>> IR AL ALTILLO
La cocina


PRINCIPAL
LA SALA DE ESTAR
EL ESTUDIO
EL PATIO DE ATRAS
LA COCINA
EL BARRIO
 
Descargar archivo

Sobremesa con Mariela Tiferes, artista plástica y docente.

"Jugar, crear; jugar, pensar; jugar, sentir; de eso se trata un poco todo esto de pintar, esculpir..."


En una moderna y animada casa del barrio de Colegiales, Mariela coordina talleres para niños y para adultos. Charlamos con ella sobre cómo entiende el oficio de acercar a niños y adultos a la expresión plástica en los talleres grupales que dirige; cómo recuperar de adultos, la confianza espontánea del niño frente a la hoja en blanco, cómo desandar los criterios estéticos que se nos van imponiendo como estereotipos de lo "bueno" o de lo "malo", hasta encontrar el modo personal -y disfrutable- de expresarse.



E.P.:
Contanos un poco cómo fue tu acercamiento a la plástica y a los talleres, cómo comenzó tu carrera de artista...
M.T.: Siendo muy pequeña, a los tres años, ya mi mamá me llevaba a TEA, donde hacíamos talleres de música, de ciencias, también de expresión corporal y de plástica. A los ocho años mas o menos y hasta que terminé la primaria tomaba clases de plástica con Diana Dreyfuss... Lo hacía por placer y lo disfrutaba mucho.
A los quince comenzó una etapa que viví intensamente, primero hice cerámica con Vilma Villaverde, luego hice escultura con Leo Vinci y después concurría paralelamente al taller de Vinci y de Carregno, salía de uno y me iba al otro, lo vivía con mucho entusiasmo, no veía la hora de que llegara el momento de ir a los talleres...
Hice el secundario en el Nacional Buenos Aires y se esperaba que fuera universitaria, así que me la pasé haciendo materias de CBC, para diseño industrial, para medicina, pero siempre volvía al taller... Finalmente estudié Bellas Artes en la Pueyrredón, me especialicé en escultura y también hice estudios de restauración en el IUNA..
Con el tiempo comencé a dar talleres, primero con alguna socia y finalmente sola, tanto para chicos como para adultos...

 


E.P.: ¿Cuáles son las diferencias, si es que las hay, entre darle talleres a chicos y a adultos?
M.T.: Pienso que son dos cosas muy diferentes. En el caso de los chicos, para ellos se trata de un juego, de jugar con cosas plásticas. Además, los chicos se conectan con la experiencia con total naturalidad, porque vayan o no vayan a un taller de plástica siempre tienden a agarrar una hoja, a pintar o a dibujar. Los padres, que no están acostumbrados a los distintos elementos, limitan la propuesta: sólo aparece el crayón, la hojita, la témpera... En los talleres, lo importante es que se amplía lo que se les propone como estímulo y como material. Además, en el taller tienen la oportunidad de jugar con los otros chicos.

E.P. : ¿Los talleres son siempre grupales?
M.T.: En mi caso sólo tengo una alumna en forma individual. Es una chica de ocho años que tiene una facilidad notable con el arte, que le gusta mucho, resultaba difícil encontrar un grupo de su edad con su nivel de compromiso. La idea es, de todos modos, encontrarle un grupo, pero por la edad no encaja en los grupos que yo tengo y como hubo buen enganche quisimos seguir trabajando juntas, ya hace tres años, ella quiere seguir y yo estoy dispuesta a seguir de forma individual con ella.

 

E.P.: ¿Te pasó otras veces?
M.T.: No, para mí no es positivo trabajar con chicos en forma individual. Mi propuesta es grupal, únicamente, si el chico tiene alguna necesidad especial, veo. Pero me parece que en los chicos es mucho más rico lo grupal. Aunque cada uno trabaje en forma individual, observan lo que hace el otro, están con él, comparten el espacio, reciben, a su vez, la mirada del otro... Todo esto es muy importante, enriquece mucho, también cuando se trata de adultos.

E.P.: ¿Los chicos se critican entre sí?
M.T.: Los chiquitos, digamos hasta los cuatro años, son de mirar lo que está haciendo el otro, pero no para la crítica sino para copiarlo, la competencia viene más tarde...


También depende del nene, pero en general es a partir de la escuela primaria que empieza el "yo lo hago mejor" o la burla a lo que el otro está haciendo. Es una lástima, pero cuando el chico pasa los seis años ya se empieza a tener en la cabeza un estereotipo de lo que está "bien" o "mal" hecho, y se ata a ciertos modelos. Antes de esa edad, en el jardín, al nene no le interesa lo que está "bien" hecho o "mal" hecho, para el chico es una sorpresa que de él salga algo, en realidad también en los grandes se da esa sorpresa de poder haber hecho algo... La diferencia con los adultos es que ellos tienen una carga mayor de prejuicios y de miedos. El chico frente a la hoja vacía no tiene miedos, le encanta empezar a llenarla, no tiene la preocupación de lo que el otro va a opinar, disfruta mientras trabaja. Incluso, para los chicos de la primaria, la crítica puede venir después de terminada la obra, pero no se inhiben mientras hacen por la idea del "me va a salir mal". En cambio, es típico en los adultos el miedo a la hoja en blanco ("yo no sé dibujar", "no sé qué hacer", "me va a salir mal"). Tienden a justificarse delante del profesor "por lo mal que me va a salir". Tienen que vencer el miedo que ya traen desde la primaria, y entender que hay otras maneras en la plástica que el dibujar "bien", basado en la buena perspectiva y la buena proporción... Hay gente que tiene facilidad para superar eso, que rescata otras cosas, a partir de experimentar con los colores, con la sensualidad de los materiales. Y pueden encontrarle otra riqueza a la plástica que no necesariamente pasa por ese estereotipo de qué imagen es la buena o socialmente aceptable... Al adulto le cuesta mucho salirse de lo socialmente valorado, pero cuando lo logra, lo disfruta mucho. En general hay ambivalencia, porque si viene a un taller es porque quiere lograr eso, pero lo inhibe los prejuicios y miedos...Y en ese sentido, yo siento que mi función es, fundamentalmente, ayudarlos a que puedan disfrutar la experiencia plástica, a que puedan sacarse de encima esos prejuicios, y para eso, por ejemplo, hago que vean el trabajo de muchos pintores que no se conocen tanto, y que muestran una forma distinta de hacer, para que vean las diferencias entre los diversos pintores. Aceptar que cada uno tiene una manera particular de hacer, y entonces buscar ese modo propio de cada persona, ese modo que lo que lo caracteriza.

E.P.: ¿Su estilo?
M.T.: No sé si llamarlo estilo, un estilo reúne muchas características, yo me refiero a lo propio, lo personal, no importa que diga "esto que estoy haciendo es impresionista". El encuentro de un estilo, en ese sentido, no importa tanto. También, en el aspecto que hace a la técnica, es necesario facilitarle materiales para que experimente con diversos elementos, que son distintos -aunque no tanto- a los materiales que uso con los chicos. La diferencia pasa, sobre todo, por los tiempos que puede tolerar un adulto y no un chico. Hay materiales que tienen un proceso largo para trabajarlos, y para un chico, por ejemplo, hacer una talla en un material que requiere mucho tiempo... es una frustración... (bueno, con chicos, tampoco trabajamos con materiales tóxicos).

E.P.: ¿Retoman cuadros los chicos?
M.T.: No, en general no, por interés propio no, todo termina ahí, en ese momento. A partir de los cuatro años yo intento que haya trabajos que podamos retomar, al menos que los hagamos en dos veces, que le puedan dar una vuelta más. Es decir, es difícil que retomen un trabajo por interés propio, pero si le decís, "qué te parece ponerle tal cosa", entonces sí, lo retoma... también depende del chico...

E.P.: ¿Y qué expectativa tienen en general los padres cuando te traen a su hijo? ¿Buscan que "salga artista"?
M.T.: Los que quieren que su hijo salga artista no vienen conmigo..., no creo que encuentren en mi algo que los acompañe en ese sentido. Fijate que ni siquiera con la nena que viene a clase individual, la nena que te contaba antes, y que tiene ocho años, bueno, a veces, colegas mías que ven sus trabajos, me dicen: vos tenés que decirle a su mamá que ella es talentosa y es muy capaz, pero mi opinión es que no hay que evitar cargar las tintas en eso.

E.P.: ¿Por qué?
M.T.: Ella, que ya está acostumbrada a la responsabilidad que impone la escuela, se toma al taller también con seriedad y responsabilidad, pero viene fundamentalmente por el gusto y el placer que le da hacerlo. Insistir sobre un talento que tiene que trabajarse puede hacerle perder el gusto natural que tiene por el arte, y que en el fondo, más allá de su talento es lo que la impulsa. No sólo viene a mi taller sino que va a un taller de cerámica dos veces por semana, la volvió loca a la mamá con que quería venir a un taller de pintura, así que tres veces por semana va a talleres de arte...Llega y es rara la vez que yo le tengo que proponer algo, ella tiene en su cabeza lo que quiere hacer, mi ayuda es proponerle cómo llegar a hacerlo, con qué material, etc., el profesor de plástica, en general, puede ver más ciertas relaciones, ciertas proporciones y puede ayudar con eso, ella misma tiene mucha capacidad de ver cosas que no son habituales de ser percibidas a su edad, ni siquiera en mucha gente grande. Algunos cuadros de ella podrían no ser de una nena, pero tienen el disfrute de una nena, por eso a mí me parece que no habría que hacer nada con el "talento" de esa nena, nada más de lo que está haciendo, dejar que se desarrolle, sin hacerla sentir talentosa, eso no es positivo.

E.P.: Pero es unos de esos casos en que alguien ya está muy decidido.
M.T.: Pero es que ella quiere ser veterinaria!! (risas) Hay que dejarla tranquila...

E.P. : Vos también empezaste de chica...
M.T.: Sí, y no sé si era talentosa, pero si sé que disfrutaba muchísimo, tenía gran placer por hacerlo. Conocí gente que siendo "talentosa" quedó en el camino, aunque, por ejemplo, ya habían ganado algún premio a los 17 años, sin embargo, sus carreras terminaban allí. Es complicado eso de los premios cuando uno es chico... Yo no soy partidaria de que se participe en concursos cuando se trata de chicos, no me refiero a los concursos de manchas de chiquitos, por ejemplo, sino a los de adolescentes que ya participan en concursos de adultos...

E.P.: Esa pérdida de la ingenuidad de la que hablabas, cuando el chico entra a la escuela primaria, de la frescura para encarar la hoja "en blanco"¿se da simplemente por el hecho de crecer o hay cuestiones que impone el propio sistema escolar?
M.T.: Tiene que ver sobre todo con la educación, pero aún así, si los niños tienen padres con "cabezas abiertas", esa deformación se limita... Todo lo que malogra el placer, por ejemplo, un entorno perfeccionista, en fin, cosas de los adultos que hacen por ejemplo que alguien que hacía algo por placer, limite la experiencia artística. Creo que el arte no es siempre para ser "el artista", sino para hacer cosas placenteras, por eso no hay que cargar a los chicos con expectativas exageradas.

E.P.: ¿Y los adultos, con qué expectativa se acercan a hacer un taller de plástica?
M.T.: En general lo que sucede con los adultos es que tienen miedo, quieren aprender, pero no se animan. No conocen de plástica, pero -paralelamente- vienen con la fantasía de que es más fácil de lo que en realidad es. Por ejemplo, vienen para hacer escultura y yo los tengo que ubicar en lo que si bien se puede hacer, es muy trabajoso. A mí me parece bien la libre expresión, pero se tiene que trabajar con compromiso. En mi taller hacemos trabajos de libre expresión, pero con pautas...Entonces por un lado vienen con miedos y por el otro creyendo que es más fácil de lo que al final les resulta, y bueno, al final les sale peor de lo que ellos creían...

E.P.: ¿Se la bancan?
M.T.: Hay quienes si y hay quienes se van a un taller más artesanal, de pátinas por ejemplo... Hay colegas míos más estrictos, si no es "arte" no va. Yo, por ejemplo tengo una alumna de 68 años que nunca había hecho nada, empezó con pintura y ahora se anima a hacer escultura, otra empezó con restauración, quería restaurar marcos, después al otro año se animó a hacer escultura...

E.P.: ¿Cómo logras ese equilibrio, esa tensión entre el dejar hacer y el disciplinar con aspectos técnicos?
M.T.: Con los chicos mantener ese equilibrio tiene un peso mayor, me siento más responsable de no perder ese equilibrio. Con los adultos, les doy la técnica que creo necesaria para que lleguen a realizar lo que están intentando a riesgo de equivocarme, porque en la docencia no queda otra, tampoco es el mismo equilibrio en la pintura y en la escultura...

La necesidad de técnica en escultura es más importante, la escultura es casi imposible sin técnica...(hacer un molde, por ejemplo, es un asunto meramente técnico). Pero encontrar el punto de equilibrio, en qué medida tengo que darles técnica y cuánto tengo que dejarles hacer, cuántas gotas de cada cosa les tengo que dar y... para entender eso... Eso se surge y se crea en la relación intensa que se construye entre el alumno y el docente...

¡Gracias Mariela!

marielatiferes@yahoo.com.ar
4554-0516

Copyright © 2003/2006 - Todos los derechos reservados -