Espacio
Potencial: Se cumplen este año 26 años
de la muerte de Vinicius de Moraes, un hombre que vivió
a la altura de su palabra, una palabra que destinó
a la poesía...
José Castello: ...y sin duda a la seducción
de mujeres! (Castello ríe con ganas)
E.P.:
Bueno, en ese sentido su palabra no tuvo dueño,
como lo testimonia su investigación. era un hombre
muy enamoradizo...
J.C.: Ciertamente; un buen día, el maestro
Antonio Carlos Jobim, atónito con la inconstancia
amorosa de su parceiro(2)
, Vinicius de Moraes, le preguntó: "Dígame
poeta ¿cuántas veces se va usted a casar?"
Vinicius, que supo escabullirse de la objetividad cruel
con la que Tom pretendía enfrentarlo, en uno de
sus habituales chispazos de sabiduría, respondió:
"Cuantas veces sea necesario". El maestro no
tenía por qué mostrarse tan sorprendido,
la inconstancia fue un defecto que Vinicius transformó
en suprema cualidad. Un afortunado error que no se limitaba
a su vida amorosa sino que daba una tonalidad general
a su relación con el mundo. Y quizás no
se tratara de inconstancia. Ciertamente no era un atributo
que pudiera ser confundido con la frivolidad, la infidelidad
o la flaqueza de carácter. Se trataba de algo bien
diferente: Vinicius fue un hombre sin límites,
que no admitía economizar con la vida, como si
ésta fuera un stock de emociones limitado y frugal,
que no permitió que la avaricia triunfase sobre
la generosidad. Con los años se hizo un hombre
abundante, que poco respetó sentimientos melindrosos
como el miedo, la moderación o la mezquindad.
E.P.:
Y la relación de Vinicius con sus parceiros también
se parecieron a encuentros amorosos: fueron numerosísimos,
además hizo pareja con compañeros muy distintos
entre sí e incluso muy distintos a él mismo...
¿o el propio Vinicius se trasmutaba en su trabajo
con cada parceiro?
J.C.: La relación del poeta con sus compañeros
de composición musical (parceiros) fue, igualmente,
orientada por la grandeza. Siempre estuvo bien acompañado.
Incluso cuando permaneció solo (pues Vinicius fue,
muchas veces, su propio compañero musical). Compuso
con Tom Jobim, Baden Powell, Carlos Lyra, Pixinginha,
Adoniram Barbosa, Ary Barroso, Edu Lobo, Antonio María,
Chico Buarque, Toquinho. La lista es extensa y a primera
vista compleja, porque reúne una inmensa disparidad
de temperamentos, estilos, clases sociales, humores, generaciones.
"Nunca sentí la diferencia de edad entre nosotros",
declaró cierta vez Toquinho, que remataba con una
broma: "salvo a la hora de jugar al futbol".
Vinicius sabía trasmutarse, arrancar siempre una
faceta inesperada de sí mismo, y hacer de ese espíritu
de camaleón una reserva de fortaleza para enfrentar
la vida. Stanislaw Ponte Preta, en cierta oportunidad
le explicaba a Tía Zulmira: "Claro que él
es plural, él es Vinicius de Moraes, si fuese uno
solo sería Vinicius de Moral"(3)
Maestro del humor sagaz, el escritor Sergio
Porto, remataba la charada con una ironía maliciosa.
E.P.: Cuéntenos un poco que época
le tocó vivir a Vinicius...
J.C.: Cuando Vinicius nació, en 1913, Brasil
era gobernado por Venceslau Brás, que acababa de
declarar la guerra a Alemania. El mundo no había
sufrido todavía el desencanto de las dos grandes
guerras mundiales, ni podía imaginar las diabólicas
agudezas desatadas por el arte hacia finales del siglo
XX. En verdad el siglo XX aún no se iniciaba. Fernando
Pessoa, con veinticinco años de edad, escribía
-todavía en inglés- su "Epithalamiun".
Pixinguiha festejaba sus quince años en una fiesta
suburbana. Mario de Andrade, que aún era un adolescente
introvertido, ni siquiera soñaba con La Semana
de Arte Moderno de 22. El poeta atravesó ambas
guerras mundiales. En el '39, cuando estalló la
segunda Guerra Mundial, tuvo que huir a las corridas de
la Universidad de Oxford, en Londres, donde estudiaba
las novelas de Katherine Mansfield. El mundo jugó
con todo contra su vocación de poeta. Vivió
en Los Ángeles, París, Montevideo, Roma,
El Salvador. Se casó nueve veces, tuvo un batallón
de compañeros de composición musical, atravesó
al país de punta a punta haciendo shows para universitarios,
y murió en 1980, dentro de su célebre bañera,
como un ángel flotando en el agua, cuando el país
aún sufría a la sombra de un régimen
militar. Sin ser un "poeta social", de esos
que usan el verso para hacer retratos testimoniales y
transforman el arte en propagación de ideas fijas,
Vinicius dejó un dilatado bagaje poético
-poemas, crónicas, ensayos, piezas de teatro, ficción,
letras de música- que reflejaron aquella travesía
por el siglo. Cuando murió, el siglo entraba en
los años del desencanto de los ochenta, la cultura
se preparaba para bucear en un lodazal de pastiches, copias
y simulacros y, para muchos, el siglo XX parecía
ya concluido.
E.P.:
Vinicius tiene una poesía testimonial sin ser exactamente
un "poeta de protesta", popular pero complejo,
¿cómo definirlo?
J.C.: Nadie debería arriesgarse a encerrar
a este artista de lo múltiple y de la inconstancia
en una definición. En la noche en que murió
Cacilda Becker, el poeta Carlos Drummond de Andrade, con
un golpe genial, sentenció: "Murieron Cacilda
Becker". El plural también parece ser el único
número gramatical que combina con Vinicius. En
un principio era un joven conservador, impregnado del
espiritualismo católico de Santiago Dantas y Octavio
de Faria, y que publicó su primer poema en la revista
A Ordem, fundada por Jackson de Figueiredo. Finalmente
fue un hombre que rechazó continuar participando
de los festivales de la canción porque no admitía
la persecución de los "cantores de protesta",
un poeta que chocaba con sus amigos más tradicionalistas
por su elección radical de la música más
popular, su inmensa bata y su convivencia desinhibida
con muchachos y muchachas que podían ser sus hijos.
Pero no lo eran. De modo que era un hombre que inquietaba
a los conservadores por su osadía, a los moderados
por su coraje y a los progresistas por su apego a la verdad
antes que por el dogma. Era un hombre inquietante.
E.P.:
Esa es, después de todo, una definición
interesante: Vinicius era un hombre inquietante.. También
para él mismo, siempre cambiando, provocándose
estallidos interiores, rejuveneciéndose...
J.C.: Vinicius siempre dejó atrás
a las generaciones cuando envejecían. Se hizo poeta
al lado de Augusto Federico Schmidt, Jayme Ovalle, Manuel
Bandeira, João Cabral de Melo Neto. Cuando sintió
que la gran poesía estaba agotando el vigor de
su corazón, pasó a la llamada Turma do Vilarinho,
un bar en la esquina de la Av. Presidente Wilson con Calógueras,
comandada por Sérgio Porto, Lúcio Rangel,
Fernando Lobo, Darwin Brandão. Pero en poco tiempo
ya estaba con los hijos de sus compañeros de bar,
componiendo con Edu Lobo, Francis Hime, Chico Buarque.
Sabía apurar el ritmo sin perder el paso. Nadie
podría haberlo imaginado tomando el té de
las cinco, trajeado y adusto en la Academia Brasileña
de Letras. Tuvo, sin embargo un pacto cumplido con la
inmortalidad. Drummond dijo en cierta ocasión:
"Vinicius es el único poeta brasileño
que vivió como un poeta". Vivía intensamente
y era de la propia vida que sacaba su poesía. Cuando
más vertiginosa era su vida, más numerosos
sus parceiros, más envolventes las mujeres, mejor
su poesía. Esta multiplicidad otorgaba al poeta
la imagen de que él nunca moriría. Aquel
coraje inmortal.
E.P.:
¿No es contradictorio un carácter tan explosivo
con el de Vinicius con la función que debió
cumplir durante años como diplomático? ¿Cómo
hizo Vinicius para sobrellevar estos dos aspectos de su
personalidad?
J.C.: Su formación profesional como diplomático
de carrera lo acostumbró a vivir en paz con las
personas, con personas bien diferentes unas de otras.
Trasladó ese aprendizaje a la poesía y a
la música enriqueciéndolas. Llegó
un momento en que él ya no cabía en ese
mundo diplomático, con sus protocolos y reglas
de buena conducta. Sus imposturas. Vinicius estaba demasiado
agitado, emocionado por demás, demasiado despojado,
y de haber continuado allí, hubiera estado tan
incómodo como un animal en una cristalería.
Demasiado grande. En 1964, hacía un show con Dorival
Caymmi en una boite. Pio Correia, secretario general de
Itamarati, le hizo saber que no le gustaba nada que un
diplomático estuviera con esas compañías.
El canciller Juracy Magalaes tampoco se mostraba muy satisfecho
con eso. Vinicius estaba en el Brasil, en una función
oficial junto al gobierno de Minas y tuvo que aguantarse
una expulsión desaforada "Que ese atorrante
se ponga a trabajar", habría dicho el presidente
Costa y Silva en su despacho, y Vinicius murió
deseando tener colgado de una de las paredes de su casa,
como si fuera un trofeo, al despacho presidencial. No
importa si las palabras del presidente fueron exactamente
aquellas: el poeta había convulsionado en su interior,
ya no soportaba el papel del diplomático sobrio
que escribía sus poemas en la sombra de la noche.
Ya no concebía dejar la vida a un lado, la poesía
del otro, para él eran la misma cosa. Había
nivelado la vida con la poesía y eso era para él
una victoria.
E.P.:
Nivelar vida y poesía es un difícil compromiso,
es casi-casi vivir en estado de zozobra permanente, de
extrema fragilidad... ¿Cómo acompañaron
sus parceiros ese movimiento tan delicado del poeta?
J.C.: Sus parceiros fueron surgiendo como compañeros
en ese movimiento descontrolado de expansión, donde
lo cotidiano y la escritura, los versos y la media luz
de los boliches, las ideas y la vida común, se
tornaban una sola cosa. Más que parceiros, actuaban
como celadores de ese difícil compromiso -a veces
tan doloroso- entre la poesía con la vida. Seguramente
que esto lo tornaba demasiado susceptible a las delicadezas
de la realidad y muy impresionable; pero, sin esa hipersensibilidad,
la poesía se desvanecería. Un día,
cuando prestaba servicios en Los Ángeles como vicecónsul,
abrió un cajón y, entre los papeles viejos,
encontró un retrato de Mário de Andrade.
Quitó el polvo que cubría la foto con delicadeza,
y la colocó en la cabecera de la mesa. Se la quedó
mirando como si rezase. Relató después:
"Entonces, miré hacia donde estaba Mário
de Andrade, vestido con una ropa medio amarronada, y una
corbata brick..., y sentí su mano sobre mi hombro".
El poeta no supo explicar a sus amigos ni explicarse a
sí mismo lo que había sucedido, pero eso
no importaba. Aquella visión o impresión,
o imaginación, o lo que fuese, lo impulsó
a escribir luego el poema "Exhumación de Mário
de Andrade". Esa casi sociedad creativa ofrecida
a Mário de Andrade en ese poema da un vigoroso
ejemplo de cómo trabajaba el poeta. El tenue hilo
que separa la realidad de la poesía, estaba siempre
a punto de romperse, y para perseguirlo, era preciso tener
su admirable lucidez.
E.P.:
Otros deberán escribir algún día
"La exhumación de Vinicius...", pero
sin duda necesitarán algo más que talento,
aunque hay que decir que a algunos poetas brasileños
les sobra esa dignidad poética de habitar el tenue
hilo al que usted recién hizo referencia...
J.C.: Sólo los maestros trabajan sobre ese
abismo. Sus parceiros fueron testigos privilegiados de
esa aventura. Intentaron siempre estar a la altura de
aquel poeta que los deslumbró con su manejo de
las palabras, con su modo de encontrar la palabra correcta
allí donde hacía falta -o parecía
explotar- la vida real. Felices de esos hombres. Ellos
sintieron en sus hombros, como el propio Vinicius lo sintió
un día, el ala inmensa de la poesía. Permanecieron
en estado de gracia.
(1)Um
poeta bem acompanhado, José Castello. En Vinicios
de Moraes, Livro de letras, Companhia Das Letras, 2001,
Brasil. Traducción Daniel César Ripesi,
revisión Paula Larotonda. El reportaje que se presenta
en este artículo toma su contenido en dicho trabajo
de José Castello.
(2)"Parceiro" en este caso puede ser traducido
como "compañero -o socio- de composición
musical", es decir que, "parceiros" es
ese equipo de trabajo que conforman el letrista de una
canción y el músico que compone su melodía,
pero esta definición es muy insuficiente -y casi
impertinente-. Parceiros , son dos personas apasionadas,
con idéntica capacidad onírica para soñar
-de manera diversa, pero equivalente- la misma empresa
conflictiva: la vida. Esto también es impreciso,
pero más cercano a la verdad. Nota del traductor.
(3) "Moraes" es el plural de moral en portugués.
Muito Obrigados, Senhor José Castello!
Exumação de Mário de Andrade
No 17º ano da sua morte e no 40º do seu nascimento
Na semana de Arte Moderna
Minha
casa de Saint Andrews Place.
Duas da manhã. Abro uma gaveta
Com um gesto sem finalidade
E dou com o retrato do poeta
Me olhando, Mário de Andrade.
Seus
olhos nem por um segundo
Piscam. O poeta me encara
E eu vejo pela sua cara
Que o poeta quer ser exumado
Daquela gaveta, desde muito.
Tiro-o
de lá. Com mão amiga
Limpo a poeira que lhe embaça
O rosto e suja-lhe a camisa
E o poeta como que acha graça.
Busco
um lugar onde instalá-lo
Na minha pequena sala fria
Essa sala tão sem poesia
Onde me encontro todo dia
E onde me sento e onde me calo.
Mas
não acho. Ponho-o à minha frente
Sobre a mesa, sentindo a vertigem
Da sensação da forma virgem
Que assume de súbito o ambiente.
No
papel branco palpitante
Das moléculas da poesia
A minha mão psicografa
O antigo nome de Maria.
E
na sala transverberada
Pelo mistério da presença
Vai se corporificando imensa
A humana forma macerada.
Não
tenho medo; mas meus pêlos
Se eriçam, na barba e no braço
Sinto pesar o puro espaço
Às mãos do poeta em meus cabelos.
Depois
o toque cessa. Deixo
O poeta a gosto, para que ande
Por ali tudo, esmiuçando.
Depois ouço o som do piano
E olho: só vejo a vasta fronte
Os óculos e o queixo grande
Do poeta, se desincorporando.
E
fico só: só como um vivo
Cheio de angústia e de saudade
E corro à porta, e olhando aflito
O silêncio, murmuro empós o bom amigo:
- Volte sempre, Mário de Andrade...
Los Angeles, outubro de 1946
Petrópolis, fevereiro de 1962