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La abuela materna
por Julieta Motta



¿Algún día yo llegaré a convertirme en "eso" que es ahora mi abuela?


De pronto siente la necesidad de ver a la abuela materna y enfila por las sombreadas calles de Devoto, donde ella vive.
Por fin llega, calle Navarro 4550. Sube dos escalones y se encuentra con la puerta de madera, con su llamador de bronce en forma de garra de león. Lo sacude con fuerza pues le contaron que la abuela está medio sorda. La puerta se abre y ella aparece sonriente, más pequeña de lo que recuerda, el pelo más blanco, el cuerpo ligeramente encorvado, hundido el pecho, los ojos acuosos, las arrugas apergaminándole la cara, las piernas bajo un largo batón, que no oculta la hinchazón de los pies.
Lo lleva hasta la sala y se sienta en su silla hamaca, comienza a tejer, sin mirar las agujas y preguntándole por la familia.
Él la escucha aturdido, un poco atemorizado por su aspecto y se pregunta con el miedo propio de la juventud. ¿Algún día yo llegaré a convertirme en "eso" que es ahora mi abuela materna?
De pronto se encuentra en la soleada calle de Devoto, frente al número 4550, donde se levanta ahora un pretencioso edificio de departamentos; no termina de salir de su asombro cuando recuerda, casi temblando, que su abuela Blanca murió en marzo del sesenta y tres.

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