En
marge des jours
Gallimard 2002
En
el margen de los días es sin duda un bello
título, y un título que sirve admirablemente
de apoyo al propósito de su autor: está escrito
como si se hubiera acomodado en la rivera de un extenso
río, cuyas aguas fluyen como la vida. Y es que, en
rigor, Pontalis despliega una doble existencia: editor y
psicoanalista. En el curso del texto nada que resulte intimidante
o esotérico, menos aún afectado de jerga.
Pontalis da muestras de un enorme sencillez, por momentos
algo cercano a la inocencia de un niño que se sorprende
y maravilla con algún aspecto del mundo, las cosas
o de los hombres. Además es un gran lector que le
saca el jugo a sus lecturas (Pancrazi, Bergounioux, Michon,
Novalis, Quignard, Zweig, Freud).
El
libro busca apoyo en fragmentos, detalles: pensamientos
apuntados, recuerdos de sesiones, citas, sorpresas, aforismos,
caracteres. El propio Pontalis define excelentemente su
propósito al hablar de "cuadernos privados":
"lo que se consigna en ellos: la menor cantidad posible
de lamentaciones (tentación del diario íntimo
que a menudo es una compilación de lamentos), la
menor cantidad posible de registros del humor de la jornada
(...) En todo caso, asuntos salpicados, llegados del diván,
de un encuentro, una lectura, el esbozo de una idea. Una
suerte de "libro de razonamientos" o de asiento
contable de los días". Y hay una insistencia
de la palabra "consignar", en el sentido de esos
guarda-valijas donde un deposita los bagajes cuando está
en una estación esperando un tren. "¿Hacia
dónde avanzo con estas cosas? No tengo la menor idea.
Quizás sólo trato de tranquilizarme viendo
que hay una cierta continuidad en mi vida, una frágil
permanencia del "Je" en el curso de los años"
El
lector advierte rápidamente esta unidad de propósito
tan humano, confesado propósito que se demora en
cuestiones tan esenciales, a partir de la triple experiencia
de analista, escritor y lector, de quien escucha, escribe
y lee.
Florence
Trocmé