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Sobremesa
con Eliseo Rey
por Ana Clara Benveniste.
Bailarín y coreógrafo, director de teatro corporal,
de espectáculos teatrales y multimediales, intérprete
musical, creador de video-arte y docente.
Creador del sistema corporal "Biodinámica
Emotiva".
Sobre el acto creativo y las condenas culturales que lo impiden.
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Nos encontramos con Eliseo en un bar que él mismo
eligió.
La charla y los cassettes fluyeron sin darnos cuenta.
Al despedirnos, nos quedamos tocados y movidos por varias
de las ideas que estuvieron bailando sobre la mesa...
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Dueños de la palabra y ejecutantes del silencio...
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Espacio Potencial: ¿Cómo es que llegaste
a esta elección, a la decisión de tomar el camino
de la docencia y del arte?
Eliseo Rey: Empecé a actuar a los 8 ó
9 años, porque mis padres tenían un teatro independiente,
de esos que ensayaban en el comedor de la casa, se sacaban
los muebles y se ensayaba ahí mismo. Entonces, ya a
esa edad hacía papeles de pibe en las obras que ellos
montaban. Era teatro corporal, teatro sin palabras. En aquel
entonces había dos grupos: los profesionales eran profesionales
de la palabra, del saber decir, de la locución; y el
teatro independiente que se dedicaba a investigar. Se hacía
como se podía, se ensayaba después de horas
de laburo. Había albañiles, gente de pueblo....
Inclusive uno de los teatros se llamaba El Teatro del Pueblo,
el de Barletta . Tenía mucho más permiso para
investigar porque no tenía ninguna pretensión
económica, ni comercial, ni de publicidad. Se hacía
por gusto y nada más. Entonces yo empecé a actuar
a los 8 años porque además era un teatro escuela,
se daban clases, se enseñaba... Yo miraba, a esa altura
yo todavía miraba. Así que mis padres estaban
dedicados al arte. Mi madre había sido bailarina, egresada
de la Escuela de Danzas, pintora. Mi padre escribía,
era dramaturgo. Y los dos dirigían el teatro.
E.P.
: La idea de hacerlo sin palabras, ¿era de ellos?
E.R.: Sí, había dos teatros que
hacían este tipo de experiencias, inclusive diferenciándose
de lo que es el mimo, porque esto era grupal, planteaba
obras directamente, sin palabras. Y además renegaban
de la técnica del mimo, que es un estereotipo de
un modo de hacer las cosas, de un modo de presentarlas,
un amaneramiento que por otro lado proviene de las danzas
clásicas. Ellos tenían como modelo a una persona
a la que nunca habían visto actuar, que era Jean
Louis Barault, que hacía una cosa similar en Francia.
Ellos no viajaban, no lo habían visto nunca, pero
investigaban. Ahí yo empecé a actuar y a formarme
artísticamente, básicamente en música
y en expresión corporal en el Colegium Musicum. Ahí
pasé el final de mi niñez y mi adolescencia
haciendo todo lo que se podía: expresión corporal,
música, coro, teatro de sombras en aquel entonces,
vivía ahí...La decisión de dedicarme
a la docencia se remonta a que a los 18 años hice
el curso de formación docente como profesor de expresión
corporal. Eran dos años en esa época y yo
lo hice todo en uno porque venía con experiencia.
Para eso ya me llevaban a los recitales y me mostraban,
también en la televisión, en Canal 7 en el
Edificio A.L.E.A, en blanco y negro. Me llevaban y mostraban
cómo improvisaba. Me tiraban ahí sobre el
escenario, me daban tres pautas y a improvisar. Y entre
que evidentemente improvisaba bien y cumplía las
pautas y que sé yo, me fui destacando en expresión
corporal. Yo hice el curso de formación y antes de
terminar, llegué a reemplazar a una profesora que
estaba por parir, una colega. Es decir que la formación
no fue lo fundamental sino todo lo hecho anteriormente,
eso fue lo que formó realmente. Cuando terminé
el curso, después de hacer un trabajo con las chicas
del curso de la colega esta...yo tenía 19 años
y eran pibas de 14 así que había una onda
bárbara, fue terriblemente exitoso, con un recital
en la Unione e Benevolenza, todo lleno de gente del Colegium,
un éxito rotundo. Cuando terminé el curso
teórico digamos de formación, lo que me preocupó
fue que no estaba explicitado lo que yo sabía hacer.
No estaba explicado metodológicamente lo que yo mejor
hacía y que era y es la improvisación. Por
esta capacidad es que yo era absolutamente valorado. Pero
no estaban explicados los fundamentos de qué es lo
que yo hacía. A partir de entonces empecé
a dar clases, hice la colimba, iba con pilcha de colimba
a dar clases y poco a poco empecé a investigar qué
era eso que yo hacía, qué era lo que pasaba
cuando yo mostraba un trabajo con mis alumnos ... A partir
de ahí intenté elaborar todo un sistema de
trabajo en el que lo primero que hice fue dejar de planificar,
improvisar también como docente, en el rol docente
y dejar de ser modelo. Hasta ese momento el profesor mostraba
y los alumnos copiaban, inclusive en las clases de expresión
corporal, que tenían por lo menos una parte muy importante
de técnica que se hacía así. Y después,
era lo que se llamó después la libre expresión,
hacé lo que quieras, todo vale.
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El
arte como un modo de revelación
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E.P.: ¿Te acordás, con aquella experiencia
teatral vivida con tus viejos ¿ qué pautas te
daban ellos para trabajar, como para que siendo tan chiquito,
pudieras incorporarte a esa experiencia?
E.R.: Había situaciones dramáticas
y después empezaron a ser personajes que narraban determinadas
cosas, siempre desde lo corporal. Con esa autolimitación
que era no usar palabras tenés que ingeniártelas
para construir desde ahí, para hacerlo con el cuerpo.
Yo me acuerdo, cuando ya era más grande, adolescente,
que hice un personaje que era un sillón. Todo tapado,
lo único que se me veía era la cara. Y desde
ahí me conectaba con todo lo que sucedía. Se
me sentaban encima y cosas por el estilo, y era un trabajo
que a mí me sorprendió mucho que lo destacaron
muy especialmente. Inclusive la crítica, algún
crítico que cayó en un teatro independiente,
esas funciones que se daban... se trabajaba un año
para hacer dos o tres funciones para los amigos, los parientes
y punto. Y la gente -y por ejemplo ese crítico- destacó
mucho ese trabajo. Eso también me dejó pensando
¿qué es lo que hacía si yo, en realidad,
prácticamente no me podía mover? ¿Cómo
fue? Y ahí me fui planteando ¿qué es
el arte?, ¿qué permite, qué genera, qué
provoca, para qué sirve?, si sabemos que desde el punto
de vista más materialista no sirve para nada, es totalmente
inútil y sin embargo es una necesidad. En todas la
culturas aparecen manifestaciones artísticas. Ahí
empecé, no sé bien en qué momento, a
juntar las cosas, a darme cuenta de que el producto artístico:
esta obra teatral, este cuadro, esta danza, no eran el objetivo
sino el medio. Y que el producto artístico no existe
como tal, es una construcción que hace el artista con
su público, con su destinatario, con su receptor...
Por la excelencia de una técnica o la mayor elaboración
de un producto no se llega al arte. Lo que se pone de manifiesto,
sobre todo, es un fenómeno de comunicación y
lo que se revela es un alma particular. Es una persona, una
buena persona que, de alguna manera, decide mostrarse, revelarse,
ponerse de manifiesto. Lo puede hacer a través de distintos
medios, de varios tipos de productos. Por ejemplo, un cuadro
de Picasso, no habla del cuadro en sí sino de Picasso
y sobretodo toda la historia de los cuadros de Picasso. Además
decía que el error de muchos artistas era construir
una moldera y después hacer tortas iguales. El se destacó
por nunca quedarse en algo, profundizaba algo y lo abandonaba.
Su modo de sentir, sus pasiones es lo que uno conoce a través
de su arte. Su alma, su carácter es lo que revela su
arte y es a esta concepción a la que yo adhiero. El
arte como un modo de revelación que en el caso de escena
genera situaciones significativas. Participar de estas situaciones
como artista o como espectador es también un hecho
significativo.
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Desaprender,
para la enseñanza del arte..
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E.P.: ¿Esto se puede educar, se puede enseñar?
E.R.: Yo estoy absolutamente convencido de que sí.
Me dediqué 40 años a eso. Porque básicamente
es un fenómeno ideológico. Yo hablo de reeducación
o contracultura para hablar de cómo generar este fenómeno.
Paulatinamente fui descubriendo entonces que, el arte tenía
que ver con lo que uno expresaba no con lo que uno hacía.
Y así fui llegando al concepto de emoción. Es
decir lo que uno dejaba traslucir eran las emociones, para
lo cual había que definir qué eran las emociones.
Bueno, fui llegando a la conclusión, todo esto a partir
de investigar, investigar, investigar, no escondiendo que
estaba investigando, no escondiendo que estaba improvisando
y mucho tiempo perseguido con la idea de que soy un improvisado,
un intuitivo que no va a saber explicar lo que está
haciendo, hoy ya estoy en otra etapa. Cuando yo escribí
mi primer libro, y recién ahora me doy cuenta, exactamente,
mi objetivo era demostrar a la gente que no solamente era
un intuitivo sino que podía ser inteligente y tener
conocimiento y fundamentación sobre las cosas. Y que
podía definir mi trabajo. Yo no soy leído, no
he pasado por aulas, no he tomado clases de nada casi, salvo
de chico, esa formación, y me sentía muy disminuido,
en un momento donde la cultura había hecho eclosión,
y todos estaban psicoanalizados, y todos hablaban en una jerga...
E.P.:
¿Como para legitimarte?
E.R.: Claro, como tratar de legitimarme. Yo hablaba
, yo podía explicar mi trabajo, pero no podía
escribirlo, entonces trabajé mucho a partir de esto:
Contar cosas, desgrabar charlas, desgrabar clases. Y lo
hice con una persona muy leída, estudiante de filosofía,
y ella traducía un poco lo que yo estaba diciendo.
Así surgió el primer libro. Que después
se corrigió, bueno...
A partir de este proceso de investigación llegué
al concepto de emoción, a que el fenómeno
emotivo era convocable, en determinadas circunstancias,
a que este fenómeno no inhibía el pensar,
que no exigía estar descerebrado para expresarse,
y que yo - como docente- sabía como hacer para que
mis alumnos se expresen.
E.P.:
¿Cuándo vos decís esto, reconocés
algunos elementos esenciales de ese saber hacer, de cómo
construir ese momento?
E.R.: Sí, básicamente, desnudarme
yo, metafóricamente. Esto de no ejercer el poder
del conocimiento. De ejercer la intuición, esta ignorancia,
inclusive, y de ejercer básicamente la creatividad.
La emoción está conectada absolutamente con
la creatividad, no con el conocimiento. El conocimiento,
de algún modo bloquea lo que es la creatividad, en
tanto antepone un modelo a imitar. Entonces, nada es nuevo,
todo está hecho, y en todo caso, yo soy un pálido
reflejo de lo que hay que saber. La creatividad es lo opuesto,
es decir, no sé nada, entonces, ¿qué
es lo que surge de mí? Tampoco sé lo que expreso,
salvo que pueda tomar conciencia de lo que expreso, pero
a priori no necesariamente sé lo que expreso. Voy
dándome cuenta de lo que estoy expresando y este
es el concepto de emoción. Es un fenómeno
absolutamente orgánico, que incluye lo mental, donde
suceden cosas dentro de mí, que yo percibo, así
me doy cuenta de que estoy triste, o angustiado, o contento,
o jodón, entonces yo me percibo. Es más, y
acá hay una cosa que es clarísima yo no puedo
sentir nada de lo que no sea yo. Yo toco esta taza y puedo
decir está tibia, es lisita. Yo no siento la taza,
siento mis yemas, yo infiero después de sentir la
taza cómo es la taza. Yo siento mis ojos y a partir
de eso infiero y hago una construcción, de lo que
está funcionando como estímulo para mis sentidos.
Lo fundamental es reconocer que la emoción no es
algo que me sucede sino algo que me hago. Me hago generalmente
tratando de no hacerme cargo de lo que me hago, tratando
de mantenerlo en un plano de inconciencia de lo que yo estoy
haciendo conmigo mismo. Entonces hay que diferenciar claramente
lo que es un estímulo de lo que es una respuesta...
. El dolor es mi respuesta, lo que hace mi mano es mi respuesta...
|
La sorpresa de uno mismo, en la infancia, antes de elaborar
tantas certezas
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E.P.: Entonces, en ese sentido ¿estaría
más cerca de la creatividad un chico que un adulto?
E.R.: Nosotros dejamos de ser creativos. Dejamos
de estar con nosotros. Un chico, por un tema de maduración,
es sólo él. Todo lo que hace es emocional y
creativo. Porque él mismo no sabe de qué se
trata. La cultura nos enseña, y bienvenido sea, ojo,
pero para decir esto hay que poder defender la postura opuesta,
para que estén las dos.
E.P.:
¿Cómo una sensibilidad de "primera vez"?
E.R.: Exactamente, y de que yo me puedo sorprender
de mí mismo. Esto es fundamental. La única
garantía que yo tengo de no estar dejándome
invadir por los modelos aprendidos es sorprenderme de mí,
porque si no me sorprendo es probable, por el carácter
invasivo del modelo - y la cultura que impone el modelo-,
es probable que esté repitiendo un modelo conocido.
Yo desconfío de mi manera de hacer mesas o una cama.
He hecho mesas, camas, no lo inventé, probablemente
lo que hice es repetir modelos que tenía conocidos,
pero si lo que hago lo hago con una sensación de
estar sorprendiéndome eso seguro que es original.
E.P.:
Desde tu experiencia docente, vos no te proponés
como modelo, antes le das al otro la oportunidad de ser
lo que él o ella no imaginaba que podía ser
(y era). Pero esta ruptura de lo habitual provoca miedo.
Esta sorpresa no da solamente sorpresa sino también
temor...
E.R.: Yo funciono de estímulo desestructurante,
a través de la música, la iluminación,
de lo que propongo como tarea, los objetos... Funciono como
estímulo que sorprende, no de algo previsible, por
eso esta necesidad mía de estar sorprendiéndome
en una clase. Aunque yo puedo tener un tema, decido trabajar
con tal cosa, yo no sé cómo hacerlo.
Hay tres objetivos básicos del trabajo: desestructurar,
no evitar la desestructuración, sensibilizar y desarrollar
la creatividad, es decir la respuesta original. Yo con mis
consignas creo conflictos, no soluciones. Las soluciones
las encuentra cada uno. Cuanto más urgente y más
contundente es el conflicto, más necesidad de la
respuesta, y más espontánea. Y más
aparece lo que está detrás de la máscara
de la personalidad, más aparece de él mismo.
Luego hay toda una tarea como de rescatar, por parte del
alumno, qué me produce esto de estar así,
expuesto, en pelotas. Cuando yo hablé de voluntad,
vos me miraste, y esto es así, todas las emociones
son voluntarias, en tanto es lo que hago con mi cuerpo,
aunque yo intente no darme cuenta, desde algún lado
lo estoy decidiendo, y ante un mismo estímulo unos
pueden tener una respuesta y otros, la respuesta totalmente
opuesta. Si a mí me putea una persona de mi edad,
yo probablemente me enoje, si a mí me putea un chico,
probablemente me cague de risa, y voy y le doy un beso.
El estímulo es estímulo pero no determina.
La respuesta es de cada uno. Aprender que ante cada situación
no hay una respuesta probable sino hay miles pero yo sí
voy a elegir una, en la cual creo en ese momento, y estoy
absolutamente convencido de esa, y en ese momento no hay
otra. Sé que hay muchas, pero en ese momento me juego
y desde esa voluntad, que costosamente hay que volverla
conciente, elijo una. Esto implica todo un planteo ideológico,
sobre el ser, sobre el aprendizaje, sobre la cultura, sobre
la personalidad, sobre los miedos, sobre los bloqueos...Básicamente
el planteo principal es: me dedico a construir un sometimiento,
un acercarme a lo que se debe ser, o a reconocer la posibilidad
de mi experiencia de libertad, el ser yo y decidir por mí,
en lo que a mí respecta. Obviamente yo no puedo decidir
si va a llover o no, pero sí puedo decidir qué
voy a hacer si llueve, si salgo o me quedo, si me pongo
triste o me enojo... Estas son decisiones mías.
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Una verdad subjetiva y ciertas condenas culturales
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E.P.: Y en una cultura en que todo va en sentido
contrario, trabajando no en tu institución sino en
una escuela donde, generalmente, la intencionalidad es otra,
¿cómo hacés?
E.R.: Yo creo que hablo de cosas que todos sabemos.
De un sí mismo que todos conocemos, intuimos, que
aprendimos a avergonzarnos de él, pero...
E.P.:
¿Con tus alumnos?
E.R.: Nosotros no podemos dejar de ser subjetivos,
siempre lo somos, podemos mentir y encubrir nuestra subjetividad
con una supuesta legalidad objetiva. Pero trabajando con
el cuerpo solo, se es lo que se es. No puedo mentir. Cuando
yo pongo la posibilidad del pensarme, ahí construyo
la posibilidad de mentir. Cuando no, yo soy eso. No hay
mentira. Cuando pongo la posibilidad del hablar y pensarme,
puedo hacer esto y digo que me pasa esto otro. Y esto generalmente
tiene que ver con lo que se espera de mí, con los
introyectos. En tanto que el cuerpo sigue haciendo lo que
es. Acá se plantea el desacuerdo interior en que
yo siento una cosa, digo otra, estoy convencido de lo que
digo, trato de negar lo que siento, y me siento partido.
E.P.: ¿Y por qué el cuerpo es siempre
más honesto, por así decirlo?
E.R.: Creo que porque está solo. Simplemente
por eso. Cuando se le agrega esa posibilidad del pensarse
es que empieza a construir esa hipocresía de la cultura.
Mientras tanto está solo, es como un bebé.
E.P.: ¿El movimiento a privilegiar en tu experiencia
sería que cuerpo vaya penetrando al pensamiento,
a la palabra -y no tanto lo inverso-?
E.R: Sí, absolutamente. Hablando de la
danza, por ejemplo, en vez de pensar, construir movimientos,
yo intento construir síntomas en mí. Y el
movimiento es el resultado.
Me expongo a situaciones inventadas, no necesita ser real,
ni ser objetivamente justificadas. Las coreografías
no son composiciones más o menos bellas de movimiento
sino composiciones de experiencias vivenciales, de movimiento.
Esto se ve como en la situación en que hacía
de sillón, no hace falta la acrobacia, porque el
objetivo no es eso. El objetivo y el mensaje es el individuo
que se expone, que se deja ver, yo digo que deja derramar
su interioridad. Y mantiene un rol con el espectador que
es bien interesante. Cuando un artista se sube a un escenario,
de algún modo, dicta cátedra. Ejerce un poder
sobre el tarado que está ahí mirando. Y esto
lo hace de la manera más seductora posible, más
psicópata posible para que además al otro
le guste ser un sometido y diga ¡ aaah qué
lindo! Es así. El artista tiene que ser como un docente.
O lo que yo entiendo por docente. Tiene que estar ahí
expuesto, con todas las condiciones propias y otorgadas
por el alumno o público para manejar el poder . Es
decir que el docente y el artista tienen que aprender a
abandonar el poder. Todo proceso de aprendizaje termina
cuando desaparecen los roles. Y este es el objetivo último,
es fundamental tenerlo clarísimo. El objetivo que
se aplica a la enseñanza es que yo siempre voy a
saber más que vos, el que tiene más conocimiento
tiene el poder. Vos sos el alumno y yo siempre voy a saber
más que vos. Para estratificar y congelar la diferencia
de roles y el poder que se ejerce sobre eso. Es decir que
como ejecutantes de la cultura ponemos en práctica
lo que nos hicieron, que es someter. Por eso todas las experiencias
de libertad, de creatividad, fueron sistemáticamente
combatidas, o al menos relegadas.
|
Del estereotipo al conflicto...
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E.P.:
¿El caso de que la creatividad se vea obstaculizada
tiene que ver solamente con que a ese alumno se lo ha sometido
desde el lugar del maestro, o puede haber un conflicto interno...?
E.R.: Si, por supuesto. Acá nos encontramos
con la primer hipocresía, si yo tengo vergüenza,
lo que tengo que mostrar es mi vergüenza. Yo voy a
tratar de ocultarlo, disimularlo. Mi cuerpo dice otra cosa.
Primero tengo que aceptar mi vergüenza, mi miedo, mi
parálisis. Tengo que entregarme y aceptar. Lo que
pasa es que producto de todo lo aprendido, pensamos que
si voy a una clase de danza lo que tengo que hacer es moverme.
Y lo tengo que hacer con cierta gracia, con cierto ritmo,
etc. Estoy ahí construyendo un estereotipo que me
aleja cada vez más de mí mismo. Me hace cada
vez más en desacuerdo conmigo, me divide cada vez
más, más hipócrita. Tengo dos partes
que cada vez se alejan más y se dan de patadas. En
todo caso, la primer situación buscada o es rescatar
la parte negada, la escondida, la vergonzante o poder aceptar
la contradicción y la duda. Este es el camino para
desandar los bloqueos y las represiones. Yo soy esto y también
soy esto otro, ¿qué hago? El conflicto....
Que se haga conflicto...
E.P.:
No está tan mal en ciertos casos esconderse, lo pienso
más bien como una paradoja, esconder y mostrar. Como
decía Winnicott: es hermoso jugar a las escondidas
pero aterrador que no te descubran jamás...
E.R.: Es válido mostrar sobre el
escenario que miento, siempre y cuando acepte que miento.
Si creo que hago las cosas de verdad, si no hago esto, estoy
engañando al que observa. Y el que observa tiene
dos opciones: O dejarse llevar por este sinceramiento, esta
cosa múltiple, de todos, o engancharse de una forma
cómplice, con la hipocresía, con el engaño,
porque le conviene a su propia hipocresía. Esto pasa
mucho con lo exitoso. La gente ya va sabiendo que tiene
que aplaudir. Y esto es una complicidad, que se genera,
y pertenece a la cultura misma.
En el caso de los alumnos es un yo no sé nada, decime
vos. Con el violín yo no nací. Pero con el
cuerpo sí. Por eso creo que es absolutamente ventajoso
trabajar con el cuerpo. En un lenguaje que no es descriptivo,
como es la danza, sino que es abstracto, no me cuenta ninguna
historia. Es lo que es. Tiene la posibilidad de estar en
el aquí y ahora.
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Qué los instantes de creación se hagan durables...
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E.P.: ¿Y la voz, qué pasa con un cantante?
E.R.: Con todas las características particulares,
en todas las disciplinas artísticas es lo mismo.
A mí me llega la intuición de lo que quiero
hacer, puesto a producir algo, esto es una improvisación,
un chispazo. El entrenamiento que yo busco, es que ese chispazo
se haga durable, porque permite hacer procesos de reconocimiento
de sí mismo y permite generar situaciones atractivas
para sí mismo. Tengo la posibilidad de ser sólo
yo y no otro. El discurso oficial es tan hipócrita
que dice, en forma de queja, estamos en una sociedad individualista.
Mierda! Mentira, absolutamente mentira. Estamos en una sociedad
masificada en que todos tenemos que comprar el mismo producto,
parecernos, todos tenemos que transformarnos no en individuos
sino en clientes. Y esto tiene implicancias políticas
y económicas. No conviene un pueblo de gente libre
sino de todos iguales, es mucho más fácil
de manejar. Aquí el concepto de salud es fundamental.
¿Qué es salud?
¿Lo que se diferencia de la normalidad, o aquella
persona que está desintegrada, peleándose
entre una parte que quiere ver y otra que no quiere ver?
En el estado de creatividad, de libertad de creatividad,
no hay enfermedad. Aunque vos padezcas un montón
de cosas. Yo tengo un cáncer en este momento. Aunque
esté trabajando para eliminarlo, para aplastarlo,
y estoy haciendo tratamientos, etc., soy yo, sigo siendo
yo. Sigo siendo yo, que cambié a partir de determinado
momento, y que me dí cuenta más tarde, que
no tuve la sensibilidad suficiente para darme cuenta de
cuándo empezaba a cambiar. Si yo no acepto que soy
esto, ahí genero la enfermedad. Mientras tanto, estoy
conmigo, estoy actuando conmigo, estoy haciendo cosas. A
veces uno tiene que cortarse las uñas, amputarse
partes, y yo me quiero amputar en este momento dos tumores,
es parte de mi crecimiento, de mi tarea, de mi seguir viviendo,
de seguir decidiendo por mí. Naturalmente con ayuda,
esto no quiere decir omnipotencia, si no parece muy soberbio
el discurso, pero al contrario, es muy ingenuo, muy humilde,
en realidad. Muy aceptador. Lo más difícil
es poder aceptar lo que nos dijeron que era malo o doloroso,
sin animarnos a probar si era realmente malo o doloroso.
Aceptar.
|
El valor de un estado de profunda soledad en el vivir
|
Pero es hermoso esa experiencia de estar solo, sin manijas
afuera. Evidentemente no se puede vivir así. Yo no
puedo subir al colectivo y hacer lo que se me da las pelotas.
Pero yo conozco lo que es estar solo conmigo, creando, sorprendiéndome,
en la situación de dar clases o de estar sobre un escenario.
E.P.:
Decís creación, espontaneidad, y ponés
otra palabra fuerte: soledad, ¿La soledad es el estado
para crear?
E.R.: Sí, absolutamente. Por eso digo que
nosotros no estamos solos, nosotros somos rebaño.
No nos animamos a estar solos. Por eso defiendo al individualismo,
dada esta situación y esta cultura tan marketinera
y tan globalizada, defiendo el individualismo y me importa
tres carajos lo que opinen. Trato de fundamentarlo y me
animo a eso, me animo a palabras fuertes y definiciones
fuertes. Pero porque es una manera de rescatarme y de permitir
que otros se rescaten, donde yo no puedo decidir cómo
va a ser pero los voy a poner al borde del precipicio, en
situación, y¿ qué vas a hacer, te tirás
no te tirás, te agarrás, te ponés a
llorar, te quedás paralizado, te movés rápido,
saltás, qué vas a hacer?
E.P.:
Sucede que no se comprende que dos personas en estado permanente
de soledad puedan convivir... La soledad en general es sinónimo
de aislamiento.
E.R.: Es la libertad lo que da miedo. Hay una
imagen que se impone como que la soledad es temible, es
salvaje, hay que domesticarla. Esto viene de tres mil años.
A la subjetividad hay que domesticarla para poder vivir
en sociedad. Pero resulta que las culturas siempre necesitaron
por lo menos de una actividad fundamental para permitir
esa salvajada: que es el arte. Ha generado la cultura misma
un espacio para eso, que es el arte, la locura, la enfermedad.
La más potable, la que más deseo es el arte,
pero también las otras son formas de salirse, de
rechazar esta propuesta unilateral de la cultura, una manera
de zafar. Y además no hay forma de estar con otro
si no es la suma que se hace de estar consigo. La única
manera de estar con el otro es poder estar conmigo, y a
eso agregarle la presencia del otro, porque si no, yo no
soy yo. Y en el artista todavía hay otro ojo más
que es cómo se ve, cómo se siente, cómo
se percibe nuestra relación. Es un plano más
de conciencia. Nosotros hablamos de conciencia ampliada.
Justamente diferenciándonos de aquellos que sostienen
que para expresarse hay que poner cara de boludo y así
salen las cosas. No, no. Es un estado de lucidez máxima,
la creatividad, la libertad... Es un estado de riesgo permanente.
No es un estado de relax. No es un estado de indiferencia
e insensibilidad ante los estímulos. Es un sentirse
que se está acribillado permanentemente por las cosas
que pasan, por el tiempo, por el espacio, por los objetos,
los olores, todo...
E.P.:
¿Es lo que se dice un "estado de gracia"?
E.R.: Cuando no se sabe explicar se habla de un
estado de gracia, las musas, la inspiración, de lo
que tienen algunos y otros no, de la espiritualidad... Y
esto lo pueden decir los que no saben cómo enseñarlo.
Yo que sé cómo enseñarlo, esto que
yo hago sé cómo enseñarlo, no puedo
caer en estas vaguedades.... Uno se construye. Construye
su vida, su quehacer, uno construye su ser a través
de ese quehacer. Y esto es lo que pretendo que se rescate.
Y es toda una tarea, dada la presencia tan poderosa sobretodo
de la cultura urbana en que la presión es tan grande
y que está ejercida por los maestros, los padres,
familiares, el tipo de la calle, el profesor, todos... Esto
de "vos no sos nada", tenés que tener una
autoestima baja para que yo te acepte. Yo no puedo ser yo,
no puedo crear, yo tengo que imitar, a mi me tienen que
decir que hacer, entonces ahí te empiezo a aceptar.
Es un juego de autoritarismos de la cultura, y lo que me
importa es poder hacer que otros, a partir de mí
también, experimenten que es posible otra cosa, la
vivencia de que existe otra cosa. Nada más, se dediquen
o no se dediquen al arte, eso no importa...Hacerlo a través
del arte, educar por el arte, y no para el arte, no para
bailar, es buscarse como individuo a través de los
lenguajes artísticos, que es lo que yo hago. Yo no
enseño danza.
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Educar por el arte...
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E.P.: ¿Qué es lo que hace que algo
sea educación por el arte y no otra cosa? Porque
no todo taller de una actividad artística implica
educar por el arte...
E.R.: Esto está de lo más distorsionado...
Cuando la persona que creó el concepto, Herbert Read,
que no debe haber sido el único que pensó
esto, un hombre que era un anarquista, pensó que
el individuo para desarrollarse como tal necesita ser un
artista. Empezó a hablar, entonces, de la educación
por el arte, que se agregaba a la educación oficial.
Ferenczi, me lo contaron y lo pude leer un poco, decía
: Cuanto más me educo más me neurotizo. Y
es así. La neurosis es eso, es aprender a estar partido,
aprender a estar en desacuerdo consigo, aprender a enceguecerse
a algunos aspectos del sí mismo, aprender a ser hipócrita,
aprender a mentir... Eso es la neurosis. Y aprender a tener
la excusa para quejarse, no haciéndose cargo de lo
que estoy haciendo conmigo. Siempre las cosas me pasan,
las hacen otros, me enseñaron, mis padres me educaron
así. Y vos ¿qué hiciste en aquel entonces?
Y ¿qué hacés ahora? ¿A qué
te dedicás?
E.P.:
O el destino... O este país ...
E.R.: Siempre hay un responsable de mi vida. Como
decía antes: de que llueva o no, no soy responsable,
pero de qué hago conmigo cuando llueve, soy el único
responsable. Nadie puede ser responsable por mí.
Nadie puede decirme ponete triste o contento porque llueve,
nadie puede decirme qué hacer. Salvo que existe como
modelo al que someterme. Porque me conviene, porque después
va a decirme: bárbaro! Sos un buen ciudadano. Sos
una persona culta.
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Provocar libertad en el otro...
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E.P.:
Cuando yo veo un artista, me gusta o no me gusta. Pero a
veces, ciertos artistas me meten en una experiencia, me
provocan algo así como un entusiasmo, y me contagio
de un cierto orgullo que ellos parecen mostrar por lo que
hacen...
E.R.: Esta es la modestia orgullosa del artista,
que elige entre miles de posibilidades una, y se juega por
ella, y este es su ejemplo, y esto es lo que provoca, porque
siendo tan individuo, tan solamente él permite que
el espectador sea él. Entonces permite que sucedan
experiencias significativas en el que observa el fenómeno.
Ahora si yo le digo qué es lo que tiene que hacer,
de ponerme en ese rol de poder, de dar cátedra desde
el escenario, puedo ser aplaudido pero dentro de ese juego,
con esa complicidad de que yo tengo que admirarte, vos salís
en la revista, yo no, yo soy un pelotudo, yo pago la entrada,
toda la cadena esa...
E.P.:
Sin embargo hay algo de inevitable en buscar ese aplauso,
porque es bien conocida la vanidad del artista...
E.R.: Lo que pasa es que hay como dos carreras
del artista: está el que aprendió a mentir
mejor, y de alguna manera provee lo que se le está
demandando, y el que crea y se sorprende de sí mismo,
el que no sabe nada de sí, y mucho menos de lo que
se espera de él. Hay algunos que mienten muy bien.
Me saco el sombrero... Casi casi me lo creo. Y ese es el
negocio del espectáculo, el negocio del arte, en
la gran mayoría de los casos. El artista es el que
te deja parado en desequilibrio, el que te conmueve, no
el que te hace llorar, el que te moviliza, adentro...
Yo creo que estúpidamente se desconoce lo convocante
y lo exitoso que es animarse a ser uno mismo delante del
otro. Es otra cosa que nos han encubierto, que nos han escondido
y nosotros nos tragamos el fenómeno ese, pero es
terriblemente exitoso.
Por ejemplo, cuando un bebé llora o se ríe,
yo no puedo dejar de mirarlo, yo no puedo dejar de compartir
desde un diferenciarme o desde un empatizar con él
eso que está sucediendo. No puedo, es decir, me atrae
profundamente. Como es difícil dejar de mirar a un
loco, como es difícil dejar de mirar a un Down, donde
no tienen tanto la construcción de lo que hay que
hacer, de lo que debiera hacerse. Y el artista es un profesional
de eso, en el buen sentido, no en el de aquel que adquiere
un virtuosismo, una habilidad, sino que simplemente deja
de esconderse, se expone, sensibilizarse es dejar que los
estímulos te hieran, te perturben, te conflictúen...
Y esa posición es una fortaleza, tener esa decisión,
como individuo es una fortaleza, no una debilidad, como
suele llamarse. A las cosas suele llamárselas al
revés. Un sensible es un débil, y ese tipo
tiene unas pelotas así!!
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En el arte, un acto de apropiación...
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E.P.: ¿Y recordás alguna anécdota
que te haya conmovido, transformado?
E.R.: Yo estuve en un elenco, donde había
coreografías montadas, y yo era el único que
improvisaba. Además soy incapaz de aprender una coreografía,
ya es una cuestión ideológica, de principios...pero
no puedo aprender una coreografía que no inventé...
Por eso no leo, porque discuto tanto que ...ma´si...
vos seguí con lo tuyo, yo no me entero...
Yo hice un trabajo con Gabriela Golub, era mi partenaire,
era alumna .
Nosotros, conociendo la música, no sabíamos
qué íbamos a hacer y qué iba a pasar
entre nosotros. Eso delante de público. En todo caso,
¿la vida no es eso? Nosotros pretendemos... matar
la vida. La vida es improvisación. Nosotros, por
una cuestión ideológica nos mentimos de que
la vida no es eso. Nosotros sabemos improvisar. Lo que pasa
es que tenemos que dejar de combatir la idea de que está
mal improvisar. Ser un improvisado...
Yo no estoy diciendo que no es posible la interpretación.
Se llega a la interpretación pero hay que hacer mío
eso que defiendo como discurso. Es decir, que si no lo hago
mío, si no llega a ser síntoma en mí.
Por eso yo hablo de somatizar las situaciones, hay que hacerlas
cuerpo.
No tengo que contar lo que le sucede al personaje. Yo tengo
que ser el personaje. Eso es apropiarse de un argumento
ajeno, en este caso. Para eso nosotros discriminamos mucho
crear de lo que es narrar. Sólo se puede narrar lo
que ya murió. Mientras sucede algo, yo estoy en un
darme cuenta, pero no puedo narrar. Narrar es hacer crónico
lo que en su momento fue crítico. Y yo lo que pretendo
como docente y como artista es provocar crisis, no crónicas.
Y crisis es la instancia de libertad para mí y para
el otro. Es generar las condiciones de la libertad.
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La
magia lenta de la ilusión...
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E.P.: Yo te quería preguntar, en relación
a la infancia, desde el punto de vista del trabajo corporal,
de la expresión corporal, desde el compromiso corporal
que hay en la vida de las personas ... si hay un fin de
la infancia ¿qué es lo que va marcando el
fin de la infancia?
E.R.: Mirá, no, está empezando...
Decía Picasso también: Para ser joven, hace
falta muchos años. Es buenísima. Yo me propongo
en este momento, además de escribir el libro, y esto
es parte de los cambios, entre otras cosas, dedicarme a
la tarea artística específicamente, ahora
como bailarín, a los 58 años. Si yo no hago
acrobacia!...Yo hago lo que soy. Y en este momento me siento
más artista que en otros. Pero ... el que quiera
ver acrobacia que vaya al Circo de Moscú que está
en el Luna Park ahora...
Las cosas son en la medida que uno las crea. A mí
me dijeron que esto es una taza de café, me lo enseñaron,
por eso lo repito, y estoy convencido que es una taza de
café. Pero ¿si yo digo que esto es un gatito?
Es un gatito. Es que no existe la objetividad. La objetividad
es un discurso oficial autoritario. Sólo existe la
subjetividad.
E.P.:
Ahora si vos vas por la calle diciendo que esa taza es un
gatito...
E.R.: Por eso prefiero decirlo arriba de un escenario
y que paguen la entrada, o adentro del aula, donde yo no
le voy a decir que está loco. Porque la cosa es que
para estar consigo hay que animarse a arrancarse de lo normal,
de la cotidianeidad, de la vulgaridad, de lo mediocre...
Entonces, estos fenómenos, es necesario festejarlos
como experiencia. Yo puedo hacer algunas cosas pero hasta
un determinado límite, porque el efecto represivo
está presente. Es clarísimo. Por eso uno dice
ah, no pero es arte! Y con eso uno tiene la excusa oficial
que acepta esta posibilidad.
E.P.:
Antes hablábamos de esto... ¿qué
es lo que hace que algo sea arte, que esté adentro
de una galería de arte?
E.R.: Evidentemente, no. Pero bueno, quizás
es necesario para que nadie lo rompa.
Con la plástica es bastante complicado. Yo creo que
un solo producto no es arte.
En las artes escénicas, que son efímeras,
es más factible que yo pueda considerar arte lo que
está sucediendo. Pero con las artes plásticas,
que se conservan como tal, creo que lo que hay que ver es
la trayectoria. Y esa trayectoria está construida
de sorpresas, en serio, de desnudeces, porque también
hay expertos en golpes bajos y hacerse los gallitos. Hay
un montón de matices.
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La escritura de la experiencia en el próximo libro
de Eliseo Rey
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E.P.:
Bueno, y con el libro que estás por terminar, contanos
un poco
E.R.: Yo fui escribiendo cosas, publicando artículos,
qué sé yo, y seguí investigando. Se
me planteó la cosa de juntar, recopilar, agregar
cosas que fui descubriendo mientras trabajaba. Y tenía
dos posibilidades: escribir un libro nuevo o escribir el
mismo actualizándolo y ampliándolo. Esto último
es lo que hice. En realidad es el mismo libro ampliándolo
en una segunda versión. Duplica las páginas.
Porque me di cuenta que si yo quería poner los nuevos
descubrimientos, conceptualizaciones, creaciones, mis nuevas
definiciones, tenía que necesariamente explicar lo
que ya había escrito. Tenía que escribirlo
otra vez. Entonces es el mismo libro donde algunas cosas
he cambiado pero he marcado en casi todo el libro está
claro lo que es del libro anterior y lo que es actual, en
distintas letras. Pero evidentemente eran dos Argentinas
distintas, dos Eliseos, dos momentos, dos épocas
distintas. Hay dos lenguajes. Aquel libro tenía una
intención de hacer que Eliseo parezca inteligente,
y en este libro es más coloquial, en el que yo digo
pavadas, propongo juegos, jodo con el lector... Son dos
momentos. .
E.P.:
¿Lo vas a presentar?
E.R.: Sí y espero hacerlo con la mayor
bambolla. Además quiero reforzar mi tarea artística,
la presentación como nuevo personaje de la danza.
Acá hay antecedentes, en el año 92 , 93 vino
un bailarín japonés, de 83 años, que
era un vejete total, y que fue uno de los creadores de la
danza bhutto, que tiene un montón de cosas ideológicas
que yo no comparto, pero hay una cosa que es impresionante
y en esto sí coincidimos totalmente y es el grado
de concentración con la que el tipo se presenta en
el escenario... El se presentaba como bailarín y
estaba habitado todo el tiempo (nosotros hablamos de habitarse
como cuerpo emocionado) con una temática que no me
interesa, con una técnica que no me interesa pero
ese fenómeno hacía que ese tipo estuviese
solo a los 83 años en la Sala Martín Coronado
del San Martín. Algunos pocos se fueron, y otros
terminamos ovacionándolo al tipo de una manera impresionante.
Entonces, bueno, espero que el tumor me dé vida por
lo menos diez años en que pueda llegar hasta los
68, 70¿ por qué no?...estar bailando, haciendo
eso, que es lo que me gusta y que es lo que en mi vida he
hecho en forma más interrumpida.
Yo nunca interrumpí la docencia, 40 años,
lo otro lo he hecho en forma más esporádica.
E.P.:
Ahora, ¿das talleres, en una institución propia?
E.R.: Doy clases ahora. En un estudio que alquilo,
porque no da para tener estudio propio, y en una escuela.
Y después armo seminarios, me encanta eso de hacer
un seminario y viajar, ese desafío...
E.P.:
¿Qué tipo de personajes recibís
más en el estudio?
E.R.: En general es gente que no tiene idea de
con qué se va a encontrar o no tiene la dimensión
de lo que le va a pasar, o de lo que yo pretendo provocar
como proceso de aprendizaje, en general no se entiende.
En general yo tengo una charla y después lo invito
a participar de una clase, porque por más de que
yo le explique... Muchas veces es un individuo al cual de
alguna manera, yo tengo que convencer de que puede ser interesante
la experiencia. Es decir , él no viene con el objetivo
de ser sí mismo, de despegarse de la cultura, de
tener esa posibilidad de estar adentro o estar afuera según
sus ganas, de ser creativo, de ser sensible, de desestructurarse,
de dejar de decir yo soy así, no saber cómo
uno es. Algo que te parte el coco, animarse a otro momento,
tener momentos en que uno no sabe cómo es, en todo
caso soy, lo que hice hasta ahora... Hay gente que defiende
muchísimo su personalidad, y es muy exitosa con su
personalidad, la que construyó.
De todas maneras yo tengo una versión de lo que es
la personalidad. Personalidad es el último reducto
al cual llegué después de huir de todos los
otros lados. No es lo que construí. Me rajé
de aquí, me rajé de allá, y acá
me quedé. Y acá me va más o menos bien,
según las experiencias que tuve en la vida. Es decir,
que una de las tareas es ir presentándoles las diferentes
posibilidades del trabajo y no van sabiendo, no llegan sabiendo,
y mucho menos en la escuela. A las pendejas, ahora sólo
trabajo con pendejas, el primer día les tengo que
decir que esto es al revés que todo lo demás,
de todo lo que ustedes están haciendo acá.
Lo que está bien allá, está mal acá,
lo que está bien acá, está mal allá.
Empecemos por ahí.
E.P.:
¿Y se enganchan?
E.R.: Sí, suceden cosas fantásticas.
Y otras veces no sucede tanto. Obvio. Si sucede o no sucede
es de esto que estamos hablando.
E.P.:¿Alguna
vez te ha sucedido que alguien se angustió mucho?¿De
que alguien salga despavorido?
E.R.: Sí, evidentemente, trato de que no
se vaya porque se va a perder la oportunidad de darse cuenta
de qué le pasó, por ejemplo. Están
las escenas catárticas, ahí busco que recupere
las ganas que tenía de hacerla. A veces de hacer
una mentira, a veces de pedirle algo a alguien o pedirme
algo, y a veces como necesidad concreta. Lo concreto es
que lo hizo él, no le pasó. Además
yo me pongo al lado y le digo que siga, que se quede tranquilo
y siga.... por ay está revolcándose, pataleando,
llorando, ahora le digo que cuando termine la música
va a terminar. Entonces, ¿cómo hiciste para
terminar cuando terminó la música? ¿Perdiste
alguna vez el control de lo que estabas haciendo? No, simplemente
te hiciste el coco de que vos no eras responsable de esto.
Otra vez sopa. Otra vez te rajaste. Uno es lo que hace.
El cuerpo permite interpretaciones válidas o mentirosas
pero estás haciendo eso. Lo que a vos te estaba pasando
es eso. Que lo pudiste hacer porque pensaste que no eras
vos, que casualmente no podías pensar, que no tenías
cerebro, son las excusas que pusiste para hacer eso que
estabas haciendo, para dejar de hacerlo cuando yo te pido
que lo dejes de hacer... Lo importante es que rescate eso.
Te ubicaste en el lugar que decís que no querés
y mientras tanto lo estás haciendo.
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La
capacidad difícil de olvidar...
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E.P.: Vos decís que tratas de sorprender,
desestructurar ¿recordás alguna situación
donde vos te hayas sentido desestructurado o sorprendido?
E.R.: Yo trato de no acordarme. Es uno de los
objetivos del libro. Yo quiero olvidar. El recuerdo es muy
invasor. Yo quiero ahora dedicarme a olvidar. Además
es una tendencia que he tenido toda mi vida. Yo no me acuerdo
de caras, de nombres, de un carajo, de cosas que hice, de
cosas que hicieron otros... El proceso de olvidar es más
complejo neurológicamente que el proceso de recordar.
Es más difícil olvidar que recordar. Pero
yo siempre he tenido una tendencia a olvidar. Obviamente
recuerdo un montón de cosas, cómo se pone
un pantalón, por ejemplo. Pero eso me impide investigar
qué me quiero poner para taparme el culo y así.
Pero sé que he estado psicológicamente en
peligro, infinidad de veces, dando clase con la sensación
de¿ qué hago? Socorro! Eso lo tengo clarísimo.
Infinidad de veces...Y ahí tuve que inventar algo.
O he tenido que pedir perdón. Perdón, no puedo
resolverlo. Y esto es tan válido, me lo han valorado
tanto...porque lo que se espera del docente es que siempre
sepa, y yo les digo: no puedo, no sé... Es decir,
siempre tener la opción de que hay una sinceridad,
una humildad, una honestidad, más allá de
la que yo creo haber encontrado en este momento. Siempre
existe la posibilidad de ser más humilde, más
honesto, más auténtico...
Gracias
Eliseo...
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