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Contando
Asombros
por Silvia Inés De Virgilio
Para quedarse a jugar un ratito más y recuperar una
mirada de infancia
(Encuentro del 30/05/2003 en La Casona de Humahuaca, Buenos
Aires)
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A
la memoria de Juan Carlos, el papá del ciervito Pascualito
Paula
Larotonda: Bienvenidos a un nuevo encuentro en la isla
de los piratas. Esta noche la propuesta es reconstruir la
experiencia de ser niños y de jugar. Para esto será
necesario que nos relajemos, que nos dejamos estar, animándonos
a entrar en un estado de no-orientación, de no-saber,
a cierto estado de no-integración... Y lo invitamos
a nuestro amigo Ruben para que de algun modo posibilite
nuestro juego.
Rubén Flores: Si, tendremos que desectructurarnos
un poco, aflojarnos...De eso creo que se encargará
en principio nuestra invitada: Silvia
Inés De Virgilio
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Entonces
las luces se atenuaron y apareció en escena, rauda
y misteriosa (¿volaba realmente?) la brujita Caprichín,
Silvia para los menos crédulos, quien miró
a unos y otros, reconoció primero el lugar con aire
curioso, exploró rostros y personajes y empezó
a cantarnos y a bailar sus nanas...
| "Corazón
de luna"
Corazón
de luna
espuma de sol,
que se duerma
mi niña, sobre un nubarrón
de seda muy verde,
de tibio algodón.
Corazón
de naranja,
burbuja de viento,
que se duerma
mi niña, sobre un pétalo
abierto,
mojada de hadas
con olor a cuento.
Corazón
de alhelí,
estrellita sin cuna,
mi niña se duerme
deshojando la luna.
|
"Luna
y Menta"
Burbujas
de luz
brincan en el cielo,
anonó la ronda
oronda del sueño.
Guiños
de miel
orillan tu pelo
anonó mi nena
nidito de pétalos.
Junto
a tu silencio
duerme Cenicienta
a la nana, nana
de luna y menta.
"Luni,
luní"
Luni,
luní
luni, Luná
mojas tu traje
|
de
Tafetán.
Luni, luní
luni, luná
la noche ahora
huele a sal.
"La
luna redonda"
La
luna redonda, redonda
rodó por la colina
y cayó a la mar.
Un
traje de algas
le tejen los peces
canta la sirena
baila el coral.
La
luna redonda, redonda
rodó por la colina
y cayó a la mar.
Don
pulpo, simpático,
le ha hecho un collar
|
la
luna , lunita
se lo va a llevar
en una cajita
de amor y cristal.
La
luna redonda, redonda
fue a buscar poemas
de escamas y sal.
"La Luna Morruna"
La
luna morruna
se lavó la cara
con gotas de lirios
y guiños de agua.
La luna morruna
se secó la cara
con soplos de estrellas
y caricias blancas.
La luna morruna
qué bonita está.
tiene la sonrisa
limpia de mamá.
|
|
Silvia, la brujita Caprichín para los más
crédulos, nos preguntó entonces a cada uno
de los presentes "¿Cómo es tu luna?"
Y así nos enteramos de que para algunos era agujereada
como un queso, para otros muy fría, casi helada y
para algún otro de agua salada, con pececitos resfriados...
Entonces, Silvia quiso hacer un homenaje a su padre, quien
fuera "zapatero remendón", y que le contaba
cuentos mágicos mientras que "tiqui- tiqui",
"tiqui-tac" con su martillito de zapatero avezado...
Fue, entonces, esta nana con dedicatoria a su querido papá...
y con ritmo de tarantella!!
Zapatero
remendón
Don Antonio
el zapatero,
tiqui, tiqui
tiqui, ta.
Moja suela, lustra cuero,
su trincheta viene y va.
Mis zapatos los remienda
con aguja y sin dedal.
|

Cambia
hebillas. Pone taco.
Saca clavos, sin cesar.
¿No se cansa, Don Antonio?
No, mi nena, no estoy mal.
Tu sonrisa le da fuerzas
a mi tiqui, tiqui, ta.
|
Las luces se apagaron cuando Silvia concluyó la última
nana y quedamos todos a oscuras y entonces...
Daniel Ripesi (Primero apuntando hacia diversas direcciones
con una linterna, por momentos a algún que otro espectador,
y finalmente a su propia cara, desde abajo) dijo:
Perdón...
Quizás lo hayan visto por aquí... Hace tiempo
que lo estoy buscando... A veces lo intuyo tan cerca! Usted,
¿lo vió?, perdón, vos, ¿lo habrás
visto pasar? (Pausa, sigue buscando con la linterna...Se
empiezan a elevar las luces de ambiente) Doy algunas
señas particulares: zapatos "Gomicuer"
siempre pisoteados por andar jugando al futbol con chapitas,
medias tres cuarto siempre caídas por los tobillos,
ojeras azules... ¿Lo vieron? Y eso que me lo habían
advertido!, pero, vieron, uno qué se va a poner a
pensar en esa cosas... uno está demasiado entretenido,
no pensás... Jugás y punto, y el que no se
escondió se embroma, eso cualquiera lo sabe de sobra!
(mirando a alguien fijamente) ¿o no? La cuestión
es que me lo habían dicho: "Mirá Danito,
es maravilloso jugar a las escondidas..., pero terrorífico
que no te encuentren más.." Y bueno, aquí
me tienen... Se fueron! Y yo resisto, como esos soldados
perdidos en medio de la selva cuando ya hacía un
montón que había termnado la guerra ¿vieron
en las películas americanas? Así que los sigo
buscando. Pero solo no se puede jugar... Así que
lo que busco es a un chico con ganas de jugar ¿lo
vieron? Me busco niño, y es difícil... porque
un día cualquiera sucede. Tarde o temprano, lo queramos
o no, termina por ocurrir: a ver vos.., si, a vos ya te
pasó!, en fin, nos pasa: nos hacemos "adultos".
Y el resultado es este, nos quedamos solos mientras demás
siguen jugando -recontra divertidos- a las escondidas. Y
no es que el juego termine, somos nosotros los que ya no
dejamos que nos encuentren, porque -¿vaya a saber
por qué?- nos empieza a incomodar que nos de "piedra
libre", y entonces, tomamos demasiadas precauciones,
y nos escondemos bien escondidos, en fin, nos hacemos "grandes".
Y, ojo! no es que hacerse grande sea necesariamente bueno
o malo, pero es, sin lugar a dudas, una experiencia siempre
a destiempo y, por supuesto, poco remediable. Al final,
ser chicos es como ser grandes: un desconcierto! No voy
a decir que perdí la inocencia, porque los chicos
(estirando las palabras, cómplice): NO SOMOS
INOCENTES... Lo que sí resulta algo tormentoso en
esto de "convertirnos en adultos" es que nos pasa
cuando aún somos niños. Hay está el
drama, la incomodidad... Un día te pasa y te pasa
cuando no tenía que pasarte... ¡Será
posible que uno siempre llegue tarde a todos lados!, bueno,
en este caso, demasiado temprano... Sentimos que algo se
quiebra en nuestro interior y que ya no somos "del
todo" niños. Porque ser adultos se experimenta,
desde el vamos, como una especie de desgarro "en"
la niñez. Somos adultos al sufrir esa herida en el
tejido de la infancia. De todos modos, la infancia (estirando
las palabras, cómplice): NO ES COMO UN PARAÍSO
PERDIDO... A veces es como salir de un laberinto, olvidar
confusos terrores, inconfesables anhelos (Ah!, pienso en
mi maestra de primer grado!!!), pero, en cierto modo, es
un alivio que nos ocurra ser grandes, porque, como me decía
alguien: "La magia es maravillosa, salvo por un
detalle, no tiene medida".
(Despejando la atmósfera intimista, un poco elevando
la voz): Y, bueno, así las cosas, esto se organizó
al sólo fin de que yo encuentre al niño que
soy y perdí... De rebote, por ahí ustedes
también lo encuentran, y podemos jugar juntos. Vos,
Rubén, vos que tenes cara de que todavía no
te pasó del todo... Vos, ¿como solías
encontrar al niño? Cómo es tu niño?
Rubén
F: -¿Yo señor?...
- Si señor...
- Uy señor, ¡que compromiso!!
Pero buah! Todo sea por el niño.
El caso es que a mi niño, la verdad, la verdad, jugando
a las escondidas no lo encuentro. Mas bien que lo encuentro
con la oreja. Si en serio, no es broma... Digo la oreja
porque el niño que evoco ahora es un pibe absorto,
expectante, esperando que el relato continúe, que
no se detenga. Recuerdo las tardes de invierno, a la vuelta
.del colegio -yo iba a la mañana al cole-, hecha
la tarea, tomando la leche en la cocina de mi infancia y
mi madre. Mi madre contando historias y afuera el frío
del patio de la casa y yo esperando, preguntando: -¿Y
que más má? ¿cómo sigue? Y un
relato que se extendía durante días y días.
Un relato por entregas. Capítulos de una historia.
Siempre me asombró la técnica del relato en
mi vieja. Manteniendo el suspenso. Negándose a continuar
para volver a continuar al otro día.
Y entonces, el muchacho arriesgando su vida ¡y su
alma! Se acerca a la laguna y espía a las tres hijas
de Mandinga. Y se enamora de la menor, la más bonita
¡Y tan dulce! Y el Diablo que todo lo sabe y sospecha,
algo no funciona, está intranquilo de antes, como
una premonición. Y el muchachito que logra encontrarse
con la menor y le habla, me acuerdo que lo ayudan los animales
del bosque. Y se aman, y deciden esc....apar de la omnipresencia
del Padre-Diablo, pero este se entera no sé cómo
y escapan; -me parece que huele a cristiano, la hija- Y
la chica que le dice al novio -ya son novios, se ve-: "-Acordate,
tenés que agarrar el caballo negro, el que corre
como el pensamiento; y nunca nos va a alcanzar. Y el muchacho
va y se equivoca y agarra el blanco, el que corre como el
viento y el Diablo atrás, o adelante, y... mejor
no les digo cómo termina y seguimos la próxima.
Mis viejos eran del interior. De azul, provincia de Buenos
Aires mi mamá y de Rufino, provincia de Santa Fe
mi viejo. En casa se contaban historias.
Mamá recreaba el acerbo autóctono, montones
de cuentos y leyendas. Papá siempre era el autor
de las aventuras, en primera persona: como cuando lo perseguía
el tigre, que no sé porqué lo llaman tigre
si es un puma, y lo persigue y cuando lo acorrala a mi viejo
y abre la boca para comerlo, él mete la mano dentro,
hasta el fondo de la cola y tira con fuerza, y cosa de no
creer, el puma queda con todo su interior afuera: se le
veían las tripas, y el estómago y el corazón
le latía, y supongo que a mí también.
Mi chico es un pibe que escucha entusiasmado -¿Y
el tuyo?
Alguien se animó y nos comentó que, siendo
muy flaquita cuando era chica, los cuentos que le contaban
buscaban animarle el apetito, no recordó si realmente
lo habían logrado, pero sí que le dejaron
hasta el día de hoy un misterio -como todos los misterios-
irresoluble: le contaban de un personaje muy pintorezco
que podía ponerse en la boca tres grandes papas...
Es el día de hoy que nuestra amiga razona que una
de ellas se la ponía en uno de los cachetes, la otra
en el otro cachete, pero ¿y la otra?
Otro
más recordó los cuentos que le contaba su
abuela cuando era muy niño, pero retenía de
ellos en aquel entonces sólo su musicalidad porque,
en realidad, se los contaba en dialecto piamontés!!!
Hoy mismo no podría reproducirlos, no entendía
ni jota, pero la melodía y el ritmo acompasado de
la voz de su abuela lo transportaba...
Esto
animó el recuerdo de otra persona que evocó
que su propia abuela le contaba cuentos en idishs, cuando
ella misma, muy pequeñita, apenas si se las arreglaba
con sus primeras palabras en castellano, sin embargo, en
este caso, lo cuiroso era que en aquel entonces sí
podía entenderle cuando aún hoy, todavía
no sabe hablar en idishs!!!!!!!
Alguien
más comentó que, según cuenta García
Marquez, su mamá, una persona apenas instruida, solía
contarle cuentos que consitaban toda su atención,
con personajes misteriosos que desaparecían de la
escena del relato tempranamente y reaparecían justo
al final, dando un golpe de sorpresa en un desenlace que
nadie esperaba, en fin, que su madre con poca educación
podía contar cuentos con todos los recursos modernos
del suspenso y la retórica, dando a entender que
el contar cuentos es un arte para el que se nace o no, pero
no se aprende...
Otra persona nos confió que su abuela contaba sus
cuentos "a pedido". Desde los datos más
elementales y anodinos que su nieta le aportaba (por ejemplo
"¡dale abu, contame un cuento de una canilla
que está falseada y no cierra!!"), ella empezaba
a desplegar un relato armonioso y seguro... y si concluía
de un modo que a su nieta no le gustaba, pues entonces ésta
reconducía el relato del modo que más le gustaba
a su nieta y conseguía también concluirlos
a partir del final que la pequeña proponía...!!!
En fin, cuentos a pedido...
Entonces, un señor de traje, que estaba acostado
en un rincón de la sala, de traje y corbata pero
con mirada de niño soñador, contó que
tenía -cuando era verdaderamente niño- un
pato como mascota, pero no siendo ya posible retenerlo en
la casa según las buenas costumbres de la familia
-se conoce que los patos son algo maleducados-, su padre
optó por dárselo en guarda casi permanente
al almacenero. Éste dejaba que el niño en
cuestión visitara al pato una vez por día
a cambio de una vuelta en monopatín... Un día
el pato desapareción, el almanecenero se veía
feliz y sospechosamente más panzón!!
Una
mujer recordó que había juntado con sus ahorros
suficiente dinero como para ir al quiosquito y comprar chicles.
Pero se compró una caja grande, de esas que sólo
le venden a los quiosqueros para que ellos vendan de allí!!!
Y, entonces, pasó a meterse uno a uno todos los chicles..
La madre la envió a devolver lo que quedaba de la
caja, pero el quiosquero poco pudo entenderle, casi no podía
abrir la boca de tantos chicles que se había metido.
Otra
"niña" evocó los cuentos del ciervito
Pascualito, un personaje inventado por su padre, para deleitarla
con sus aventuras diarias...
Silvia,
entonces, retomó la palabra mágica y nos regaló
unos cuentos que todos escuchamos encantados, en silencio
y casi quietitos, quietitos:
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"El
hombre del paraguas"
Érase
un hombre con paraguas. Vecino nuevo. Apareció de
pronto. Sonrisa ancha que iluminaba ese día gris:
-Buenos días.
-Buenos días -contestaron las chusmas de la cuadra.
-Qué hombre tan amable!
Qué alto y delgado es!
-Qué prolijo su traje!
-...Y qué inmenso paraguas!
Seguían en su parloteo las vecinas, mientras el hombre
ya estaba lejos. Y todas las mañanas el señor
del paraguas, amable, elegante, saludaba y se iba quién
sabe a dónde hasta que...
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...Las
vecinas decidieron espiarle. Era un peligro para el barrio.
Para no despertar sospechas encargaron al pibe del kiosko
de diarios esa tarea. Juancito, entonces, lo siguió
con su bici. Anduvo cuadras y cuadras, giró a la
izquierda, a la derecha y...
...Y en una plaza el hombre del paraguas lo abrió
y volaron un montón de palabras que estaban guardadas:
alegría - beso - amigos - sol - mamá - pelota
- papi - helado - hermano - cachorro.
Cada palabra era una pelusita que hacía cosquillas
a los niños de la plaza, a los viejitos que jugaban
a las bochas, a la chica que hacía abdominales, y
al bigotudo que corría y corría y a Juancito
que cantando volvió hasta las vecinas...
-El Sr. del Paraguas es...
-Un sospechoso (dijo una)
-Un loco (gritó otra)
-Un tonto? (se preguntó la gorda de la esquina
No -dijo Juancito. Es un poeta! Esconde las palabras en
el paraguas y se las regala a la gente en las plazas.
-Un poeta! Hum. Hum. No decía yo que era un sospechoso?
-Un poeta! Hum. Hum. No decía yo que era un loco?
-Un porta! Hum. Hum. No decía yo que era un tonto?
Juancito les dio la espalda a las chismosas vecinas y se
fue silbando mientras guardaba en su corazón la palabra
que le había regalado el hombre del Paraguas.
Te animás a averiguarla?
Silvia terminó su relato y, de pronto, Daniel
se cruzó por el escenario medio distraído,
todavía buscando con su linterna:
Perdón,
pero yo sigo con lo mío... ¿vieron? porque,
la verdad que es muuuy difícil dar con el niño
de uno... Desde mi interior me llega como un eco: "frío..
frío.. ahora tibio!, no, no: frío" y
sigo a tientas. Todos andamos con el adulto encima... "ese
adulto" que nos usurpó el cuerpo y las ideas.
Como decía antes, un día llega y se te instala
"en el" niño, como un visitante inesperado
que incomoda el silencio y las costumbres... Y lo que es
peor, ni siquiera lo podemos compartir con nuestros compañeros
de juego, porque, de pronto, nos asalta una duda: "¿si
acaso a ellos todavía no les ocurrió?".
Así que un día empezamos a hacer como si fuésemos
niños, pero, la verdad, ya no lo somos enteramente.
Por eso empezamos a disfrutar menos de los juegos, nos aburrimos
con mayor facilidad, y nos sentimos en raros. Hacemos de
niños especialmente con los adultos. Yo no sé
si ellos se la creen, pero nos siguen mirando, tratando
y educando como si aún fuéramos niños.
¡Qué odio que da!!! porque ya no lo somos,
y para colmo nos empezamos a sentir un poco culpables porque
nos dan un trato que sentimos que ya no merecemos... Sentimos
odio y decepción: porque empezamos a alimentar una
sospecha ¿no serán ellos -los adultos- niños
que en realidad lo disimulan?. Hacen que son adultos
pero todavía son niños. No, no, no lo
puedo creer, la cosa sería así: los niños
hacen de niños con los adultos y los adultos hacen
de adultos con los niños ¡que confusión
tan absurda!!! En realidad, nadie lo confiesa demasiado,
pero, cuando dos adultos pueden ser niños juntos
-y en la intimidad- se sienten bastante más
audaces y sinceros, también sienten terror de no
saber cuán lejos podría llevarlos esa experiencia.
Y, cuando dos niños comparten juntos el adulto que
ya son (y, por ejemplo, se hacen cómplices de una
misma codicia mientras fuman a escondidas), bien que se
sienten mucho más reales, gloriosamente aislados,
pero un tanto desterrados.
Hay, seguramente, una conservación del niño
en el adulto y una anticipación del adulto en el
niño, pero es en ese confín incierto (en donde
se pierden las certezas y las claridades), donde un jugar
no deja de concluir y reiniciarse... Por eso, quiero preguntar
de nuevo, ¿quedan niños-adultos en la sala?
Le agradecimos a Silvia y nos despedimos hasta la próxima
"Isla de piratas", jugando, por supuesto!!!
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