Hace varios años, un amigo que pasaba unos días
con nosotros miró en torno de él, pensativo,
y nos dijo: "Usted y Donald juegan". Desde
luego, nunca habíamos decidido jugar; no había
en nuestra conducta nada deliberado...Jugábamos con
las cosas reordenándolas, tomándolas, apartándolas,
según nuestro estado de ánimo. Jugábamos
con las ideas haciendo con ellas malabarismos al azar, a
sabiendas de que no teníamos la menos necesidad de
estar de acuerdo...Ambos poseíamos la capacidad de
extraer placer, lo cual podía intervenir en las circunstancias
más inverosímiles y llevarnos a imprevisibles
hazañas. Con posterioridad a la muerte de Donald,
un amigo norteamericano escribió, a propósito
de nosotros: "Dos seres locos que se encantaban uno
al otro y encantaban a sus amigos..."
Esta capacidad de jugar juntos era lo que -como psicoanalista-
Winnicott pretendía del vínculo con sus pacientes,
en los tratamientos que llevaba adelante. Para él,
un tratamiento psicoanalítico se daba en ese lugar
donde se superponen dos areas de juego: la del paciente
y la del psicoanalista. Y si esto no era posible, el trabajo
de este último debía tender a llevar al paciente
de aquel estado en el que no era capaz de jugar, a un estado
en que sí fuera capaz de hacerlo...
I. Algunos desarrollos sobre el juego
Antes que Winnicott desarrollara su teoría sobre
el jugar, muchos psicoanalistas habían ya investigado
y trabajado acerca del juego de los niños. Solo que
Winnicott extendió el concepto, de modo que abarcara
una capacidad presente en niños y adultos, una cualidad
del psiquismo sano.
En 1919, Sigmund Pfeifer, de Budapest, que se había
dedicado a la observación psicoanalítica de
chicos, llegó a la conclusión de que la sexualidad
autoerótica del niño se manifestaba en sus
juegos. Ya Freud, para esa época, había reparado
en la sexualidad de los niños, y en su su carácter
traumatizante, en tanto energía que no encontraba
una descarga satisfactoria, debido a la inmadurez del organismo
infantil. Planteaba entonces una experiencia reguladora
y ordenadora -por la que atraviesa toda persona en la primera
infancia- que denominó complejo de Edipo, en la que
confluyen ciertas ideas, sentimientos, emociones e impulsos
sexuales del niño en relación a sus padres.
Bajo la amenaza de la castración de sus genitales,
éste intenta borrar dicha economía afectiva
de su conciencia mediante el mecanismo de la represión,
mecanismo por el cual, dichas representaciones quedarían
excluidas de la conciencia, a pesar de lo cual habrán
de retornar en lo sucesivo mediante diversas formaciones
psíquicas que tenderán a recuperar aquellos
deseos e impulsos libidinales de la época infantil.
A estas formaciones psíquicas, que se observan en
la vida cotidiana de todo individuo, se las denominó
formaciones del inconciente: los sueños, los síntomas,
los actos fallidos, los olvidos...
Entonces Pfeifer, incluyó al juego en esta serie
de formaciones del inconciente que Freud había revelado;
en tanto goza -al igual que dichas series psíquicas-
de un mecanismo por el cual se representa la sexualidad
infantil y el atravesamiento por el complejo de Edipo, y
se procura el cumplimiento de un deseo infantil.
Pfeifer anticipaba así algunas ideas de Melanie Klein,
para quien las fantasias sexuales encontraban representación
y abreacción en el juego. Melanie concebía
al juego como una traducción deformada de las fantasías,
(al igual que los pensamientos del sueño se expresan
en imágenes). De este modo, cuando existía
una represión exagerada de las fantasías sexuales,
se producía una inhibición en el juego de
los niños. Entonces, en los tratamientos de chicos,
ella trataba a los juegos como equivalentes de las asociaciones
de los adultos. Los niños jugaban, ese era el lenguaje
que podían hablar, y ella, como adulta-analista,
mantenía una neutralidad absoluta respecto del juego,
aportando sólamente interpretaciones verbales, interpretando
las fantasías que subyacían en dichos juegos.
Esto significa que, para la técnica kleiniana lo
que tomaba relevancia era, en tanto producciones del inconciente
de sus pequeños pacientes, los contenidos del juego
que los mismos desarrollaban en las sesiones, su trama argumental;
Melanie les agregó la interpretación, ubicándolos
así dentro del campo estrictamente psicoanalítico.
Melanie Klein inventó, entonces, una técnica
del juego, que describió en su texto de1953, "La
técnica psicoanalítica del juego"
(2). Empero se dice que dicha técnica fue
de algún modo impuesta por una paciente de 3 años
que se propuso espontáneamente jugar en las sesiones.
Así fue que Melanie se limitó a aceptar los
juegos de la niña y a interpretarlos y sólo
en lo sucesivo utilizó este esquema en forma deliberada.
Más adelante veremos que Winnicott dirá que
los bebés, incluso antes de su nacimiento, juegan
espontáneamente...y esto será la base para
pensar al juego de los niños como proceso que se
desarrolla en condiciones normales y no como producto a
interpretar...
Otro
fue el caso de Von Hug-Hellmuth, una psicoterapeuta vienesa,
antecesora y maestra de Anna Freud; para quienes los tratamientos
analíticos de chicos, debían tener una finalidad
educativa y curativa, ya que consideraban imposible la tarea
de psicoanalizar a un niño (3)
en el modo habitual y standard, tal como se pensaba al psicoanálisis
para pacientes adultos. En ese sentido, el juego, dentro
de los tratamientos, era considerado un medio para establecer
contacto con el niño, para interesarlo en el tratamiento
y para comunicarse con su inconciente. Así, a diferencia
de Melanie, que aplicaba el método psicoanalítico
a los niños, de acuerdo con su técnica, Hug
Hellmuth introducía ella misma el juego en las sesiones
con niños -dirigiéndolo y decidiendo su tema,
personajes y desarrollo-, adoptando una perspectiva manipuladora:
cierta vez, por ejemplo, le pidió a un chico, en
la sesión, que le sacara una basurita que ella tenía
en el ojo, como para "romper el hielo" y establecer
un vínculo con él. O, en otras ocasiones fingía
que un bichito sobrevolaba la habitación del consultorio,
y pedía a sus pacientitos que la ayudaran a matarlo,
con el mismo propósito. Estos trucos estaban justificados
en tanto preparaban el terreno como para evadir la conciencia.
En definitiva, el juego era una actividad impuesta por el
adulto, un recurso para vencer la resistencia de los niños.
II.
El jugar según Winnicott
Como mencionamos más arriba, para Winnicott, un tratamiento
psicoanalítico quedaba definido por la superposición
de dos áreas de juego, la del paciente y la del analista,
y si esto no era posible, no se ponía en marcha un
proceso terapéutico. Es decir que -para Winnicott-entre
analista y paciente, debe crearse un espacio virtual, psíquico,
como resultado de la capacidad de jugar tanto de uno como
de otro. (4)
Pero de qué se trata esta capacidad de jugar, qué
es el jugar para Winnicott? En principio digamos que es
una cualidad del aparato psíquico sano, cualidad
que se construye a partir de la relación primordial
del bebé con su madre. "Para asignar un lugar
al juego postulé la existencia de un espacio potencial
entre el bebé y la madre.."
Una de las funciones maternas, según Winnicott, es
el sostén del bebé. La madre con un sostén
adecuado, posibilita los pasajes desde estados de menor
integración, a otros mas integrados, y viceversa:
el tránsito de la vigilia al sueño, del sueño
al despertar; o de un estado de excitación a otro
de quietud, transiciones de lugares conocidos a desconocidos...
Asimismo, la metaforización de los cuidados maternos
dará sostén a la estructura psíquica
de ese infans, y facilitará en lo sucesivo -entre
otras cosas- , la transición por experiencias de
no-integración, es decir, por estados de cierta dispersión
y relajación, en los que las referencias narcisísticas
se dejan en suspenso; momentos en los que no se persigue
fin o propósito, sin premeditación, ni forma,
o aún sentido...
Anticipamos también que -según este autor-
los bebés, incluso antes de su nacimiento, juegan
espontáneamente, con movimientos y gestos -dice-
sensorio-motores puros. Será la madre, a través
de sus cuidados, quien irá al encuentro de esos gestos,
haciéndolo vivir una experiencia de omnipotencia
en la que el bebé "crea lo dado". Dice
D.W.W.: "En la primera lactación teórica
el bebe está listo para crear, y la madre le posibilita
tener la ilusión de que el pecho, y lo que éste
significa, ha sido creado a partir del impulso derivado
de su necesidad(...) Ahí el nuevo ser humano está
en condiciones de crear al mundo..." El infans tomará
una posición subjetiva en el mundo a partir de esta
experiencia primordial con la madre, que deriva de otra
funcion materna, que denominó "presentación
objetal", por medio de la cual la madre introduce a
su bebé en el campo de la cultura.
Winnicott establece que en tal caso, la madre construye
un espacio entre ella y el infans, una zona de ilusión
en la que se verifica una paradoja: que el infans crea un
objeto que ya estaba en la realidad. (no hay un objeto-teta
que el infans fantasea y otro objeto- teta real, que la
madre le da). Se inscribe, entonces, un objeto que para
el bebé no proviene ni de su interior (no es una
alucinación), ni de su exterior (no es dado por la
madre) sino que corresponde a su creación y que será
el símbolo de la unión y separación
de la madre. (será ese objeto el que acompañará
al infans en ausencia de la madre, el mismo objeto que atenuará
la presencia materna, simbolizando la separación
por medio de su uso). Un objeto llamado transicional, en
tanto soporta un movimiento que origina la simbolización:
ausencia-presencia; mío, tuyo; integrado, no-integrado,
adentro-afuera, etc.
Lo que suceda a partir de esa experiencia, entonces, será
la matriz por la cual el sujeto irá construyendo
una vida a partir tanto de sus deseos, como de la resignación
que implica el compartir los deseos de los demás,
ya que el bebé sólo podrá crear ese
objeto (dijimos la teta), en la medida que la madre se lo
presente oportunamente, y en ese proceso habrá siempre
desfasajes que limitarán la ilusión del bebé
en el sentido de que ese objeto no es sólo producto
de su creación. En ese espacio transicional que la
madre construye, entonces, se suscita el jugar; y, en tanto
implica soportar la tensión entre lo subjetivo y
lo objetivo, es un logro en el desarrollo emocional del
bebé.
Del mismo modo, las intervenciones de un psicoanalista deberían
poder ubicarse en ese punto en el que el paciente llega
a ellas como resultado de su propio proceso de elaboración,
recreando con ellas un "crear lo dado"
III.
La creatividad como rasgo de vida, como propia del vivir
Sólo a partir del jugar -dice Winnicott- la persona
puede ser creativa. Aclaremos que para este autor, la creatividad
forma parte de la experiencia vital de una persona, es decir
que cada uno, en el origen, es creativo; en el sentido del
despliegue de lo más personal, de lo que es incuestionablemente
uno mismo, lo más propio y oculto de cada persona.
Dice "El juego es una experiencia siempre creadora
y es una experiencia en el continuo espacio-tiempo, una
forma básica de vida"
Es decir que vivir creativamente implicaría conservar
ese núcleo intacto y no someterse a lo establecido
por los demás. Y sin embargo dijimos más arriba
que, para jugar, para poder comunicarnos y compartir con
los demás, es preciso resignar una cuota de esa individualidad.
Entonces lo creativo y lo lúdico están estrechamente
ligados entre sí y enmarcados en esa tensión
entre lo propio y lo ajeno; entre lo que he creado y lo
que me fue dado; entre el sentimiento más real y
verdadero de lo espontáneo y el sentimiento más
futil que surge de la adaptación a los deseos ajenos.
Por eso el jugar siempre es precario, frágil, efímero...
Entonces, en el origen mismo del ser en desarrollo (si los
cuidados maternos han sido satisfactorios), se establece
a partir del jugar -del infans- un vivir creador y una vida
enriquecida "Lo que hace que el individuo sienta que
la vida vale la pena de vivirse es, más que ninguna
otra cosa, la apercepción creadora"...Mas tarde,
en los tratamientos psicoanalíticos, el jugar es
esencial porque en el jugar el paciente es creativo; un
tratamiento "debe ofrecer oportunidades para la experiencia
informe y para los impulsos creadores, motores y sensoriales,
que constituyen la materia del juego. Y sobre la base de
este se construye toda la existencia experiencial del hombre"
IV.
El jugar como proceso
Según lo ya planteado, a diferencia de los planteos
de Melanie Klein sobre el juego como producto a ser interpretado,
para Winnicott el jugar es un movimiento, un proceso que
se esta realizando, y del cual no importa el contenido,
sino que importa en tanto capacidad de jugar, como testimonio
de la creatividad de esa persona. (del mismo modo Winnicott
no se interesaba tanto por el contenido de los sueños
-como lo hacían Freud y Melanie- sino por la capacidad
de soñar). En Realidad y Juego señala que
..."el psicoanalista ha estado muy ocupado utilizando
el contenido del juego y no ha observado al niño
jugar". Para dar cuenta de ello estableció,
en este texto, una diferencia entre el sustantivo juego
y el verbo sustantivado "el jugar", así
como prefería decir (el) soñar, (el) ser,
etc; era su manera de transmitir una experiencia, un proceso,
un "ir siendo", un sujeto en devenir...
Por otra parte, así como para Melanie el juego estaba
al servicio de descargas masturbatorias, para Winnicott,
el niño sano puede jugar hasta que el juego queda
interrumpido justamente por la excitación, es decir
que el jugar es siempre excitante, pero no -como pensaba
Melanie- por la amenaza pulsional sino porque -como dijimos-
el jugar es precario, en el sentido de que la paradoja que
deriva de lo que es subjetivo y lo que se percibe de modo
objetivo, se ve permanentemente amenazada por una drástica
resolución, a consecuencia de lo cual el juego se
termina.
Por otra parte, para la teoría kleiniana, el juego
se desarrolla en un marco de absoluta desconfianza con los
objetos: En el inicio, el bebé nace con una base
constitucional, genética, que se complementa con
un aparato psíquico rudimantario, que ordena el mundo
exterior según experiencias de gratificación
y de frustración, de las primeras se derivan los
objetos buenos y de las segundas los malos. Así,
el infans intentará desprenderse de los objetos malos
e incorporar los buenos. Para Klein, entonces, el infans
posee un yo integrado tempranamente, el cual le provee de
capacidades como la atención, la discriminación,
la precaución, etc.; (un yo que debe prevenir ataques
de lo malo, discriminar lo bueno de lo malo, etc). Esto
no supone nada parecido al entregarse a una experiencia
de relajación, jugar o descanso, al cuidado de los
demás.
Para Winnicott, en cambio, la integración del infans
se suscita a partir de un estado de confianza que no supone
meditación ni cálculo. Dice: "El juego
implica confianza y pertenece al espacio potencial existente
entre el bebe y la figura materna"...Esto significa
que el infans no posee un aparato psíquico al nacer,
y es la madre con sus cuidados, con su sostén, tal
como mencionamos, la que posibilita el movimiento entre
estados de no integración (estados de desorientación,
de relajación, de falta de certezas) y estados de
integración (en los que se recobra la atención,
la vigilia, la certeza de sí mismo). Este movimiento
luego se interioriza, posibilitando el funcionamiento de
lo psíquico. Es decir que el aparato psíquico
se construye a partir de un soporte de confianza, que permite
la exploración, la expansión... y en ese estado
no integrado, puede aparecer lo creativo.
V.
El jugar de los grandes
Winnicott se pregunta: "¿Qué hacemos,
por ejemplo, cuando escuchamos una sinfonía de Beethoven
o realizamos una visita a una galería de arte o leemos
Troilo y Cressida en la cama o jugamos tenis? ¿Qué
hace un niño cuando está sentado en el suelo,
jugando con juguetes, bajo la vigilancia de su madre? ¿Qué
hace un grupo de jóvenes cuando participa en una
sesión de música pop? ¿Donde estamos
cuando hacemos lo que en verdad hacemos durante buena parte
de nuestro tiempo, es decir, divertirnos?"
Para DWW toda la experiencia cultural es heredera del jugar.
Y este tiene un tiempo y un lugar y -como el mismo dice:
"El lugar de ubicación de la experiencia cultural
es el espacio potencial que existe entre el individuo y
el objeto. Lo mismo puede decirse del juego... La experiencia
cultural comienza con el vivir creador, cuya primera manifestación
es el juego".
Cito
a continuación algunas notas de DWW acerca del jugar
de los adolescentes:
"Lo característico del juego de la adolescencia
es que los "juguetes" son los asuntos mundiales:
(los adolescentes)
1) "juegan" con la política mundial, y
se posesionan, o bien
2) "juegan" a que son padres o madres, en el sentido
de mantener relaciones amorosas, etc.
3) "juegan" mediante construcciones imaginativas
en las que se convierten, o aprenden lo necesario para convertirse
en artistas, musicos, filosofos, etc,
4) "juegan" a juegos reglados, volviéndose
profesionales o compitiendo por campeonatos mundiales
5) "juegan" a la guerra haciendo cosas que terminan
envolviéndolos en verdaderos riesgos, si son delincuentes,
"juegan" a los ladrones convirtiéndose
en ladrones, o
6) No consiguen jugar por haber perdido la capacidad para
ello y entonces recaen en:
i.
la parálisis (introversión esquizoide), incluidos
el permanecer en la cama, ingerir drogas, los estallidos
maníacos o los impulsos suicidas
ii la explotación del instinto y una intensa vida
de fantaseo"
Sin
embargo, nos preguntamos, cómo se manifiesta el jugar
de los adultos en los procesos terapéuticos? Dice
Winnicott: "En mi opinión, debemos esperar que
el jugar resulte tan evidente en los análisis de
los adultos como en el caso de nuestro trabajo con chicos.
Se manifiesta, por ejemplo, en la elección de las
palabras, en las inflexiones de la voz, y por cierto que
en el sentido del humor".
Así, entre el jugar de la infancia y el de los adultos
no existiría ruptura, sino transición...
Epílogo
Cierta vez me consultó una seria muchacha de veinte
años, estudiante de artes y expresión corporal,
por una importante inhibición para desarrollar sus
actividades, así como para desplegar su existencia
en relación a sus pares...Sobre todo poseía
una incapacidad manifiesta para dialogar y comunicarse en
general...
Durante las sesiones caía repentinamente en silencios
prolongadísimos, bajaba la cabeza y quedaba así
largísimos momentos ensimismada en sus pensamientos.
Cuando yo le preguntaba ¿en que se había quedado
pensando?, ella respondía con un hilo de voz: -en
nada...
Con el correr de las entrevistas ensayé diversas
estrategias, hasta que introduje una variante por la cual,
cuando ella caía en esos estados, le susurraba su
nombre, como llamándola desde lejos, y le preguntaba
donde estaba en ese momento, como gritándole a media
voce...finalmente, le hablaba tan despacio que ella no entendía
lo que le decía y me pedía que hablara más
fuerte...Comenzó a reirse. De a poco, entonces, aprendimos
ambas a habitar los silencios, de modo que ya no incomodaran,
sino que eran sugerentes preámbulos de un juego.
Un día, en medio de uno de "nuestros" silencios,
me preguntó: "En qué estas pensando?"
Con sorpresa, reaccioné diciéndole lo que
realmente pensaba, a pesar de que nada tenía que
ver con el tratamiento. Desde allí, en un marco de
intimidad y confianza mutua, conquistamos silencios y confesiones,
y el juego se instaló, posibilitando que finalmente
ella comenzara a poner sus pensamientos "afuera"
y a tolerar que estos fueran diferentes de aquellos que
poseía "adentro"...
Este fue un proceso de aproximadamente dos años de
tratamiento. Fue el tiempo necesario para que esta paciente
pudiera comenzar a jugar, esto es, aprender a tolerar que
sus ideas como sus silencios era tanto suyas como de los
otros, aceptando la pérdida de la omnipotencia propia
y las fallas de los demás.
paularot@datamarkets.com.ar
(1)
En Donald D. Winnicott, Editorial Trieb, Buenos Aires, 1978
(2) Melanie Klein, OC, vol II.
(3) Este aspecto lo desarrollé en Winnicott
y los padres
(4) "La resistencia surge de la interpretación
ofrecida fuera de la zona de superposición entre
elpaciente y el analista que juegan juntos. Cuando aquel
carece de capacidad para jugar, la interpretación
es inutil o provoca confusión. Cuando hay juego mutuo,
la interpretación, realizada según principios
psicoanalíticos aceptados, puede llevar adelante
la labor terapéutica. Ese juego tiene que ser espontáneo,
no de acatamiento o aquiescencia..."