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En esta oportunidad compartimos una charla con Emilio Rodrigué. Entre evocaciones de una vida intensa y riquísima, aprovechamos el diálogo para repasar, y así compartir con nuestros lectores, fragmentos de su hermosa autobiografía "El libro de las separaciones". También nos anticipa Emilio la próxima publicación de la continuación de esa obra, intitulada "El libro de los encuentros".

Mediodía de un sábado bahiano. Al calor agobiante del mes de enero, Emilio Rodrigué recibió a Espacio Potencial -representado por Gabriela Sandes- en una barraca de playa en Itapuá, desde donde -al compás del "pagode" que sonaba a todo volumen- dejó caer algunas reflexiones vinculadas a la vida y a su autobiografía.
Mientras bebía algunas cervezas, Emilio nos envolvió con su voz suave y pausada.

Espacio Potencial: Usted publicó "El libro de las separaciones " (1) ¿Cuándo y por qué alguien decide escribir su autobiografía?
Emilio Rodrigué: De algún modo ésta no fue mi primera autobiografía. Ya había escrito antes una tetralogía de la cual mucho material fue utilizado para escribir "El libro de las separaciones". Ya a los 18 años deseaba ser escritor. En aquella época tenía en mente un tema para un cuento e intenté desarrollarlo durante un tiempo, pero desistí.
(Relata Emilio en su biografía:)
"Un impotente bloqueo frente a la página en blanco. Mi ambición de ser escritor era enorme, mas tuve que resignarme a la idea de que nunca lo sería, no me daba el cuero..."

ER: Luego, fui a Londres para formarme y trabajé en la BBC para América latina, tenía cinco minutos a mi disposición para hablar sobre los más variados temas: exposiciones, desfiles, etc. Con esa experiencia desarrollé la habilidad de escribir sobre todo, fue un aprendizaje periodístico.
("Londres, 1948, ciudad precaria, casi hambrienta, restañando sus heridas de guerra"... Emilio y su mujer habían comenzado a trabajar en la BBC en donde cada semana les daban un tema de actualidad. Una tarde él escucha a un locutor español hablar sobre una feria de juguetes maravillosa...Fascinado le dice):
"-¡Qué feria más maravillosa!
-¿Te gustó, majo? Pues la inventé.
Sucede que el tipo se sentó en el sillón de su casa y pensó: "¿Cómo sería una feria ideal de juguetes?" y pasó a describir su fantasía, colocando en el bolsillo el dinero del pasaje y de la estadía.
Le estoy agradecido: ese locutor soltó mi pluma y me enseño a mentir. Fue entonces cuando comencé a escribir artículos sobre "Exposición de Animales Exóticos", las "Orquídeas Negras Carnívoras" o "La pipa está de moda entre las inglesas". Mis primeras armas literarias..."

ER: Escribí también una novela llamada "Heroína", que fue un bestseller que me hizo bastante famoso . En esa novela yo era uno de los personajes principales. Desde siempre tuve esa tendencia a incorporarme a las historias que escribía, desarrollé ese estilo. Tal vez sea algo narcisista, como hacía Hitchcock que siempre aparecía en sus propios filmes.
(Al respecto, Emilio nos cuenta en su libro:)
"Yo estaba triste y emocionado cuando terminé la novela, lloré escribiendo la última página...Hoy treinta años más tarde me vuelvo a emocionar. Hay algo en esa escena final que me toca profundamente, siempre me tocó. Tiene que ver con jugarse. El jugarse posee varios ingredientes: está el proyecto y la realización de ese deseo. Penny (2), imagino yo, prepara su partida para el Japón con mucho cuidado (como los preparativos de Jack) (3) y, punto importante, lo hace en silencio (como mi mamá con el cuadro) (4). Penny es mi ideal del yo.
Yo nunca pensé mezclar mi vida con la heroína imaginada por mí. Este efecto autobiográfico hace que tome distancia de mí mismo y me convierta en el personaje de mis memorias."

EP: ¿Y cómo fue el proceso para escribir el libro de las separaciones?
ER: Duró un año y medio, pero el libro de las separaciones representa apenas el primer volumen de mi autobiografía. El segundo está siendo finalizado y se llamará "El libro de los encuentros". Escribí el primer volumen en portugués, las correcciones y revisiones fueron hechas por un grupo de psicoanalistas de Salvador con los cuales formé un grupo de discusiones y después yo mismo hice la traducción al español (a pesar de que muchas personas comenten que existen muchos lusitanismos (5) en la forma como yo escribo en español actualmente).

EP: ¿El hecho de escribir la biografía de Freud le dio impulso para escribir la propia?
ER: Creo que no, sucede que la primera biografía de Freud fue escrita por Ernest Jones y en mi opinión, causa fastidio, es muy chata, prejuiciosa. La segunda fue escrita por Peter Gray, es más leve, pero un poco superficial. Concluí, entonces que había espacio para escribir una nueva biografía, me llevó seis años escribirla.

EP: ¿Por qué observar la vida desde el punto de vista de las separaciones?
ER: Toda ruptura genera un nuevo comienzo. El primer capítulo del libro habla de la separación con mi madre, fui el benjamín, con una diferencia de 10 años en relación al hermano que me antecedía. Mi madre era muy religiosa y me llevaba a la iglesia con ella, yo tenía la fantasía de que era Jesucristo y ella la Madonna. En un momento dado tuve que cortar ese vínculo tan fuerte.
(Leemos en ese capítulo:)
"...Mi caso es ideal por magnificar la norma. Sostengo que todos tuvimos una locura divina en los albores de nuestras vidas. Mi mérito, que no es poco, consiste en haber levantado el velo del olvido. Esa amnesia encubre un amor enceguecedor. La madre enloquece con su bebé, con lo que fue su propia carne y sigue siéndolo. En esa simbiosis absoluta, las condiciones son creadas para que el bebé se sienta inmortal. Recuerdo con nostalgia la época en que tenía mi Madona. Sólo como Virgen una madre puede asumirse Yocasta.
Cierta vez, en un laboratorio social, una madre ansiosa vivía en ascuas por su hijo. Mil miedos la asaltaban, no podía separarse de su crío, temblaba al menor estornudo. Le propuse el "Juego de la Torcaza Muerta".
Ocupamos el centro de la sala:
-¿Cómo se llama tu hijo? -pregunto.
-Se llama Pablito.
-¿Qué edad tiene?
-Va a cumplir seis.
Monto la escena de la siguiente manera: Pablito ha encontrado una torcaza muerta en el jardín. La tiene en el hueco de su mano. Yo soy Pablito.
-¿Qué le pasa al pajarito, mamá? -pregunto, mostrando la torcaza, y veo que ella se pone tensa. No encuentra palabras; mira mi mano tendida, buscando inspiración.
-Se murió -dice finalmente , y percibo que se encoge de hombros en una mueca corporal.
-¿Se murió?
_Y sí...se murió.
Pausa
-¿Mamá, me voy a morir? -pregunto , y ella comienza a explicarme y yo no entiendo lo que me está diciendo...que el pajarito era viejito, como abuelito...que vas a vivir cien años, Pablito...
-¿Mamá, me voy a morir? -insisto, y me doy cuenta de que pregunto con algo de la intensidad de aquella fatídica vez en que esperaba que me dijeran que el pájaro estaba dormido o que era uhn bicho de paja con pinta de canario. No estaba preparado para el baldazo metafísico. Uno va con un pájaro tieso y te firman la sentencia de muerte.
La muerte rompió el hechizo. Descubrí que el amor de mi madre no me protegía. De ahí parte la primera separación, perdí la inmortalidad."

ER: Otra ruptura importante fue con la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA), que representaba un imperio y fui una de las personas que se alejaron de eso.
(Releamos su testimonio):
"...Hay momentos grupales en los que las chispas saltan y yo asistía uno de esos grandes momentos a partir de 1945,, cuando ingresé como candidato a La Asociación Psicoanalítica Argentina (...) Un año después, en tiempo récord, la APA fue admitida en la cofradía de la IPA (...) Jones cuenta que Freud, en las Reuniones de los Miércoles, siempre miraba hacia la silla donde estaba sentada Lou-Andreas-Salomé; bien a mí me pasaba lo mismo con Noune, el seductor fue seducido, la pantera domesticada. Me enamoré perdidamente de Noune; más aún cuando ella pidió una supervisión individual. Pasado un mes le dije que no podía seguir con la supervisión, porque mis sentimientos no eran los de un supervisor. Con el corazón en la boca marqué una cita en Plaza Francia, donde le declaré mi amor. Bueno, era un amor imposible, ambos éramos casados y ni pensar en el divorcio (no sé bien por qué). Fue una catástrofe. Racker, marido celoso, le forzó una confesión y el cielo se vino abajo (...) Yo no había ido más allá de tomar la mano de Noune y de pronto enfrentaba el fuego de la Inquisición. Mi expulsión fue considerada por la Comisión Didáctica (...) Ahí comenzó a formarse en mí la idea de que, más allá de ser transgresor, yo era un sujeto escandaloso."...

ER: Me casé cuatro veces, enviudé una y me separé dos veces, esas también fueron separaciones importantes...
(Reflexiona Emilio sobre la pareja):
"...esa bella institución imposible que está en la base de todos los lazos sociales con sus nudos borromeos y algunos moñitos tentadores. El casamiento, desafío titánico que tres veces encaré como paladín de la monogamia; mejor dicho, como campeón de la entrega total amorosa. Tengo que confesar que los momentos más felices de mi vida se dieron en plena danza nupcial, cual media naranja totalmente fusionada, bebiendo la miel crítica de azares, con el corazón leve y comprometido. La pareja es una guerra en tiempo de paz, y como va de contramano, puede ser paz en tiempo de guerra..."

EP: También se separó de su lengua materna...
ER: Sí, pero eso no representó una separación. Pienso en español, portugués y francés (mi padre era francés). Fui bilingüe desde pequeño.
EP: ¿Y cómo se atiende a un paciente en otra lengua?
ER: De la misma forma, no hay diferencia. Es lo mismo atender a un paciente en Londres, Buenos Aires o Salvador. Claro que hay diferencias interesantes como, por ejemplo, la palabra "knife" en ingles causa mucho más impacto que en español "cuchillo". Los significantes dependen de muchas cosas, pero no son determinantes. No hay una lengua de las emociones y otra de la razón.

EP: ¿Y cuáles fueron los encuentros mas importantes?
ER: Bueno, Bahía y la filósofa americana Suzanne Langer, especialista en lógica simbólica fueron encuentros muy importantes....
(Sobre Suzanne Langer Emilio anticipa lo siguiente):
" ...me topé con un ensayo de Marion Milner que en una conspicua nota al pie de página decía "si yo hubiese leído Philosophy in a New Key de Suzanne Langer antes de las pruebas de página de este artículo, su contenido sería diferente". Grabé el título y el nombre. Un par de horas más tarde decidí bajar al pueblo vecino para comprar papel y, en la pequeña librería, encontré el libro de Suzanne Langer...(...) llevé el libro a la posada y me fasciné. Nunca un libro me llegó tanto. Esa misma noche redacté una carta a la autora. Recuerdo una parte en que decía: "Usted me hizo sentir inteligente". Acto seguido formulaba mi deseo de ser su discípulo. Mandé mi seductora carta. Seis meses pasaron sin ninguna respuesta. Nueva carta fogosa e insinuante. Otros seis meses transcurrieron y nada. Una tercera carta, aún más fogosa y, después de un mes, recibí un corto billete que decía que ella era una investigadora solitaria, que no tenía discípulos pero que, dada mi insistencia elefantina (bueno, no dijo eso, mas se sobreentendía), podría hacer una excepción conmigo. Sugirió que procurase trabajo en la clínica vecina de Austeen Riggs, en Stockbridge, dirigida por Robert Knight, Erik Erikson y David Rappaport y que podría trabajar un día por semana con ella. Dicho y hecho, mandé fotos y curriculum al Dr. Knight y seis meses más tarde me embarcaba con mujer y tres hijos."

(Y sobre su encuentro con Bahía:)
"La experiencia de Bahía divide mi vida en un antes y un después. Cuando salí del Axé Opô Afonjá, curado milagrosamente de mi flemón, Martha y yo tuvimos una entrevista con un grupo de jóvenes psiquiatras y psicólogos que formaban el Núcleo de Estudios Psicológicos, el NEP. Fue un caso de amor a primera vista de los dos lados. Quedamos en volver durante el verano para hacer tres laboratorios. La tarea prioritaria del NEP era importar analistas para iniciar una formación y los intentos realizados con las sociedades analíticas de Río y de San Pablo no se materializaron. No existía un analista reconocido al norte de Belo Horizonte. Caímos como anillo al dedo..."

Y así...llegar y partir son sólo dos lados de un mismo viaje. El tren que llega es el mismo tren de la ida. La hora del encuentro es también despedida, la plataforma de esta estación es la vida de éste, mi lugar, es la vida...
Milton Nascimento "Encuentros y despedidas"

Nos quedamos charlando un rato más antes de despedirnos de Emilio. Hablamos sobre la época en que él estaba formándose en la Sociedad Psicoanalítica Británica, pero sobre todo queríamos que nos contara algo respecto de Winnicott. Nos recordó del pequeño gran gesto que Winnicott había tenido para con él:
"...instalado en el fondo del salón, poco a poco fui localizando a los personajes: Melanie Klein sentada junto a mi analista. Ubiqué a Ernest Jones y a Bion en la primera fila. Estaba en esa tarea de ponerles el nombre a los bueyes cuando de pronto se acerca un señor y pregunta cuál era mi nombre. Yo le digo y él me da la mano y responde 'mucho gusto, me llamo Winnicott'. La importancia de un pequeño gesto; se ganó mi agradecimiento eterno.
Probablemente Winnicott había alentado cierta esperanza en lo que Emilio podía significar para el medio psicoanalítico inglés, tomando en cuenta la fuerte controversia entre anafreudianos y kleinianos. Emilio era por aquellos finales de la década del 40 un ferviente seguidor de la teoría kleiniana -aunque él confiesa que hoy sería más bien del "grupo medio " (6) -. La esperanza que despertó Emilio en Winnicott puede leerse en la carta que este último le envió el 17 de marzo de 1955. Allí lo felicita por una conferencia que Rodrigué había desarrollado, y le dice: "...lo que vuelve su exposición tan interesante, en tanto que otras exposiciones son opacas, es que uno siente que cuando usted ofrece las teorías de Klein no solo las descubre sino que también las ha inventado (o las ha creado, podría decirse). A causa de este último elemento en su labor, es probable que usted realice un trabajo original y que exponga el trabajo de la señora Klein y de Freud de una manera renovada". Evidentemente, Winnicott pensaba que el discurso de Emilio era lo que él tanto anhelaba para la Sociedad, un "lenguaje vivo".

¡Gracias Emilio, y hasta siempre!

 

(1) De Editorial Sudamericana, 2000, Bs. As.
(2) El personaje femenino de la novela.
(3) Jack era el hermano mayor de Emilio, era para él casi como un padre, solía contarle a la hora de la cena fascinantes historias que los embarcaba a ambos en riesgosas aventuras, en cada una de ellas (como cuando tuvieron que rescatar una princesa africana prisionera de una tribu de caníbales) los preparativos para iniciar el rescate no eran un detalle menor. El relato tomaba en cuenta innumerable cantidad de detalles para la realización del viaje. Es a esto que Emilio se refiere en este pasaje, agregando que es a Jack, a raíz de estas narraciones, a quien le debe la fantasía y su habilidad de narrador.
(4) Emilio se refiere a una anécdota que habla de su admiración por su madre: "Mi hermana mayor María Mercedes, era pintora y realizó su primera exposición en la Galería Witcomb, en la calle Florida. Tenía veintiún años. Mi hermana fue muy elogiada pero no vendía ni un solo cuadro y estaba, lógico, desilusionada. El valor que tiene el primer cuadro vendido. Hasta que el último día, temprano, al abrirse la galería, llega una formidable señora de negro, con collar de perlas, acompañada por su chofer de uniforme y de un rastro de buen perfume. Ella contempla los cuadros, uno por uno, con aprobación altanera, y compra el más caro. La Dama de Negro quedó como mito familiar. Era francesa decían, por el acento. Era bonita, afirmaban, aunque un tul velara su rostro. Pasaron los años y la anécdota quedó olvidada.
Navidad era una gran fiesta en nuestra familia y mi madre era Papá Noel, trayendo una bolsa repleta de regalos. Cada año ella se disfrazaba de un Papá Noel diferente. Papá Noel Gaucho, Japonés, Moderno, etcétera, y hacía una breve introducción. Los años pasaron y cierta vez ella viene de Papá Noel Francés, llega con una bolsa aun mayor y comienza a repartir regalos para hijos y nietos. Finalmente saca de la bolsa un paquete forrado en papel madera y dice: "Este es el regalo para María Mercedes de una señora francesa que no quiso revelar su nombre". María Mercedes abre el paquete y encuentra el famoso cuadro. Mi madre era la mismísima Dama de Negro y guardó el cuadro por casi veinte años sin decir ni mu a nadie...A esa altura mi hermana ya era una pintora consagrada".
(5) Localismos portugueses.
(6) En el contexto de la polémica, que desde principios de los años '40 dividió a la Sociedad de Psicoanálisis Británica entre anafreudianos y kleinianos, se formó un "grupo medio", al que pertenecían, entre otros, Strachey, Winnicott, Balint, Fairbairn, etc. portadores de una posición no sólo menos radicalizada y militante, sino cualitativamente distinta.

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