Fantasía
Originaria, Fantasía de los Orígenes, Orígenes
de la Fantasía
Editorial Gedisa, Barcelona
Este
texto marca la ruptura teórica de J.B.Pontalis y
Jean Laplanche con Jaques Lacan. Desarrollan una lectura
de Freud y analizan la posición metapsicológica
de la fantasía, su función, su estructura,
su vínculo con la sexualidad; intentando recuperar
conceptos tales como los de apuntalamiento, autoerotismo,
seducción... "El origen del autoerotismo sería
el momento en que la sexualidad se separa de todo objeto
natural, queda librada a la fantasía y por lo tanto
instituida como sexualidad. Pero también se puede
plantear, a la inversa, que la irrupción de la fantasía
provoca la separación entre la sexualidad y la necesidad."
Al ubicar el origen de la fantasía en el tiempo del
autoerotismo, los autores pretenden remarcar el vínculo
de la fantasía con el deseo: "El ideal del autoerotismo,
son "los labios que se besan a sí mismos":
en este goce aparentemente cerrado en sí mismo, como
en lo más profundo de la fantasía, el discurso
ya no está dirigido a nadie, queda abolida toda discriminación
entre sujeto y objeto. Si agregamos que Freud insistió
en todo momento en el rol de seductora que efectivamente
desempeña la madre cuando baña a su hijo,
lo arropa y lo acaricia (1),
y si tenemos en cuenta que las zonas erógenas privilegiadas
(oral, anal, piel...) son las que más reciben atención
de la madre y las que tienen una significación manifiesta
de intercambio (orificios o cubrimiento dérmico),
es fácil comprender por qué ciertos puntos
específicos del propio cuerpo pueden servir no sólo
de asiento a un placer local, sino también de lugar
de encuentro con el deseo y la fantasía maternos
y, por consiguiente, con una modalidad de la fantasía
original."
(1)
"Las
relaciones del niño con las personas que lo atienden
son para él una fuente constante de excitaciones
y satisfacciones sexuales emanadas de zonas erógenas.
Y más aún si se tiene en cuenta que la persona
encargada de los cuidados (por lo general la madre), le
manifiesta al niño sentimientos derivados de su propia
vida sexual, lo besa, lo acuna y, sin ninguna duda, lo considera
el sustituto de un objeto sexual total". Freud: Los
dos principios del suceder psíquico.