Charlamos hoy con Vicente Gemmis del Programa “Cuidar cuidando” para que nos cuente las características de esta experiencia que se apoya en la delicada relación que se establece entre un cuidador del Zoo, el niño que se incluye en el programa y el animal objeto de los cuidados.
Espacio Potencial: ¿Cómo gravita la idea del “cuidar” en el programa que ustedes llevan a cabo?
Vicente De Gemmis: El tema del cuidado tiene un lugar central en la experiencia que proponemos, se trata de que los chicos pasen de ser objeto de cuidados, de atención, a ser ellos sujeto de cuidados de otros. Acá el animal tiene su importancia en tanto tenga un lugar de terceridad en el vínculo, entre el chico y el cuidador.
EP: ¿Y cómo es ese vínculo “niño-cuidador”?
V. DG: Hay un saber que es el saber de poder cuidar un animal, un saber artesanal que el cuidador va atesorando y va transfiriendo a otros. A partir de que un chico se incorpora al programa y va estableciendo un vínculo con el cuidador, se va produciendo una transmisión de este saber, y a partir de esta transferencia de este saber artesanal, el chico va adquiriendo cierto poder de cuidar a los animales. Y esto es como el eje del programa. Hay un vínculo muy fuerte que se establece entre el chico y el cuidador, algo que al principio nos sorprendía, y fue así, a partir de ese dato de la experiencia que hacía al establecimiento del vínculo niño-cuidador, que se nos fueron suscitando algunas preguntas, de modo que nos vimos más obligados a teorizar la práctica que poníamos en marcha que de practicar una teoría. Y en este camino nos fueron sorprendiendo cosas. Y una de las cosas que nos sorprendió fue este vínculo con el cuidador. Lo primero que pensamos -entonces- fue el vínculo que se establecería con el animal, que iba a ser fuerte, que es también importante, pero descubrimos que lo más fuerte era el vínculo del chico con el cuidador. Y nos dimos cuenta que esto se sostenía en este hacerse falta mutuamente.

E.P: Contanos de esa “mutualidad”
V DG: El cuidador, al poder ubicarse en este lugar de maestro, en cierto modo de ideal, y el chico querer adquirir este saber que el cuidador tiene, habilitan la posibilidad de una transmisión que da su riqueza al vínculo, el chico necesita al cuidador para adquirir estos conocimientos, y el cuidador necesita al chico para poder transmitirle su saber a alguien. Es un tipo de vínculo totalmente diferente al que se establece en el ámbito de las instituciones de la salud mental, en un hospital…
Nosotros tratamos de no psicologizar este vínculo, de no normativizarlo, en un espacio de la comunidad, apostamos a la singularidad de cada vínculo en cada caso. Tratamos de intervenir sólo si hay un fracaso en la relación, si hay un conflicto, y tratamos de intervenir para que esto se vaya vehiculizando, pero no para decir cómo tienen que relacionarse, esto se tiene que ir dando… Y lo planteamos también como un elegirse mutuamente. Yo como ya hace años que los conozco, conozco el perfil de los cuidadores, y también a los chicos, veo con quién va a funcionar, pero si algo de esto fracasa, se trabaja y no se puede resolver, se puede llegar a cambiar, o se busca algún tipo de vínculo más favorecedor.
E.P: ¿A qué te referís con “fracaso”?
V DG: Fracaso es que no se enganchan, como nos pasa tantas veces en la vida… Uno engancha con determinadas personas y con otras no… Y los chicos enganchan con algunos cuidadores y con otros no, por otra parte, el animal permite disminuir la ansiedad que genera establecer un nuevo vínculo. El tener que cuidar “entre los dos” a alguien, disminuye la ansiedad…

E.P: ¿Decís que la experiencia terapéutica que se da en el contexto de “Cuidar cuidando” es diferente a la que puede darse en un contexto hospitalario, ¿dónde pones el acento para marcar esa diferencia?
V DG: Por ejemplo, tenemos los más chicos, que van en grupo, que son más graves, el otro día estaban todos sentados dándole de comer a un pato, y esa imagen hubiera sido muy difícil verla en el hospital, todos sentados y concentrados, probablemente en otro contexto habría alguno pegando, pero sin embargo en relación a tener que cuidar a otro, darle de comer al pato, podían hacerlo. Y en este vínculo con el cuidador es muy importante esta terceridad, este otro a quien cuidar.
E.P: ¿Cómo llegan los chicos al programa?
V. DG: Generalmente hay un conocimiento del programa, a través de otro chico, o un terapeuta que conoce al programa, o un padre que comenta que al hijo le gustan mucho los animales… La idea es que cada chico tenga un tratamiento, esto no se plantea como un tratamiento, una terapia. Entonces, la idea es que cada chico tenga su espacio individual, que el terapeuta que deriva haga un informe donde cuente brevemente la historia del chico, de por qué cree que participar de este programa sería conveniente, el por qué de esta derivación… Y a partir de eso, se cita al chico a una entrevista con los padres, y se toma una prueba de un mes, para evaluar cómo funciona el chico, porque le puede gustar venir a pasear al zoológico pero no venir al programa, si le gusta o no…
E.P: ¿Cómo funciona operativamente el programa?
V. DG: El programa funciona todos los días de la semana. Lunes y martes de 9 a 11 y media, con los chicos más pequeños, (5 a 12 años) y miércoles y viernes de 9 a 12 y media… Son distintas actividades…

E.P: ¿Cómo se gestó la idea del programa?
V DG: El programa empezó a través de un conocimiento, un director de un zoológico de España conocía a un médico del Hospital de Niños, le habló de la posibilidad de contactarse con el director del Zoo de Bs.As, que en ese momento era Romero, se entrevistaron, y surgió la idea de hacer algo en conjunto. Yo en ese momento era muy chico, trabajaba con chicos discapacitados en el zoológico, y nos reunimos con gente del hospital, Juan Vasen y otros profesionales, y dijimos de diseñar una serie de actividades para hacer y vinieron 5 chicos de internación. Esto fue diciembre de 1990. Y nos sorprendía cómo los pibes cambiaban a partir del ingreso al zoológico, y tenían un estar diferente en el zoológico al que tenían en el hospital. Veíamos que era una experiencia interesante, dijimos: continuémosla…Por supuesto que en ese inicio era una experiencia muy diferente, no lo que es ahora el programa. En esa época lo que veíamos, por ejemplo, en un chico más chico, bastante grave, era que el vínculo con el cuidador fracasaba. El cuidador no lograba transmitir los conocimientos… Y ante este fracaso, y la insistencia del chico, que había quedado un poco por fuera del programa, un tiempo. Y tomando que el chico quería venir, diseñamos otro dispositivo, pensamos en la inclusión de facilitadores, o acompañantes terapéuticos, que es el grupo este de los más pequeños, que no trabajan directamente con los cuidadores. Trabajan en un espacio más ligado al juego, en grupo, y con facilitadores que son estudiantes de psicología, o de terapia ocupacional, y acompañados por nosotros, vamos a la granja, y empiezan a darle de comer a los animales. Después vamos a la plaza a jugar… Está muy centrado en el juego esto y a futuro, cuando el chico tenga 13 o 14 años, ya se va generando la posibilidad de trabajar con un cuidador y empezar a adquirir los conocimientos que el cuidador le transmita y que este vínculo no fracase. Así que este dispositivo creado para los grupos de los más pequeños surgió a partir de una dificultad que pensamos.
E.P: ¿Los padres tienen su espacio en el programa?
V. DG: Mientras los chicos están acá, los padres tienen una reunión de padres, que también surgió a partir de una dificultad que teníamos y que era que los padres venían acá y mientras esperaban, invadían el espacio de los chicos, y de este obstáculo, de esta dificultad de separación apareció esta idea de proponerles trabajar en este grupo de padres, de donde empiezan a surgir cosas muy interesantes. Y este grupo se convierte en un lugar de pertenencia para los padres, y a veces pasa que cuando los chicos tienen que pasar de grupo, dejan de venir. Porque se convirtió en un lugar donde empezaban a hablar de ellos mismos y hacer ese recorrido donde esa separación que no podían hacer desde lo fáctico lo empiezan a hacer desde el discurso.
E.P: ¿Qué final se contempla para la experiencia?
V. DG: Para los chicos, el objetivo de siempre fue la integración social. La posibilidad de un final tiene que ver con eso. Si el chico está acá un tiempo, logra obtener un trabajo de afuera, y logra integrarse socialmente, digamos que fue un egreso exitoso. La otra posibilidad es que el chico cumpla 21 años, porque se haya o no cumplido con los objetivos, como es un programa que se hace con un hospital infanto juvenil, que es el Hospital Carolina Tobar García tiene un límite de edad concreto en la que el chico tiene que egresar. Por supuesto que se trata de que haya un egreso lo más favorable posible, tratar de buscar algún otro lugar, pero esto a veces se da y otras no se da, y la otra posibilidad es que veamos que el programa no funciona para ese chico, que no le sirve, que no pasa nada, que se prueban varias estrategias pero el programa no funciona para determinado chico.

E.P: ¿Hay una cantidad limitada de chicos en el programa?
V. DG: Si, unos 14 chicos por día o 15. Los más chicos, en grupo, y los más grandes, más individualmente, sólo el momento del almuerzo es grupal.
E.P: En el curso de la experiencia hay un impacto también en el cuidador...
V. DG: Cuando la relación funciona el cuidador apadrina al chico, hay una cuestión de cuidar al chico, de encargarse, de venir a hablar por el chico con nosotros. Nosotros tenemos un chico, que ahora trabaja como cuidador, que empezó a los 13 años más o menos, era un chico que vino con actitudes bastante violentas, y empezó acá a cargo de un cuidador con el que tuvo un vínculo bárbaro. El cuidador era un tipo que no sabía leer ni escribir, con un padre muy violento… en fin… y como a este chico le gustaba el fútbol, le empezó a traer revistas de fútbol, y él empezó a tener deseos de querer leer. .. Este cuidador descubrió en él mismo que tenía actitudes de mucho cuidado, de padrinazgo, de mucho vínculo y vimos cómo el pibe a partir de esto empezó a cambiar… Entonces cuando hablamos de prácticas de cuidado hablamos de esto, del cuidador cuidando a los animales, transmitiendo saberes en relación al cuidado del animal, pero sobre todo de cuidados en relación al chico, de padrinazgo, de interesarse por él, de una cosa muy fuerte que se arma entre ellos. Y nosotros como equipo lo que hacemos es cuidar la experiencia. Y si vemos que se produce un conflicto muy grande, intervenir ahí para cuidar la relación con el cuidador. En ese sentido lo veo como prácticas de cuidado.
E.P: ¿Y después los chicos le enseñan a alguien algo del saber recibido en la experiencia?
V DG: A veces sí. Tratamos de hacer eso… Tenemos varios chicos que enseñan a los que recién empiezan, y lo hacen muy bien, y es un lindo lugar ese… La posibilidad de enseñar a otros es importante…Y también como que en un punto los apadrinan… Nosotros tenemos un chico que trabaja acá, que ya está por egresar, un chico que tuvo un brote, que estuvo en el Borda, y está acá casi como cuidador y en esto de ese espacio intermedio, está a cargo de tres o cuatro chicos más pequeños. Y tiene mucha paciencia.
E.P: Es como una cadena de cuidados...
V DG: Si, algo así… Aparte ahora estamos incorporando chicos en situación de vulnerabilidad social, no sólo chicos con problemas psiquiátricos, chicos que vivieron situaciones traumáticas, o estuvieron en Hogares… Siempre en estos chicos hay algo en el orden del descuido. Algo que puede ser por exceso, por sobreprotección que tampoco permitió un buen cuidado, o por situaciones de abandono, pero siempre aparece el descuido…
E.P: ¿Ustedes hace un seguimiento de los chicos que participan en el programa?
V DG: No hay nada organizado en esos términos pero sí, tenemos un contacto… A veces aparecen. Ahora es un poco más complicado por cuestiones de seguridad para el ingreso, nuevas disposiciones, pero sí, aparecen y muchas veces van directamente a ver a los cuidadores. A veces vienen los domingos que nosotros no estamos, o vienen a ver a la gente de la entrada. Hay chicos que están mucho más implicados, que quedan más enganchados, y esos son los que más vuelven.
E.P: Lo toman como un lugar de pertenencia…
V. DG: Si, como un lugar de la infancia. Nosotros siempre decimos que lo bueno del zoológico es que no es un lugar de la enfermedad sino un lugar de la infancia. De paseo, de salida, un lugar central, un lugar incluído.
E.P: ¿Qué noticias tenés de experiencias parecidas?
V. DG: Mirá hay un lugar el ECAS (Estación de Cría de animales Silvestres), que nos vinieron a consultar, charlamos bastante, laburan con escuelas diferenciales, que parece que están funcionando bastante bien, esto es en La Plata. A nivel mundial experiencias similares en zoológicos no hay. Nosotros hace poco estuvimos en un congreso en Chile, sudamericano, y que hubo uno en Europa, y no hay, porque hay muchas dificultades con los seguros, es muy difícil hacerse cargo del riesgo, así que esto es importante. Y después hay experiencias de otro tipo, que son diferentes, como la equinoterapia, experiencias con perros, la de Casa Cuna, bueno, otro tipo de experiencias. Eso sería más lo que se denomina terapias asistidas con animales, o que se le llama vulgarmente zooterapia. Nosotros decimos que es importante que haya un equipo profesional, que cada chico tenga su propia terapia. Porque muchas veces hay como una mistificación de la relación con el animal.

E,P: ¿Tienen un esquema de reuniones de los profesionales?
V. DG: Si, tenemos supervisiones, con el Dr.Julio Marotta, y después tenemos reuniones semanales, en donde tratamos de elaborar estrategias en relación a cada chico, y después los lunes y martes, que es el día de los grupos de los más pequeños, tenemos una reunión en donde charlamos las cuestiones del día.
E.P: ¿Y los cuidadores están integrados?
V. DG: No, por esto de que no los queremos transformar en trabajadores de la salud…Tenemos contacto, y trabajamos a partir de las cosas que ellos nos cuentan. A veces los hemos invitado, pero no… Hay una circulación continua, mucho contacto! Pero no queremos transformarlo en algo normativizado, o que hagan lo que nosotros creemos que tienen que hacer, una cuestión más normativa. Hay gente del equipo que no es del campo de la salud. Y planteamos que los traten como chicos, como a un aprendiz. Y que no sea una cuestión de lástima, de qué pena me da… Y eso funciona así… como un espacio integrado...
Y finalmente nos despedimos de Vicente con la fuerte impresión de que se nos contaba sobre una tarea en la que se logra algo muy delicado y difícil de conseguir en el encuentro con un otro en estado de fragilidad y necesidad, que en ese encuentro se materialice una experiencia de carácter transformador, porque en la charla se nos trasmitió justamente eso, la economía de una experiencia intensa y conmovedora de la subjetividad de todos sus participantes.