Espacio Potencial:
Estimado Gastón Bachelard:
¿no fue usted un poco cruel con los psicoanalistas
al afirmar que "piensan demasiado, no sueñan
lo suficiente"?
Gastón Bachelard: (ríe con ganas.)
Bueno, lo que yo quise destacar es el exceso de vigilia
atenta y prevenida de ciertos analistas, que de ese modo
sólo logran ponerse a salvo de toda sorpresa;
entonces establecen una torpe distancia respecto de las
experiencias que tienen que abordar en su trabajo
Por eso les propuse un cierto estado de no-saber en la realización
de su tarea.
EP: ¿No estaremos demasiado
condenados por una carga demasiado pesada de saber previo
en nuestro trabajo como para proponernos absolutamente
ingenuos o ignorantes en el encuentro con nuestros pacientes?
GB: Es que el no-saber no es una ignorancia,
sino un difícil acto de superación del conocimiento.
Sólo a ese precio se logra una suerte de comienzo
puro, se liquida un pasado y uno se enfrenta con la novedad
A esto lo llamé "punto de vista del soñador",
y destaqué el valor de la ensoñación
para abordar al mundo.
EP: ¿A qué considera
usted un "comienzo puro"? Porque el psicoanálisis
-como la religión- siempre presume una suerte de
pecado original en toda existencia; es decir que todo
ser humano posee -desde su nacimiento- una estructura
subjetiva que se constituye en el marco de una historia
que la precede y modela: unos le llaman "anterioridad
del orden simbólico" (lacanianos), y otros
-en un sentido equivalente- "sadismo temprano"
(kleinianos).
GB: Más allá de esos elementos
constantes de toda estructura psíquica, propongo
la toma de conciencia de ciertos fenómenos que
poseen una suerte de objetividad fugitiva; todo sujeto
puede otorgar un precio subjetivo durable a lo efímero,
como sucede en la experiencia poética: a partir
de una simple imagen los poetas dan con una suerte de
origen absoluto. En las horas de los grandes hallazgos
una imagen poética puede ser el germen de un mundo,
el germen de un universo
En resumen, no niego esos
arquetipos psíquicos preexistentes, fuertemente
arraigados en todo sujeto, pero cada uno puede encontrar
en esa repetición una virtud de originalidad según
las diversas variaciones que actúan en esos arquetipos.
EP: ¿Fue en ese sentido
que usted formuló la idea de que la poesía
es un "majestuoso lapsus de la palabra"?
GB: Efectivamente, en esa palabra que permite
tomar al ser en ruptura con un ser antecedente tenemos
la sensación de confrontar con el hombre que se
abre a una palabra nueva, a una palabra que no se limita
a expresar ideas o sensaciones, sino que intenta tener
un futuro; esto es, cuando una persona puede hablar realizando
una conquista positiva de la palabra. La palabra poética,
llamémosle así, en su novedad, abre un futuro
al lenguaje. Esa palabra, como no va acompañada
de atención, a menudo carece de memoria.
EP: El "punto de vista del
soñador" que usted propone -y que ayuda a
reconstruir el mundo en su versión más poética-,
¿no puede tener algo de evasivo respecto del inevitable
peso de lo real?
GB: Si la consideramos en su máxima simplicidad,
la ensoñación otorga al sujeto una función
de lo irreal, una función útil y normal
que preserva al psiquismo humano de todas las brutalidades
de un no-yo hostil, de un no-yo ajeno. El mundo real es
reabsorbido por el mundo imaginario, tal como lo expresaba
Shelley al decir que la imaginación es capaz de
hacernos crear lo que vemos
EP: ¡Y como Winnicott cuando
decía que sólo creamos lo dado!
GB: Justamente, gracias a la imaginación
y a las sutilezas de la función de lo irreal entramos
en el mundo de la confianza, en el mundo del ser confiante,
en el mundo mismo de la ensoñación.
EP: ¿La ensoñación
construye entonces un espacio de descanso para el agobio
cotidiano del ser sin que por eso ese espacio sea un lugar
de repliegue defensivo?
GB: Le otorga al ser una suerte de estabilidad,
de tranquilidad; es obvio que el alma tiene la tarea de
crear sistemas, de organizar experiencias diversas para
intentar comprender el universo, pero encuentra su reposo
en los universos que la ensoñación imagina.
Aun así, siempre permanece la duda: cuando un soñador
habla, ¿quién habla, él o el mundo?
EP: El punto de vista del soñador
que permite descubrir un mundo preexistente y que lo hace
habitable, ¿hereda algo de la imaginación
de infancia?
GB: El punto de vista del soñador es,
sin duda, la permanencia en el alma humana de un núcleo
de infancia, una infancia inmóvil pero siempre
viva, fuera de la historia, escondida a los demás,
disfrazada de historia cuando la contamos, pero que sólo
es real en esos instantes de iluminación que son
los instantes de existencia poética
La historia
de nuestra infancia no está psíquicamente
fechada, las fechas las colocamos a destiempo, vienen
de otros, de afuera, de un tiempo distinto del tiempo
vivido.
EP: Entonces, para concluir:
la vida, la verdadera vida, sólo se experimenta
en los momentos poéticos, que no dejan de ser una
mera recreación de lo ya existente
GB: Nunca se ha visto bien al mundo si no se
ha soñado con lo que se veía; sucede que
a veces, no pudiendo soñar más, uno termina
pensando
Las ensoñaciones, las locas ensoñaciones
conducen a la vida.