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A continuación ofrecemos el prólogo de Fenêtres y algunos capítulos tomados al azar. (Después de todo este vocabulario íntimo de
J-B. Pontalis no reconoce una disciplina alfabética para el ordenamiento de sus términos, sino la regulación inesperada que promovieron en su autor el diverso poder evocativo de cada uno de ellos).
Traducción: Daniel Ripesi


Prólogo
¿Por qué razón hay ciertas palabras se nos imponen? ¿Por qué será que, mientras que algunas de ellas nos no dicen nada, o casi nada, habría otras que en cambio se presentan como amables o detestables a nuestros ojos? ¿Qué hay en ellas de tanto peso que se nos hace tan urgente sacárnoslas de encima?
Es de ideas como éstas surgió el proyecto de fabricar un pequeño léxico de uso personal, catalogando un cierto número de palabras pertenecientes a mi Vocabulario, uno que fuera privado, y en donde intentaría ofrecer sus significados, lo que esas palabras pudieran evocar en mí.
Un léxico "de uso personal", es decir, una forma de invitar a cada uno a ir al encuentro del suyo, a ir más allá de las nociones que ya son patrimonio común a todos los psicoanalistas, ese bien común al que cada uno recurre como si fuera una caja de herramientas.
En el curso de su realización, este proyecto inicial se modificó un poco. Es que no eran sólo palabras las que acudían a mi espíritu, sino también imágenes, trazas que habían dejado en mí encuentros con pacientes, amigos y ciertas lecturas.
Porque hay en todo léxico, aún cuando no se lo ordene alfabéticamente de la A a la Z, algo de cerrado, de acabado. Y mi propósito era opuesto a una elaboración conclusiva como el que se propone todo discurso que intenta ejercer un dominio, cuando el riesgo de quedar uno mismo bajo su dominio. Deseaba en todo caso abrirme, y eventualmente abrir a mis lectores, algunas ventanas, hacer mía aquella antigua prescripción médica que decía: "Usted debería cambiar de aire, verá que bien le sienta".

Ventana

Mi sillón de analista, bien cerquita de la ventana: follaje del árbol, canto de los pájaros. El escritorio en el que escribo: siempre al borde de una ventana; en la casa de verano, ella se abría a un descampado, mirando a una pequeña arboleda, más allá, al mar. En cierta ocasión, me ocurrió que una golondrina, muy agitada y aturdida, me hizo una visita, revoloteando unos instantes por la habitación.
Contraste con la vivienda de mi infancia: la ventana, frente a mi escritorio de escolar, dando al muro de un garaje abandonado.
En el avión, obtener la butaca cerca de la ventanilla, en el tren, la del lado de la ventana. Cómo lamento que en los trenes actuales ya no sea posible rebatir las grandes ventanas corredizas de los compartimentos, para asomarse -a pesar de las prohibiciones formuladas en tres idiomas- y dejarse atrapar por el humo de la locomotora.
Qué detestables esas habitaciones climatizadas de algunos hoteles con sus ventanas inamovibles. Qué placer pasear en un auto descapotado por las angostas rutas de la campiña. Ningún encierro en el habitáculo, aire libre, viento, algunas gotas de lluvia, uno está adentro y afuera, en medio del campo y en la butaca.
Las ventanas de los pintores: Vermeer, Friedrich, Bonard -sobre todo Bonard-. Mujeres a la ventana, con la mirada vuelta hacia un jardín cercano o hacia lo lejano: el cielo, lo invisible, o simplemente al vacío. Habrá representaciones de hombres a la ventana pero yo no los recuerdo, o bien apostados en algún balcón desde donde pueden otear la ciudad. ¿ignoran los hombres otro deseo?
Personalmente podría repasar las etapas de mi vida como si fuera una sucesión de ventanas que se abren: las salidas con mis amigos fuera de mi barrio y lejos de mi familia, el aprendizaje de lenguas extranjeras, la clase de filosofía, mis primeros viajes más allá de las fronteras, mis amores (aunque no todos...), mis lecturas y relecturas, mi análisis desde el diván y mis análisis desde el sillón de analista.
Paradoja: me obstino en que las puertas estén bien cerradas, para que cada habitación tenga su uso propio y bien delimitado.
Mi "tópica subjetiva" es a la vez la de ventanas abiertas y mi pieza privada.

El nombre de una flor

Narcisismo, ¿de dónde provendrá mi reparo al empleo de esta palabra, a usarla, como se hace actualmente, de un modo tan indiscriminado?
Narcisismo primario, secundario. Normal, patológico, positivo, negativo, Hipertrofiado, desfalleciente. Gratificaciones, heridas, reparación, stock, hemorragia narcisista. Regresión. Envoltura demasiado porosa o demasiado impermeable. Estados, personalidades narcisistas. Autosuficiencia, auto-engendramiento.
Demasiadas y densas palabras para designar a una flor de vida breve y a un joven inquieto.
Ganas de remontar a las fuentes, de ir junto a Ovidio, incluso más lejos aún, pues Narciso, antes que nada, fue el nombre de una flor, aún antes de designar al desgraciado héroe de una fábula... y mucho antes de que el psicoanálisis se lo apropiara.
Una flor melancólica en aguas surgentes, asomada a ella, que nace en primavera y que demasiado calor hace morir. Una bella flor -tan atractiva como traída por el agua-, una flor de un intenso perfume que favorece la languidez, adormece los nervios y produce un efecto narcotizante. Una flor fúnebre que fascina -Perséphone, divinidad subterránea-, enraizando hasta la profundidad de los muertos. (Tomo mi "ciencia floral" de un agudo y sutil estudio de Pierre Hadot)
¿Qué tipo de calor excesivo da muerte a esta flor? ¿Sería para nuestro héroe el calor de los cuerpos humanos, el de un cuerpo femenino entregándose al amor? ¿Y si esa agua, antes que fuente viva, fuera agua estancada, inmovilizada, y, más que espejo, un perturbado reflejo? Narciso busca en vano una imagen estable de sí mismo, una forma que le asegure su identidad, nada puede agarrar ni palpar. Se sumerge y muere en ese reflejo sin consistencia. Cree ver un cuerpo y hay algo menos que una sombra.
Verse es imposible si es verdad que el origen está siempre en el otro. Y el otro no tiene más existencia que la de un eco. Ah, si simplemente la ninfa Eco se hubiera metamorfoseado en la Zoe de Gradiva renacida!
Eros, pequeño dios diabólico que engañó a Narciso haciéndole creer que podía amarse, cuando el amor es lo que lleva fuera de uno mismo."His Majesty The Baby": una ilusión retrospectiva. Si alguna vez el bebé encuentra el lugar de una "majestad", es en los ojos de su madre, es la mirada de los otros los que lo hacen rey, mientras que en realidad, nunca es más dependiente ni está tan desamparado como esa época.

Cuando Mónica, a quien tanto conozco, entró en la habitación donde estaba, y caminó frente a mí, comportándose como si no me viera, como si no existiera, más que ofendido, me sentí negado. Ni visto, ni reconocido, me contuve de gritar: Existo!
Sin embargo, no ser visto ni reconocido puede llegar a ser delicioso, encanto de lo incógnito. Transitar desconocido entre desconocidos. Nadie que nos escrute, que nos espere, que nos pueda exigir cualquier cosa. Es calmo y excitante: no soy nada, todo es posible.

A cada uno su "Narcisón" (la expresión es de De M'Uzan, quien con maliciosidad agrega que está particularmente desarrollado en los psicoanalistas, hubiera podido agregar también a los escritores y actores de teatro, pero va de suyo). Narcisón, parece el nombre de un órgano. Un órgano muy sensible, nuestra "flor" frágil, a veces secreta y otras exhibida: Qué Narciso!, algo que nos gusta más denunciar en los demás que reconocer en nosotros mismos!
Un órgano vital cuando se confunde con nuestro ser. Cuando tengo que rechazar un manuscrito (tarea que compete al lector profesional) y en ese manuscrito entreveo que el autor ha intentado soltarse, volcando aquello que no puede mostrar en su vida cotidiana, es mucho más que una producción lo que no admito recibir, es su propio ser lo que rechazo. Su flor se va a marchitar.

Temor a la intrusión. Para algunos toda intervención del analista es sentida como una intrusión, una penetración, pero su silencio, una incomprensión, indiferencia, hostilidad. Si mi Narcisón se siente tocado, desaparezco, me oculto. Él simplemente me protege. Prohibido desflorarle. Prohibido, sobre todo, arrancarlo.

Depresión

Diccionario de Trévoux (1771)
Depresión: Término que en física designa el aplastamiento de un cuerpo cuando es apretado y comprimido por otro.
En cirugía se dice en el mismo sentido del hundimiento del cráneo debido a cualquier causa externa. Los huesos del cráneo del bebé, debido a su elasticidad, son propensos a la depresión.
En moral, significa abatimiento, humillación.

Diccionario Robert (1972)
Depresión: Aplastamiento, hundimiento, debido a una presión de arriba hacia abajo o en cualquier otro sentido.
Géogr.: Se dice de las partes hundidas de la superficie del globo, situadas bajo el nivel del mar y generalmente ocupadas por agua. (Bast. del autor)
Estas depresiones son de profundidad desigual lo que permite distinguir una zona nerítica o conjunto de aguas marinas que reposan sobre un fondo de menos de 3000 mts. de profundidad, una zona pelágique que va desde los 3000 mts. A los 5000 mts. de profundidad y una zona abyssale que comprende las grandes profundidades superiores a los 5000 mts. (Baron, Geogr. General, IX)
Depresión del terreno, se dice de las partes excavadas de la ondulación del suelo.
Méter. : Depresión barométrica: retracción de la columna mercurial en el barómetro a partir de una disminución de la presión atmosférica.
Méd.: Estado mental patológico caracterizado por lasitud, desánimo, debilidad, ansiedad. Formas extremas de la depresión mental. V. Postración, sideración, soñolencia.
Econ. Polit: Crisis producida por el retraimiento del consumo, la caída del valor de cambio, la depreciación de las mercancías, la retracción de los negocios. (Bastardillas del autor)

Está todo dicho en estas definiciones: aplastamiento, hundimiento, caída, depreciación, retracción. ¿qué dicen, por otro lado, los psiquiatras y sus enfermos? La semiología es idéntica ya se trate de física, anatomía, geografía o economía. ¿Cuál ciencia será aquí la metáfora de la otra?
Lo que describe el llamado Baron de las depresiones marinas es particularmente sugestivo, la distinción de tres zonas según los niveles de profundidad. Actualmente, alguno podría evocar su "depresión" si no va más allá de la superficie de la "zona nerítica"
¿La madre abyssale estaría en las profundidades de la depresión?

Una amiga que acaba de sufrir una operación mutilante, hace frente a lo que me refiere como una "depresión de órgano". ¿De qué órganos, de qué objeto interior estaremos amputados cuando nos invade la depresión? Quizás, el "órgano psíquico" condense en sí todos los órganos corporales, quizás nunca suframos de otra cosa más que de depresiones de órgano.

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