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Winnicott en un mundo de fantasía
(segunda parte)

por Paula Larotonda


En la primera entrega de este texto -en el verano de 2003- (haga click aquí para leerlo) se intentó un recorrido por el concepto de fantasía en la obra de S. Freud, con el propósito de articularlo y diferenciarlo del concepto de fantaseo que formula en sus desarrollos Donald Winnicott.
En esta segunda parte, retomamos dichas reflexiones, para avanzar con la idea que propone a la fantasía como el efecto de una pérdida. Tal pérdida inaugurará -siguiendo a los desarrollos freudianos- la subjetividad y supondrá, en el mismo acto, la búsqueda de placer con un objeto imposible. Ya con Winnicott, reflexionaremos, a partir de la idea de "falla -severa- materna", lo que él denominó "fantaseo". Se analizará, entonces, en este artículo, el corrimiento teórico que se opera -según la estructura clínica en juego- desde el par represión-pérdida del objeto al de disociación-prescindencia de objeto, en el funcionamiento psíquico (en un caso, sosteniendo lo psíquico en la economía que inaugura la fantasía, y en el otro, al fantaseo como soporte de una mentalización compulsiva por la amenaza permanente de angustias psicóticas).
Si Freud piensa a la fantasía como cierta estrategia para alcanzar un placer posible con un objeto imposible, Winnicott agrega una perspectiva tópica que implica al yo: una estrategia para hacer un contacto siempre imposible con un objeto posible.

 

Proceso de simbolización de un objeto en falta
Volviendo a Freud, y en relación con los planteos clínicos que veníamos desarrollando leemos: (1) "Descubrí que los síntomas histéricos se originaban no en hechos reales sino en fantasías. Sólo más tarde me di cuenta de que la fantasía de seducción por el padre era en la mujer la expresión del complejo de Edipo."
Como se expuso en la primer parte de este artículo, el autoerotismo -sin sujeto- de la pulsión es traducido en lo psíquico como fantasía, y para ello es necesaria la fase fálica ya que sólo en ella se significa el Complejo de castración.
En "Pulsiones y sus destinos" Freud trabaja la pulsión sadomasoquista y aisla tres momentos:

  • El primer tiempo supone una violencia ejercida contra otro -pegar- "Este primer tiempo es denominado sádico por Freud sin embargo se trata de un tiempo no sexual, o sea que deberíamos hablar de agresivo o destructivo, es decir que no hay un elemento de excitación o goce sexual." (2)
  • Un segundo momento en el que la violencia se ejerce contra el propio cuerpo -pegarse-.


    Es decir que, en principio el objeto está afuera, es otro persona tomada como objeto, y la actividad está del lado del sujeto. En el segundo tiempo el objeto es resignado y sustituido por la persona propia (con la vuelta hacia la propia persona cambia el objeto, es sustituido el objeto que estaba afuera por la persona propia y también cambia la meta -de activa a pasiva, de golpear a golpearse-). Aquí se pierde el objeto y surge el objeto fantaseado, esto es, aparece la sexualidad, por lo tanto, a la agresión se le agrega el erotismo: se trata del autotormento, que no constituye aún el masoquismo verdadero sino el reflexivo.

  • Y un tercer momento que es el masoquismo, en el que otro ejerce violencia contra uno -ser pegado-. En este tercer tiempo, a consecuencia de la mudanza acaecida en la meta -la pasividad- , se busca a otra persona que toma sobre sí el papel del sujeto. Es decir se busca a otra persona como objeto -objeto de la pulsión, pero sujeto de la acción- Entonces el agente de la acción es otro y la posición del sujeto es la de ser objeto, pasivo, de la acción de otro. Esto último lo lleva a Lacan a proponer reemplazar el ser pegado por hacerse pegar.

    Tenemos así tres voces gramaticales: una voz activa, una refleja y una pasiva, en la que -según el autor- recién aparece "un nuevo sujeto".
    Es decir que en los dos primeros tiempos de la pulsión no hay aún un sujeto constituido. En el tercero la pulsión cierra su ciclo y aparece un nuevo sujeto, un sujeto posicionado ante el deseo del Otro. En este tiempo dice Freud que el yo pasivo, se traslada en la fantasía a su puesto anterior, golpearse, pero que ahora se deja al sujeto ajeno. De este modo el recorrido pulsional se inscribe psíquicamente por la fantasía inconciente, es decir que la pulsión deviene fantasía, es decir, psíquica.
    Sólo en el tercer tiempo la pulsión se articula al sujeto, mediante la fantasía masoquista de identificación a un objeto (introyectar el objeto que sufre, fantasear el objeto que sufre, hacer sufrir al objeto dentro de uno mismo, hacerse sufrir uno mismo).

    En "Pegan a un niño", -una suerte de confirmación clínica de Pulsiones y destinos de pulsión- Freud analiza una fantasía con fines masturbatorios, que aparece hacia el fin del período que abarca de los 2 a los 4-5 años. Es la fantasía de paliza que implica tres tiempos. El tercer tiempo corresponde a un síntoma confesado en el curso de un análisis. Se trata de una escena imaginada que, al transcribirla Freud al lenguaje escrito, hace surgir la gramática de la fantasía y analiza (igual que en "Pulsiones y destinos de pulsión" las modificaciones sucesivas del enunciado.

  • El primer tiempo, corresponde a una época muy temprana de la infancia: "El padre pega al niño". Significa que el padre no ama a ese otro niño, sino que me ama sólo a mí, lo cual satisface los celos hacia un hermanito rival. La frase está en voz activa, el sujeto gramatical es "el padre" y el objeto es el hermanito. Podemos pensar en un tiempo sexual-presexual, de significado agresivo.

  • La segunda fase de la fantasía es inconciente, producto de la construcción en un análisis: La frase reza: "Yo soy pegado por el padre" Y significa que el padre no me ama a mí, pues me pega, expresión directa de la conciencia de culpa (por los celos hacia el rival). La frase está en voz pasiva, el sujeto gramatical es "yo" y el que pega, el padre es el agente.

    Cuando la represión afecta la organización genital alcanzada, el amor incestuoso deviene inconciente y la organización genital experimenta una regresión a lo sádico-anal: Del padre me ama (en sentido genital) al padre me pega (conjunción de conciencia de culpa y erotismo). La fantasía se tiñe de placer, es masoquista en sentido propio. El pasaje de la fase 1 a la 2 entraña un retorno en contra de la propia persona, es decir, la acción se reflexiona, se interioriza como fantasía.

  • En la tercera fase la fantasía es portadora de una excitación intensa, sexual y procura satisfacción onanista. La frase es: "Pegan a un niño". Se observa que la persona que pega nunca es el padre sino un sustituto y la persona propia ya no sale a la luz., la forma "pegan" es impersonal y no hay sujeto gramatical. La propia persona del sujeto no figura en esta fantasía.

    Pegan a un niño es el texto preconciente, lo que hay que construir es mi padre me pega, (segunda fase). Allí, el agente de la acción es otro, la posición del sujeto es de objeto y hay satisfacción pulsional a nivel de la fantasía. Es una satisfacción autoerótica a nivel del propio cuerpo, parcial, anal, de ver, invocante y se entrama -en el tercer tiempo- en una frase que es núcleo de la neurosis, donde la posición subjetiva es de objeto. Esto es el motor de la represión.
    Vemos entonces que del primer al segundo tiempo que se constituye como fantasía inconciente, es necesaria la finalización del Edipo. Así, tras la represión no se conserva la fantasía pasiva de ser amado, sino la masoquista de ser pegado. Dicha fantasía de paliza deriva, pues, de la ligazón incestuosa con el padre y articula deseo y goce.

Disociación - Disyunción
Hemos articulado, entonces, el autoerotismo a la relación de objeto por medio de la fantasía. Freud indicaba que, a partir del mecanismo de la represión, en la neurosis -y en la transferencia analítica- se observaba la regresión a etapas más primitivas del desarrollo de la libido, con las fantasías y deseos correspondientes: La libido insatisfecha emprende el camino de la regresión y aspira a satisfacerse en las vivencias de la sexualidad infantil y en los objetos de la niñez. "Los retoños de los objetos resignados son aún conservados en la fantasía, la libido no tiene que más que volver a la fantasía para hallar desde ella el camino a cada fijación reprimida." (3)
Winnicott a su turno, puso de relieve además, el elemento de la necesidad presente en los estados regresivos, ya que para él -con ciertas estructuras denominadas esquizoides- la regresión será no tanto a puntos de fijación libidinales sino a fallas severas en los cuidados maternos de la etapa de la dependencia absoluta del infans.
Si se han recibido cuidados ambientales favorables durante la infancia - lo que significa que los cuidados han sido confiables- las fallas son predecibles, pensables, es decir que se inscriben en una pauta de cuidados estable y continua. Esta falla es lo opuesto a la idea de máquina, de lo no animado, es la falla que denuncia la cualidad de "lo vivo" de esa madre (en un hacer materno que asume los riesgos del propio estilo, sin modelos que operen por su idealización -"sin fallas"- demasiado inhibitorios). En este sentido, al fantaseo -en tanto operación mental patológica- lo podríamos pensar como una memorización -no metaforización- de ciertos cuidados maternos mecánicos y repetitivos. De este modo, el fantaseo parecen intentar anticipar y controlar el movimiento presencia-ausencia de una madre que no estuvo marcado por un ritmo animado.
Asimismo, el mecanismo psíquico que rige al fantaseo no es la represión sino la disociación. Mediante la represión, ciertas representaciones son desalojadas del sistema conciente y permanecen en el inconciente, pero estos sistemas se encuentran articulados: cuando falla la represión, hay retorno de lo reprimido y formación de síntomas. En la disociación, en cambio, existe una disyunción del afecto correspondiente a ciertas representaciones que quedan rechazadas del comercio asociativo para evitar el conflicto. Cuando falla la disociación se cae en un estado confusional cuya economía son angustias de tipo psicóticas.

La represión articula la fantasía a un objeto en falta, es decir que la fantasía simboliza a un objeto perdido, intentando vincularse de algún modo con él. Por el contrario, en el estado de fantaseo que se origina en el mecanismo de la disociación , el sujeto prescinde del objeto. El fantaseo sería algo así como una estrategia para desvincularse del objeto, "un fenomeno aislado que no contribuye al vivir ni al soñar". Dice D.W.W. que en estado de disociación, el sujeto siente que logra cosas maravillosas, pretendiendo un control mágico y omnipotente del mundo. Sin embargo, tal como dijimos, la acción se paraliza, no hay desplazamientos, ni rodeos, ni demoras, ni contacto con los demás. "El fantaseo obstaculiza la vida en el mundo real o exterior, pero más obstaculiza al soñar y la realidad psíquica". Podríamos especular que lo que se disocia en tal caso es la agresión, aquel primer tiempo no sexual que a partir del apuntalamiento se fundirá con el erotismo y derivará en la constitución de la pulsión sadomasoquista. La represión -en tanto destino de pulsión, es decir, defensa contra la satisfacción de la pulsión- es posterior a los destinos "transformación en lo contrario" y "vuelta contra sí mismo". Pienso, por tanto, a la disociación operando en estos destinos-defensas anteriores a la represión, más precisamente en el trayecto pulsional que reflexiona la acción sobre sí mismo, en el punto del apuntalamiento de la función sexual en la no sexual, en el camino de interiorizar la agresión como autotormento. De modo que, de aquí en adelante, llamaré disyunción al mecanismo por el cual queda disociada la actividad erótica de la agresiva, tornando dificultosa la construcción del objeto, en tanto separado del sujeto. La disociación me parece que representa más la idea de algo que luego de asociarse, se ha separado. En el caso de la disyunción (4) el potencial agresivo no llega a unirse con la sexualidad.
Aclaremos que Winnicott piensa al potencial agresivo del infans como su fuerza vital, lo más subjetivo, lo más vivo. Esta agresión inmotivada, relacionada con la actividad -incluso uterina- del infans, es lo que le permite entrar en contacto con el medio ambiente antes de su integración. Asimismo le posibilita encontrar un objeto fuera del cuerpo propio y construir así la realidad. Dice Winnicott que con la agresión, el infans destruye al objeto (éste se vuelve externo), y comienza la fantasía (un intento de aprehenderlo). Por esto se podría pensar que el objeto con el que el sujeto en estado de fantaseo "se relaciona" no ha sido admitido por fuera de su control omnipotente. (5)

Un lugar para el sujeto
Volvamos un poco a Freud. Él estableció que hay fantasías concientes e inconcientes. Las fantasías inconcientes pueden haber sido siempre inconcientes o fueron alguna vez concientes (sueños diurnos) y cayeron en Lo Inconciente en virtud de la represión.
Las fantasías originarias (Urphantasie), de origen inconciente se refieren a los orígenes, y pretenden brindar una representación a los enigmas de los orígenes. Así, "en la escena primaria lo representado es el origen del individuo; en las fantasías de seducción, el origen o surgimiento de la sexualidad; en las fantasías de castración, el origen de la diferenciación de los sexos..." (6)
Tal como vimos en el apartado anterior, la fantasía original se caracteriza por la no-subjetivación, a pesar de la presencia del sujeto en la escena ("pegan a un niño"). Es decir que en la estructura de la fantasía, nada indica que el sujeto está en un lugar determinado. (podríamos ubicar al sujeto en niño, padre o pegan).
En cambio, en los sueños diurnos, (fantasías secundarias concientes) el sujeto, durante la vigilia se narra a sí mismo una novela estereotipada y variable al mismo tiempo en un escenario con un lugar invariable para él.
Por el contrario, y de acuerdo a lo que se fue planteando más arriba, en el estado de fantaseo, el sujeto está abstraído en una mentalización compulsiva que lo desvincula del mundo tanto como de sus sueños. Mientras fantasea compulsivamente, el sujeto está como suspendido en el tiempo y el espacio. Su lugar es el vacío.

Realidad-fantasía
Freud distingue (7) -en el funcionamiento del aparato psíquico constituido- dos modalidades del pensamiento, una de las cuales está sometida - a través del sistema perceptivo- a la prueba de realidad, y otra que permanece independiente de dicha prueba y que queda bajo el dominio del principio del placer. De este modo, lo objetivo se opone a lo subjetivo y dentro de este último se sitúa el mundo de las fantasías.
Winnicott, en "La defensa maníaca", plantea que "La fantasía forma parte del esfuerzo que realiza el individuo para afrontar la realidad interior (...)". Y "El individuo llega a la realidad externa a través de las fantasías omnipotentes elaboradas dentro del esfuerzo para alejarse de la realidad interior". Es decir que la realidad interna, la realidad pulsional está articulada a la realidad exterior por medio de la fantasía omnipotente (que luego será conceptualizada como fantaseo). Podemos situar entonces, ya en este texto del año 1935, un esfuerzo por apartarse de la dialéctica interno-(subjetivo)-fantasía / externo (objetivo) -sostenida tanto por Freud como por Melanie Klein- ; así como un intento por delimitar por un lado, la fantasía en tanto "personal y organizada así como históricamente relacionada con las experiencias, excitaciones, placeres y dolores físicos de la infancia" . Por el otro, la fantasía (omnipotente) como una suerte de defensa contra la realidad interior, una huida desde la realidad interior a la realidad exterior.
Más tarde en su obra, concebirá un área de funcionamiento psíquico intermedio, una zona neutra situada entre la realidad externa y la realidad interna, entre lo objetivo y lo subjetivo: el espacio transicional, un espacio virtual, potencial cuyo funcionamiento se basará en la aceptación de una paradoja en la que las polaridades (adentro-afuera; realidad- fantasía; etc.) deberán quedar irresueltas.
Winnicott, entonces, va a establecer otro par de oposición, que ya no será "realidad-fantasía" sino "real-fútil". Lo que es real para un individuo es lo que está animado, lo que tiene vida, movimiento. Una vida futil estará marcada por la prevalencia de lo que Winnicott denominó "fantaseo" Un mundo real, en cambio estará signado por la relación con los objetos, por una exploración imaginativa del mundo, por la fantasía, por los sueños...

paularot@datamarkets.com.ar

(1) S. Freud, Nuevas contribuciones al psicoanálisis (1933)
(2) Jean Laplanche, Vida y Muerte en Psicoanálisis.
(3) Conferencia Nro. 23 "Vías de formación de síntomas"
(4) Aún no encontré una mejor denominación, y próximamente trabajaré en esta idea para extenderme en su teorización.
(5) Para extender este tema, recomiendo leer el texto de Winnicott "El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones" en Realidad y juego. Asimismo, en www.espaciopotencial.com.ar, en el patio de atrás del otoño del 2003- analizé un texto de C.Lispector con estas variables, con el título de "Salvación por el pecado".
(6) Laplanche y Pontalis, Fantasía originaria, fantasía de los orígenes., orígenes de la fantasía.
(7) En "Los dos principios del funcionamiento psíquico" (1911

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