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Sobremesa con taller de iniciación y formación musical "Andante"*
por Ana Clara Benveniste

 

En una antigua casona de Palermo Viejo, Fernanda Massa -directora general- y Verónica Menendez y Alejandra Villanueva -coordinadoras del taller de iniciación y formación musical- nos recibieron y dejaron fluir las siguientes reflexiones acerca de su quehacer...


EP: Cuando Espacio Potencial tuvo oportunidad de charlar con diversos artistas que producían narrativa o espectáculos "para" chicos, se nos expresó que en lo esencial, en sus creaciones, ellos se desentendían de las categorías "adulto-niño" ¿Hay para ustedes alguna diferencia entre el trabajo en un taller con chicos y el acercamiento que se dá en la experiencia de un taller para adultos?

Fernanda: Yo creo que sí, que en nuestro caso hay diferencia en el modo de llegar a un chico, sobre todo cuando se trata de chicos de muy pocos años, porque nosotros, por ejemplo, trabajamos con chicos a partir del año de vida. Lo aclaramos porque muchas veces cuando se dice "chicos" sólo se abarca una población de entre 5 y 10 años, es decir los que están en edad escolar. Y antes de eso hay todo un mundo infantil, un mundo que en el chico está muy ligado a lo maternal, donde las vías de llegada a él no están tanto puestas en el lenguaje, en lo verbal, sino que se juegan otro tipo de intercambios a nivel comunicacional, hay mayor entrada, por ejemplo, a nivel visual, especialmente también desde el movimiento, y por otras diversas vías y posibilidades con que cuentan los chicos más chiquitos y que no son las mismas que las posee el adulto.
Alejandra: Y los chicos tienen, además, la curiosidad bien fresca... Nosotras tal vez lo que hacemos es filtrar información para no abrumarlos con datos y estímulos innecesarios. Elegir, seleccionar de acuerdo a sus capacidades y posibilidades...

¿Y con qué expectativas trae un papá a un chiquito de, por ejemplo, sólo un año?
A: Yo creo que muchos traen una mirada muy puesta en el chico y lo que creen ver que el chico le devuelve a esa mirada, por ejemplo, cómo se comporta ese hijo cuando escucha música, o cuando le ponen una canción que es pegadiza y entonces él la balbucea o la repite.... Muchos los traen desde la observación de lo que "le pasa" al chico con la música, y por supuesto poniendo en juego su propio deseo de padres, a partir de lo que a ellos les pasa como adultos en relación a la música, en general una cosa tiene que ver con la otra. También juega qué le pasa a esa familia con la música, qué lugar tiene para ellos lo musical en su convivencia y su historia. Generalmente el papá que trae un hijo a un taller de música es un papá que disfruta con la música, de modo que este padre cree que encontrará aquí un lugar en donde a partir del estímulo musical uno la puede pasar bien.

Por eso cuesta tanto sacar a las madres de adentro del taller...
A: En eso sí coincido con tu comentario inicial, lo que uno hace en este ámbito es generar en el adulto que trae al niño las mismas posibilidades con que cuenta el niño casi naturalmente... Lo que cuesta después sacar del taller es a ese "niño-adulto" que acompaña al niño y que, al participar con su hijo del taller se conecta desde un lugar muy placentero con lo que sucede en la experiencia compartida. Y también está el tema de fortalecer vínculos. Porque en este trabajo donde está el padre presente junto al nene y otros padres, a través de la música, lo que nosotras proponemos es cierta interacción permanente entre ellos, con la mamá o el papá o el abuelo... Con los abuelos también es maravilloso lo que pasa porque es desde otro lugar ...
A: Sí, es ese tipo de vínculos que se privilegia en principio, más que la relación con los pares...
F: Esa interacción viene después, justamente, cuando producimos un cambio en la mirada hacia el chico y hacemos salir a ese papá o a esa mamá, momento en que se observa, en la línea de tu acotación, justamente lo que les cuesta salir, pero sucede que nosotras decidimos en cierto momento que la interacción debe empezar a desarrollarse a partir de cierto momento más entre los pares. Si bien esto es paulatino, lo que pasa es que ese adulto, que antes fue parte en este vínculo con el nene y en este formato que le fuimos dando a las clases, tiene que empezar a quedar afuera, sin su mirada puesta en el chico, queda privilegiada entonces la relación de los chicos entre sí y con el docente.

¿Cómo llegaron a estas experiencias de taller? Supongo que desde experiencias bastante diversas...
Verónica: Colegio estatal, mi hija en salita de 3, entonces la conocí acá a la señora (Fernanda Massa) durante el período de adaptación, cantando con los chicos y bailando, y, al participar de esa experiencia, me dije: "yo quiero ser así", me pegué tipo sanguijuela para aprender todo lo que ella sabía...

¿Qué te impactó de todo aquello que viviste en el jardín de tu nena para reaccionar así?
V: Por ejemplo, cantamos una canción que yo conocía, supersencilla, "Al agua pato!"... Y la jugaron de una manera increíble: con agua, con los nenes que tuvieron que ir con malla al jardín para poder mojarse... jugando, fue maravilloso! Y me pareció que había toda una vía de experiencia que se abría de ese modo.... Era como un permiso para animarse a hacer todo eso que se cantaba, mientras que por otro lado uno se dice: noo, esto no se debe poder hacer! No, esto no debe estar muy bien. Como si todo debiera ser más organizadito, más armadito, más formalito... Aquello era un permiso para jugar!
F: Esto que dice Vero tiene que ver con lo que es la formación en música... con la tradición heredada de los conservatorios, donde "hay" que estudiar música... Vos pensá que la carrera de educación musical (acá, no en la Plata que son los que tienen más antigüedad en educación musical), no es una carrera que tenga muchos años. Antes uno salía con una formación musical y algunas materias pedagógicas. Con lo cual no había mucho más que la impronta de la formación muy formalizada del Conservatorio...
V: Yo encima no estoy haciendo la carrera de educación, estoy haciendo la carrera de instrumentista así que tuve un año pedagogía, un año didáctica y no aprendí nada, absolutamente nada en lo que hace a conectarse con un chico desde una experiencia menos estructurada.
F: También tiene que ver con cómo uno se relaciona con el quehacer musical. Lo que está impuesto en el conservatorio tiene que ver con una rutina de estudio, con una disciplina, con ejercitar determinadas herramientas desde otro abordaje de lo musical. Y la verdad es que esto dista mucho del juego que proponemos para la formación musical en el taller. Una cosa no invalida la otra pero uno eso lo entiende con el tiempo y la experiencia. Entonces, lo que me pasó a mí fue eso. Yo hice muchos años el conservatorio, desde muy chica. Me recibí muy joven, a los 19 años, seguí haciendo cosas. En ese momento se creó la carrera de educación, y yo ya tenía ahí una experiencia...
Siempre me acercaba a jugar con los chicos de una manera muy intuitiva, trabajaba en escuelas, y ahí empecé a darme cuenta, movida por un deseo mío, de que el acercamiento musical a los chicos no podía ser algo tan solemne y rígido... Si bien a mí me gustaba tocar el piano, estudiar y dar los exámenes, también tenía ganas de jugar con la música... Y entonces empecé a buscar en los libros, lo que más estaba en la línea que me interesaba era lo que empezaba a desarrollar Judith Akoschky con Ruidos y Ruiditos, estuve un par de años trabajando con ella, después con gente que venía de afuera y hablaba de otras cosas, que traían métodos innovadores que, en realidad, ya tenían bastante antigüedad afuera, y uno sentía que era trasgresor, solo porque se proponía trabajar descalzos, y a la gente de acá le costaba todo eso, pero lentamente empezaron a pasar otras cosas...
En la carrera de Educación Musical pusieron como materia expresión corporal y tuvimos la dicha de que ese año estuviera Patricia Stokoe fundando esa cátedra y bueno, por varios lugares íbamos viendo qué pasaba con el cuerpo, con la voz, cómo abordar el juego, por distintas vías... En lo personal, era ir encontrando miradas acordes a lo que uno buscaba, cotejando con la realidad, trabajé en todos los niveles pero yo nunca dejé de trabajar con chicos, siempre mantuve el nivel jardín, hasta ir forjando un concepto interno de lo que quería... Durante un tiempo estuve peleada con lo "académico", después volvés, pero de otra forma...

¿Hay un nivel donde se da un quiebre en la participación de lo corporal y se necesita otro ingrediente o acomodamiento en la experiencia, con una formación más formal en lo musical, en la medida que cambia el chico o las necesidades?
F: Sí, uno puede volver -incluso por momentos en el trabajo con los más chiquitos- y lograr incorparar ingredientes que tiene que tienen que ver con aspectos formales de la experiencia musical pero complementando con un montón de otras herramientas creativas, se requiere tiempo. En algún momento se empiezan a incoporar otras herramientas de lenguaje para trabajar con el chico, con conceptos que tienen que ver con un asapecto más académico. Pero no se si este cambio es por un quiebre evolutivo..
A: Surgen nuevas necesidades en el niño, por ejemplo con la aparición de la lectoescritura...
F: Bueno, ese sería un aspecto evolutivo...

¿Se trataría de que hay un momento inical de contacto lúdico con el universo musical y que más tarde, con una aproximación más académica, se evalúa si el chico tiene una vocación musical "más seria"?
F: Para mí esa consideración es muy difícil, porque en general, no siempre coincide la mirada del adulto con la del chico. Lo que vos planteás en la pregunta es el planteo típico de un papá que trae a su hijo de cuatro años a los cursos de iniciación y después te está preguntando cuándo agarra el violín...
Yo siempre hablo del chico. Cuando viene el padre, veo si hablamos del mismo chico porque muchas veces el chico que yo veo en la clase no es el mismo que me describe su padre. Muchas veces es el padre, por razones que corresponden a su propio deseo, el que quiere que un chico estudie un determinado instrumento...

Pero vos podés percibír cierta orientación del chico más "definida" -que en otros casos- en lo musical...
F: Absolutamente! Y tratar de registrar aquellos aspectos de lo musical en lo que el chico se va manejando mejor...
A: La idea es darle herramientas al chico para ir observando como él mismo hace un camino en lo musical a partir de sus propias características. Dar la oportunidad de que ellos mismos vayan definiendo su inclinación: Hay chicos que son naturalmente blandos y al agarrar un violín les va bárbaro, y otros a los que les es mucho más natural sentarse a la batería... Primero hay que indagar qué les da más placer, y después fortalecer lo que requiere cierta discilplina. Uno todo el tiempo está leyendo qué es lo que va pasando con el chico. Y por supuesto, todo aquello que tiene que ver con su personalidad. Yo sé que cantar y bailar son expresiones naturales, pero que también son de un nivel de exposición alto y hay muchos nenes a los que les gusta la música pero padecen esa exposición, si uno está todo el tiempo insistiendo que la música es esa exposición, ese chico puede inhibirse, pensar que "eso" no es para él

¿Y la elección del instrumento?
F: Hay que esperar el momento del chico. A veces, el papá insiste: le gusta el piano, le gusta el piano, le gusta el piano... Y yo me resisto, por ejemplo, a empezar a poner al piano con cierto nivel de exigencia a un nene de 5 años. Trato de explicar a los padres lo significativo de la clase grupal, del intercambio entre pares, el aspecto incial de experiencia más de conjunto... Pero también consideramos la posibilidad que plantea un padre.. Y atendemos esto. Quizás proponiéndole que se quede después 15 minutos tocando el piano, al mes siguiente será media hora, pero tratando siempre de que esto vuelva al grupo.
V: Por otro lado hay que sostener un delicado equilibrio entre la capacidad creativa, no ahogada por el virtuosismo, pero que requiere disciplina...

¿El taller tiene la expectativa de que los chicos den ese salto musical hacia la elección de un instrumento musical, o solamente busca que los chicos desplieguen un recurso más en sus vidas?
F: Mirá, sinceramente, no hay ninguna intención jugada de nuestra parte, pero cuando un chico define una vocación eligiendo un instrumento, nos ponemos muy contentas. Porque de alguna manera sigue eligiendo el lenguaje, y apuesta a que sigan pasando cosas con ese lenguaje de comunicación pero desde otro nivel.

Y vos Alejandra te quedaste sin contarnos tu recorrido...
A: Yo soy de Chascomús. A los 17 años ya tuve un montón de grupos de primaria y jardín. Iba a quinto año y ya tenía tantas ganas de trabajar que a la tarde tenía grupos de jardín y primaria. Y en secundarios también.
Me interesó siempre el estudio del instrumento, y la docencia.

La posición de ustedes es diferente al músico que hace docencia como una forma de sustento económico...
F: A diferencia de ese abordaje que podría hacer un músico dedicado a la docencia, yo siento que el taller es abierto a cualquier chico, más allá de presuntas "condiciones musicales". Es una horma para cualquier chico. Por cómo concebimos el armado de la clase, por cómo contemplamos las diferentes modalidades de conectarse con las cosas, las diferentes personalidades... Hay un circuito en que cada uno se va a sentir en algún momento más identificado, o más considerado.. Y hay otros chicos que, bueno, son más maleables y les va todo. Y la idea es que puedan circular. La mirada del músico es más hacia el instrumento y ahí se juega esto de si tiene "talento" o no lo tiene, cuántas horas debe estudiar, si tiene condiciones, si es innato... Son cosas tan lejanas e inalcanzables!...
V: Uno sabe que son caminos larguísimos los del arte, y el tema es cómo hacer para sostener el interés, la curiosidad, el entusiasmo que hay al principio. Cómo hacer para entender que la técnica termina siendo una herramienta de ayuda para poder decir cosas....

¿Hasta qué edad son los talleres?
F: Nosotros ahora tenemos grupos variados. Se les muestra a los chicos un espectro amplio y después, si él opta por algún aspecto que nosotros no podemos abarcar, se le recomienda el lugar o el profesor más adecuado a la inquietud en cuestión. En general trabajamos con chicos de hasta 12 años. Después hay alumnos individuales de instrumento a los que, según el caso, se derivan.
La idea es llegar al instrumento como conclusión de diversas experiencias: la interpretación, lo rítmico, lo vivencial adquirido... Para que cuando se haga presente lo técnico que empieza a pedir un instrumento, ya haya un montón de otros elementos adquiridos que tengan que ver netamente con el lenguaje musical. Yo con esto jugué, con esto me permití, con esto me relacioné, con esto dije cosas, esto me hizo feliz..., todo esto se agrega a la relación con el instrumento. Aspiro a eso y ojalá que los que andan por ahí y ya son grandes se hayan llevado eso... Y en general pasa, cuando uno se vuelve a encontrar... El otro día me encontré con un papá de un chico que vino acá muchos años, ya ahora debe ser un muchacho de unos veintipico de años, y el papá me decía "vos no sabés cómo quedó el trabajo que hizo con vos en otros aspectos". Y aunque no siguió con la música se nota un registro de esa experiencia en otros aspectos en los que se comprometió vivencialmente. Yo creo que eso vivido en los talleres también se inscribe en el cuerpo, se hace marca de algún modo en el cuerpo, y desde ya en lo afectivo...

¿Ustedes venían de familia de músicos?
A: Yo vengo de familia de músicos pero totalmente orejeros, no de formación formal o académica. Las dos familias. Me crié entre bailes y todos los días escuchando la guitarra y escuchando cantar a mi mamá y a mi papá. Gozaba de aquellos momentos. Siempre me gustó la docencia, así que se encontraron las dos cosas.... Yo me acuerdo que jugaba con muñecos y los ponía de público mientras tocaba el piano...

¿Alguna anécdota del taller...?
A: Cuando llegó un nene con parálisis cerebral. Llegó muy desgarbado y lloraba todo el tiempo. Inmediatamente empezaban a llorar todos los chicos del grupo, así en dominó. No sabía muy bien qué hacer y de repente la veo a Fernanda que entra de pronto a la clase con un tambor gigante, acompañando todo ese llanto desorganizado, en ese caos que era un despelote!
F: Con respecto a ese nene me acuerdo que el taller era su primer grupo de pertenencia, donde de alguna manera también la propia madre entraba en relación con otras madres pero desde un lugar que los recibía a ella y al niño para una experiencia que no era específicamente terapéutica (entre tantos tratamientos, qué kinesiólogo, que neurólogo, etc...), esta madre nos contó que el chico era superconstipado pero que después del taller, terminaba la clase acá y siempre hacía caca. Entonces uno nunca termina de confrontarse con experiencias... uno dispara un montón de cosas y no sabe de antemano los efectos....

¿Se les planteó la necesidad de hacer entrevistas previas con los padres?

F: En esos casos, con chicos que padecen algún tipo de deficit orgánico, siempre hago entrevistas, porque necesito saber qué es lo que tengo que prever. Tengo conciencia de que no proponemos un espacio de musicoterapia, y de que esa mamá viene buscando algo relacionado con el placer, así que a veces con sólo una charla informal alcanza. Ni siquiera pregunto más de lo que te quieren y necesitan contar los padres. Y después está lo que uno va viendo, va observando, va indagando. Y también se ve, por ejemplo, cuando no hay algo físico en juego, algún tema de conducta en el chico, o de maduración, tampoco avanzo demasiado en la charla con los padres, sólo pregunto a qué jardín va, si hace algún otro tipo de tratamiento, quién le recomendó el lugar, por qué la música...

¿Qué incidencia tiene integrar un chico "diferente" en el grupo?
F: Para mí es enriquecedor para todos. Es un desafío, y es enriquecedor, para todos.
Nosotros tenemos una experiencia con A., que es un sello... Y estamos orgullosas...
Es un nene que tiene hiperlactilacidermia, que es una enfermedad que es bastante inusual. Que llegó a un grupo de 1 año. Se le diagnosticó a los 6 meses. Es una enfermedad congénita. No se segregan algunas enzimas.... Parecido al caso de los celíacos pero mucho más grave porque trae aparejado problemas neurológicos. El diagnóstico preveía que no iba a caminar, era bastante terrible... Fue todo un trabajo, y fue pasando por distintos grupos, ver la relación que otros chicos establecían con él, levantado por sus pares, ayudado por ellos, integrado... No se trabaja desde la negación. Se les explicaba a los demás, qué puede hacer él, qué no, etc. Para mí esto está dentro de todo lo que te dije antes en cuanto a formar musicalmente, como una experiencia de vida.

Pero sin una expectativa de "mejorar el cuadro..."
F: Claro, la expectativa es otra. No creemos que la experiencia que proponemos deba curar en algún sentido pero sí que puede mejorar la calidad de vida. Está puesto en lograr un espacio donde el chico vea a otros nenes con capacidades diferentes, en estar preparado para lo que es la vida... Sé que este trabajo dispara cosas y moviliza y a la larga puede llegar a ser terapéutico pero no es un propósito establecido como objetivo. Siempre vemos qué podemos hacer, qué pasó, y desde nuestras herramientas cómo poder ayudar... contemplamos las diversas situaciones desde nuestras posibilidades, desde este espacio y desde nuestra formación también..

Nos quedamos charlando un rato más y nos despedimos finalmente de Fernanda Massa y sus colaboradoras, viendo cómo los niños encuentran en sus talleres la oportunidad de explorar y dialogar con un mundo que enriquecerá sus experiencias de vida. Estos niños se aventuran, con la ayuda del taller -y a partir de sus propios recursos, a veces insospechados para ellos mismos-, a transitar ritmos y texturas de un mundo que trajinan con pausas silenciosas a veces, o con paso alborotado otras. Con un andar divertido y serio, herramientas con lasl que transitarán la vida misma. Gracias Taller Andante!

 




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