I. No nos une el amor sino... ¡la desesperación!!!
Espacio
potencial: Bueno, para empezar ¿qué naturaleza
tiene para ustedes este espacio, y también qué
espera cada uno de una supervisión?
Grupo de los 8: ¿De qué tipo de supervisión?
(risas)...
Lo pensamos un poco como un espacio horizontal. Somos todos
grandes, algunas más jóvenes viste, pero bueno
(risas)...
(Alguien que protesta -o se excusa-): Algunos somos más
jóvenes...
Nos
juntábamos Cecilia y otra amiga, Mirta Petrolini
y leíamos material. Y siempre pasaba que alguien
venía con una urgencia: "che, no sabés
lo que me pasa con un paciente, me pasó esto"
¿no?, y hablábamos ahí mientras tomábamos
café...
Desesperadamente, desesperadamente... . Y empecé
a observar -yo siempre había supervisado, toda mi
vida, y eso obviamente me había servido un montón-
que con esa charla informal pasaba otra cosa, que ninguna
palabra era protagónica, que ninguna palabra decidía
nada, sin embargo ellas empezaban a generar interiormente
nuevos caminos.
(...) En los primeros encuentros hubo muchísimo intercambio
de bibliografía, imaginate que nos pasamos dos horas
más o menos, o más, hablando de cada paciente,
cada uno con su punto de vista, somos todas personas grandes,
con recorridos diversos y con conocimiento de distintos
autores, de distintas escuelas, distintos análisis,
distintos supervisores y eso da una riqueza que a veces
al principio nos resultaba apabullante ¿no?
(...) Por ahí es interesante también pensar
esta pregunta que vos hacías ¿qué se
espera de una supervisión? Yo me preguntaba si se
podría pensar analíticamente... En general,
los dispositivos de supervisión analíticas
supone que hay una relación de maestro-alumno. Y
a veces se supone que la clínica se reproduce los
términos de una supervisión, en donde alguien
está ubicado de modo que lo que va decir tiene un
carácter en alguna medida inapelable. Pero en general,
en esta modalidad que nos damos nosotros, uno trae un problema,
un problema clínico, y eventualmente eso -podríamos
decir- comienza a debatirse y a discutirse. Incluso de lo
que podrían ser los comienzos del debate a los progresos
que vamos encontrando en nuestro intercambio, sucede que
todos vamos cambiando de puntos de vista en relación
a lo que se nos va ocurriendo, puede ser que ese mismo material
se traiga con posterioridad y que eventualmente volvamos
a repensarlo de otra manera, o dudemos un poco, pero en
esto no hay una homogeneidad en cuanto a que lleguemos a
una sola idea ¿no?.
II. Entre pares, la diversidad.
(...)
Lo que a mí también me parecía interesante
como observación, quizás en relación
a las modalidades de transmisión del psicoanálisis,
es que esta modalidad pueda resultar incompatible con otras.
No tanto por lo que nosotros pensamos acá, sino más
bien porque desde ciertas perspectivas se piensa que habría
una manera de pensar, digo una, pueden ser distintas "unas"
maneras, pero que no puede pensarse desde dos o de tres
maneras distintas al mismo tiempo... .
(...) Yo destacaría el carácter de diversidad
en cuanto a que desde un comienzo, se me planteaba que más
que llamarle "espacio de supervisión",
lo veía mas como un ateneo y te digo porqué:
En toda situación de supervisión me parece
que hay dos grandes polos, un poco como decía Eduardo
recién. Uno es el tema del saber, uno va a una supervisión
porque no sabe y espera que el otro sepa. Ese sería
un polo. El otro polo no tendría que ver con la consistencia
del saber, sino, en todo caso, con la conducta reflexiva
del saber sobre la posición de uno, de un descubrir
¿no?. Me parece que en una relación dialéctica
entre estos dos polos se mueve la llamada supervisión,
análisis de control, o cualquiera de sus distintas
denominaciones. En el ateneo no hay una consistencia en
uno que es el que sabe, sino que el saber se reparte en
todas las direcciones. Me parece que lo más distintivo
de la actividad del análisis en general, pero que
se presenta en el espacio que llamamos supervisión,
es cierta disolución de la consistencia del yo en
el narcisismo, indispensable para el trabajo, y en ese sentido
es interesante la posibilidad de que eso se produzca acá.
Cuando trabajamos en este espacio, mas que haber un yo,
otro yo, otro yo que dice, se disuelve un poco eso y somos
un conjunto pensando. Por momentos uno se encuentra con
que inicialmente tomó una dirección, y después
escuchando las intervenciones de los demás participantes,
cambia de idea y va en otra dirección, sin preocuparse
mucho porque sea "yo" el que está diciendo
esto, y vamos como armándolo entre todos. De todos
modos insisto en la disolución del yo pensando el
yo como unitario... En ese sentido se tolera mucho mas la
diferencia. Terminamos como hace dos martes atrás
teniendo puntos de vista ya no diversos sino hasta encontrados
respecto de la posición en la que estaba un paciente
que traía Pablo. Algunos lo veíamos mas para
el lado de lo depresivo, mas para la posición paranoide
o hasta casi mas fragmentado. Y ese punto no se cerraba,
a pesar de que había muchísimas coincidencias
-en otros puntos de la discusión- sobre lo que le
pasaba a este paciente.
(...)
Creo que cuando uno va a supervisar con un supervisor, en
general el supervisor toma una posición respecto
del paciente que se va a supervisar, y acá lo que
se escucha es una verdadera gama de distintas opiniones.
Inclusive uno va escuchando las distintas posiciones, que
resultan atractivas en el sentido de pensar también
la idea de diagnósticos mixtos respecto de un paciente
o de posibilidades de pensar un paciente desde una posición
y desde la otra. Así mismo, muchas veces pensamos
a un paciente desde Klein, o desde Winnicott o desde Freud.
Creo que esta riqueza no se produce en una supervisión
con un supervisor ¿no?. Además quería
decir algo que me pareció muy importante, hasta cierto
momento -después lo dejamos de hacer- periódicamente
tuvimos encuentros para hablar de nosotros mismos, lo cual
nos llevaba a tener por lo menos un mojón en el camino
y una referencia que nos permitía saber mas o menos
donde estábamos, qué habíamos hecho,
cómo nos sentíamos, qué clase de grupo,
qué se yo!, qué clase de monstruo habíamos
armado.
III. Encuentros para poner la experiencia clínica
en diálogo
(...)
Yo también estaba pensando en eso, en relación
a una cosa que pasa con los analistas. En general cada uno
de nosotros, además de la pertenencia a este lugar,
está en alguna institución, ya sea asistencial
o de formación. Me parece que entre nosotros se arma
un lazo social diferente, porque también estamos
en referencia a otro. Y eso, yo creo que le da una modalidad
diferente a este grupo ¿no?, en un lazo social en
donde todos hemos resignado cierto ideal ...
El de la juventud, por ejemplo.
Eso es lo que dicen ustedes, yo no... (risas)
(...)
Y en este sentido me parece que venimos a hablar de los
casos que nos presentan dificultades. Y eso no sé
si es posible en muchos espacios de colegas, asistenciales
o de formación... Ya que nuestro oficio tiene esa
cosa complicada del prestigio.
Me parece que la cuestión del afecto que circula
acá tiene una parte importante, porque no es solamente
lo que vamos a escuchar en función de lo que el otro
piensa. Por ahí por eso uno puede tener un clima
de intimidad.
E.P.:
Intimidad, un cuidado... me hiciste pensar en la relación
entre Masud Khan y Winnicott... ellos no eran amigos, no
cenaban juntos, se trataban de usted, etc. pero habían
construido una intimidad... ¿no?
G.
8.: Nosotros hemos comido muchos asados juntos... (comentarios)
Pero no se genera pegoteo. Se genera intimidad y eso es
lo que hace que nadie pretenda imponer su punto de vista,
y trabajamos en relación a lo que cada uno trae,
el cómo, el handling, cómo hacés con
esto, por dónde entrás.
(...)
El cómo... me parece que eso es lo difícil.
Más que un trabajo, en el sentido mas pesado de trabajo,
hay un jugar, digamos, hasta en algunos momentos es divertido
ese juego, y me parece que ese juego produce lo que produce
el juego: una manera de apropiarse y de crear algo de la
realidad ¿no?.
IV. Punto de reunión para divergencias
(...)
Claro, la otra cuestión que pensaba es que también
es interesante que uno es tocado por las obsesiones de cada
uno de los otros. Porque realmente cada uno tenemos intereses
especiales, vivencias especiales, que hacen que a determinados
pacientes los podamos pensar con mas o menos soltura, o
podamos anticipar más las cosas. Entonces a veces
es interesante porque las preocupaciones sobre un caso son
muy diversas, y a veces aparece en otro analista algún
tipo de preocupación que jamás se te hubiera
cruzado por la cabeza. Y eso es el recorrido del otro, como
que es un camino que quizás una nunca hizo sobre
ese tema o sobre esa particularidad.
(...)
Yo quería agregar respecto de la horizontalidad...
Yo superviso acá pacientes de trabajo corporal, y
lo superviso de todos modos, aunque los demás no
sepan las técnicas También trabajo desde el
psicoanálisis, pero sobre todo traigo estos pacientes
acá por la manera en que los puedo supervisar, por
la libertad en que lo puedo hacer, y por lo que me pueden
aportar. Lo que yo rescato de acá es la pasión
de cada uno por trabajar con una persona.
(...)
Creo que en el caso que se presenta para supervisar está
muy incluido lo que al analista le va pasando. Y ese es
uno de los secretos, me parece ¿no?. Que como están
dadas las condiciones para profundizar, se puede hacer jugar
a ese factor del analista, y me fui dando cuenta que profundizar
es que el material -quizás- más importante
sea lo que le pasa al propio analista, y todo lo que va
sintiendo.
(...) Pensaba recién cómo es típico
en la supervisión ir a buscar ayuda creyendo haber
perdido el rumbo. Y pensaba que en realidad eso presupone
que hay un único rumbo. En nuestros encuentros nunca
lo hemos planteado así, y parece que acordamos implícitamente
con esto. Todos nosotros hemos recorrido entre veinte, veintipico
de años en la profesión, hemos tenido etapas
de formación distintas. Por la edad mas o menos que
tenemos, arrancamos con la fuerza del lacanismo en nuestra
formación, de alguna manera fuimos revisándola,
y nos fuimos volcando cada uno por distintos lados, volviendo
a textos prelacanianos, etc. etc., y efectivamente hay intereses
muy distintos.
V. Entre el rumbo y la derrota se produce un derrotero.
(...)
En este proceso, el paciente deja de ser propiedad de uno...
El otro tema es quitar el clima en la supervisión
del tema del acierto/error, o de la falla/exactitud, como
si en ese sentido el pensar no tendría porqué
tocar esas categorías. Me acordé, cuando vos
hablabas del tema de la navegación, que una vez se
me había ocurrido como un título para un libro:
"Navegación, rumbo y derrota en psicoanálisis".
La idea de navegar es la idea de lo que uno quiere hacer.
Navegamos por las aguas que queremos, navegamos en el psicoanálisis
o como se dice... "navegar es preciso". Navegar
significa saber en dónde uno está. Navegar
es eso, es saber en cada momento dónde uno está
¿no?. Después el tema del rumbo, el rumbo
es una cosa teórica, o sea algo por dónde
uno no va ir, curiosamente, hacia donde uno va a orientarse,
uno va a determinar el rumbo, y el rumbo lo va a determinar,
pero nunca va a ser algo respetado. Finalmente está
la idea de derrota, que curiosamente es una idea que viene
de "ruta", pero que es una idea ligada a la falla.
Uno diría la ruta es una falla porque siempre se
supone que va a haber una fuerte diferencia entre el rumbo
y la derrota. Pero no porque esté mal, sino porque
podría ser que la ruta más corta, o sea el
rumbo mas corto sea imposible, porque, por ejemplo puede
haber una tormenta, o un lugar muy bajo, o haya accidentes
y de repente la derrota mas larga ligada, por ejemplo, a
los vientos, sea la que permita a uno llegar a algún
lugar o pasar por algún lugar. Con lo cual a mí
me parece que ninguna de las tres es para abandonarla. No
es que uno prefiera andar derrotando sin rumbo ¿no?,
ni navegando sin poder determinar dónde uno está,
pero pienso que hay como un interjuego de estos tres términos.
(...)
Yo quería agregar algo a lo que vos decís
en el sentido del jugar y del pensar, siguiendo a Winnicott,
lo que yo quería introducir es la idea del usar.
Yo creo que la sensación que tengo es que estamos
usando este espacio. Y cómo este espacio se presta
a que lo usemos, y cómo de golpe, lo interesante
de la experiencia del otro viene a ser interesante en la
experiencia propia. Yo creo que hay algo de este orden,
nos prestamos, usamos este lugar, jugamos con él,
pensamos, es decir, creo que son todas cosas que suceden
en este espacio.
E.P.:
Hablaste del usar, solidario con esto es la capacidad
de duelo ¿se han ido gastando con el "uso"?
G.
8.: (...) Se va gastando, no sé si desgastando
pero... eso no me animo a decirlo, pero sí, yo creo
que más que gastar, es un camino que hace huella.
La impresión que tengo es que no sé cuánto
tiempo más vamos a estar juntos, pero que lo probable
es que nos quede una huella, un recuerdo, una marca de este
lugar. Este lugar no va a pasar -por lo menos en mi vida
profesional- como algo desapercibido.
Entre el rumbo y la derrota se produce un derrotero.
¡Muchas gracias, grupo de los 8!