Prólogo
¿Por qué razón hay ciertas palabras
se nos imponen? ¿Por qué será que,
mientras que algunas de ellas nos no dicen nada, o casi
nada, habría otras que en cambio se presentan como
amables o detestables a nuestros ojos? ¿Qué
hay en ellas de tanto peso que se nos hace tan urgente sacárnoslas
de encima?
Es de ideas como éstas surgió el proyecto
de fabricar un pequeño léxico de uso personal,
catalogando un cierto número de palabras pertenecientes
a mi Vocabulario, uno que fuera privado, y en donde intentaría
ofrecer sus significados, lo que esas palabras pudieran
evocar en mí.
Un léxico "de uso personal", es decir,
una forma de invitar a cada uno a ir al encuentro del suyo,
a ir más allá de las nociones que ya son patrimonio
común a todos los psicoanalistas, ese bien común
al que cada uno recurre como si fuera una caja de herramientas.
En el curso de su realización, este proyecto inicial
se modificó un poco. Es que no eran sólo palabras
las que acudían a mi espíritu, sino también
imágenes, trazas que habían dejado en mí
encuentros con pacientes, amigos y ciertas lecturas.
Porque hay en todo léxico, aún cuando no se
lo ordene alfabéticamente de la A a la Z, algo de
cerrado, de acabado. Y mi propósito era opuesto a
una elaboración conclusiva como el que se propone
todo discurso que intenta ejercer un dominio, cuando el
riesgo de quedar uno mismo bajo su dominio. Deseaba en todo
caso abrirme, y eventualmente abrir a mis lectores, algunas
ventanas, hacer mía aquella antigua prescripción
médica que decía: "Usted debería
cambiar de aire, verá que bien le sienta".
Ventana
Mi
sillón de analista, bien cerquita de la ventana:
follaje del árbol, canto de los pájaros. El
escritorio en el que escribo: siempre al borde de una ventana;
en la casa de verano, ella se abría a un descampado,
mirando a una pequeña arboleda, más allá,
al mar. En cierta ocasión, me ocurrió que
una golondrina, muy agitada y aturdida, me hizo una visita,
revoloteando unos instantes por la habitación.
Contraste con la vivienda de mi infancia: la ventana, frente
a mi escritorio de escolar, dando al muro de un garaje abandonado.
En el avión, obtener la butaca cerca de la ventanilla,
en el tren, la del lado de la ventana. Cómo lamento
que en los trenes actuales ya no sea posible rebatir las
grandes ventanas corredizas de los compartimentos, para
asomarse -a pesar de las prohibiciones formuladas en tres
idiomas- y dejarse atrapar por el humo de la locomotora.
Qué detestables esas habitaciones climatizadas de
algunos hoteles con sus ventanas inamovibles. Qué
placer pasear en un auto descapotado por las angostas rutas
de la campiña. Ningún encierro en el habitáculo,
aire libre, viento, algunas gotas de lluvia, uno está
adentro y afuera, en medio del campo y en la butaca.
Las ventanas de los pintores: Vermeer, Friedrich, Bonard
-sobre todo Bonard-. Mujeres a la ventana, con la mirada
vuelta hacia un jardín cercano o hacia lo lejano:
el cielo, lo invisible, o simplemente al vacío. Habrá
representaciones de hombres a la ventana pero yo no los
recuerdo, o bien apostados en algún balcón
desde donde pueden otear la ciudad. ¿ignoran los
hombres otro deseo?
Personalmente podría repasar las etapas de mi vida
como si fuera una sucesión de ventanas que se abren:
las salidas con mis amigos fuera de mi barrio y lejos de
mi familia, el aprendizaje de lenguas extranjeras, la clase
de filosofía, mis primeros viajes más allá
de las fronteras, mis amores (aunque no todos...), mis lecturas
y relecturas, mi análisis desde el diván y
mis análisis desde el sillón de analista.
Paradoja: me obstino en que las puertas estén bien
cerradas, para que cada habitación tenga su uso propio
y bien delimitado.
Mi "tópica subjetiva" es a la vez la de
ventanas abiertas y mi pieza privada.
El
nombre de una flor
Narcisismo,
¿de dónde provendrá mi reparo al empleo
de esta palabra, a usarla, como se hace actualmente, de
un modo tan indiscriminado?
Narcisismo primario, secundario. Normal, patológico,
positivo, negativo, Hipertrofiado, desfalleciente. Gratificaciones,
heridas, reparación, stock, hemorragia narcisista.
Regresión. Envoltura demasiado porosa o demasiado
impermeable. Estados, personalidades narcisistas. Autosuficiencia,
auto-engendramiento.
Demasiadas y densas palabras para designar a una flor de
vida breve y a un joven inquieto.
Ganas de remontar a las fuentes, de ir junto a Ovidio, incluso
más lejos aún, pues Narciso, antes que nada,
fue el nombre de una flor, aún antes de designar
al desgraciado héroe de una fábula... y mucho
antes de que el psicoanálisis se lo apropiara.
Una flor melancólica en aguas surgentes, asomada
a ella, que nace en primavera y que demasiado calor hace
morir. Una bella flor -tan atractiva como traída
por el agua-, una flor de un intenso perfume que favorece
la languidez, adormece los nervios y produce un efecto narcotizante.
Una flor fúnebre que fascina -Perséphone,
divinidad subterránea-, enraizando hasta la profundidad
de los muertos. (Tomo mi "ciencia floral" de un
agudo y sutil estudio de Pierre Hadot)
¿Qué tipo de calor excesivo da muerte a esta
flor? ¿Sería para nuestro héroe el
calor de los cuerpos humanos, el de un cuerpo femenino entregándose
al amor? ¿Y si esa agua, antes que fuente viva, fuera
agua estancada, inmovilizada, y, más que espejo,
un perturbado reflejo? Narciso busca en vano una imagen
estable de sí mismo, una forma que le asegure su
identidad, nada puede agarrar ni palpar. Se sumerge y muere
en ese reflejo sin consistencia. Cree ver un cuerpo y hay
algo menos que una sombra.
Verse es imposible si es verdad que el origen está
siempre en el otro. Y el otro no tiene más existencia
que la de un eco. Ah, si simplemente la ninfa Eco se hubiera
metamorfoseado en la Zoe de Gradiva renacida!
Eros, pequeño dios diabólico que engañó
a Narciso haciéndole creer que podía amarse,
cuando el amor es lo que lleva fuera de uno mismo."His
Majesty The Baby": una ilusión retrospectiva.
Si alguna vez el bebé encuentra el lugar de una "majestad",
es en los ojos de su madre, es la mirada de los otros los
que lo hacen rey, mientras que en realidad, nunca es más
dependiente ni está tan desamparado como esa época.
Cuando
Mónica, a quien tanto conozco, entró en la
habitación donde estaba, y caminó frente a
mí, comportándose como si no me viera, como
si no existiera, más que ofendido, me sentí
negado. Ni visto, ni reconocido, me contuve de gritar: Existo!
Sin embargo, no ser visto ni reconocido puede llegar a ser
delicioso, encanto de lo incógnito. Transitar desconocido
entre desconocidos. Nadie que nos escrute, que nos espere,
que nos pueda exigir cualquier cosa. Es calmo y excitante:
no soy nada, todo es posible.
A
cada uno su "Narcisón" (la expresión
es de De M'Uzan, quien con maliciosidad agrega que está
particularmente desarrollado en los psicoanalistas, hubiera
podido agregar también a los escritores y actores
de teatro, pero va de suyo). Narcisón, parece el
nombre de un órgano. Un órgano muy sensible,
nuestra "flor" frágil, a veces secreta
y otras exhibida: Qué Narciso!, algo que nos gusta
más denunciar en los demás que reconocer en
nosotros mismos!
Un órgano vital cuando se confunde con nuestro ser.
Cuando tengo que rechazar un manuscrito (tarea que compete
al lector profesional) y en ese manuscrito entreveo que
el autor ha intentado soltarse, volcando aquello que no
puede mostrar en su vida cotidiana, es mucho más
que una producción lo que no admito recibir, es su
propio ser lo que rechazo. Su flor se va a marchitar.
Temor
a la intrusión. Para algunos toda intervención
del analista es sentida como una intrusión, una penetración,
pero su silencio, una incomprensión, indiferencia,
hostilidad. Si mi Narcisón se siente tocado, desaparezco,
me oculto. Él simplemente me protege. Prohibido desflorarle.
Prohibido, sobre todo, arrancarlo.
Depresión
Diccionario
de Trévoux
(1771)
Depresión: Término que en física
designa el aplastamiento de un cuerpo cuando es apretado
y comprimido por otro.
En cirugía se dice en el mismo sentido del hundimiento
del cráneo debido a cualquier causa externa. Los
huesos del cráneo del bebé, debido a su elasticidad,
son propensos a la depresión.
En moral, significa abatimiento, humillación.
Diccionario
Robert (1972)
Depresión: Aplastamiento, hundimiento,
debido a una presión de arriba hacia abajo o en cualquier
otro sentido.
Géogr.: Se dice de las partes hundidas
de la superficie del globo, situadas bajo el nivel del mar
y generalmente ocupadas por agua. (Bast. del autor)
Estas depresiones son de profundidad desigual lo que permite
distinguir una zona nerítica o conjunto de aguas
marinas que reposan sobre un fondo de menos de 3000 mts.
de profundidad, una zona pelágique que va desde los
3000 mts. A los 5000 mts. de profundidad y una zona abyssale
que comprende las grandes profundidades superiores a los
5000 mts. (Baron, Geogr. General, IX)
Depresión del terreno, se dice de las partes excavadas
de la ondulación del suelo.
Méter. : Depresión barométrica:
retracción de la columna mercurial en el barómetro
a partir de una disminución de la presión
atmosférica.
Méd.: Estado mental patológico
caracterizado por lasitud, desánimo, debilidad, ansiedad.
Formas extremas de la depresión mental. V. Postración,
sideración, soñolencia.
Econ. Polit: Crisis producida por el retraimiento
del consumo, la caída del valor de cambio, la depreciación
de las mercancías, la retracción de los negocios.
(Bastardillas del autor)
Está
todo dicho en estas definiciones: aplastamiento, hundimiento,
caída, depreciación, retracción. ¿qué
dicen, por otro lado, los psiquiatras y sus enfermos? La
semiología es idéntica ya se trate de física,
anatomía, geografía o economía. ¿Cuál
ciencia será aquí la metáfora de la
otra?
Lo que describe el llamado Baron de las depresiones marinas
es particularmente sugestivo, la distinción de tres
zonas según los niveles de profundidad. Actualmente,
alguno podría evocar su "depresión"
si no va más allá de la superficie de la "zona
nerítica"
¿La madre abyssale estaría en las profundidades
de la depresión?
Una
amiga que acaba de sufrir una operación mutilante,
hace frente a lo que me refiere como una "depresión
de órgano". ¿De qué órganos,
de qué objeto interior estaremos amputados cuando
nos invade la depresión? Quizás, el "órgano
psíquico" condense en sí todos los órganos
corporales, quizás nunca suframos de otra cosa más
que de depresiones de órgano.