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IR AL ALTILLO
El patio de atrás
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En
blanco y negro por Paula Larotonda.
La vejez, donde el tiempo de la infancia se resignifica.
Reflejarse en los ojos de una abuela.
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Abro
la caja. Fotos antiguas. Un hombre casi viejo, de no más
de treinta y pico y bigote espeso. Dicen que fue mi bisabuelo.
El sueño de un inmigrante recién llegado de
algún barco. Una seductora mujer de labios gruesos,
un pibe con orejas de ratón, una nena muy rubia:
imágenes que he soñado para recuperar mi pasado...
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Las veredas anchas y coloridas del barrio de Saavedra fueron
testigos de aquellos sueños protegidos bajo cascos
de combate. Sueños que imaginábamos volar
-invencibles- sobre los trenes. El más grande me
enseñaba -sin piedad- todo lo que era necesario saber:
recolectar insectos, atajar al arco, dibujar historietas.
Yo admiraba a aquellos superhéroes superfrágiles,
que solían transformar soldaditos en jugadores de
fútbol, que luchaban con ramas desafiando el futuro.
Durante los veranos, un bananero era el portal de acceso
a nuestra aventura sagrada: la pileta de lona. La cosa se
ponía linda porque venía el vecino de al lado,
Robertito. Era mi amigo preferido porque no se quedaba a
jugar con mis hermanos al fútbol, él le quitaba
las cabezas a mis muñecas más pequeñas
y se las colocaba por debajo de la remera, a la altura del
pecho. Así, con tetas, venía a tomar el té
conmigo y en absoluta intimidad, hablaba como la tía
más cómplice.
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La
presencia de mi abuela animó nuestros juegos durante
toda la infancia. Sin embargo, con el paso de los años,
su mirada se puso vidriosa, lejana, ausente. Y con un
gesto de profunda nostalgia, repetía -suspirando,
al tiempo que meneaba la cabeza- "todo parece haber
sido un sueño, todo es como un sueño".
Mi escepticismo adolescente me impedía ver que
ella estaba en lo cierto: ¿No son acaso los recuerdos,
un sueño de vigilia, deformado a nuestro antojo,
dibujado con nuestra memoria, coloreado con nuestra imaginación?
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Decía
Gerard de Nerval que "Los recuerdos de infancia se
reaniman cuando se alcanza la mitad de la vida". (1)
Pienso a la vejez como el tiempo en el que las soledades
de la infancia se resignifican; como el espacio donde la
infancia -latente- es vivida nuevamente; o como una falsa
memoria que intenta subsanar la fragilidad y el desvalimiento.
Miro hacia delante y entonces, más allá, me
veo soñando con aquellos invasores del patio de atrás,
crueles dueños del mundo, aterrizando en la cocina
para merendar con Biondi.
(2) Sueño con los brazos de mi abuela, bordando
cerezas, cosiendo álbumes de figuritas. Sueño
con una nena muy rubia, con los cascos de combate, con Robertito...
Pretendo especular sobre la vejez y me sorprendo escribiendo
nuevamente sobre la infancia. Movimiento de retorno en el
intento de anticipar una vejez que me permita entenderla,
soportarla...Quien sabe no sea otra cosa que una excusa
para evocar algunos recuerdos, para mirar viejas fotos,
para reencontrarme con mi abuela.
(1)
Les filles du feu, Angélique, 6ta. Carta, edic. du
Divan, p.80)
(2) Pepe Biondi fue un cómico argentino de la década
de los 60.
Lic.
Paula Larotonda
paularot@datamarkets.com.ar
Copyright
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