EP:
Ricky, qué relación encontrás entre
la vocación, el deseo y la voluntad
Ricky Pashkus: Bueno, como dice Santiago Kovadloff:
"La vocación no responde a la certeza sobre
el propio talento. Es una pasión. Se nutre de su
propia necesidad, de su ímpetu y no de la excelencia
eventual de sus frutos" . Podría decirse que
se elige una vocación, tanto como que a partir de
determinadas situaciones uno puede sentirse elegido por
ella. En general la vocación termina siendo, en algún
sentido, un camino pre-pautado, con toda la bendición
y el castigo que esto supone. Además, la vocación,
a mi juicio, es un compendio de emociones, de conceptos
y cuestiones que en el extremo se definen por la acción.
Es decir, desconfío de hablar, por ejemplo, de la
vocación que una mujer, por haber sido madre, no
pudo llevar adelante su "vocación", me
parece que en ese ejemplo se estaría hablando más
-en todo caso- de una "no-vocación". No
me parece que la vocación sea algo que pueda frustrarse,
esta idea -creo- es antagónica con el concepto mismo
de vocación, por eso no tengo mucho espacio para
pensar en las eventuales dificultades que tiene la gente
para llevar adelante su vocación, porque -por otra
parte- no entiendo porqué habría que presumir
que no deban existir obstáculos en la tarea de llevar
adelante aquello que uno tiene que hacer (independientemente
de que lo elijas o te sientas obligado a hacerlo, de acuerdo
a la postura ideológica o filosófica que tengas
al respecto.) Entonces, en cierto sentido, la vocación
es un dato casi circunstancial, anecdótico, descriptivo
de la personalidad, algo que no trae beneficios de jubilación,
ventajas de jubilación, es como ser rubio o ser morocho.
Tampoco depende de la voluntad, porque por más fuerza
que se haga una vocación no se inventa, la madre
-del ejemplo anterior- no puede inventar una vocación
poniéndola en términos de presunta "vocación
frustrada". No se puede inventar una vocación,
la vocación es un fenómeno que dura una vida
y que, en general, tiene tránsitos -porque no es
permanente, como nada lo es-. Algunos bailarines, que por
ejemplo, de pronto eligen casarse, o dejan su vocación
de lado o la transforman en otra vocación distinta.
Hay grandes artistas de Hollywood que han dejado a los 35
años porque no quieren verse viejas, creo que es
bueno suponer, desde lo que estoy planteando, que no hay
nada por encima de la vocación. Por eso, cuando la
gente quiere hablar de la afirmación de la vocación,
yo digo que no hay nada que afirmar ni negar, si deseás
soltar, soltás... Es como la droga, sacarse la adicción
a la droga obliga a un dolor muy fuerte. Esto es muy claro
cuando no se tiene una vocación, es inútil
hacer una investigación de orientación vocacional
-la que se hace en general-, porque la vocación no
pasa por entender o encontrar qué es aquello "que
me sirve", esto no es coherente con lo que yo creo
que es la vocación, la vocación es -para mí-
aquello para lo único que yo mismo estoy dispuesto
a servir, como acto mucho más trascendente. Si hay
una vocación, es seguro que hay un gran dolor en
su abandono. Tengo miles de ejemplos. Julio Bocca va a dejar
ahora, a los 40 años, y lo vino diciendo, diciendo,
diciendo y está en una crisis enorme porque es un
gran dolor.
E.P:
La vocación, entonces, no es algo que se pueda
frustrar, es algo que se tiene o no se tiene, pero sí
debe encontrar siempre algunas contrariedades para poder
desplegarse
¿Cuáles son las contrariedades
que impone esta época?
Ricky
Pashkus: Esta es una época muy compleja para
los chicos en el tema de la vocación. Época
de "globalización", que quiere decir,
básicamente, que ya no se sabe quién es
el que manda. Cuando me preguntan qué entiendo
por globalización, pienso en esto: es no conocer
la cara del que te puede ayudar o de quien puede ser un
obstáculo, no hay caras
, Bush no nos alcanza
como cara, como cara enemiga, digo. Entonces, tenemos
que sumar a la adolescencia que no haya un obstáculo
-obviamente hay obstáculos pero me refiero al que
encarna la autoridad-. Debemos imaginar hoy lo que es
no tener una autoridad enemiga o amiga, un ideal, una
autoridad que nos complique la vida y, ante la cual tenga
un sentido el desear superarla; sumemos a esto, además,
el carácter de la sociedad laboral -en el mundo,
no sólo en Argentina-, el neoliberalismo, la caída
de los referentes ideológicos
En el caso
especial de los chicos que supuestamente son artistas
o sensibilizados por el arte, quedan sin saber dónde
encontrar una autoridad, quedan, entonces, con una propulsión
que no encuentra a nadie para enfrentar, porque es con
papelón, con miedo, con ridículo, con abismo,
con hambre incluido -sobre todo en el arte- que se realiza
una vocación..
E.P:
Entonces, no hay vocación sin conflicto ni hambre
Ricky Pashkus: Mirá, con Julio Bocca estamos
por armar una escuela y estoy pensando muy bien qué
características tiene que tener. Estoy en contra
de la escuela "sensibilizante". La escuela es
un lugar de educación, crecimiento, eso está
bien, pero ¿quién de nosotros no recuerda
que, parte de lo que uno es, tiene que ver con el obstáculo
que encontró en la escuela? Con lo que la escuela
no nos dio. Julio Bocca quiere una escuela - él
no terminó la secundaria - que tenga que ver con
lo que él no pudo hacer, algo así como el
Colón con la escuela. Lo que yo le digo a la gente
con la que estoy armando la escuela es que no olviden
que el que está pidiendo la escuela - y por la
cual van a convocar a la gente para que venga - es Julio
Bocca. Es decir, el modelo que está convocando
es: "Me faltó la escuela y por eso la quiero",
pero, hay que tener en cuenta que, si la hubiera tenido
no sería quién es. ¿Sería
mejor? No, simplemente no sería quién es.
Entonces, en relación al adolescente, lo que falta,
no debe ser completado con tanta facilidad.
E:P:
¿Y, cómo es la relación de lo vocacional
con lo transgresivo?
Ricky Pashkus: Este momento se define por lo pasivo,
por lo muy cobarde - y me incluyo- no es momento para
grandes valentías. Hay una frase de Badiou muy
interesante que dice que la juventud no es otra cosa que
el momento en que aparece. A nosotros nos tocó
otra época. En este momento, para quienes les tocó
ser jóvenes en la actualidad, la trasgresión
va por otros lados y llega a modelos muy impensables.
Es hoy la corrección, por ejemplo, lo más
transgresor. No estamos preparados para la trasgresión.
¿Qué es trasgresión, en la juventud,
hoy? ¿Drogas en exceso? Sí, es una trasgresión,
pero no es particular de este momento, siempre lo hubo.
¿La sexualidad? Simplemente ha cambiado.
E.P:
En este contexto de ausencia de una autoridad-obstáculo
con quien confrontar, ¿los alumnos no te obligan
a que seas vos mismo la oposición, el tipo que
tengan que conquistar, derrotar, pelear?
Ricky Pashkus: Es inteligente eso, sí. No
me postulo yo mismo para ese rol, pero supongo que sí...
EP:
¿No te lo proponés, pero te buscan ahí
para confrontar?
Ricky Pashkus: Yo no hago nada para que me busquen
ni para que me dejen de buscar, pero algo de eso sucede...
Sin embargo si yo les confirmo mucho ese lugar de oposición
nunca podrán probar conmigo lo que, en realidad,
tienen que ir a probar afuera, si me vuelvo para ellos
súper importante, esto les resultará algo
paralizante. Ahora, claro, no puedo manejar todo lo que
genero. Algo de eso hay, la de ser para ellos un obstáculo,
en el sentido de confrontarlos con una realidad: hay una
sociedad laboral, algunos trabajan, a algunos les va mejor
que a otros, eso es relativo, pero lo concreto es que
hay una sociedad laboral y hay leyes, y por supuesto el
arte también las tiene, una sociedad laboral que
va desde el chico de la calle que hace malabarismos hasta
el teatro Colón, como sea, insisto hay una sociedad
laboral con ciertas leyes que hay que tomar en cuenta.
Quiero decir que, en parte, mi obstáculo es trasmitir
que hace falta cumplir con ciertos requisitos para inscribirse
en esa sociedad laboral. Puedo decirle a alguien: "Te
cortas el pelo, porque así no vas a un casting,
estás ridículo", y además decirle:
"Andá a decirle a todo el mundo que yo digo
que es ridículo"... pero ¿Por qué?
-me contestan sorprendidos- "Bueno, porque lo siento
así, yo no tomo a gente con el pelo así"...
Pero es un prejuicio, se me puede decir... "Sí
-contesto- ¿qué pensás, que la gente
que toma el casting no tienen prejuicios?"... ¿De
qué estamos hablando, en qué sociedad vivís?...
Ahí sí, trato de entrar en el estereotipo
de obstáculo como función amplia
La
sociedad laboral abarca, por ejemplo, al malabarista de
la calle, como les decía antes, y es cierto rasgo
de éste y cierta disposición, para la mirada
del peatón o del chofer lo que inscribe una sociedad
laboral. Si es muy lindo y nos da pena, quizás
es más fácil darle unas monedas. Si tiene
una mirada que nos enternece... Hay que ser honesto, no
alcanza con que sea un humano, hay algunos humanos por
encima de otros, que nos llaman la atención, el
prójimo no es todo igual. No podemos darle un centavo
a cada malabarista, ni lo hacemos. ¿Si es rubio
y no imaginábamos?... Por eso, nos encontramos
con nuestros propios prejuicios. Inscribimos un sentido
en el otro según nuestra propia ley, es decir,
hay ley, a ese malabarista se le cae una pelota en la
mitad de la calle y no nos da igual. Hay un pibe buenísimo,
otro que nos da ternura, hay uno que es un "chanta"...
E.P:
Y la vocación ¿cómo se lleva con
el deseo y la disciplina
?
Ricky Pashkus: Aquí hay mucha disciplina...
Tanto en la parte de danza clásica como en la de
comedia musical también. Yo creo que la sensación
de que algo no tiene un valor disciplinante tiene que
ver con que no se le da demasiado sentido a la tarea.
Yo hablo mucho con los chicos y, en tanto se entienda
el sentido de los límites y la disciplina, no hay
discusión. La síntesis sería que
yo quiero una escuela con mucha disciplina, porque creo
que con esas leyes se protege realmente a los que quieren
trabajar mucho y adhieren al verdadero quilombo, que necesitamos
que exista en cada uno de nosotros, asociada a la personalidad,
al caos y a la búsqueda. No me gusta el "Como
que si": llegar tarde, por ejemplo, es quilombo al
pedo, quilombo-quilombo es la valentía de arriesgar,
que es otra cosa. Entonces, tengamos mucha disciplina
para armar verdadero quilombo.
E:P:
¿Estimulás un aprendizaje artístico
desde chico?
Ricky Pashkus: Depende de la tarea. Cada tarea
tiene su campo de acción. El arte es un campo de
acción, en términos sociológicos
digamos, pero, a su vez, hay campos de acción específicos.
La danza es uno, cuanto más temprano mejor, si
el maestro es bueno... en canto da igual, en actuación
mejor que no de tan chiquito. Por eso, cada campo de acción
tiene sus leyes.
E.P:
¿Qué lugar ocupa el saber en tu enseñanza?
¿Encarnás el rol de quien "sabe"?
Ricky Pashkus: Si por saber se entiende lo que
yo entiendo, que es tener claro todo lo que uno está
en condiciones de dar hasta ese momento, hay que encarnar
ese rol, en este sentido, jugar a que uno no es el maestro,
me parece un error. Para eso, el primer paso es tener
mucho deseo de encarnar al deseo en la acción.
Podés encarnar el deseo de ser maestro, si te tomaron
todos los exámenes para serlo, si fue riguroso
el modo en que te preparaste y si el deseo, en ese camino
-cosa que no es poco probable- no se murió, bueno...
Bueno, es como que vos, como psicólogo, me digas
¿Por qué un psicólogo sigue atendiendo
cuando ya no tiene deseo? ¿Siempre puede tener
deseo, un artista? Y... en un punto, sí. En un
punto sí, si se entiende como deseo estar atento,
lo que no quiere decir que hoy tengo más o menos
deseo, pero sí estar atento.
E.P:
El deseo es estar vivo
Ricky Pashkus: Estar vivo, exactamente. En ese
sentido, creo que el saber que lega un maestro es dar
a entender al otro qué lo llevó a uno hasta
ahí. El problema, repito, es el "Como que
si". Pero habiendo un deseo y un control sobre ese
deseo, de parte de la supervisión quiero decir,
uno está vivo.
E.P:
Hablamos de vocación, de su relación
con el deseo, con el saber y con la transgresión
¿qué rol juega el miedo en ese cocktel?
Ricky Pashkus: Bueno, hay un saber que tenés
que saber, yo estoy convencido de que en la Psicología
es igual, si el psicólogo está ahí,
vivo, y uno -como paciente- puede perdonarle cada vez
que acude a la técnica como una cosa demasiado
alevosa, si el psicólogo acepta ese riesgo de estar
suelto en la trasgresión de su propia formación,
entonces, su saber no es abstracto, lo que pasa es que
es difícil llegar a ese saber, porque una de las
cosas que más paralizan es el miedo y para llegar
a ese saber tenés que tener una relación
bastante floja con el miedo, no "floja" en el
sentido de no tener miedo, pero algún tipo de perversión
tenés que tener, te tiene que dar entusiasmo superar
el miedo. A mí alguien tuvo que decirme "Mirá
que el miedo es sabio", hasta ese momento si yo sentía
miedo de algo iba ciegamente al encuentro de eso, no había
miedo sabio para mí, pero justo me dijeron la frase,
y fue sabio que me lo dijesen
Había casi
una cosa morbosa en mí, si le tenía miedo
a algo, allá tenía que ir, era como comerme
como un Pac-man el miedo, que, a pesar de todo, no se
te va. En un momento, no me acuerdo cuándo, lo
escuché por primera vez "No, pará,
pará, en algunas cosas el miedo es sabio"
- no sé, creo que fue un psicólogo el que
me lo dijo... - y yo me dije estoy ya en una edad de poder
usar esta frase...
E.P:
Pensaba en el deseo de un maestro -relacionado con
la condición de estar vivo- como un camino que
se recorre poco a poco y desde mucho antes de tener claro
ese deseo ¿cómo transitaste el tuyo?
Ricky Pashkus: Lo que pasa es que yo tuve mucha
suerte porque... yo no era bailarín, yo no era
nada. Pero tenía mucho contacto conmigo mismo,
eso fue la gran suerte. Yo quería ser famoso. Después
me di cuenta de que quería ser trascendente, después
prestigioso, después popular, después...
Pero nunca me escondí del deseo, era muy ansioso,
era muy voluptuoso, "Pashkus tiene hormigas en la
cola", decían de chico, y yo me quedaba con
la frase para poder vengarme cuando fuera más grande...
Sí, también tuve culpa por querer destacarme
mucho, pero me tocó una idiosincrasia, genética,
no sé cómo se llamará, imposible
de eludir o soslayar lo que me enteraba, y me enteraba
de todo, obviamente, pero me enteraba de todo. De chico,
era tal mi angustia y mi miedo, tan grande mi miedo que
necesitaba anticiparme a toda información. Entonces,
permanecía muy atento, captando desde la película
aérea todo lo que otros podían estar pensando
de mi. Entonces, fue tan amaestrado ese mecanismo desde
muy pequeño, que desde muy chico ya tenía
conciencia de que expresivamente podía inducir
cosas en el otro, yo podía poner cara de distraído
para que el otro respondiera del modo en que yo deseaba...
A los seis o siete años yo me reconozco haciendo
eso: Cara de distraído trae estos beneficios, cara
de no distraído... otros. Entonces, estaba tan
en alerta a todo este mecanismo de las relaciones y durante
mi infancia y mi adolescencia esto era obsesionante! Y
creo que ese fue mi caldo de cultivo, con una formación
bastante deficiente en el sentido educativo, de colegio,
y unos geniales-, que fueron muy obstaculizantes, pero
geniales, con ellos era tan claro lo que no como lo que
sí. Pero el gran punto de arraigo con este universo
que, desde muy chico, estaba vinculado con la soledad,
con mi hermano, con el esfuerzo por salir de las cargadas
que me hacían los chicos en el colegio, la conciencia
de cada movimiento de cada partícula de la dinámica
grupal, ¿no? y el deseo. El deseo, yo quería,
y lo que quería lo hacía, desde muy chico
no se me ocurría tener que acomodar el deseo, era
genético!, no podía acomodar el deseo.
Entonces, no sé cuál es mi vocación
exactamente, aún, para nombrarla. Si es docente,
coreográfica, es una mezcla, pero lo articulo mucho
con ese universo tan caótico que fue muy insostenible...
fue sostenible, pero fue insoportable de angustias extremas...
Bueno, no sé si vos lo llegabas a saber, pero en
la adolescencia, o hasta los veintitantos años,
hasta los treinta, te diría, era de pensar en desaparecer,
hasta que se fue drenando de a poquito y ordenando y,
en ese sentido, con mucha ayuda terapéutica, la
Psicología me ayudó mucho durante mucho
tiempo. Ahora, más cerca de la filosofía
o de la sociología, pero, por eso en mi caso los
recuerdos que te puedo contar son todos personales, no
de un deseo de vocación, muy aislado.
E.P:
¿Ese camino, reconoce demasiados arrepentimientos?
Ricky Pashkus: En el fondo, siempre hice lo que
se medio la gana, dejé la secundaria cuando estaba
en quinto año por recibirme, la dejé!, me
fui a Europa a dar vueltas alrededor del mundo con la
anuencia de mis padres, entonces, sería equivocado
hablar de arrepentimiento. Soy lo que soy por lo que fui
recibiendo y por lo que me faltó. Hace muy poco
entré en la lectura, si bien leía antes
era muy esporádico, y hace un tiempo, desde que
murió mi madre, me agarró una obsesión
por la lectura filosófica, en este momento, ¿no?
Es como la historia de Julio Bocca, hasta lo que reclamo
que me falta, no podría reclamarlo si no me hubiera
faltado, y hoy lo encuentro, pero desde una historia que
ya me formó al no haberlo tenido antes... Buscar
algo es tan importante como no haberlo tenido. Así
que, sí, me parece que todo eso me conforma, en
el buen sentido, me constituye, me conforma, no me falta
nada porque todo lo que me falta es tan gigante... Yo
antes no podía leer demasiado, porque esos libros
que traían tantas citas me angustiaba
El
hecho de las citas, "como dice tal, como dice tal",
me re-contra angustiaba, en un solo libro encontraba tanto
de lo que no sabía... No podía seguir, no
podía desagotar la angustia y como yo estaba muy
en contacto con mi angustia, no podía "caretearme",
y bueno... por no poder tanto, ahora puedo leer libros
que, a lo mejor, tienen 700.000 citas y antes no los hubiera
podido leer.
E.P:
Se habla del narcisismo del artista ¿es un ingrediente
inevitable? ¿no lo somete a angustias demasiado
paralizantes?
Ricky Pashkus: Justamente, la angustia para mí
no es un problema, en tanto y en cuanto permita la acción,
el problema es cuando impide la acción. Es muy
complejo de entender, un artista está tan expuesto
y al mismo tiempo tiene que tener deseos, ser espectador
es más sencillo, no sale tu nombre en el diario.
Vos podés tener deseos de que salga tu nombre en
el diario, pero cuando sale, para bien o para mal, eso
afecta tu deseo. En muchos aspectos de mi vida, me sentía
culpable de sentirme narcisista, de sentirme egocéntrico,
entonces, trataba y ahora lo puedo hacer, de no anudar
todo sobre mí, definitivamente: soy lo que soy,
me río de mí.
E.P:
¿Te ha pasado verte reflejado en algún alumno?
Ricky Pashkus: Me pasa muy poco eso. Primero porque,
en chiste diría que "me quiero demasiado a
mí mismo" pero, más allá del
chiste -que no puedo dejar de decirlo- pienso en una maestra
de teatro, que me dijo una cosa que siempre me quedó
y que entendí mucho después, ella me hablaba
de la "extraña síntesis entre razón
y pasión", ahora la empiezo a entender. El
lugar afectivo-pasional-pensante es una mezcolanza rara
que yo fui haciendo en mi interior, que yo armé
y que creo que cada persona va construyendo para sí
misma de una manera muy diferente y particular en cada
caso. Mezcolanza rara, tengo un nazi adentro, siendo judío,
y -a pesar de no ser soldado- me digo "hay que ser
soldado", y fui soldado-. Fui soldado, por ejemplo,
en hacerme eco de mi deseo hasta las últimas consecuencias,
aunque no sabía adónde mierda me iba a llevar.
Por esto, no veo muchos chicos muy parecidos a mí,
porque es difícil tener unos padres como los que
yo tuve, con lo geniales que fueron, fueron muy únicos.
Es difícil venir de la clase social que yo vengo
- de clase media-alta - y tener éxito en esto,
es complejo, en general las clases bajas son más
favorecidas para esto. Algo apareció en mi naturaleza
que facilitó desasirme de la clase social desde
la cual yo estaba simbolizando, ¿no? La clase social
media-alta tiene presencia muy escasa en las artes. Escasa,
no digo ninguna, pero que el arte históricamente
esto es así...
E.P:
Y, ya que hablamos del deseo, y para no ser ingenuos:
¿hasta dónde llega la ambición y
la necesidad de alcanzar "premios"?
Ricky Pashkus: Debo ser sincero, tuve mucha coherencia
en dejarme llevar en mi carrera, porque no era una mala
persona. No soy una mala persona, aunque a veces tenga
sentimientos de culpa. Pero me movía la ambición,
si tenía alguna ambición, no dudaba: adelante.
Es decir, no me perseguía con conceptos como "No
pisarás a nadie", porque, pensaba ¿Cómo
se pisa a alguien? ¿Quién pisa a alguien?
Yo no pisé a nadie, pero hice cosas por ambición,
sí. ¿Hice maldades por ambición?
¿Y cuál es el límite de la maldad?
¿Cuando llamás rápido porque te enteraste
de un trabajo interesante y no llamás a otra persona
antes para advertirlo también? ¿Eso es maldad
o es inteligencia? ¿Cuando te olvidas de decir
algo que sabés porque tenés miedo que...?
Yo soy muy coherente, en ese sentido, avanzo contra viento
y marea... Confié en que mi genética no
tenía pecado, por lo menos no un pecado que me
obstaculizara avanzar. Es un gran acto de valentía
el que se debe asumir en el camino del arte. Siempre en
el marco de un abismo absoluto que, para colmo, cuando
más viejo te ponés, te empezas a dar cuenta
de que no tiene el premio, o sí tiene el premio,
pero no el que esperabas. El premio para mí, fue,
en todo caso, algo totalmente distinto de lo que imaginaba
mis primeras épocas de artista: trascendencia,
plata - que, a pesar de todo, gano-, fama. Hoy, el premio
es otra cosa y es genial, porque no lo imaginé,
no lo imaginé. Yo me imaginaba a los 50 años
en relaciones completamente eróticas con las personas,
lleno de poderes, explotados hasta las últimas
consecuencias y en una especie de... No fue así!
Salió distinto, el premio siempre es otro
¡Muchas Gracias Ricky!