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Winnicott en un mundo de fantasías,

por Paula Larotonda

En esta primera parte (1), propongo -en la cocina- un recorrido por el concepto de "fantasía" en S. Freud, para intentar articularlo y diferenciarlo del concepto de "fantaseo" que formula -en sus desarrollos- Donald Winnicott.


Espacio psíquico petrificado y aburrimiento

Cuenta Masud Khan (2) que pocos meses antes de la muerte de Winnicott, unos sacerdotes anglicanos le pidieron una orientación respecto de cómo diferenciar -de entre las personas que acudían a ellos- una problemática de fe, de una enfermedad psiquiátrica.
Winnicott hizo un largo silencio y les contestó: "Si una persona viene a hablarles y al escucharla ustedes sienten que los aburre, esa persona está enferma, y necesita tratamiento psiquiátrico. En cambio, si logra mantenerlos interesados, no importa lo grave que sea su desazón o su conflicto, podrán ayudarla."
Esta respuesta impactó en su discípulo y lo impulsó a teorizar acerca del "aburrir" en tanto estrategia para hacer frente a la tensión interior. Dice Masud: "el paciente que aburre trata de mantener un control omnipotente de su realidad interior...sus relatos conforman un espacio petrificado en el que nada puede suceder..."
Este aburrir (boring), como la costumbre de fatigar a los demás, que Masud diferencia del aburrimiento (boredom), como el estado de tedio, hastío; está en íntima relación con lo que Winnicott denominó fantaseo: una expresión de negación de la realidad psíquica, operación mental compulsiva que mantiene "la animación suspendida".

Detengámonos para empezar en algunos de los planteos freudianos respecto de la constitución y estructura de la fantasía.

El tiempo en movimiento
En los comienzos de su experiencia clínica con neuróticos, Freud encontraba que todos ellos decían haber sufrido atentados sexuales en su infancia. Años más tarde descubre que las escenas de seducción que sus pacientes relataban, no se basaban en hechos "reales", sino en fantasías, y que éstas encubrían manifestaciones espontáneas de la actividad sexual infantil. De este modo se abandona el énfasis del elemento traumático en dichas experiencias tempranas, y se altera el concepto del mecanismo de los síntomas histéricos, "los cuales no se me aparecieron ya como derivaciones directas de recuerdos reprimidos de experiencias sexuales infantiles, pues entre ellos y las impresiones infantiles vinieron ahora a interpolarse las fantasías mnémicas de los enfermos...fantasías éstas que, por un lado aparecían construidas sobre la base y con los materiales de los recuerdos infantiles y -por otro- se convertían en síntomas." (3) Así, las influencias accidentales de la sexualidad fueron abriendo paso al concepto de represión, lo que se reprime es la sexualidad en tanto infantil y traumática, una sexualidad cuyas características temporales Freud pondrá de relieve: un primer tiempo en el que irrumpe la sexualidad "demasiado temprano" (4) en un sujeto infantil "inocente": Se produce una excitación sexual en una época en que su elaboración simbólica es imposible, y quedará, por lo tanto, sin tramitar -a causa de la inmadurez sexual del sujeto- hasta un segundo tiempo, luego de la pubertad, en el que el sujeto -maduro sexualmente- adquirirá una nueva estructura de significación, desde la cual re-leerá aquellas primeras experiencias y reinterpretará a posteriori el tiempo y el espacio ligándolo asociativamente con nuevas representaciones. Hasta aquí, la fantasía, entonces, articula -según su propia lógica inconsciente-, un tiempo y un espacio, selecciona territorios y elabora (aprés-coup) una historia de vida para el sujeto.

El objeto en movimiento
En "El Proyecto" (5) Freud había concebido un momento mítico de escisión entre la satisfacción de la necesidad y la realización del deseo, momento de desdoblamiento del hambre y la sexualidad, en el que la pulsión sexual se separa de las funciones no sexuales que la apuntalaban - por ejemplo la alimentaria- . Allí, se pierde el objeto real (el del hambre: la leche) y se constituye la pulsión en tanto autoerótica, implicando una zona del cuerpo -no obstante no hay interpretación psíquica de lo que allí ocurre-, surgiendo la fantasía por medio de la cual el infans revive alucinatoriamente aquella experiencia de satisfacción original, e intenta recuperar el objeto asociado con aquella vivencia temprana. (6) Dicho movimiento que tiende una y otra vez al reencuentro con el objeto será denominado realización de deseo.
La fantasía, entonces, tiene su origen en ese tiempo reflexivo de la pulsión que se vuelve contra sí misma, el tiempo del autoerotismo, provocando la separación entre la sexualidad -el deseo - y la necesidad. Así, la fantasía será la escena donde aparece del deseo. En este caso, la fantasía, sostiene un argumento para pensar esa pérdida de objeto y una estrategia posible para su "reencuentro".

Entre el tiempo auto y el Otro
Más tarde en su obra (7) Freud dirá: "Las relaciones del infans con las personas que lo atienden son para él una fuente constante de excitaciones y satisfacciones sexuales emanadas de zonas erógenas. Y más aún si se tiene en cuenta que la persona encargada de los cuidados (por lo general la madre), le manifiesta al niño sentimientos derivados de su propia vida sexual, lo besa, lo acuna y, sin ninguna duda, lo considera el sustituto de un objeto sexual total".
Esto nos conduce a pensar que el autoerotismo, la pulsión autoerótica, se introduce a partir de la madre, este Otro de los cuidados que en su accionar, pulsiona los bordes del cuerpo, imponiéndole a lo psíquico la producción de fantasías. Empero la pulsión autoerótica deviene psíquica al ser traducida como fantasía, sólo habrá registro de esto retroactivamente, cuando haya un sujeto allí involucrado. Veremos qué significa esto.
En "Tres Ensayos para una teoría sexual" Freud aclara que hay tres fases de la masturbación: la primera es de la lactancia, la segunda aparece hacia el cuarto año de vida y la tercera es la de la pubertad. Dice: "La segunda deja tras de sí huellas inconcientes en la memoria de la persona". En cambio no existe tal memoria en la primera fase. En "Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad" señala al respecto, que la masturbación de la lactancia es una empresa autoerótica destinada a ganar el placer de una zona erógena, sin ser ligada psíquicamente. Más tarde esa acción se suelda a una representación de deseo tomada del Complejo de Edipo: "el acto masturbatorio se compuso en dos fragmentos: la convocación de la fantasía y la operación activa de autosatisfacción...Cuando luego la persona renuncia a esta clase de satisfacción masturbatoria fantaseada, la fantasía deviene inconsciente".
Entonces, en la fase fálica, una parte del cuerpo que goza se articula a una trama simbólica -la fantasía- que se extrae del Edipo, simbolizando a posteriori aquella masturbación autoerótica y entrando así en el funcionamiento psíquico. Articulado con lo que venimos apuntando, -la fantasía como una historia y un argumento de vida, como estrategia de re-encuentro con el objeto perdido-, ahora la fantasía da lugar a los otros, para orientar una búsqueda. Parafraseando a Proust, en la búsqueda del tiempo perdido.

Fantasía e ilusión
Reflexionemos entonces acerca de las particularidades del tiempo y del objeto en relación a la estructura de la fantasía. El ordenamiento temporal característico del funcionamiento de la estructura psíquica (en las neurosis) se conceptualiza como apres coup: en su movimiento el mundo se significa a partir de la inscripción de dos representaciones, dos escenas: una primera que no se inscribe sin la retroacción de la segunda sobre la primera. Segunda escena a la vez facilitada -vía la fantasía- por la eficacia de la primera. (8) Asimismo, el objeto perdido no se inscribe -en tanto tal- sino a partir del objeto fantaseado (el objeto interiorizado que surge separando la necesidad y el deseo) que "hace las veces" del objeto perdido pulsional. De este modo, lo psíquico opera a partir de la diferencia entre el objeto hallado-fantaseado y el buscado, ya irremediablemente perdido. Esta diferencia es lo que pone en movimiento al aparato.
Así también, desde la fase fálica -mediante la fantasía que se extrae del Complejo de Edipo- el sujeto simboliza a posteriori la masturbación autoerótica de una etapa lógicamente anterior.
Es decir que el funcionamiento temporal apres coup está sostenido por la fantasía. Esta opera imprimiéndole movimiento al tiempo, dinamizando una historia, tejiendo una trama simbólica en la que se inscribe la verdad del sujeto. Este movimiento deriva del apuntalamiento del deseo en las necesidades, que impulsa al infans a buscar una y otra vez la causa de su deseo, a pesar que esa primera y mítica satisfacción plena de su necesidad está ya perdida. Por lo tanto, esa separación que inaugura la fantasía, instala una satisfacción nunca plena (el objeto que se ha perdido no es el mismo que se trata de reencontrar: el objeto a reencontrar ya no es el objeto del hambre sino su sustituto por desplazamiento -el del deseo-).
Sin embargo, en el mismo movimiento, -entre la necesidad y el deseo, y también a partir del apuntalamiento posibilitado por una madre suficientemente buena- podemos pensar con Winnicott en la inscripción del objeto en tanto potencial.

¿Pensar "la falta" o sostener una "ilusión" de contacto con los objetos?
Dice D.W.W.: "En la primera lactación teórica el bebe está listo para crear, y la madre le posibilita tener la ilusión de que el pecho, y lo que éste significa, ha sido creado a partir del impulso derivado de su necesidad(...) Es engañoso pensar en el establecimiento del sentido de la realidad en función de la insistencia de la madre sobre el carácter externo de la realidad externa (...) las palabras claves son ilusión y desilusión...(...) Habría alucinación de un pecho si existiera material mnémico para usar en el proceso de creación, pero esto no puede postularse si se considera la primera lactación teórica. Ahí el nuevo ser humano está en condiciones de crear al mundo. La motivación es su necesidad personal; asistimos a la conversión gradual de la necesidad en deseo" (9)
Winnicott establece que en tal caso, la madre construye un espacio entre ella y el infans, una zona de ilusión donde acontece una experiencia: crear lo dado. Se trata de una paradoja que significa que no hay un objeto-teta que el infans fantasea y otro objeto- teta real, que la madre le da, sino que el infans crea ese objeto que ya estaba en la realidad. En el campo de la ilusión, entonces, acontecen -entre la madre y el infans- los fenómenos transicionales: la inscripción del objeto -si bien se da a partir de una ausencia del mismo- será en tanto objeto transicional, un objeto que para el infans no proviene ni del exterior ni de su interior (no es una alucinación) sino que corresponde a su creación y es el símbolo de la unión y separación madre-infans (garantizando la permanencia -en lo psíquico- de la presencia de la madre durante su ausencia y poniendo un tope a su presencia durante la misma). El objeto soportará este movimiento, entre presencia y ausencia, que será el origen de la simbolización.. No pretendo -en esta ocasión- extenderme más acerca de la conceptualización del campo de los fenómenos transicionales -al respecto, sugiero leer el capítulo 1 de "Realidad y juego"- . Simplemente dejar planteado que accedemos a la realidad externa tanto a través de la fantasía como de la ilusión. No hay contacto con la realidad, no hay relación del sujeto con el mundo, no hay contacto con los objetos sino a través de la fantasía y en el campo de la ilusión. Y este contacto -al decir de Winnicott-, enriquece la vida del sujeto, en la misma medida que los sueños o la poesía. Se podría pensar que en la fantasía el acento estaría puesto en la falta de objeto que la misma viene tanto a señalar como a intentar colmar. En el caso de la ilusión, se pone de relieve la potencialidad del objeto.

Cercar espacios, detener el tiempo: "Fantaseo"
Veamos ahora qué sucede respecto del tiempo en el estado de "fantaseo". Aquí el funcionamiento psíquico no parece estar ordenado por el movimiento del apres-coup. Dice Winnicott que en el fantaseo el tiempo se congela, se detiene, todo ocurre aquí y ahora, es decir, que no hay movimiento. Lo que ocurre en ese estado se produce inmediatamente, aparte de que no ocurre nada. Relata de una de sus pacientes: "La parte principal de su existencia se desarrollaba cuando no hacía nada".
Por último, y en la misma línea de Freud, respecto de que la fantasía se articula con una parte del cuerpo que goza, decía Winnicott en "una cuestión técnica"(10) que cuando un paciente revelaba una fantasía en transferencia, él se preguntaba cuál era el funcionamiento corporal orgástico correspondiente y, viceversa, cuando en la situación analítica observaba un funcionamiento corporal orgástico, intentaba situar qué contenido fantaseado el paciente pretendía comunicarle.
En el caso del fantaseo, se observa una actividad que no involucra al cuerpo. Esto significa que el sujeto en estado de fantaseo, se encuentra entregado a una empresa autoerótica pero sin mediación simbólica o, bien, entregado a un proceso de mentalización compulsiva que se desentiende de toda presión orgánica en lo psíquico. La fantasía -dice Winnicott- elaboraría una estrategia psíquica que, por su ligazón a un cuerpo, buscaría ciertos modos de realización en mundo exterior (mundo exterior que, a su vez, desafiaría la omnipotencia de los deseos, promoviendo un enriquecimiento creciente de la fantasía y el mundo). Con el fantaseo, la pulsión que articula el cuerpo y lo psíquico no parece operar este trabajo transcripto en una fantasía. Lo reemplaza una disociación del psique-soma. Se paralizaría, entonces, la acción en el mundo, deteniendo al sujeto en elaboraciones mentales siempre repetidas e inoperantes.
El fantaseo, entonces, afecta el movimiento transicional de los objetos, y por lo tanto a la simbolización, los objetos no son metaforizables (o pierden su valor de límite para el enriquecimiento de lo psíquico, o bien, al no haber fantasía e ilusión construida para ellos, no habrá contacto ni apropiación posible del mundo. El resultado es que con el fantaseo sólo se elabora una asimilación delirante de los objetos -que "serán y hacen en mi mentalización lo que deseo ("objetos subjetivos")- o bien, la "extrema realidad objetiva" del mundo que no compromete ninguna expectativa libidinal del sujeto, sólo le exige un acatamiento dócil, en el que el único recurso para que pueda soportarlo y pueda habitarlo es, justamente, el fantaseo). Dice Winnicott que en ese estado "un perro es un perro", es decir, está afectada la potencialidad significante del mundo.
De ahí que la falta de objetos transicionales promoverá esta actividad psíquica de mentalización y/o fantaseo que busca detener el movimiento.

En la entrega de otoño del 2004, se publicará la segunda parte de este artículo.

paularot@datamarkets.com.ar

(1) La segunda será publicada en el otoño del 2004.
(2) En el prólogo del libro de Winnicott "Sostén e Interpretación, fragmento de un análisis".
(3) S. Freud, "Mis tesis acerca del rol de la sexualidad en la etiología de las neurosis (1906)"
(4)En sus posteriores desarrollos, Freud pondrá el acento en el desvalimiento del infans y su dependencia respecto del Otro de los cuidados que derivará en lo que más adelante desplegaré respecto del "autoerotismo".
(5) El "Proyecto de una psicología para neurólogos" (1895)
(6) "El objeto que está vinculado con el repliegue autoerótico, el pecho -transformado ahora en pecho fantaseado- es, precisamente el objeto de la pulsión sexual. De manera entonces que el objeto sexual no es idéntico al objeto de la función, está desplazado con respecto a éste en una relación de contigüidad esencialísima que hace que nos deslicemos insensiblemente del uno al otro, de la leche al pecho como su símbolo...de este modo: el objeto a reencontrar no es el objeto perdido sino su sustituto por desplazamiento; el objeto perdido es el objeto de la autoconservación, es el objeto del hambre, y el objeto que se busca en la sexualidades un objeto desplazado con relación a ese primer objeto, ya que el objeto que se ha perdido no es el mismo que se trata de reencontrar. Este es el resorte de la trampa esencial que se sitúa en el punto de partida de la búsqueda sexual" Jean Laplanche, en "Vida y muerte en psicoanálisis." Amorrortu, 1992.
(7) En "Tres Ensayos para una teoría sexual" (1905)
(8) Recomiendo leer un texto de Daniel Ripesi y mío en el número 41 de www.psyche-navegante.com que llamamos "Trauma y Estructura Psíquica".
(9) D. W. Winnicott: La naturaleza humana, Ed. Paidos, Buenos Aires, 1993.
(10) Winnicott: Exploraciones psicoanalíticas I

 

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