil. Desde 1993, forma parte del equipo de cronistas de Caderno 2 de O Estado de S. Paulo. Colabora para el mismo diario como reportero literario del Caderno 2. Es colaborador de Bravo! e IstoÉ. Participó del equipo que investigó, para la Companhia das Letras, el acervo de Vinícius de Moraes, al cuidado de la Fundação Casa de Rui Barbosa, en Rio. Organizó y escribió textos complementarios del Livro de Letras, reunión de las letras de música escritas por Vinícius, y de Roteiro Lírico e Sentimental do Rio de Janeiro, inédito incompleto dejado por Vinícius, ambos publicados por la Companhia das Letras. Desde 1994, vive en Curitiba.


Espacio Potencial: Se cumplen este año 26 años de la muerte de Vinicius de Moraes, un hombre que vivió a la altura de su palabra, una palabra que destinó a la poesía...
José Castello: ...y sin duda a la seducción de mujeres! (Castello ríe con ganas)

E.P.: Bueno, en ese sentido su palabra no tuvo dueño, como lo testimonia su investigación. era un hombre muy enamoradizo...
J.C.: Ciertamente; un buen día, el maestro Antonio Carlos Jobim, atónito con la inconstancia amorosa de su parceiro(2) , Vinicius de Moraes, le preguntó: "Dígame poeta ¿cuántas veces se va usted a casar?" Vinicius, que supo escabullirse de la objetividad cruel con la que Tom pretendía enfrentarlo, en uno de sus habituales chispazos de sabiduría, respondió: "Cuantas veces sea necesario". El maestro no tenía por qué mostrarse tan sorprendido, la inconstancia fue un defecto que Vinicius transformó en suprema cualidad. Un afortunado error que no se limitaba a su vida amorosa sino que daba una tonalidad general a su relación con el mundo. Y quizás no se tratara de inconstancia. Ciertamente no era un atributo que pudiera ser confundido con la frivolidad, la infidelidad o la flaqueza de carácter. Se trataba de algo bien diferente: Vinicius fue un hombre sin límites, que no admitía economizar con la vida, como si ésta fuera un stock de emociones limitado y frugal, que no permitió que la avaricia triunfase sobre la generosidad. Con los años se hizo un hombre abundante, que poco respetó sentimientos melindrosos como el miedo, la moderación o la mezquindad.

E.P.: Y la relación de Vinicius con sus parceiros también se parecieron a encuentros amorosos: fueron numerosísimos, además hizo pareja con compañeros muy distintos entre sí e incluso muy distintos a él mismo... ¿o el propio Vinicius se trasmutaba en su trabajo con cada parceiro?
J.C.: La relación del poeta con sus compañeros de composición musical (parceiros) fue, igualmente, orientada por la grandeza. Siempre estuvo bien acompañado. Incluso cuando permaneció solo (pues Vinicius fue, muchas veces, su propio compañero musical). Compuso con Tom Jobim, Baden Powell, Carlos Lyra, Pixinginha, Adoniram Barbosa, Ary Barroso, Edu Lobo, Antonio María, Chico Buarque, Toquinho. La lista es extensa y a primera vista compleja, porque reúne una inmensa disparidad de temperamentos, estilos, clases sociales, humores, generaciones. "Nunca sentí la diferencia de edad entre nosotros", declaró cierta vez Toquinho, que remataba con una broma: "salvo a la hora de jugar al futbol". Vinicius sabía trasmutarse, arrancar siempre una faceta inesperada de sí mismo, y hacer de ese espíritu de camaleón una reserva de fortaleza para enfrentar la vida. Stanislaw Ponte Preta, en cierta oportunidad le explicaba a Tía Zulmira: "Claro que él es plural, él es Vinicius de Moraes, si fuese uno solo sería Vinicius de Moral"(3) Maestro del humor sagaz, el escritor Sergio Porto, remataba la charada con una ironía maliciosa.


E.P.: Cuéntenos un poco que época le tocó vivir a Vinicius...
J.C.: Cuando Vinicius nació, en 1913, Brasil era gobernado por Venceslau Brás, que acababa de declarar la guerra a Alemania. El mundo no había sufrido todavía el desencanto de las dos grandes guerras mundiales, ni podía imaginar las diabólicas agudezas desatadas por el arte hacia finales del siglo XX. En verdad el siglo XX aún no se iniciaba. Fernando Pessoa, con veinticinco años de edad, escribía -todavía en inglés- su "Epithalamiun". Pixinguiha festejaba sus quince años en una fiesta suburbana. Mario de Andrade, que aún era un adolescente introvertido, ni siquiera soñaba con La Semana de Arte Moderno de 22. El poeta atravesó ambas guerras mundiales. En el '39, cuando estalló la segunda Guerra Mundial, tuvo que huir a las corridas de la Universidad de Oxford, en Londres, donde estudiaba las novelas de Katherine Mansfield. El mundo jugó con todo contra su vocación de poeta. Vivió en Los Ángeles, París, Montevideo, Roma, El Salvador. Se casó nueve veces, tuvo un batallón de compañeros de composición musical, atravesó al país de punta a punta haciendo shows para universitarios, y murió en 1980, dentro de su célebre bañera, como un ángel flotando en el agua, cuando el país aún sufría a la sombra de un régimen militar. Sin ser un "poeta social", de esos que usan el verso para hacer retratos testimoniales y transforman el arte en propagación de ideas fijas, Vinicius dejó un dilatado bagaje poético -poemas, crónicas, ensayos, piezas de teatro, ficción, letras de música- que reflejaron aquella travesía por el siglo. Cuando murió, el siglo entraba en los años del desencanto de los ochenta, la cultura se preparaba para bucear en un lodazal de pastiches, copias y simulacros y, para muchos, el siglo XX parecía ya concluido.

E.P.: Vinicius tiene una poesía testimonial sin ser exactamente un "poeta de protesta", popular pero complejo, ¿cómo definirlo?
J.C.: Nadie debería arriesgarse a encerrar a este artista de lo múltiple y de la inconstancia en una definición. En la noche en que murió Cacilda Becker, el poeta Carlos Drummond de Andrade, con un golpe genial, sentenció: "Murieron Cacilda Becker". El plural también parece ser el único número gramatical que combina con Vinicius. En un principio era un joven conservador, impregnado del espiritualismo católico de Santiago Dantas y Octavio de Faria, y que publicó su primer poema en la revista A Ordem, fundada por Jackson de Figueiredo. Finalmente fue un hombre que rechazó continuar participando de los festivales de la canción porque no admitía la persecución de los "cantores de protesta", un poeta que chocaba con sus amigos más tradicionalistas por su elección radical de la música más popular, su inmensa bata y su convivencia desinhibida con muchachos y muchachas que podían ser sus hijos. Pero no lo eran. De modo que era un hombre que inquietaba a los conservadores por su osadía, a los moderados por su coraje y a los progresistas por su apego a la verdad antes que por el dogma. Era un hombre inquietante.

E.P.: Esa es, después de todo, una definición interesante: Vinicius era un hombre inquietante.. También para él mismo, siempre cambiando, provocándose estallidos interiores, rejuveneciéndose...
J.C.: Vinicius siempre dejó atrás a las generaciones cuando envejecían. Se hizo poeta al lado de Augusto Federico Schmidt, Jayme Ovalle, Manuel Bandeira, João Cabral de Melo Neto. Cuando sintió que la gran poesía estaba agotando el vigor de su corazón, pasó a la llamada Turma do Vilarinho, un bar en la esquina de la Av. Presidente Wilson con Calógueras, comandada por Sérgio Porto, Lúcio Rangel, Fernando Lobo, Darwin Brandão. Pero en poco tiempo ya estaba con los hijos de sus compañeros de bar, componiendo con Edu Lobo, Francis Hime, Chico Buarque. Sabía apurar el ritmo sin perder el paso. Nadie podría haberlo imaginado tomando el té de las cinco, trajeado y adusto en la Academia Brasileña de Letras. Tuvo, sin embargo un pacto cumplido con la inmortalidad. Drummond dijo en cierta ocasión: "Vinicius es el único poeta brasileño que vivió como un poeta". Vivía intensamente y era de la propia vida que sacaba su poesía. Cuando más vertiginosa era su vida, más numerosos sus parceiros, más envolventes las mujeres, mejor su poesía. Esta multiplicidad otorgaba al poeta la imagen de que él nunca moriría. Aquel coraje inmortal.

E.P.: ¿No es contradictorio un carácter tan explosivo con el de Vinicius con la función que debió cumplir durante años como diplomático? ¿Cómo hizo Vinicius para sobrellevar estos dos aspectos de su personalidad?
J.C.: Su formación profesional como diplomático de carrera lo acostumbró a vivir en paz con las personas, con personas bien diferentes unas de otras. Trasladó ese aprendizaje a la poesía y a la música enriqueciéndolas. Llegó un momento en que él ya no cabía en ese mundo diplomático, con sus protocolos y reglas de buena conducta. Sus imposturas. Vinicius estaba demasiado agitado, emocionado por demás, demasiado despojado, y de haber continuado allí, hubiera estado tan incómodo como un animal en una cristalería. Demasiado grande. En 1964, hacía un show con Dorival Caymmi en una boite. Pio Correia, secretario general de Itamarati, le hizo saber que no le gustaba nada que un diplomático estuviera con esas compañías. El canciller Juracy Magalaes tampoco se mostraba muy satisfecho con eso. Vinicius estaba en el Brasil, en una función oficial junto al gobierno de Minas y tuvo que aguantarse una expulsión desaforada "Que ese atorrante se ponga a trabajar", habría dicho el presidente Costa y Silva en su despacho, y Vinicius murió deseando tener colgado de una de las paredes de su casa, como si fuera un trofeo, al despacho presidencial. No importa si las palabras del presidente fueron exactamente aquellas: el poeta había convulsionado en su interior, ya no soportaba el papel del diplomático sobrio que escribía sus poemas en la sombra de la noche. Ya no concebía dejar la vida a un lado, la poesía del otro, para él eran la misma cosa. Había nivelado la vida con la poesía y eso era para él una victoria.

E.P.: Nivelar vida y poesía es un difícil compromiso, es casi-casi vivir en estado de zozobra permanente, de extrema fragilidad... ¿Cómo acompañaron sus parceiros ese movimiento tan delicado del poeta?
J.C.: Sus parceiros fueron surgiendo como compañeros en ese movimiento descontrolado de expansión, donde lo cotidiano y la escritura, los versos y la media luz de los boliches, las ideas y la vida común, se tornaban una sola cosa. Más que parceiros, actuaban como celadores de ese difícil compromiso -a veces tan doloroso- entre la poesía con la vida. Seguramente que esto lo tornaba demasiado susceptible a las delicadezas de la realidad y muy impresionable; pero, sin esa hipersensibilidad, la poesía se desvanecería. Un día, cuando prestaba servicios en Los Ángeles como vicecónsul, abrió un cajón y, entre los papeles viejos, encontró un retrato de Mário de Andrade. Quitó el polvo que cubría la foto con delicadeza, y la colocó en la cabecera de la mesa. Se la quedó mirando como si rezase. Relató después: "Entonces, miré hacia donde estaba Mário de Andrade, vestido con una ropa medio amarronada, y una corbata brick..., y sentí su mano sobre mi hombro". El poeta no supo explicar a sus amigos ni explicarse a sí mismo lo que había sucedido, pero eso no importaba. Aquella visión o impresión, o imaginación, o lo que fuese, lo impulsó a escribir luego el poema "Exhumación de Mário de Andrade". Esa casi sociedad creativa ofrecida a Mário de Andrade en ese poema da un vigoroso ejemplo de cómo trabajaba el poeta. El tenue hilo que separa la realidad de la poesía, estaba siempre a punto de romperse, y para perseguirlo, era preciso tener su admirable lucidez.

E.P.: Otros deberán escribir algún día "La exhumación de Vinicius...", pero sin duda necesitarán algo más que talento, aunque hay que decir que a algunos poetas brasileños les sobra esa dignidad poética de habitar el tenue hilo al que usted recién hizo referencia...
J.C.: Sólo los maestros trabajan sobre ese abismo. Sus parceiros fueron testigos privilegiados de esa aventura. Intentaron siempre estar a la altura de aquel poeta que los deslumbró con su manejo de las palabras, con su modo de encontrar la palabra correcta allí donde hacía falta -o parecía explotar- la vida real. Felices de esos hombres. Ellos sintieron en sus hombros, como el propio Vinicius lo sintió un día, el ala inmensa de la poesía. Permanecieron en estado de gracia.

(1)Um poeta bem acompanhado, José Castello. En Vinicios de Moraes, Livro de letras, Companhia Das Letras, 2001, Brasil. Traducción Daniel César Ripesi, revisión Paula Larotonda. El reportaje que se presenta en este artículo toma su contenido en dicho trabajo de José Castello.

(2)"Parceiro" en este caso puede ser traducido como "compañero -o socio- de composición musical", es decir que, "parceiros" es ese equipo de trabajo que conforman el letrista de una canción y el músico que compone su melodía, pero esta definición es muy insuficiente -y casi impertinente-. Parceiros , son dos personas apasionadas, con idéntica capacidad onírica para soñar -de manera diversa, pero equivalente- la misma empresa conflictiva: la vida. Esto también es impreciso, pero más cercano a la verdad. Nota del traductor.

(3) "Moraes" es el plural de moral en portugués.


Muito Obrigados, Senhor José Castello!


Exumação de Mário de Andrade
No 17º ano da sua morte e no 40º do seu nascimento
Na semana de Arte Moderna

Minha casa de Saint Andrews Place.
Duas da manhã. Abro uma gaveta
Com um gesto sem finalidade
E dou com o retrato do poeta
Me olhando, Mário de Andrade.

Seus olhos nem por um segundo
Piscam. O poeta me encara
E eu vejo pela sua cara
Que o poeta quer ser exumado
Daquela gaveta, desde muito.

Tiro-o de lá. Com mão amiga
Limpo a poeira que lhe embaça
O rosto e suja-lhe a camisa
E o poeta como que acha graça.

Busco um lugar onde instalá-lo
Na minha pequena sala fria
Essa sala tão sem poesia
Onde me encontro todo dia
E onde me sento e onde me calo.

Mas não acho. Ponho-o à minha frente
Sobre a mesa, sentindo a vertigem
Da sensação da forma virgem
Que assume de súbito o ambiente.

No papel branco palpitante
Das moléculas da poesia
A minha mão psicografa
O antigo nome de Maria.

E na sala transverberada
Pelo mistério da presença
Vai se corporificando imensa
A humana forma macerada.

Não tenho medo; mas meus pêlos
Se eriçam, na barba e no braço
Sinto pesar o puro espaço
Às mãos do poeta em meus cabelos.

Depois o toque cessa. Deixo
O poeta a gosto, para que ande
Por ali tudo, esmiuçando.
Depois ouço o som do piano
E olho: só vejo a vasta fronte
Os óculos e o queixo grande
Do poeta, se desincorporando.

E fico só: só como um vivo
Cheio de angústia e de saudade
E corro à porta, e olhando aflito
O silêncio, murmuro empós o bom amigo:
- Volte sempre, Mário de Andrade...


Los Angeles, outubro de 1946
Petrópolis, fevereiro de 1962

 

Copyright © 2003/2006 - Todos los derechos reservados -