Espacio psíquico petrificado y aburrimiento
Cuenta Masud Khan
(2) que pocos meses antes de la muerte de Winnicott,
unos sacerdotes anglicanos le pidieron una orientación
respecto de cómo diferenciar -de entre las personas
que acudían a ellos- una problemática de fe,
de una enfermedad psiquiátrica.
Winnicott hizo un largo silencio y les contestó:
"Si una persona viene a hablarles y al escucharla ustedes
sienten que los aburre, esa persona está enferma,
y necesita tratamiento psiquiátrico. En cambio, si
logra mantenerlos interesados, no importa lo grave que sea
su desazón o su conflicto, podrán ayudarla."
Esta respuesta impactó en su discípulo y lo
impulsó a teorizar acerca del "aburrir"
en tanto estrategia para hacer frente a la tensión
interior. Dice Masud: "el paciente que aburre trata
de mantener un control omnipotente de su realidad interior...sus
relatos conforman un espacio petrificado en el que nada
puede suceder..."
Este aburrir (boring), como la costumbre de fatigar a los
demás, que Masud diferencia del aburrimiento (boredom),
como el estado de tedio, hastío; está en íntima
relación con lo que Winnicott denominó fantaseo:
una expresión de negación de la realidad psíquica,
operación mental compulsiva que mantiene "la
animación suspendida".
Detengámonos
para empezar en algunos de los planteos freudianos respecto
de la constitución y estructura de la fantasía.
El
tiempo en movimiento
En los comienzos de su experiencia clínica con neuróticos,
Freud encontraba que todos ellos decían haber sufrido
atentados sexuales en su infancia. Años más
tarde descubre que las escenas de seducción que sus
pacientes relataban, no se basaban en hechos "reales",
sino en fantasías, y que éstas encubrían
manifestaciones espontáneas de la actividad sexual
infantil. De este modo se abandona el énfasis del
elemento traumático en dichas experiencias tempranas,
y se altera el concepto del mecanismo de los síntomas
histéricos, "los cuales no se me aparecieron
ya como derivaciones directas de recuerdos reprimidos de
experiencias sexuales infantiles, pues entre ellos y las
impresiones infantiles vinieron ahora a interpolarse las
fantasías mnémicas de los enfermos...fantasías
éstas que, por un lado aparecían construidas
sobre la base y con los materiales de los recuerdos infantiles
y -por otro- se convertían en síntomas."
(3) Así, las influencias accidentales de la
sexualidad fueron abriendo paso al concepto de represión,
lo que se reprime es la sexualidad en tanto infantil y traumática,
una sexualidad cuyas características temporales Freud
pondrá de relieve: un primer tiempo en el que irrumpe
la sexualidad "demasiado temprano"
(4) en un sujeto infantil "inocente": Se
produce una excitación sexual en una época
en que su elaboración simbólica es imposible,
y quedará, por lo tanto, sin tramitar -a causa de
la inmadurez sexual del sujeto- hasta un segundo tiempo,
luego de la pubertad, en el que el sujeto -maduro sexualmente-
adquirirá una nueva estructura de significación,
desde la cual re-leerá aquellas primeras experiencias
y reinterpretará a posteriori el tiempo y el espacio
ligándolo asociativamente con nuevas representaciones.
Hasta aquí, la fantasía, entonces, articula
-según su propia lógica inconsciente-, un
tiempo y un espacio, selecciona territorios y elabora (aprés-coup)
una historia de vida para el sujeto.
El objeto en movimiento
En "El Proyecto"
(5) Freud había concebido un momento mítico
de escisión entre la satisfacción de la necesidad
y la realización del deseo, momento de desdoblamiento
del hambre y la sexualidad, en el que la pulsión
sexual se separa de las funciones no sexuales que la apuntalaban
- por ejemplo la alimentaria- . Allí, se pierde el
objeto real (el del hambre: la leche) y se constituye la
pulsión en tanto autoerótica, implicando una
zona del cuerpo -no obstante no hay interpretación
psíquica de lo que allí ocurre-, surgiendo
la fantasía por medio de la cual el infans revive
alucinatoriamente aquella experiencia de satisfacción
original, e intenta recuperar el objeto asociado con aquella
vivencia temprana.
(6) Dicho movimiento que tiende una y otra vez al
reencuentro con el objeto será denominado realización
de deseo.
La fantasía, entonces, tiene su origen en ese tiempo
reflexivo de la pulsión que se vuelve contra sí
misma, el tiempo del autoerotismo, provocando la separación
entre la sexualidad -el deseo - y la necesidad. Así,
la fantasía será la escena donde aparece del
deseo. En este caso, la fantasía, sostiene un argumento
para pensar esa pérdida de objeto y una estrategia
posible para su "reencuentro".
Entre
el tiempo auto y el Otro
Más tarde en su obra
(7) Freud dirá: "Las relaciones del infans
con las personas que lo atienden son para él una
fuente constante de excitaciones y satisfacciones sexuales
emanadas de zonas erógenas. Y más aún
si se tiene en cuenta que la persona encargada de los cuidados
(por lo general la madre), le manifiesta al niño
sentimientos derivados de su propia vida sexual, lo besa,
lo acuna y, sin ninguna duda, lo considera el sustituto
de un objeto sexual total".
Esto nos conduce a pensar que el autoerotismo, la pulsión
autoerótica, se introduce a partir de la madre, este
Otro de los cuidados que en su accionar, pulsiona los bordes
del cuerpo, imponiéndole a lo psíquico la
producción de fantasías. Empero la pulsión
autoerótica deviene psíquica al ser traducida
como fantasía, sólo habrá registro
de esto retroactivamente, cuando haya un sujeto allí
involucrado. Veremos qué significa esto.
En "Tres Ensayos para una teoría sexual"
Freud aclara que hay tres fases de la masturbación:
la primera es de la lactancia, la segunda aparece hacia
el cuarto año de vida y la tercera es la de la pubertad.
Dice: "La segunda deja tras de sí huellas inconcientes
en la memoria de la persona". En cambio no existe tal
memoria en la primera fase. En "Fantasías histéricas
y su relación con la bisexualidad" señala
al respecto, que la masturbación de la lactancia
es una empresa autoerótica destinada a ganar el placer
de una zona erógena, sin ser ligada psíquicamente.
Más tarde esa acción se suelda a una representación
de deseo tomada del Complejo de Edipo: "el acto masturbatorio
se compuso en dos fragmentos: la convocación de la
fantasía y la operación activa de autosatisfacción...Cuando
luego la persona renuncia a esta clase de satisfacción
masturbatoria fantaseada, la fantasía deviene inconsciente".
Entonces, en la fase fálica, una parte del cuerpo
que goza se articula a una trama simbólica -la fantasía-
que se extrae del Edipo, simbolizando a posteriori aquella
masturbación autoerótica y entrando así
en el funcionamiento psíquico. Articulado con lo
que venimos apuntando, -la fantasía como una historia
y un argumento de vida, como estrategia de re-encuentro
con el objeto perdido-, ahora la fantasía da lugar
a los otros, para orientar una búsqueda. Parafraseando
a Proust, en la búsqueda del tiempo perdido.
Fantasía
e ilusión
Reflexionemos entonces acerca de las particularidades del
tiempo y del objeto en relación a la estructura de
la fantasía. El ordenamiento temporal característico
del funcionamiento de la estructura psíquica (en
las neurosis) se conceptualiza como apres coup: en su movimiento
el mundo se significa a partir de la inscripción
de dos representaciones, dos escenas: una primera que no
se inscribe sin la retroacción de la segunda sobre
la primera. Segunda escena a la vez facilitada -vía
la fantasía- por la eficacia de la primera.
(8) Asimismo, el objeto perdido no se inscribe -en
tanto tal- sino a partir del objeto fantaseado (el objeto
interiorizado que surge separando la necesidad y el deseo)
que "hace las veces" del objeto perdido pulsional.
De este modo, lo psíquico opera a partir de la diferencia
entre el objeto hallado-fantaseado y el buscado, ya irremediablemente
perdido. Esta diferencia es lo que pone en movimiento al
aparato.
Así también, desde la fase fálica -mediante
la fantasía que se extrae del Complejo de Edipo-
el sujeto simboliza a posteriori la masturbación
autoerótica de una etapa lógicamente anterior.
Es decir que el funcionamiento temporal apres coup está
sostenido por la fantasía. Esta opera imprimiéndole
movimiento al tiempo, dinamizando una historia, tejiendo
una trama simbólica en la que se inscribe la verdad
del sujeto. Este movimiento deriva del apuntalamiento del
deseo en las necesidades, que impulsa al infans a buscar
una y otra vez la causa de su deseo, a pesar que esa primera
y mítica satisfacción plena de su necesidad
está ya perdida. Por lo tanto, esa separación
que inaugura la fantasía, instala una satisfacción
nunca plena (el objeto que se ha perdido no es el mismo
que se trata de reencontrar: el objeto a reencontrar ya
no es el objeto del hambre sino su sustituto por desplazamiento
-el del deseo-).
Sin embargo, en el mismo movimiento, -entre la necesidad
y el deseo, y también a partir del apuntalamiento
posibilitado por una madre suficientemente buena- podemos
pensar con Winnicott en la inscripción del objeto
en tanto potencial.
¿Pensar
"la falta" o sostener una "ilusión"
de contacto con los objetos?
Dice D.W.W.: "En la primera lactación teórica
el bebe está listo para crear, y la madre le posibilita
tener la ilusión de que el pecho, y lo que éste
significa, ha sido creado a partir del impulso derivado
de su necesidad(...) Es engañoso pensar en el establecimiento
del sentido de la realidad en función de la insistencia
de la madre sobre el carácter externo de la realidad
externa (...) las palabras claves son ilusión y desilusión...(...)
Habría alucinación de un pecho si existiera
material mnémico para usar en el proceso de creación,
pero esto no puede postularse si se considera la primera
lactación teórica. Ahí el nuevo ser
humano está en condiciones de crear al mundo. La
motivación es su necesidad personal; asistimos a
la conversión gradual de la necesidad en deseo"
(9)
Winnicott establece que en tal caso, la madre construye
un espacio entre ella y el infans, una zona de ilusión
donde acontece una experiencia: crear lo dado. Se trata
de una paradoja que significa que no hay un objeto-teta
que el infans fantasea y otro objeto- teta real, que la
madre le da, sino que el infans crea ese objeto que ya estaba
en la realidad. En el campo de la ilusión, entonces,
acontecen -entre la madre y el infans- los fenómenos
transicionales: la inscripción del objeto -si bien
se da a partir de una ausencia del mismo- será en
tanto objeto transicional, un objeto que para el infans
no proviene ni del exterior ni de su interior (no es una
alucinación) sino que corresponde a su creación
y es el símbolo de la unión y separación
madre-infans (garantizando la permanencia -en lo psíquico-
de la presencia de la madre durante su ausencia y poniendo
un tope a su presencia durante la misma). El objeto soportará
este movimiento, entre presencia y ausencia, que será
el origen de la simbolización.. No pretendo -en esta
ocasión- extenderme más acerca de la conceptualización
del campo de los fenómenos transicionales -al respecto,
sugiero leer el capítulo 1 de "Realidad y juego"-
. Simplemente dejar planteado que accedemos a la realidad
externa tanto a través de la fantasía como
de la ilusión. No hay contacto con la realidad, no
hay relación del sujeto con el mundo, no hay contacto
con los objetos sino a través de la fantasía
y en el campo de la ilusión. Y este contacto -al
decir de Winnicott-, enriquece la vida del sujeto, en la
misma medida que los sueños o la poesía. Se
podría pensar que en la fantasía el acento
estaría puesto en la falta de objeto que la misma
viene tanto a señalar como a intentar colmar. En
el caso de la ilusión, se pone de relieve la potencialidad
del objeto.
Cercar
espacios, detener el tiempo: "Fantaseo"
Veamos ahora qué sucede respecto del tiempo en el
estado de "fantaseo". Aquí el funcionamiento
psíquico no parece estar ordenado por el movimiento
del apres-coup. Dice Winnicott que en el fantaseo el tiempo
se congela, se detiene, todo ocurre aquí y ahora,
es decir, que no hay movimiento. Lo que ocurre en ese estado
se produce inmediatamente, aparte de que no ocurre nada.
Relata de una de sus pacientes: "La parte principal
de su existencia se desarrollaba cuando no hacía
nada".
Por último, y en la misma línea de Freud,
respecto de que la fantasía se articula con una parte
del cuerpo que goza, decía Winnicott en "una
cuestión técnica"(10)
que cuando un paciente revelaba una fantasía en transferencia,
él se preguntaba cuál era el funcionamiento
corporal orgástico correspondiente y, viceversa,
cuando en la situación analítica observaba
un funcionamiento corporal orgástico, intentaba situar
qué contenido fantaseado el paciente pretendía
comunicarle.
En el caso del fantaseo, se observa una actividad que no
involucra al cuerpo. Esto significa que el sujeto en estado
de fantaseo, se encuentra entregado a una empresa autoerótica
pero sin mediación simbólica o, bien, entregado
a un proceso de mentalización compulsiva que se desentiende
de toda presión orgánica en lo psíquico.
La fantasía -dice Winnicott- elaboraría una
estrategia psíquica que, por su ligazón a
un cuerpo, buscaría ciertos modos de realización
en mundo exterior (mundo exterior que, a su vez, desafiaría
la omnipotencia de los deseos, promoviendo un enriquecimiento
creciente de la fantasía y el mundo). Con el fantaseo,
la pulsión que articula el cuerpo y lo psíquico
no parece operar este trabajo transcripto en una fantasía.
Lo reemplaza una disociación del psique-soma. Se
paralizaría, entonces, la acción en el mundo,
deteniendo al sujeto en elaboraciones mentales siempre repetidas
e inoperantes.
El fantaseo, entonces, afecta el movimiento transicional
de los objetos, y por lo tanto a la simbolización,
los objetos no son metaforizables (o pierden su valor de
límite para el enriquecimiento de lo psíquico,
o bien, al no haber fantasía e ilusión construida
para ellos, no habrá contacto ni apropiación
posible del mundo. El resultado es que con el fantaseo sólo
se elabora una asimilación delirante de los objetos
-que "serán y hacen en mi mentalización
lo que deseo ("objetos subjetivos")- o bien, la
"extrema realidad objetiva" del mundo que no compromete
ninguna expectativa libidinal del sujeto, sólo le
exige un acatamiento dócil, en el que el único
recurso para que pueda soportarlo y pueda habitarlo es,
justamente, el fantaseo). Dice Winnicott que en ese estado
"un perro es un perro", es decir, está
afectada la potencialidad significante del mundo.
De ahí que la falta de objetos transicionales promoverá
esta actividad psíquica de mentalización y/o
fantaseo que busca detener el movimiento.
En
la entrega de otoño del 2004, se publicará
la segunda parte de este artículo.
paularot@datamarkets.com.ar
(1)
La segunda será publicada en el otoño del
2004.
(2) En el prólogo del libro de Winnicott "Sostén
e Interpretación, fragmento de un análisis".
(3) S. Freud, "Mis tesis acerca del rol de la sexualidad
en la etiología de las neurosis (1906)"
(4)En sus posteriores desarrollos, Freud pondrá el
acento en el desvalimiento del infans y su dependencia respecto
del Otro de los cuidados que derivará en lo que más
adelante desplegaré respecto del "autoerotismo".
(5) El "Proyecto de una psicología para neurólogos"
(1895)
(6) "El objeto que está vinculado con el repliegue
autoerótico, el pecho -transformado ahora en pecho
fantaseado- es, precisamente el objeto de la pulsión
sexual. De manera entonces que el objeto sexual no es idéntico
al objeto de la función, está desplazado con
respecto a éste en una relación de contigüidad
esencialísima que hace que nos deslicemos insensiblemente
del uno al otro, de la leche al pecho como su símbolo...de
este modo: el objeto a reencontrar no es el objeto perdido
sino su sustituto por desplazamiento; el objeto perdido
es el objeto de la autoconservación, es el objeto
del hambre, y el objeto que se busca en la sexualidades
un objeto desplazado con relación a ese primer objeto,
ya que el objeto que se ha perdido no es el mismo que se
trata de reencontrar. Este es el resorte de la trampa esencial
que se sitúa en el punto de partida de la búsqueda
sexual" Jean Laplanche, en "Vida y muerte en psicoanálisis."
Amorrortu, 1992.
(7) En "Tres Ensayos para una teoría sexual"
(1905)
(8) Recomiendo leer un texto de Daniel Ripesi y mío
en el número 41 de www.psyche-navegante.com que llamamos
"Trauma y Estructura Psíquica".
(9) D. W. Winnicott: La naturaleza humana, Ed. Paidos, Buenos
Aires, 1993.
(10) Winnicott: Exploraciones psicoanalíticas I