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Sobremesa con Patricia Hanono Por Ana Clara Benveniste


Situar la posición de un analista frente al desafío que plantean los niños que sufren fuertes carencias de orden socio-cultural, impone serias tensiones subjetivas en el propio psicoanalista. En el verano del presente año, publicamos “Razão e sensibilidade para uma comunidade de expressão” por  Luciano Fialkowski, ahora, presentamos el punto de vista de Patricia Hanono, psicoanalista, docente de la Universidad de Buenos Aires y universidades privadas de la carrera de Psicología, integrante de la cátedra “Niños y jóvenes en riesgo. Inserción institucional del psicólogo”.

 

(Para consultar el punto de vista de un poeta: Inclusión  Por Julio Perrera Quiroga )


EP: Contanos un poco cómo fue (en el contexto de la Facultad de Psicología de la UBA), el pasaje desde la Cátedra de Psicología Evolutiva a la de Minoridad.

Como muchas cosas, esto tiene que ver con las contingencias... Cuando, por razones ajenas a nosotros, se termina la posibilidad de seguir siendo docentes en la Cátedra de Psicología Evolutiva, un grupo de profesores -que ya estábamos trabajando en instituciones de menores- quedamos en contacto. Ese grupo de personas ya teníamos esa experiencia de trabajo en este tipo de instituciones. Los psicólogos empezábamos a tener nuevas áreas de inserción laboral, con nuevas formas de intervención profesional. A partir de ahí empezamos a estudiar, a investigar. Armamos un grupo de trabajo para investigar esta nueva vía de inserción  como psicoanalistas, y entonces empezamos a pensar qué hacer, cómo trabajar, cómo responder a esta demanda y a partir de estas cuestiones primero, formamos un grupo de investigación entre nosotros mismos, después hicimos una propuesta de seminarios de post grado en la Facultad de Psicología. Por nuestra trayectoria y currículum, salió un seminario que dictamos un par de años y después propusimos la cátedra como pasantías, que ahora no se llama pasantías sino “práctica profesional”, esto tiene que ver con una modificación del programa. En determinado momento de la carrera hay prácticas profesionales como materias optativas.

¿Hay muchos alumnos que opten por esta materia?

Sí, son bastantes. Tenemos inscriptos todos los cuatrimestres, tenemos una cantidad importante de cursantes.

Esta es la historia de la cátedra. En Evolutiva trabajamos en un área que tenía que ver con la niñez, pero no tenía que ver con otras cuestiones atinentes a lo institucional y la marginalidad. A alguien le surge un trabajo en este ámbito, y va convocando a otros... pero no fue cualquier trabajo. A mí me marcó mucho. Y a todo aquel que pasa por esto y se compromete le sucede igual, porque realmente es un desafío. Es un desafío porque

uno se está preguntando continuamente qué hace. Si hace asistencia social, si hace educación, si hace prevención al modo de la medicina. Todo el tiempo el desafío es cómo hacerle frente a esa demanda sin responder, es decir, cómo generar alguna otra cosa que vaya más allá de una respuesta a la urgencia puntual. Y es todo un trabajo, esto es lo que nos llevó a pensar e investigar.

La cátedra se llama “Minoridad en Riesgo. Inserción institucional del psicólogo”, en realidad el término minoridad está muy cuestionado, y nosotros hicimos otra propuesta con otro término pero la cátedra está aprobada con éste. En realidad es: “Niños y Jóvenes en riesgo. Inserción institucional del psicólogo”. Que es la cuestión que nos interesa, que es qué puede hacer un psicólogo y sobre todo un psicólogo que piensa las cuestiones desde el psicoanálisis. ¿Qué mezcla rara hay acá? ¿Se puede? ¿Hay efectos? Estas son las preguntas que nos hacemos como psicoanalistas todo el tiempo.

¿Por qué había sido resistido el término de minoridad?

Está muy discutido, sobretodo en las áreas de la Ciudad de Buenos Aires. Nosotros en la cátedra pensamos que menor es un término que viene de lo jurídico, implica que alguien necesita tutela hasta la mayoría de edad y además goza de inimputabilidad en términos legales. Y esto fue muy discutido porque implicaría la judicialización del caso. Se resistía mucho la intervención judicial, se trataba de evitar... y a nosotros nos parecía que en algunos casos era necesario, obraba como ley, obraba como una función paterna. Que un juez le ordenara a un chico su internación  a partir de un determinado modo de búsqueda de satisfacción,  un modo de satisfacción que el menor creía que no tenía límite, y que ese límite sólo se lo impusiera la realidad a través de las situaciones de riesgo a la que se exponía..., entonces, que un juez interviniera de ese modo, a veces operaba como posibilidad de acotar esto. No había ley entonces, pero cuando el juez interviene -si bien los menores son inimputables- es importante, en el sentido de que los hace responsables de sus actos. No toda situación de riesgo requiere intervención judicial, legal. Hay situaciones en que hay una falta de cuidado, de abusos de diferentes tipos, en que el joven no entra en conflicto con la ley pero en realidad hay una ley que ampara a los menores y hay que intervenir con las familias que abusan, o explotan....

¿Son instituciones de qué carácterísticas?

En realidad hay distintos tipos de instituciones que alojan a los menores. Hay muchas instituciones en donde tratan de hacer una prevención de otra índole, donde tratan de derivar, asistir, alojar consultas y brindar todo el apoyo antes de que sea necesario internar. Se da todo el apoyo familiar, terapéutico, necesario, se hacen derivaciones a hospitales zonales... Hay mucha gente trabajando en esto y hay distintos ámbitos.

Por ejemplo en la cátedra trabajamos con distintos tipos de instituciones, por un lado, hay comunidades terapéuticas, para chicos con problemas de adicción; hay hogares terapéuticos, espacios terapéuticos donde se alojan a los jóvenes, no necesariamente por problemas de adicciones, sino por problemas con la ley  o familiares, con fugas del hogar... Entonces según el tipo de situación y problemática, hay distinto tipo de institución.

Porque hay una serie bastante amplia de conflictos…

Exacto... Incluso nosotros en una época trabajábamos con Serpaj, con niños en situación de calle. Se resistían un poco a los psicólogos, la institución, no los niños…

Se trabajaba directamente en la calle, y desde algún juego, se los invitaba a hogares de día, donde hay talleres y otras actividades...

¿Y cuál era la respuesta de los chicos y de sus familias?

Y a veces iban... a veces, no, porque tenían que trabajar.

Pero esto promovía la institucionalización, y les daba un marco dentro de la cultura... Esto es adaptar el trabajo a la situación... Se supone que se trata de un niño, pero en realidad no es un niño, ha caído la noción de infancia. Las instituciones que alojan a los niños también están en crisis. La escuela, las instituciones de asistencia.... están en crisis porque el conflicto social cada vez es mayor y los chicos no van a la escuela, tienen que trabajar. O se prostituyen... entonces habría que pensar otros modos de intervención de manera de poder alojar estos problemas. Por ejemplo, que un juez intervenga y los institucionalice hace  que los incluya en la red de la cultura, que les de un marco legal, esto produce efectos de subjetivación. Hay alguien que les dice: De esta manera no podés vivir, no te podés drogar, no te podés prostituir, no podés gozar sin límites, no podés robar... Hay algo que empieza a ordenarse.

¿Pero el puntapié inicial lo daría el psicólogo?

El juez siempre tiene un asesoramiento. Depende del Juzgado... Hay distintos tipos de juzgados y operan de diferente manera. ..... Es cierto que la institución con su normativa, a veces fallaba en poner un límite, entonces se apelaba a una instancia tercera, que operaba como función paterna  y era muy importante para los chicos, porque había alguien que podía desear algo para él, ocupando un lugar de otro primordial que antes no existía, un lugar de cuidados.  Lugar de Otro si el chico lo podía tomar, porque hay chicos que no lo tomaban, que se fugaban, que no se alojaban ahí... Hay chicos que se fugaban de diferentes lugares y en algún momento podían alojarse en alguno.

¿Cómo toma contacto la cátedra con estas instituciones?

Ya estábamos en contacto con las instituciones, porque nosotros ya estábamos trabajando ahí. Lo que empezamos a investigar es la especificidad de este trabajo, y el desafío era el de diferenciarnos y apostar a otra cosa.   La pregunta del cómo despegarnos del discurso médico, del discurso jurídico, del discurso pedagógico, de este discurso amo que ordena la vida de estos chicos. Porque la institución les ordena la satisfacción de la pulsión, el goce, y puede cumplir esta función. Esta función de “esto se hace y esto no se hace”, como haría una familia, y podría llegar a cumplir esta función de ley, de desear algo para el chico, esta función de organizar, de introducir a alguien en la cultura, de proponer ideales.... Un analista no se ubica en este lugar, no puede demandar nada y el desafío era poder trabajar en la institución y diferenciarse de ese discurso. Y tampoco transmitir una cuestión pedagógica. A veces nuestra intervención, la asistencia psicológica,  era impuesta a los jóvenes pero lo interesante es que en algún momento surgía en la mayoría de los casos una demanda de los chicos mismos. Preguntaban qué pasaba con el psicólogo, necesitaban hablar de lo que les pasaba.... Cómo hacemos para que el sujeto se pregunte por algunas cuestiones.

Supongo que más de una vez están forzados a ser asistentes sociales, asistentes legales y todo esto junto...

Pero esto pasa en cualquier lugar...Uno tiene que hacer intervenciones para poder sostener el tratamiento.... Pero en estos casos, particularmente se trata de apelar a otras instancias. Por ejemplo, si un chico se fugaba y no volvía, en instituciones que son abiertas,  no éramos nosotros los que sancionábamos, sino otras personas que cumplían otras funciones dentro de la institución eran quienes lo hacían... Hay muchas transferencias diferentes que intervenían sancionando ese acto, después nosotros trabajábamos con eso: si se enojaban, cómo lo tomaban, qué pensaban de ese acto. O si había que hacer una visita a una casa, tratábamos de proponer que hubiera otras personas que lo hicieran, por ejemplo, las asistentes sociales.... Había veces que era muy difícil no satisfacer esas demandas: el pedido de cigarrillos, me comprás, me das... Hay que evaluar si proveer, si no.... hay que ser sumamente cuidadoso porque hay veces que uno se tienta, y a veces te salís del lugar. Es importante no convertirse en alguien que satisface la demanda, eso pasa por otra vía, y posibilitar alguna pregunta sobre aquello que ellos desean, qué buscan, qué quieren ellos. Y además que tomen conciencia del riesgo al que se exponen. No saben que se pueden morir, y si saben no les importa porque a nadie le importa que ellos vivan.

Entonces que alguien desee algo para ellos, la institución  con el sistema de ideales que propone: trabajar, estudiar, hacer talleres, algún deseo les despierta... porque nadie se constituye como sujeto si no hay alguien que lo desee. Pensamos a la institución como una organización discursiva que tiene efecto sobre los cuerpos. En términos de que ordena la satisfacción de una determinada manera. Hay cosas que están prohibidas y otras no, y de algún modo, la intervención de todos estos discursos, médico, jurídico, ordenan. Y nosotros, como psicoanalistas nos instalamos en la falla de esos discursos y tratamos de que alguien se pueda preguntar por lo que le pasa. Crear ese espacio distinto en este ámbito...Y no pensar que por eso no somos psicoanalistas. Hay mucha resistencia con esto...

¿Y ustedes trabajan con los menores y con los profesionales de la institución?

Sí, y si bien esto no está explicitado se trabaja con la institución. Hay instituciones que dan ese lugar, y otras que no y uno se las arregla como puede. Es importante, hablar con los directivos, con el personal, para que intervengan por ejemplo, sancionando, y que ciertas actuaciones dirigidas a Otro, en este caso la institución, sean sancionadas de alguna manera. Depende también de quién dirija la institución.... De todos modos, por alguna razón nos dan un lugar a los psicólogos en este ámbito. Alojarlos solamente no alcanza. Hay muchas instituciones religiosas que se han dedicado a esto. Y no les iba del todo mal, de algún modo el amor hace su obra pero había cuestiones en la repetición, de esta cosa mortífera de estos chicos, que insistía aún cuando se les ofrecían otras condiciones de vida. Teniendo casa, comida, abrigo, querían seguir robando y durmiendo en la calle.... bueno, esto no lo podían responder desde otro discurso, desde estos ámbitos....ahí es donde entramos los psicólogos... Seguía habiendo actings de estos chicos, y a partir de nuestras intervenciones algo empezaba a cambiar.... por supuesto se siguieron produciendo fugas, desapariciones de la escena de estos chicos.... pasajes al acto. Los tratamientos  tienen su especificidad. Así como con un tratamiento de chicos tenemos que trabajar con los padres.

Te iba a decir eso... porque son chicos que están en vía de constitución, es imposible no trabajar con las instituciones....

Algunas son más abiertos que otras, pueden escuchar. A veces también los jueces nos consultan, y los  directivos también... “Este chico se fue, o llega tarde, qué hacemos con esto?” uno ¿responde o no responde? ¿no hace nada?

Es un llamado al Otro, nosotros consideramos que estos actings, estas transgresiones, son llamados al Otro, y si la institución no responde es probable que haya una fuga. Para el chico es muy importante, que alguien se interese en él, que alguien sancione sus actos.

Si, si pensaba en Winnicott cuando hablaba de la deprivación, en donde plantea que en ese acto el chico tiene la esperanza de que el otro esté, se está buscando la presencia del otro....

La esperanza de que haya algún otro, porque no hay, hay una familia ausente... No hay familia, no hay Estado, ahora se intenta de alguna manera estar... pero hay que trabajar sabiendo que no siempre se logra, que no siempre resulta... nuestros intentos pueden caer en saco roto... los chicos se fugan, vuelven a caer en el mismo circuito, o mueren y nos enteramos... A veces pueden volver a ser alojados y algo de lo que hacemos puede producir la reinscripción en la cultura... Están como en un borde, en el margen.

Ahora la pregunta es si a posteriori de esta inscripción ya sea a través de estos ideales que propone la institución los chicos tienen realmente las posibilidades para salir adelante....

Esto es un tema interesante y es qué posibilidades de inserción social tienen.... y a veces pueden. En las instituciones permanecen hasta la mayoría de edad, por tiempo limitado. Y a veces pueden contar con alguien, o volver a sus familias, o empezar a trabajar. Hay instituciones intermedias... Bueno, estos son los límites con los que trabajamos.

Cuando decís instituciones intermedias ¿a qué te referís?

Hay lugares en provincia por ejemplo, que trabajan consiguiendo que algunas empresas les den la posibilidad de un trabajo, y les dan cierto alojamiento, y una subvención por un tiempo... Hay diferentes canales, mecanismos, pero esto es insuficiente. Hay chicos que pueden volver con sus familias donde hubo una especie de ordenamiento, otros que pudieron romper con sus familias, justamente como un modo de resolver esto, algunos empezaron a trabajar...

Falta una política estatal...

Trabajamos con instituciones a medio camino, donde hay estudiantes que hacen las pasantías en este tipo de institución. Nos fuimos conectando a partir de esta experiencia, y nos parecía algo interesante para ofrecer a los estudiantes en formación porque es un nuevo ámbito de trabajo, y la verdad es que hay poco escrito, poco producido... Hay que inventar nuevos recursos, nuevos modos de intervención, no?

Hay poco escrito y hay mucha marginalidad

Y eso también es nuevo, relativamente nuevo...

Cuando vos decís que esto era resistido, en qué sentido lo decís, porque esta es una materia optativa y el alumno elige inscribirse....

No por los alumnos, porque tenemos inscripción sino por los colegas.

Así como cuando se empezó a trabajar con niños.... Así como la práctica con niños tiene su especificidad y el analista tiene que trabajar con los padres, con el pediatra, con la escuela en estos ámbitos también se pueden producir efectos de subjetivación. Con los menores, la idea es que alguien pueda posicionarse de otra manera frente a la búsqueda de satisfacción sin límite de los menores, que pueden llevarlos a veces hasta la muerte.

Pensemos que ellos vienen en una posición de objeto, objeto de satisfacción del otro. A nuestro entender, hay un concepto equivocado de que estos chicos al no respetar la ley tienen un Superyo frágil cuando en realidad tienen un Superyo sádico y exigente, que implica sometimiento al Otro.

Bueno, como ya lo planteaba Melanie Klein en su polémica con Anna Freud…

Como digo, se trata de un sometimiento pero no al Otro atravesado por la Ley, no al Otro barrado, sino al Otro arbitrario. Porque estos chicos se prostituyen para cualquiera, trabajan para otro, roban para otros... sin poder preguntarse qué quieren ellos, se someten como si no hubiera otra alternativa en la vida... Como si no hubiera otra posibilidad que vivir en la calle, o drogarse, o prostituirse... entonces se trata de intentar instalarlos en un lugar que funciona como un Otro barrado, que sería la institución, que no es arbitraria. Ellos vienen de esto,  que el Otro puede hacer lo que quiera con ellos...

Y en ese sentido el “Otro barrado” también tiene que ser el psicoanalista… 

Y deseante. Y tiene que desear también ser psicoanalista. Porque sino te confundís, y entonces le das la frazada, la ropa, el cigarrillo pero no psicoanalizás.

En nuestro sitio “La casa de Winnicott”, nos preguntamos sobre qué determinaría el “fin de la infancia”...

Hay autores que han trabajado esto. En  “Ensayo  sobre la destitución de la niñez”, los autores Cristina Corea e Ignacio Lewcovickz piensan la infancia en términos de modernidad. Porque en realidad la infancia surge en la modernidad y surgen las instituciones específicas para alojar a los niños, se empiezan a pensar espacios diferentes en relación a los adultos. En la época medieval, los niños trabajaban con los adultos, dormían con los adultos, no había distinción de ámbitos;  con la cultura de la modernidad se recorta al niño como objeto, con las instituciones que van surgiendo se opera discursivamente sobre estos cuerpos, se impone determinados modos de satisfacción, determinados modos de cuidados. Surge la pediatría como disciplina, la pedagogía... Y esto que surge en la época moderna, en esta era de capitalismo salvaje, esto entra en crisis, porque los niños no van a la escuela, los niños trabajan, son prostituidos por adultos y estas leyes que prohíben las relaciones entre niños y adultos son trasgredidas, hay cualquier cantidad de ofertas de sexo infantil....Esto hace que esté en crisis el concepto de infancia. Lo que se entiende por niño, estos chicos no responden al concepto de niño...Están en los bordes o en los márgenes de la cultura

Pero tampoco son adultos ...

Es muy interesante el planteo de estos autores. Cristina Corea empieza a hacer un estudio a partir de un crimen en Inglaterra, un secuestro cometido por dos niños de 10 u 11 años a otro niño de 3 en un supermercado, con un sadismo terrible y a partir de este hecho ella se empieza a preguntar, qué pasa ahí, estos niños son niños? ¿Son víctimas, son victimarios? ¿qué lugar hay para los niños?

En tu desarrollo profesional y personal ¿qué te sorprendió como dificultad o como aporte en este área tan específica?

Como dificultad la cuestión de la repetición, de la insistencia. Vos sabés que en cada repetición hay una merma de satisfacción o de goce, pero si no hay algún analista leyendo esto y produciendo algo, esta repetición sigue. Lo que sentía como obstáculo era que se tornaba muy difícil que alguien dejara de repetir. Más difícil que en el consultorio. Por ejemplo había un chico que quería ser adoptado. Toma contacto con una familia que lo aloja, eran muy humildes  y el menor tenía que tener la autorización legal del juez, cuando la familia empieza a hacer los trámites de adopción, en ese momento el chico se fuga, desaparece. Esto fue muy impactante. El chico generó todo esto pero no pudo soportarlo. Ese cambio no se pudo producir. Esto de ser menor en riesgo, de alguna manera le da una identidad y estos son los límites de nuestra intervención y con el tiempo empiezan a poder aceptarse.

Como aporte es que yo ya ahora no estoy trabajando en las instituciones, pero después de dos años, por ejemplo, algún menor de los que había atendido, me llamaba, y me contaba algo de su vida –“me casé”, “tuve un hijo”-. O me llamaban para agradecerme, que estaba mejor... Esto también a veces me sorprendía. Chicos que robaban a mano armada, y con riesgo de ser muerto…Una vez  uno fue a la institución y preguntó por su psicóloga, me contactó... algún recurso pudo encontrar… y esto nos hace pensar que hay pequeñas marcas que se dejan para que alguien pueda modificar algo en su vida.....

La idea es que estos chicos puedan encontrar algún recurso...

Te agradecemos Patricia por compartir con nosotros tus experiencias tan intensas en este campo de la minoridad

Quiero mencionar, antes de concluir a las personas con quienes armamos este proyecto:

Susana Neuhaus y Regina Teitelbaum

 
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