Ese topoanálisis -dice Bachelard- le permite al analista descubrir un carácter de la subjetividad que está íntimamente ligado a lo que Winnicott llamaría a sus lugares “de estar siendo”, lugares donde poder distenderse y desplegar sus experiencias más genuinas. Bachelard descubre -en este sentido- cierta “función de habitar” propia de cada ser humano, una función que evidencia la capacidad para encontrar los lugares más propicios al despliegue del self.
Ahora bien, esta propuesta de Bachelard nos resultó muy inspiradora a la hora de pensar una pagina que se dedicara a difundir el pensamiento de Winnicott, porque se trata de una idea que está estrechamente vinculada con uno de sus descubrimientos más fundamentales del desarrollo subjetivo, el descubrimiento de un territorio. Un territorio muy especial en el que un individuo pueda vivir sus experiencias más comprometidas, más íntimas y al mismo tiempo, donde pueda vivir la experiencia más tolerable y más disfrutable del encuentro con los demás.
Esta idea, relacionada con los “lugares de estar” que habita cada ser humano, puede asociarse también con otra, que nosotros usamos en la portada de “Espacio potencial”, y que está condensada en esta frase de Winnicott: “El mundo resulta importante y satisfactorio para cada individuo si crece a partir de la calle en que está su casa o del patio de atrás...” De modo que el mundo es el territorio extendido desde los lugares que habitamos en la infancia.
Así que lo que trabajamos en su momento (en aquel verano del 2003 en que subió a la Web la primer edición de Espacio potencial) con las diseñadoras de la página, fue el modo en que un sitio web pudiera ser transformado -justamente- en un territorio (con sus diversos relieves), y que en lugar de navegarse pudiera más bien ser “explorado” (no sin algún esfuerzo y efecto de desorientación momentánea). Así surgió la idea establecer el recorrido por los diversos lugares de una casa a la que llamamos “La casa de Winnicott” (www.espaciopotencial.com.ar).
Como G. Bachelard también advierte a los psicoanalistas que “piensan demasiado, no sueñan lo suficiente”, invitamos a nuestros visitantes de “La casa de Winnicott” a una exploración onírica de sus lugares-ambientes:
La casa que está ubicada en cierto un barrio, con su zona conocida y familiar y sus confines, un inquietante “más allá del barrio” a donde, de tanto en tanto nos aventuramos con escritos de otros territorios teóricos, también están los vecinos, gentes de otras disciplinas pero que están muy impregnados del espíritu winnicottiano (Deleuze, Camus, Pessoa, etc.), la cocina, donde compartimos sobremesas distendidas con los amigos (Pontalis, Rodrigué, Nasio, etc.), la sala de estar, lugar donde nos sentamos a leer poesía, cuentos, ensayos), el estudio, donde tenemos escritos teóricos-clínicos, el patio de atrás donde “hacemos rondas y jugamos a las escondidas”, el altillo a donde subimos en silencio y con sigilo a reencontrarnos con los recuerdos... En fin, es una casa habitada, de modo que impera un cierto desorden, y es inevitable encontrar alguna remera algo usada, tirada cerca del sofá, o un buen libro en la mesa de la cocina...
Por supuesto, están todos invitados a pasar e instalarse en el lugar que más les guste.