Infancia que brilla, tiempo
inmóvil que arde, que quema. Movimiento, río
que corre, que fluye, que refleja un cielo. Fuego vivo,
verbo de fuego.
Son imágenes, imágenes que un niño
solitario habita, imágenes que visitan nuestra intimidad,
imágenes que nuestra memoria colorea. Imágenes
de nuestra infancia...
Conservamos en nosotros una infancia potencial, un lugar
vivo en el que podemos soñar libremente, en soledad.
Gaston Bachelard, en su Poética de la Ensoñación,
nos habla de "la permanencia en el alma humana de
un núcleo de infancia, una infancia inmóvil
pero siempre viva, fuera de la historia, escondida a los
demás, disfrazada de historia cuando la contamos,
pero que sólo podrá ser real en los instantes
de su existencia poética".
¿Cómo recuperar, entonces, ese estado del
alma que es nuestra infancia?
" (...)gracias a la poesía despertamos un
estado de nueva infancia, una infancia que va más
lejos que los recuerdos de nuestra infancia, como si el
poeta nos hiciera terminar una infancia que no se realizó
totalmente..." (1)
Cedámosle, entonces, la palabra a los poetas:
Verbo
encendido.
Diré lo que ha sido mi infancia
Descubríamos la luna roja en el fondo de los bosques.
Alain Bosquet, Primer testamento, Gallimard, París
En
mi infancia nace una infancia ardiente como un alcohol
Me sentaba en los caminos de la noche
A escuchar la elocuencia de las estrellas
Y la oratoria del árbol
Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma
Vicente Huidobro, Altazor
Ah!
Siempre que yo lo admita
aquí estás infancia mía
tan viva, tan presente
Firmamento de vidrio azul
árbol de hoja y nieve
río
que corre, ¿dónde voy?
Charles Plisnier, Sacre, XXI
En
medio de vastas extensiones despojadas por el olvido, relucía
de continuo esta infancia maravillosa que tiempo atrás
me parecía haber inventado.
Henri Bosco, Hyacinthe
La
verdadera memoria, considerada desde el punto de vista filosófico,
no consiste sino en una imaginación muy viva,
creo, fácil de conmoverse y por lo tanto susceptible
de evocar en apoyo de cada sensación las escenas
del pasado ofreciéndolas como el encanto de la vida.
Charles Baudelaire, Curiosidades estéticas
Las
imágenes de la infancia, las que un niño ha
podido crear, las que un poeta nos dice que un niño
ha creado, son para nosotros manifestaciones de la infancia
permanente. Son imágenes de la soledad. Hablan de
la continuidad de las ensoñaciones de la gran infancia
y de las ensoñaciones del poeta.
G. Bachelard, Ensoñaciones e Infancia
Así,
los poetas nos proponen soñar... soñar despiertos
las imágenes de nuestra infancia. Y volver a ser
niños, porque en todo soñador vive un niño.
Reimaginemos, entonces, la infancia perdida. Reinventemos
nuestro pasado, recuperándolo en las imágenes
de nuestros ensueños más profundos.
1 -
G. Bachelard, La Poética de la Ensoñación,
FCE, Colombia, 1993