Un
aprendizaje lento e interminable...
Espacio
potencial: Dr. Nasio, cómo fue la experiencia
del cambio de lenguas, del español al francés...
¿Hay tensión o armonía entre ellas?
¿Conviven ya con cierta conformidad o mantienen todavía
alguna hostilidad? ¿Incluso, cómo se dio el
acceso a su escritura en francés..?
David
Nasio: : Bueno, ya son treinta y pico de años
que estoy acá y, en la medida que la escritura de
una lengua es el ejercicio de una práctica, y la
mía es desde hace tanto tiempo una práctica
tan constante del francés, resulta que finalmente
me es ya más fácil escribir en francés
que en español. A tal punto que el último
libro que salió en la Argentina está escrito,
justamente, en francés.
EP: Mi duda era justamente por esa espera
dilatada para escribir finalmente un texto en francés,
es decir, ¿qué madura en esa espera para finalmente
tomar la decisión de escribirlo en francés?
DN:
Es que la escritura es sin duda una aprendizaje interminable...
Y esto es tan válido para los grandes escritores,
para los monumentos de la escritura, como para el más
modesto de aquellos que se proponen decir algo por escrito.
Como le digo, la escritura es un aprendizaje que no termina
nunca, y es siempre lento, mire, finalmente, en este sentido,
es como un psicoanálisis. La escritura es un proceso
tan lento como lo es llegar a ser un buen psicoanalista,
son aprendizajes para los que hace falta mucho tiempo....
EP:
Alguien decía que aprender una nueva lengua no implicaba
tanto el esfuerzo de incorporar la nueva como el de olvidar
la propia...
DN:
Fíjese que mi experiencia no es esa, por ejemplo,
yo hablo con mi señora en español -ella es
argentina como yo, y desde que llegamos a Francia, en nuestra
vida privada hablamos en español. En fin, tenemos
la suerte de estar juntos desde hace muchos años,
de
modo
que en mi casa, en su intimidad, incluso con mis hijos,
se habla siempre en español. Esto hace, por otro
lado, que mi dicción tenga un acento. En el caso
de franceses que viven con argentinas o argentinos que viven
con francesas ese acento se termina perdiendo... No, no
tuve que olvidar el español, no lo olvidé
ni lo perdí, sobre todo en cuanto a la expresión
afectiva, la expresión de las emociones, de enojo,
alegría, placer... es la lengua maternal, y en cuanto
tal, una lengua sensual: el español es para mí
la lengua sensual.
Piedritas
en la lengua....
DN:
En cuanto a la escritura del francés, si bien cuando
llegué a Francia escribí algunas pocas cosas
en español, pronto me di cuenta de que el verdadero
aprendizaje tenía que pasar por la escritura del
francés. Y además comenzando por Lacan, los
franceses se sorprenden bastante cuando se enteran que mi
primer libro de lectura fueron los Escritos de Lacan, pero
es como si pensáramos en la estrategia de Demóstenes
que para poder hablar, porque era tartamudo -a pesar de
lo cual llegó a ser uno de los mas grandes oradores
griegos, en fin como Pericles-, Demóstenes, decía,
aprendió a hablar colocándose piedras en la
boca, yo diría que aprendí a hablar en francés
poniéndome piedras con los Escritos.
EP:
Áridos, sin duda...
DN:
Los escritos son realmente piedras. Están escritos
en un francés muy sofisticado, extremadamente difícil...
Pero bueno, así es que empecé y a partir de
esta experiencia valorizo de otra manera al francés.
Pienso que Lacan es un buen escritor, pero en realidad no
es la más hermosa lengua francesa...Gracias a Lacan
descubrí otros autores...
EP:
Bueno, Lacan demuestra cierta generosidad en ese sentido,
en su enseñanza él abre innumerable vías
de lectura, da a leer otros autores...
DN:
Efectivamente, mi experiencia para aprender el francés
fue primero con Lacan, pero poco a poco fui descubriendo,
ya no por Lacan, sino por el hecho mismo de vivir en el
medio cultural francés, a los grandes monumentos
de la literatura francesa: Victor Hugo, Chateaubriand...
El
sufrimiento de la escritura...
EP:
Por otra parte Dr. Nasio, usted demuestra una profunda pasión
por la escritura, es usted muy prolífico y hay en
sus escritos un innegable sello personal, un estilo...
DN:
Me gusta escribir de un modo claro, poético
pero siempre tratando de mantener claro el sentido, esta
es una posición mía y tomada con absoluta
convicción... no es, por otra parte, la de todos
mis colegas. En rigor, yo pienso que el psicoanálisis
es un dialecto, en Lacan hay un dialecto y tengo la suerte
de conocerlo bien, también conozco bien al dialecto
de Melanie Klein, en fin, son dialectos, pero cuando yo
escribo, trato de hacerlo no en dialecto lacaniano, por
ejemplo, sino en la lengua francesa. Y es entonces cuando
me pongo contento porque las frases salen como quería
expresarlas.
EP:
Creo que su escritura toma ese carácter no
jergoso, por el modo en que usted se hace presente en su
escritura, no elude comprometer bajo la pluma a su propia
persona..
DN:
Sin duda, ese es mi ideal, que la palabra esté cargada
de la presencia del analista. Es mi intención, al
escribir, hacerlo lo más cerca posible de lo que
siento. Como he escrito muchos libros, alguna gente cree
que escribir libros es algo tan sencillo como respirar,
y no es así, no... escribir implica un dolor enorme.
Quisiera que se le trasmita a los jóvenes que quieren
aprender a escribir que la escritura es algo muy doloroso,
hay que admitir un sufrimiento en esa experiencia. Recuerdo
lo que decía cierto poeta francés cuando se
hizo aquí una encuesta entre los grandes escritores,
una encuesta que abarcó un período anterior
y posterior a la guerra, en la que se les preguntaba si
sentían placer de escribir, bien, siempre recuerdo
una respuesta que me sorprendió de un poeta dijo
que sí, que efectivamente sentía placer, pero
después de haber sido publicado. Es exacto, cuando
uno escribe es muy difícil trasmitir lo que se quiere
expresar....
EP:
Se trataría del sufrimiento propio de un duelo, porque
al pretender transformar un pensamiento en palabra escrita,
al querer expresar, desposeerse de un pensamiento en la
escritura hay mucho que se pierde, aunque, seguramente,
hay mucho que también se gana.
DN:
Absolutamente, pero digamos que se pierde aún más
de lo que se gana. Mire, en el último libro que he
escrito -bueno, quizás en todos-, hubiera querido
poner en la última página una advertencia
al lector, algo así como: "querido lector he
intentado expresar aquí por todos los medios lo esencial,
pero no lo he logrado". Ahora mismo, por estos días
acabo de publicar en Francia mi libro ya editado en Argentina
"Un psicoanalista en el diván", bueno,
lo corregí mucho, lo trabajé intensamente
para esta versión francesa, le diría que casi
lo rehice, en fin, acaba de salir ahora y tiene muy buena
acogida, lo han tratado bien, con muy buenos comentarios,
sin embargo, debo decirle que, aún cuando he logrado
decir muchas cosas que no había logrado antes en
la versión argentina, tengo el sentimiento de no
haber podido decir lo esencial....
Las
figuras del dolor...
EP:
Asociando con el tema del sufrimiento que implica el ejercicio
de la escritura, pienso que usted es uno de los pocos psicoanalistas
que recupera para su estudio y consideración al afecto
del dolor en la economía psíquica, ¿qué
fue lo que se lo impuso como problema para planteárselo
y tener que pensarlo?.
DN:
En realidad, el tema del dolor psíquico es algo que
empecé a trabajar en los años '83-'84. Era
un tema que en aquella época ni siquiera era considerado
en medicina, es ahora que se habla todo el tiempo del dolor
y de las más diversas maneras, pero en aquella época
era prácticamente ignorado, sin embargo yo lo tomé
como preocupación teórica, por cierto
que
no por vocación de originalidad, sino que mi intención
era tomar temas trabajados por los grandes psicoanalistas,
como Freud, Lacan, pero no muy considerados en ese momento.
Uno de esos temas era, por ejemplo, el tema de la mirada
que a pesar de que había sido tratado en un seminario
por Lacan era poco trabajado por los analistas; otro tema
era el dolor, que se me imponía con mucha presencia
en los pacientes. Bueno, el tema del dolor lo empecé
a trabajar en ese año más por lo que me imponían
mis pacientes que por referencia a mi vida personal, así
empecé a trabajar ese tema y dicté un seminario
en el año 84. Más tarde retomé el tema
en "El libro del amor y del dolor", justamente,
diez años más tarde.
EP:
Se podría pensar que el dolor, como afecto dominante
en la economía de una estructura psíquica,
parece ser gravitante en lo que llamamos pacientes esquizoides...
DN:
El dolor está siempre, porque está ligado
a la pérdida, comenzando por la más terrible,
la de un ser querido, pero también está presente
y próximo a la vivencia del amor. Claro que también
encontramos a ese dolor de carácter más sórdido
que es el de la psicosis, la del esquizofrénico que
alucina. A veces, los clínicos estamos tan impresionados
por la alucinación, que nos olvidamos que la alucinación
es un intenso gasto de energía, y como tal es un
enorme dolor. La alucinación es una escritura del
dolor, una de sus figuras, así como a veces los esquizofrénicos
tienen dolores hipocondríacos, la alucinación
auditiva es equivalente al dolor. Finalmente, está
la alucinación del dolor que ya es otra cosa.. Ambas,
la alucinación del dolor y el dolor de la alucinación
están presentes en el psicótico joven, el
esquizofrénico.
Winnicott
y el valor de la presencia del analista...
EP:
Dr. Nasio, para concluir, quisiera finalmente preguntarle
qué herramienta conceptual o bien, qué le
impactó más de Winnicott.
DN:
En principio le diré que no soy lector de Winnicott
tal como lo soy de Lacan -del cual sí me considero
un lector permanente-, de Winnicott, si bien tengo una lectura
regular y progresiva, no es una lectura fanática.
Le diré, no estoy enamorado de Winnicott, pero lo
que me da placer de leer en él, y es algo a lo que
trato de aproximarme -y mucho de las cosas que yo hago tratan
de acercarme a esa posición-, es su posición
humana, su posición serena, cuando uno lo lee, lee
cosas esenciales pero dichas serenamente. Tiene ideas, conceptos
muy complejos pero que son expresados de una manera tan
simple!, con tanta calma que parece que no fuera teoría,
pero como dice Winnicott la teoría está dentro
de él, se encuentra integrada en él. En fin,
llega un momento en que, después de 40 años
de estar trabajando de manera tan activa y frecuente, con
tanta fuerza, la teoría termina por encarnarse, se
transforma en un gesto espontáneo...
EP:
Recuerdo una entrevista que le hacían a usted, hace
ya varios años, en la que valoraba el momento de
encuentro con el paciente, el contacto de esas dos presencias:
en el apretón de manos, la postura, etc. En fin,
el valor de la presencia tanto del paciente como la del
analista, encuentro en esa valoración una posición
bastante winnicottiana...
DN:
Absolutamente. Justamente creo que acá en Francia
esa es mi parte argentina...Ud. antes me preguntaba sobre
la lengua, y yo decía que mi lengua materna era el
español, pero en realidad ahora lo corrijo, es la
argentina. Mi pertenencia a esa lengua tiene que ver con
mi naturaleza, con mi sino, me siento argentino en el ritmo
y francés en el razonamiento. Soy, como tantos argentinos,
nieto de italianos y de españoles, y ese rasgo argentino
me da una actitud más abierta aquí ante los
pacientes. Y no me privo de expresarlo con ellos, en una
actitud calurosa, acogedora, lo que por cierto no me impide
ser el analista racional, interesado por ejemplo en la topología,
que sabe muy que no hay que responder a la demanda -como
se dice-, en fin, trato de encontrar un equilibrio entre
un analista que está abierto humanamente y trabaja
con sus emociones y estar muy claro en una posición
analítica que respete el marco teórico en
el que uno se ha formado...
Nos despedimos del Dr. Nasio agradeciendo su disposición
atenta y sensible para dialogar con nosotros, y le dijimos
que por favor, siempre que lo desee, entre a nuestra casa
sin llamar a la puerta...