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Sobremesa con Gaston Bachelard.

Adoptando el "punto de vista del soñador" tal como él lo hubiera deseado, construimos un diálogo con G. Bachelard (1884-1962) donde él mismo nos confía porqué piensa que los psicoanalistas "piensan demasiado, no sueñan lo suficiente…"
Por Espacio potencial


Espacio Potencial: Estimado Gastón Bachelard: ¿no fue usted un poco cruel con los psicoanalistas al afirmar que "piensan demasiado, no sueñan lo suficiente"?
Gastón Bachelard: (ríe con ganas.) Bueno, lo que yo quise destacar es el exceso de vigilia atenta y prevenida de ciertos analistas, que de ese modo sólo logran ponerse a salvo de toda sorpresa; entonces establecen una torpe distancia respecto de las experiencias que tienen que abordar en su trabajo… Por eso les propuse un cierto estado de no-saber en la realización de su tarea.

EP: ¿No estaremos demasiado condenados por una carga demasiado pesada de saber previo en nuestro trabajo como para proponernos absolutamente ingenuos o ignorantes en el encuentro con nuestros pacientes?
GB: Es que el no-saber no es una ignorancia, sino un difícil acto de superación del conocimiento. Sólo a ese precio se logra una suerte de comienzo puro, se liquida un pasado y uno se enfrenta con la novedad… A esto lo llamé "punto de vista del soñador", y destaqué el valor de la ensoñación para abordar al mundo.

EP: ¿A qué considera usted un "comienzo puro"? Porque el psicoanálisis -como la religión- siempre presume una suerte de pecado original en toda existencia; es decir que todo ser humano posee -desde su nacimiento- una estructura subjetiva que se constituye en el marco de una historia que la precede y modela: unos le llaman "anterioridad del orden simbólico" (lacanianos), y otros -en un sentido equivalente- "sadismo temprano" (kleinianos).
GB: Más allá de esos elementos constantes de toda estructura psíquica, propongo la toma de conciencia de ciertos fenómenos que poseen una suerte de objetividad fugitiva; todo sujeto puede otorgar un precio subjetivo durable a lo efímero, como sucede en la experiencia poética: a partir de una simple imagen los poetas dan con una suerte de origen absoluto. En las horas de los grandes hallazgos una imagen poética puede ser el germen de un mundo, el germen de un universo…En resumen, no niego esos arquetipos psíquicos preexistentes, fuertemente arraigados en todo sujeto, pero cada uno puede encontrar en esa repetición una virtud de originalidad según las diversas variaciones que actúan en esos arquetipos.

EP: ¿Fue en ese sentido que usted formuló la idea de que la poesía es un "majestuoso lapsus de la palabra"?
GB: Efectivamente, en esa palabra que permite tomar al ser en ruptura con un ser antecedente tenemos la sensación de confrontar con el hombre que se abre a una palabra nueva, a una palabra que no se limita a expresar ideas o sensaciones, sino que intenta tener un futuro; esto es, cuando una persona puede hablar realizando una conquista positiva de la palabra. La palabra poética, llamémosle así, en su novedad, abre un futuro al lenguaje. Esa palabra, como no va acompañada de atención, a menudo carece de memoria.

EP: El "punto de vista del soñador" que usted propone -y que ayuda a reconstruir el mundo en su versión más poética-, ¿no puede tener algo de evasivo respecto del inevitable peso de lo real?
GB: Si la consideramos en su máxima simplicidad, la ensoñación otorga al sujeto una función de lo irreal, una función útil y normal que preserva al psiquismo humano de todas las brutalidades de un no-yo hostil, de un no-yo ajeno. El mundo real es reabsorbido por el mundo imaginario, tal como lo expresaba Shelley al decir que la imaginación es capaz de hacernos crear lo que vemos…

EP: ¡Y como Winnicott cuando decía que sólo creamos lo dado!
GB: Justamente, gracias a la imaginación y a las sutilezas de la función de lo irreal entramos en el mundo de la confianza, en el mundo del ser confiante, en el mundo mismo de la ensoñación.

EP: ¿La ensoñación construye entonces un espacio de descanso para el agobio cotidiano del ser sin que por eso ese espacio sea un lugar de repliegue defensivo?
GB: Le otorga al ser una suerte de estabilidad, de tranquilidad; es obvio que el alma tiene la tarea de crear sistemas, de organizar experiencias diversas para intentar comprender el universo, pero encuentra su reposo en los universos que la ensoñación imagina. Aun así, siempre permanece la duda: cuando un soñador habla, ¿quién habla, él o el mundo?

EP: El punto de vista del soñador que permite descubrir un mundo preexistente y que lo hace habitable, ¿hereda algo de la imaginación de infancia?
GB: El punto de vista del soñador es, sin duda, la permanencia en el alma humana de un núcleo de infancia, una infancia inmóvil pero siempre viva, fuera de la historia, escondida a los demás, disfrazada de historia cuando la contamos, pero que sólo es real en esos instantes de iluminación que son los instantes de existencia poética…La historia de nuestra infancia no está psíquicamente fechada, las fechas las colocamos a destiempo, vienen de otros, de afuera, de un tiempo distinto del tiempo vivido.

EP: Entonces, para concluir: la vida, la verdadera vida, sólo se experimenta en los momentos poéticos, que no dejan de ser una mera recreación de lo ya existente…
GB: Nunca se ha visto bien al mundo si no se ha soñado con lo que se veía; sucede que a veces, no pudiendo soñar más, uno termina pensando… Las ensoñaciones, las locas ensoñaciones conducen a la vida.

 
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