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En nuestro Invierno 2003, enviamos este email a nuestros amigos lectores y habitantes de la casa de Winnicott:

No se lo piensa demasiado... Es quizás en esa charla casi desinteresada con el portero que baldea la vereda justo a la hora en que salimos, en las bromas zonzas que intercambiamos con el kiosquero de la esquina, o en ese diálogo de lo más previsible que establecemos con el vecino en la cola del banco... En el beso (o el no-beso) con que nos reciben cuando volvemos a casa... ¿En qué detalles se apoya el ritmo de una vida? Nos gustaría saber sobre lo que evoca en nuestros lectores el "valor de los detalles". Es por el respeto que merecen esas "pequeñeces" de lo cotidiano, y para que no se disipen totalmente de nuestros recuerdos, que queremos darle un lugar en la cocina de nuestra casa (www.espaciopotencial.com.ar). Escribinos tus notas, escritos, garabatos, evocaciones -diversas o dispersas- sobre este tema, a buzon@espaciopotencial.com.ar.
Gracias por salir al encuentro de cada uno de nuestros gestos (todo un delicado detalle).


A partir de él, nos llegaron...Detalles de la disciplina: -el sacrificio en un caso y la educación en el otro- que asegure "un" camino.

Designio
por María Julieta Motta
Continúan la marcha en fila india. Abandonado el reparo del matorral, cruzan a campo traviesa.
El rocío de la hierba fresca y olorosa les da nuevos bríos. Avanzan como autómatas, con el propósito de llegar al lugar previsto.
De pronto comienza una lluvia endeble que se convierte en chaparrón. El frío, la humedad, los charcos, no arredran la marcha.
El barro, las inquietantes ramas, la oscuridad en ciernes, no hacen desistir a la columna.
Al fin un rayo ilumina la entrada buscada. La vanguardia da la voz de alto. La columna, desfalleciente bajo la carga, se arremolina y entra en el agujero del hormiguero, una a una.

¡Orden...por favor!!
por Antonio Larotonda
Estoy en la semipenumbra de la cocina meditando, lo cual en nosotros, los viejos, realmente significa recordando. ¿Qué recuerdo esta vez? Mi paso por las aulas (tanto tiempo atrás) y los sufrimientos a los que entonces fuimos sometidos.
Pocos ejemplos para no cansarlos: un profesor de Castellano, que no enseñaba nada, solamente decía "lean desde esta página hasta esta otra que se las voy a tomar". Quedaba a nuestro criterio(¿!) dónde debía ir el adverbio o el sustantivo, cuándo un complemento era directo o indirecto, etc. ¿Para qué servía todo eso? Yo, por lo menos, no teníaa la menor idea. Nadie me lo explicaba. Eramos llamados " al frente" y sometidos a preguntas "irracionales". Ante el error (fatalmente insalvable) el profesor tomaba el borrador de tiza del pizarrón y lo arrojaba al suelo. De allí debíamos alzarlo y devolvérselo a él con una reverencia cortesana (pié izquierdo adelante, mano izquierda detrás de la cintura e inclinándonos) para que él lo volviera a arrojar al suelo y así sucesivamente en relación con nuestra"falta". Otro profesor, esta vez de Historia de América (que comprendía ese maravilloso capítulo que en forma tan excelente desarrollara G.Arciniegas en su libro "La conquista del Caribe") entraba al aula disfrazado -para nosotros- de Charles Chaplin, con su galerita y su bastón. Era calvo y se había dejado crecer el cabello de la nuca para cubrirse "la cúpula", hechándolo hasta la frente, desde atrás hacia delante. Al quitarse la galerita este cabello caía todo hacia atrás (parecía una media peluca de Melisande teñida a la Carmela) dejándolo en ridículo. Entonces echaba a todo el alumnado, dejando el aula vacía, depositaba su bastón y su galerita sobre el escritorio y se ponía a leer "La Prensa", solo en el recinto. Pasaba por el pasillo el Jefe de Celadores, observaba a todo el alumnado en el pasillo, entonces echaba una mirada hacia adentro del aula, veía al profesor y sin decir palabra se iba a continuar su inspección por el edificio.
¿Qué despertó en mí estos recuerdos? Ustedes saben que la mente es como un motor de combustión: una chispa hace detonar el gas del caraburador, éste mueve el motor y éste, a su vez, hace andar las ruedas ¿Hacia dónde va el coche? El no lo sabe, simplemente se cumplen las leyes por las cuales está confeccionado. Pues bien, "la chispa" fue esta:
Me comenta mi hijo que fue citado por la Dirección de la escuela secundaria donde concurre mi nieta de 14 años para "notificarse" de la sanción que le fuera aplicada "a la alumna en cuestión". ¿Cuáles eran los motivos de la sanción? "Que el cabello le caía sobre la frente"(sic) y que " se distraía en la fila"(sic).
Detonó el gas del carburador.
Hoy ya ni a los reclusos de una penitenciaria se les hace formar en fila. Está bien en el Ejército, pues deben desfilar durante las conmemoraciones patrias, pero ya ni en las guerras, donde se forman "pelotones" con una misión determinada. Ya pasaron de moda las formaciones de la época Napoleónica o del paso de "ganso", además de su inconveniencia táctica.
¿Distracción?¿Recuerdan ustedes cuando tenían 14 años? El mundo nos quedaba chico como a Vasco Da Gama o a Magallanes. En definitiva era y es la necesidad de descubrir nuevos mundos o costas con indios. Se hace imposible querer mantener firmes, sin que caracoleen o pateen el suelo a los potrillos aún ensillados, o pretender guiar en orden, por una ruta, a cinco gatos sueltos.
En cuanto al cabello, no se trataba de un flequillo, sino de los cabellos de la zona frontoparietal que se desprendían y, por la vieja Ley de Gravedad (¿la recordaría quién aplicó la sanción?) caen a 9,81m/seg hasta el ángulo óculopalpebral externo, a menos que se posea una respetable calvicie.
Apoyado quizá en este punto, recuerdo que, siendo ya" profesor", dictaba Anatomía e Higiene en un 4º año del secundario. Era el primer día de clase, por lo tanto nos desconocíamos mutuamente el alumnado y yo. Recité la definición de Higiene, añadiendo que, como toda definición, no comprendía todos los aspectos involucrados en la realidad. Sentado en la primera fila de bancos había un alumno que -conforme la moda de entonces- lucía una larga cabellera hasta los hombros. En ese momento pensé en los piojos y en las garrapatas (¡Oh los misterios de la mente!). Por ello me pareció oportuno utilizarlo como muestra de las cosas que no se mencionaban en la definición, pero no lo supe hacer y cometí un gravísimo error: ofendí, como dice Hamlet en su último acto: " arrojé una flecha y herí sin querer a mi hermano" Solo dije " por ejemplo una cabellera así no es higiénica". No pude seguir. La voz del alumno me cortó diciendo-mientras señalaba mi calvicie seborreica- "En cambio profesor Usted sí que tiene higiene"(sic). La clase explotó en risas y yo también largué la carcajada ante la frase ingeniosa Por cierto le pedí disculpas y aclaré la situación. Luego, a lo largo del curso, me daría cuenta que fue mi risa, al acompañarlos, la que me había ganado la estima de los chicos. Por eso traigo a cuento a Fenelón.
En un libro de la Alianza Francesa " Morceaux Choisis des Auteurs FranÇais;
R.Gouze & A.Maudet;pag.22/29" puede leerse:
"FENELON( ¡1651-1715 ! ): Sus ideas sobre la educación son más avanzadas que las que corresponden a los aspectos políticos y sociales(...)Se opone a los métodos entonces en vigor, reemplazando el principio de autoridad por el juego natural de la razón y las tendencias instintivas de la infancia". En 1687(¡!)escribió Traitè de l'education des filles donde apunta:
"Debe contentarse con seguir y ayudar a la naturaleza. A los niños no es necesario obligarlos a aprender, ya que, como justamente ellos ignoran muchas de las cosas tienen muchas preguntas para hacernos, y en efecto, hacen muchas. A ellas hay que responderlas con precisión, añadiendo algunas veces pequeñas comparaciones para hacerles más comprensibles el esclarecimiento de las cosas. Si ellos juzgan alguna cosa, sin conocerla, no se los debe enredar en otras cosas nuevas para hacerles sentir su falta y confundirlos rudamente La curiosidad de los niños mantiene una inclinación natural que va por delante de la instrucción. No la desaprovechemos. Por ejemplo en el campo ellos ven un molino y desean saber qué es. Ello nos permitirá mostrar cómo se preparan los alimentos que nutren a los hombres".
"El cerebro del niño es como una candela encendida en un lugar expuesto al viento. Su luz esta siempre vacilante. El niño quiere hacernos una pregunta, pero antes de que podamos responderle él vuelve sus ojos al techo y mira las pinturas que allí hay, o los trozos del vitraux de las ventanas; si nosotros queremos recordarle su primer objetivo los torturaremos como si los tuviéramos en prisión (...) Entretengamos solamente su curiosidad y pondremos en su memoria un acopio de buen material. Vendrá luego el tiempo en que ellos lo ensamblaran y con mayor consistencia lo razonaran. (...) Dejad entonces jugar al niño y añadid la instrucción con el juego (...) no asuman jamás un aire austero o imperioso (...) esto a menudo es pedantería o afectación que torna a los alumnos más tímidos e introvertidos. Dejad encerrado en sus espíritus y en sus corazones la confianza, sin la cual no podrán esperar frutos de la educación. Háganse amar por ellos. Tomemos conciencia de un gran defecto de la actual educación: Se deja todo el placer de un lado y todo el enojo del otro : todo el enojo en el estudio, todo el placer en la diversión.Tratemos de cambiar este orden y hagamos agradable el estudio, dándoles el sentido de la libertad y el placer. Permitamos que los niños interrumpan el estudio con pequeños arranques de distracción, ellos la necesitan para reposar su espiritu.".
Doy por sentado que Winnicott había leído a Fenelón.

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