Cazadores de miradas, Antología
2004, Ediciones Del Cetrino
Que
éste sea un libro hecho de textos de niños
es un hecho maravilloso, pues nos da por un instante la
posibilidad de espiarlos sin que nos miren. Y disfrutar.
Al acercarnos a sus textos entramos en los caminos de su
imaginación, nos colocamos los lentes con los que
ellos entienden el mundo y la vida. Es un segundo, un flash,
una posibilidad.
Son escritos ingenuos, ácidos, muchos de ellos terribles.
La mirada de los niños no siempre es cálida
o plumífera. Su lógica es otra, la de los
instintos, la de la verdad, lo que es, es. Lo que no es,
no es. Así son.
En este año en la Escuela de estética de La
Matanza adultos y niños trabajamos la temática
de las identidades, expresada en el proyecto anual "cazadores
de miradas". Inspirándonos en algunos conceptos
del artista austríaco Hunterwasser recorrimos sus
pasos de piel en piel. Así, la primera piel nos llevó
a investigar el cuerpo, sus sentires, sus percepciones y
capacidades. De allí seguimos a esa identidad construida
y artificial que es la ropa, entendida también como
otra piel. Pasamos luego a nuestro hogar, esa identidad
primaria, donde habitamos o donde querríamos habitar.
La tercera y cuarta nos llevaron a los demás, el
entorno vital y el universo todo.
Es así que los escritos de los chicos giran en torno
a sus impresiones y a sus conclusiones poéticas respecto
a lo que les propusimos. Están ordenados, siguiendo
la imagen de la cebolla, también en pieles, de los
más pequeños a los más grandes.
Los chicos siempre tienen algo para decir, estos son sus
mundos, estos son ellos.
Prof. Damián Lucas Masotta
Nicolás Axel Díaz Sterbanoff
El nene enamorado
Había una vez un nene que se enamoró de
una nena y siempre que la veía se ponía
colorado, todos se reían de él.
Pero él estaba con la chica y los otros no
tenían novia.
Juan
Cruz Ramallo
Una casa
Había una vez una casa que
Se metía en una mochila
Se achicaba y se agrandaba
La armaba y se desarmaba
Flrorencia
Tufeksian
La mujer del globo
Una mujer andaba siempre con un globo invisible. Ella prefería
atárselo en las manos. Pero a veces se lo ataba en
los pies para parecer más alta.
Un día fue a la verdulería y el verdulero,
como la mayoría, tenía una lapicera en su
oreja derecha. Sin saber nada del globo se lo pinchó
y todos se dieron cuenta de que la señora era muy
baja.
Le preguntaron porqué había ocultado que era
bajita y la señora contestó porque yo pensaba
que se reirían de mí.
Catalina
Pawlow
La cara de.....
Victoria la que tiene cara de zanahoria.
Jugaba con Martín el que tiene cara de chupetín.
Y también con Juan, el que tiene cara de galán.
Al rato llegó Florencia la que tiene cara de emergencia.
Pero también vino Santiago el que tiene cara de tarado,
Y como el profesor, Mariano, el que tiene cara de marciano
los vio
jugar felices, comieron perdices.