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Inclusión  

Por JulioPerrera Quiroga

 

 


Severo hasta la crueldad el sino desgrana con crudeza las carencias.

Todos los días.

Amanece y el hábito despabila un borbollón de pasos rumbo al sustento.

Callados los pómulos enjutos y las manos gruesas de amasar quimeras, arremangan la paciencia.

Los reflejos amarillos de la estación, se trizan

En bostezos sobre el andén y las apariencias.

Como todos los días, los magros salarios amontonan

el silencio hilvanado la partida.

Arreo cotidiano.

A veces el lucero se monta sobre una raya azul que se confunde y se pierde celeste en la amanecida.

Y los ojos, apagados.

La vida sin ver la vida.

En las casas bajas la austeridad del pan caliente, imagina la simetría del tren crujiendo sobre la vía.

Nadie lo sabe.

A veces la luna se demora en el rocío mientras los yuyos desperezan la urbanidad y nadie lo sabe.

La rutina estruja la pasión.

Y allá, dentro, el miedo paraliza las ansias con la amenaza de la desocupación.

Temprano prende lumbre el cansancio.

Y la espera, siempre espera.

Cada jornal un día y cada día el porvenir.

El temor y la fatiga parirán la mansedumbre en los ojos que están aguardando.

Es severo hasta la crueldad, el devenir.

 
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