EP: Cuando Espacio Potencial tuvo
oportunidad de charlar con diversos artistas que producían
narrativa o espectáculos "para" chicos,
se nos expresó que en lo esencial, en sus creaciones,
ellos se desentendían de las categorías "adulto-niño"
¿Hay para ustedes alguna diferencia entre el trabajo
en un taller con chicos y el acercamiento que se dá
en la experiencia de un taller para adultos?
Fernanda: Yo creo que sí, que en nuestro caso hay
diferencia en el modo de llegar a un chico, sobre todo cuando
se trata de chicos de muy pocos años, porque nosotros,
por ejemplo, trabajamos con chicos a partir del año
de vida. Lo aclaramos porque muchas veces cuando se dice
"chicos" sólo se abarca una población
de entre 5 y 10 años, es decir los que están
en edad escolar. Y antes de eso hay todo un mundo infantil,
un mundo que en el chico está muy ligado a lo maternal,
donde las vías de llegada a él no están
tanto puestas en el lenguaje, en lo verbal, sino que se
juegan otro tipo de intercambios a nivel comunicacional,
hay mayor entrada, por ejemplo, a nivel visual, especialmente
también desde el movimiento, y por otras diversas
vías y posibilidades con que cuentan los chicos más
chiquitos y que no son las mismas que las posee el adulto.
Alejandra: Y los chicos tienen, además, la curiosidad
bien fresca... Nosotras tal vez lo que hacemos es filtrar
información para no abrumarlos con datos y estímulos
innecesarios. Elegir, seleccionar de acuerdo a sus capacidades
y posibilidades...
¿Y
con qué expectativas trae un papá a un chiquito
de, por ejemplo, sólo un año?
A: Yo creo que muchos traen una mirada muy puesta en el
chico y lo que creen ver que el chico le devuelve a esa
mirada, por ejemplo, cómo se comporta ese hijo cuando
escucha música, o cuando le ponen una canción
que es pegadiza y entonces él la balbucea o la repite....
Muchos los traen desde la observación de lo que "le
pasa" al chico con la música, y por supuesto
poniendo en juego su propio deseo de padres, a partir de
lo que a ellos les pasa como adultos en relación
a la música, en general una cosa tiene que ver con
la otra. También juega qué le pasa a esa familia
con la música, qué lugar tiene para ellos
lo musical en su convivencia y su historia. Generalmente
el papá que trae un hijo a un taller de música
es un papá que disfruta con la música, de
modo que este padre cree que encontrará aquí
un lugar en donde a partir del estímulo musical uno
la puede pasar bien.
Por
eso cuesta tanto sacar a las madres de adentro del taller...
A: En eso sí coincido con tu comentario inicial,
lo que uno hace en este ámbito es generar en el adulto
que trae al niño las mismas posibilidades con que
cuenta el niño casi naturalmente... Lo que cuesta
después sacar del taller es a ese "niño-adulto"
que acompaña al niño y que, al participar
con su hijo del taller se conecta desde un lugar muy placentero
con lo que sucede en la experiencia compartida. Y también
está el tema de fortalecer vínculos. Porque
en este trabajo donde está el padre presente junto
al nene y otros padres, a través de la música,
lo que nosotras proponemos es cierta interacción
permanente entre ellos, con la mamá o el papá
o el abuelo... Con los abuelos también es maravilloso
lo que pasa porque es desde otro lugar ...
A: Sí, es ese tipo de vínculos que se privilegia
en principio, más que la relación con los
pares...
F: Esa interacción viene después, justamente,
cuando producimos un cambio en la mirada hacia el chico
y hacemos salir a ese papá o a esa mamá, momento
en que se observa, en la línea de tu acotación,
justamente lo que les cuesta salir, pero sucede que nosotras
decidimos en cierto momento que la interacción debe
empezar a desarrollarse a partir de cierto momento más
entre los pares. Si bien esto es paulatino, lo que pasa
es que ese adulto, que antes fue parte en este vínculo
con el nene y en este formato que le fuimos dando a las
clases, tiene que empezar a quedar afuera, sin su mirada
puesta en el chico, queda privilegiada entonces la relación
de los chicos entre sí y con el docente.
¿Cómo
llegaron a estas experiencias de taller? Supongo que desde
experiencias bastante diversas...
Verónica: Colegio estatal, mi hija en salita de 3,
entonces la conocí acá a la señora
(Fernanda Massa) durante el período de adaptación,
cantando con los chicos y bailando, y, al participar de
esa experiencia, me dije: "yo quiero ser así",
me pegué tipo sanguijuela para aprender todo lo que
ella sabía...
¿Qué
te impactó de todo aquello que viviste en el jardín
de tu nena para reaccionar así?
V: Por ejemplo, cantamos una canción que yo conocía,
supersencilla, "Al agua pato!"... Y la jugaron
de una manera increíble: con agua, con los nenes
que tuvieron que ir con malla al jardín para poder
mojarse... jugando, fue maravilloso! Y me pareció
que había toda una vía de experiencia que
se abría de ese modo.... Era como un permiso para
animarse a hacer todo eso que se cantaba, mientras que por
otro lado uno se dice: noo, esto no se debe poder hacer!
No, esto no debe estar muy bien. Como si todo debiera ser
más organizadito, más armadito, más
formalito... Aquello era un permiso para jugar!
F: Esto que dice Vero tiene que ver con lo que es la formación
en música... con la tradición heredada de
los conservatorios, donde "hay" que estudiar música...
Vos pensá que la carrera de educación musical
(acá, no en la Plata que son los que tienen más
antigüedad en educación musical), no es una
carrera que tenga muchos años. Antes uno salía
con una formación musical y algunas materias pedagógicas.
Con lo cual no había mucho más que la impronta
de la formación muy formalizada del Conservatorio...
V: Yo encima no estoy haciendo la carrera de educación,
estoy haciendo la carrera de instrumentista así que
tuve un año pedagogía, un año didáctica
y no aprendí nada, absolutamente nada en lo que hace
a conectarse con un chico desde una experiencia menos estructurada.
F: También tiene que ver con cómo uno se relaciona
con el quehacer musical. Lo que está impuesto en
el conservatorio tiene que ver con una rutina de estudio,
con una disciplina, con ejercitar determinadas herramientas
desde otro abordaje de lo musical. Y la verdad es que esto
dista mucho del juego que proponemos para la formación
musical en el taller. Una cosa no invalida la otra pero
uno eso lo entiende con el tiempo y la experiencia. Entonces,
lo que me pasó a mí fue eso. Yo hice muchos
años el conservatorio, desde muy chica. Me recibí
muy joven, a los 19 años, seguí haciendo cosas.
En ese momento se creó la carrera de educación,
y yo ya tenía ahí una experiencia...
Siempre me acercaba a jugar con los chicos de una manera
muy intuitiva, trabajaba en escuelas, y ahí empecé
a darme cuenta, movida por un deseo mío, de que el
acercamiento musical a los chicos no podía ser algo
tan solemne y rígido... Si bien a mí me gustaba
tocar el piano, estudiar y dar los exámenes, también
tenía ganas de jugar con la música... Y entonces
empecé a buscar en los libros, lo que más
estaba en la línea que me interesaba era lo que empezaba
a desarrollar Judith Akoschky con Ruidos y Ruiditos, estuve
un par de años trabajando con ella, después
con gente que venía de afuera y hablaba de otras
cosas, que traían métodos innovadores que,
en realidad, ya tenían bastante antigüedad afuera,
y uno sentía que era trasgresor, solo porque se proponía
trabajar descalzos, y a la gente de acá le costaba
todo eso, pero lentamente empezaron a pasar otras cosas...
En la carrera de Educación Musical pusieron como
materia expresión corporal y tuvimos la dicha de
que ese año estuviera Patricia Stokoe fundando esa
cátedra y bueno, por varios lugares íbamos
viendo qué pasaba con el cuerpo, con la voz, cómo
abordar el juego, por distintas vías... En lo personal,
era ir encontrando miradas acordes a lo que uno buscaba,
cotejando con la realidad, trabajé en todos los niveles
pero yo nunca dejé de trabajar con chicos, siempre
mantuve el nivel jardín, hasta ir forjando un concepto
interno de lo que quería... Durante un tiempo estuve
peleada con lo "académico", después
volvés, pero de otra forma...
¿Hay
un nivel donde se da un quiebre en la participación
de lo corporal y se necesita otro ingrediente o acomodamiento
en la experiencia, con una formación más formal
en lo musical, en la medida que cambia el chico o las necesidades?
F: Sí, uno puede volver -incluso por momentos en
el trabajo con los más chiquitos- y lograr incorparar
ingredientes que tiene que tienen que ver con aspectos formales
de la experiencia musical pero complementando con un montón
de otras herramientas creativas, se requiere tiempo. En
algún momento se empiezan a incoporar otras herramientas
de lenguaje para trabajar con el chico, con conceptos que
tienen que ver con un asapecto más académico.
Pero no se si este cambio es por un quiebre evolutivo..
A: Surgen nuevas necesidades en el niño, por ejemplo
con la aparición de la lectoescritura...
F: Bueno, ese sería un aspecto evolutivo...
¿Se
trataría de que hay un momento inical de contacto
lúdico con el universo musical y que más tarde,
con una aproximación más académica,
se evalúa si el chico tiene una vocación musical
"más seria"?
F: Para mí esa consideración es muy difícil,
porque en general, no siempre coincide la mirada del adulto
con la del chico. Lo que vos planteás en la pregunta
es el planteo típico de un papá que trae a
su hijo de cuatro años a los cursos de iniciación
y después te está preguntando cuándo
agarra el violín...
Yo siempre hablo del chico. Cuando viene el padre, veo si
hablamos del mismo chico porque muchas veces el chico que
yo veo en la clase no es el mismo que me describe su padre.
Muchas veces es el padre, por razones que corresponden a
su propio deseo, el que quiere que un chico estudie un determinado
instrumento...
Pero
vos podés percibír cierta orientación
del chico más "definida" -que en otros
casos- en lo musical...
F: Absolutamente! Y tratar de registrar aquellos aspectos
de lo musical en lo que el chico se va manejando mejor...
A: La idea es darle herramientas al chico para ir observando
como él mismo hace un camino en lo musical a partir
de sus propias características. Dar la oportunidad
de que ellos mismos vayan definiendo su inclinación:
Hay chicos que son naturalmente blandos y al agarrar un
violín les va bárbaro, y otros a los que les
es mucho más natural sentarse a la batería...
Primero hay que indagar qué les da más placer,
y después fortalecer lo que requiere cierta discilplina.
Uno todo el tiempo está leyendo qué es lo
que va pasando con el chico. Y por supuesto, todo aquello
que tiene que ver con su personalidad. Yo sé que
cantar y bailar son expresiones naturales, pero que también
son de un nivel de exposición alto y hay muchos nenes
a los que les gusta la música pero padecen esa exposición,
si uno está todo el tiempo insistiendo que la música
es esa exposición, ese chico puede inhibirse, pensar
que "eso" no es para él
¿Y
la elección del instrumento?
F: Hay que esperar el momento del chico. A veces, el papá
insiste: le gusta el piano, le gusta el piano, le gusta
el piano... Y yo me resisto, por ejemplo, a empezar a poner
al piano con cierto nivel de exigencia a un nene de 5 años.
Trato de explicar a los padres lo significativo de la clase
grupal, del intercambio entre pares, el aspecto incial de
experiencia más de conjunto... Pero también
consideramos la posibilidad que plantea un padre.. Y atendemos
esto. Quizás proponiéndole que se quede después
15 minutos tocando el piano, al mes siguiente será
media hora, pero tratando siempre de que esto vuelva al
grupo.
V: Por otro lado hay que sostener un delicado equilibrio
entre la capacidad creativa, no ahogada por el virtuosismo,
pero que requiere disciplina...
¿El
taller tiene la expectativa de que los chicos den ese salto
musical hacia la elección de un instrumento musical,
o solamente busca que los chicos desplieguen un recurso
más en sus vidas?
F: Mirá, sinceramente, no hay ninguna intención
jugada de nuestra parte, pero cuando un chico define una
vocación eligiendo un instrumento, nos ponemos muy
contentas. Porque de alguna manera sigue eligiendo el lenguaje,
y apuesta a que sigan pasando cosas con ese lenguaje de
comunicación pero desde otro nivel.
Y vos Alejandra te quedaste sin
contarnos tu recorrido...
A: Yo soy de Chascomús. A los 17 años ya tuve
un montón de grupos de primaria y jardín.
Iba a quinto año y ya tenía tantas ganas de
trabajar que a la tarde tenía grupos de jardín
y primaria. Y en secundarios también.
Me interesó siempre el estudio del instrumento, y
la docencia.
La
posición de ustedes es diferente al músico
que hace docencia como una forma de sustento económico...
F: A diferencia de ese abordaje que podría hacer
un músico dedicado a la docencia, yo siento que el
taller es abierto a cualquier chico, más allá
de presuntas "condiciones musicales". Es una horma
para cualquier chico. Por cómo concebimos el armado
de la clase, por cómo contemplamos las diferentes
modalidades de conectarse con las cosas, las diferentes
personalidades... Hay un circuito en que cada uno se va
a sentir en algún momento más identificado,
o más considerado.. Y hay otros chicos que, bueno,
son más maleables y les va todo. Y la idea es que
puedan circular. La mirada del músico es más
hacia el instrumento y ahí se juega esto de si tiene
"talento" o no lo tiene, cuántas horas
debe estudiar, si tiene condiciones, si es innato... Son
cosas tan lejanas e inalcanzables!...
V: Uno sabe que son caminos larguísimos los del arte,
y el tema es cómo hacer para sostener el interés,
la curiosidad, el entusiasmo que hay al principio. Cómo
hacer para entender que la técnica termina siendo
una herramienta de ayuda para poder decir cosas....
¿Hasta
qué edad son los talleres?
F: Nosotros ahora tenemos grupos variados. Se les muestra
a los chicos un espectro amplio y después, si él
opta por algún aspecto que nosotros no podemos abarcar,
se le recomienda el lugar o el profesor más adecuado
a la inquietud en cuestión. En general trabajamos
con chicos de hasta 12 años. Después hay alumnos
individuales de instrumento a los que, según el caso,
se derivan.
La idea es llegar al instrumento como conclusión
de diversas experiencias: la interpretación, lo rítmico,
lo vivencial adquirido... Para que cuando se haga presente
lo técnico que empieza a pedir un instrumento, ya
haya un montón de otros elementos adquiridos que
tengan que ver netamente con el lenguaje musical. Yo con
esto jugué, con esto me permití, con esto
me relacioné, con esto dije cosas, esto me hizo feliz...,
todo esto se agrega a la relación con el instrumento.
Aspiro a eso y ojalá que los que andan por ahí
y ya son grandes se hayan llevado eso... Y en general pasa,
cuando uno se vuelve a encontrar... El otro día me
encontré con un papá de un chico que vino
acá muchos años, ya ahora debe ser un muchacho
de unos veintipico de años, y el papá me decía
"vos no sabés cómo quedó el trabajo
que hizo con vos en otros aspectos". Y aunque no siguió
con la música se nota un registro de esa experiencia
en otros aspectos en los que se comprometió vivencialmente.
Yo creo que eso vivido en los talleres también se
inscribe en el cuerpo, se hace marca de algún modo
en el cuerpo, y desde ya en lo afectivo...
¿Ustedes
venían de familia de músicos?
A: Yo vengo de familia de músicos pero totalmente
orejeros, no de formación formal o académica.
Las dos familias. Me crié entre bailes y todos los
días escuchando la guitarra y escuchando cantar a
mi mamá y a mi papá. Gozaba de aquellos momentos.
Siempre me gustó la docencia, así que se encontraron
las dos cosas.... Yo me acuerdo que jugaba con muñecos
y los ponía de público mientras tocaba el
piano...
¿Alguna
anécdota del taller...?
A: Cuando llegó un nene con parálisis cerebral.
Llegó muy desgarbado y lloraba todo el tiempo. Inmediatamente
empezaban a llorar todos los chicos del grupo, así
en dominó. No sabía muy bien qué hacer
y de repente la veo a Fernanda que entra de pronto a la
clase con un tambor gigante, acompañando todo ese
llanto desorganizado, en ese caos que era un despelote!
F: Con respecto a ese nene me acuerdo que el taller era
su primer grupo de pertenencia, donde de alguna manera también
la propia madre entraba en relación con otras madres
pero desde un lugar que los recibía a ella y al niño
para una experiencia que no era específicamente terapéutica
(entre tantos tratamientos, qué kinesiólogo,
que neurólogo, etc...), esta madre nos contó
que el chico era superconstipado pero que después
del taller, terminaba la clase acá y siempre hacía
caca. Entonces uno nunca termina de confrontarse con experiencias...
uno dispara un montón de cosas y no sabe de antemano
los efectos....
¿Se les planteó la necesidad de hacer entrevistas
previas con los padres?
F: En esos casos, con chicos que padecen algún tipo
de deficit orgánico, siempre hago entrevistas, porque
necesito saber qué es lo que tengo que prever. Tengo
conciencia de que no proponemos un espacio de musicoterapia,
y de que esa mamá viene buscando algo relacionado
con el placer, así que a veces con sólo una
charla informal alcanza. Ni siquiera pregunto más
de lo que te quieren y necesitan contar los padres. Y después
está lo que uno va viendo, va observando, va indagando.
Y también se ve, por ejemplo, cuando no hay algo
físico en juego, algún tema de conducta en
el chico, o de maduración, tampoco avanzo demasiado
en la charla con los padres, sólo pregunto a qué
jardín va, si hace algún otro tipo de tratamiento,
quién le recomendó el lugar, por qué
la música...
¿Qué
incidencia tiene integrar un chico "diferente"
en el grupo?
F: Para mí es enriquecedor para todos. Es un desafío,
y es enriquecedor, para todos.
Nosotros tenemos una experiencia con A., que es un sello...
Y estamos orgullosas...
Es un nene que tiene hiperlactilacidermia, que es una enfermedad
que es bastante inusual. Que llegó a un grupo de
1 año. Se le diagnosticó a los 6 meses. Es
una enfermedad congénita. No se segregan algunas
enzimas.... Parecido al caso de los celíacos pero
mucho más grave porque trae aparejado problemas neurológicos.
El diagnóstico preveía que no iba a caminar,
era bastante terrible... Fue todo un trabajo, y fue pasando
por distintos grupos, ver la relación que otros chicos
establecían con él, levantado por sus pares,
ayudado por ellos, integrado... No se trabaja desde la negación.
Se les explicaba a los demás, qué puede hacer
él, qué no, etc. Para mí esto está
dentro de todo lo que te dije antes en cuanto a formar musicalmente,
como una experiencia de vida.
Pero
sin una expectativa de "mejorar el cuadro..."
F: Claro, la expectativa es otra. No creemos que la experiencia
que proponemos deba curar en algún sentido pero sí
que puede mejorar la calidad de vida. Está puesto
en lograr un espacio donde el chico vea a otros nenes con
capacidades diferentes, en estar preparado para lo que es
la vida... Sé que este trabajo dispara cosas y moviliza
y a la larga puede llegar a ser terapéutico pero
no es un propósito establecido como objetivo. Siempre
vemos qué podemos hacer, qué pasó,
y desde nuestras herramientas cómo poder ayudar...
contemplamos las diversas situaciones desde nuestras posibilidades,
desde este espacio y desde nuestra formación también..