Luciana tiene 25 años, y concurre a tratamiento en
el hospital desde hace mucho tiempo.
Vive con su madre, con la que tiene una relación
muy hostil y a la que no puede dejar de reclamar distintas
atenciones como dormir en su cama, una comida o algún
favor, y que la madre sistemáticamente rechaza, tildándola
de infantil.
Han existido hasta el momento, situaciones de violencia
y agresión de Luciana hacia su madre, que se presenta
como víctima de una "loca" que ya fue internada
en mas de una oportunidad.
Luciana, no se presenta ante su analista como una paciente
"amable", adopta posiciones provocadoras, en donde
la mayor parte de su vida despierta, transcurre de noche,
en boliches, entre el consumo de estupefacientes y relaciones
personales que oscilan entre lo obsceno y lo promiscuo.
Es notable la presencia de una repetición, que la
impulsa a depender y a hacerse abandonar, rechazar.
Sin embargo, tras varios años de tratamiento y sin
tener demasiado claro porqué, Luciana fue cobrando
más interés para su analista.
Es
en este contexto en que un viernes por la noche, la madre
de Luciana llama al analista (ya lo había hecho en
otras oportunidades) y le dice que Luciana está con
un palo, que había roto algunos objetos y que decía
que la iba a matar o se iba a matar si el analista no se
hacía presente en el domicilio.
El analista le dice que quisiera hablar con Luciana, de
la cual se escuchaban sus gritos amenazantes de fondo. La
madre le pregunta a Luciana si quiere hablar y se escucha
que grita "que venga, alguien tiene que venir".
El analista le aclara a la madre que va a ir,
pero que antes quiere hablar con Luciana.
Finalmente Luciana atiende el teléfono y ansiosamente
pregunta ¿Va a venir? Sí voy, pero ¿qué
pasa?
Luciana dice -Es que ella no entiende que me tiene que querer,
si no lo entiende la mato o sino me mato. Pero ¿va
a venir?
-Sí, pero ahora voy a comer con mi familia. ¿Puede
ser que vaya después de las 12 de la noche? Sí,
no hay ningún problema, dice Luciana un poco más
tranquila.
Cuando el analista llega a la casa de Luciana, lo recibe
la madre que le dice: ay doctor ¿qué voy a
hacer con esta chica? Al pasar le muestra un rincón
con sillas destrozadas por la furia de Luciana.
La casa muestra un aspecto triste y abandonado. Tiene dos
dormitorios, el de Luciana que es un verdadero caos y el
de la madre que tiene una cama matrimonial en donde Luciana
se encuentra acostada, abrazada con un brazo a un osito
y en la otra mano, la pata de una de las sillas destruidas
que hace de garrote ante cualquier eventualidad.
Ante semejante escena, el analista no puede evitar sonreírse
y Luciana tampoco.
-Hola, qué tal Luciana, ¿qué pasa que
hay tanto lío?
-Es una estúpida, no entiende que me tiene que cuidar,
y alguien tenía que venir a ver lo que pasaba, y
no hay otra manera de hacer entender ciertas cosas.
-Bueno, ¿cómo te sentís ahora?
-Ahora que usted vino me siento mejor.
-Y qué es eso que tenés ahí (el osito
y el palo)
-El palo es para hacerle entender, y el osito es porque
en realidad quisiera tener un perro.
-Ah, ¡qué bueno! Quizás lo podrías
cuidar bastante mejor de cómo sentís que no
te cuida tu mamá?
-Sí, dice Luciana, pero antes de un perro quiero
comprarme una cámara de fotos, así le puedo
sacar fotos de cómo va creciendo.
-Y qué pasó con tu mamá, le pregunta
el analista.
-Lo que pasó es que yo me sentía muy mal y
necesitaba dormir en la cama con ella, y ella no quiere,
dice que está cansada de mí, entonces yo tengo
que hacer todo esto para que ella entienda lo que necesito.
-Te parece que hable con ella? Le pregunta el analista.
-Bueno, pero ya lo intentamos y ella termina echándome.
-Llamala que le digo.
El analista se dirige a la madre: "Señora, estuve
hablando con Luciana y aunque yo sé que usted está
muy cansada y tiene derecho a tener su intimidad, Luciana
que está un poco angustiada, en parte probablemente
por el problema de salud que usted tuvo recientemente, necesitaría
dormir en su cama por unos días.
La madre contesta "Ah no, así no se puede, ella
tiene que dormir en su cama, porque sino yo no puedo descansar".
El analista, ya un poco contrariado: "Bueno mire, usted
me llamó a la noche, estaba desesperada, no sabía
si recurrir a la policía o al SAME, tenía
miedo que la lastimen. Ahora es la una de la mañana,
así que si usted valora que yo haya venido en estas
condiciones, le pido que acepte la propuesta, al menos provisoriamente.
-Bueno, pero no sé por cuanto tiempo.
Luciana le dice a su madre que se vaya porque quiere hablar
algo más con el analista.
-Quería pedirle una cosa, pero no sé, me da
miedo que usted no quiera.
-Bueno arriesgate.
-No se ría de mi pero quería pedirle que me
diera un abrazo, como en las películas y me diga
"Lucianita, va a estar todo bien".
-Bueno, le dijo el analista algo sorprendido, y durante
algunos momentos Luciana se emocionó y el analista
también.
Post
scriptum
En
"Variedades de la transferencia"(1)
Winnicott
amplia ese concepto fundamental al afirmar que no puede
haber una neurosis de transferencia si no existe un yo intacto,
una entidad instaurada que hubiera empezado a existir y
un cuidado infantil suficiente en los comienzos.
Si esto no es así, con lo que nos encontramos es
con un pseudo sí mismo, constituido por múltiples
reacciones ante una sucesión de fracasos de adaptación.
Así coexiste un verdadero sí mismo oculto,
protegido por uno falso.
Cuando el yo está intacto y el analista da por sentado
al cuidado infantil, el marco del análisis tiene
menos importancia que la labor clásica interpretativa.
En cambio, en la otra modalidad transferencial el énfasis
está puesto sobre el marco.
El marco se refiere a todo lo que el analista dice y/o hace,
es lo que Freud llamaba "el manejo de la transferencia".
En la medida en que el marco se adapta a las necesidades
del paciente, este percibirá una esperanza de que
el verdadero sí mismo corra el riesgo de experimentar
la vida.
Mientras que en la neurosis de transferencia, el pasado
penetra en el presente, en la otra modalidad transferencial
-cuando no hay un yo intacto- el presente retrocede al pasado
y es el pasado. La adaptación suficiente por parte
del analista, produce un movimiento del falso al verdadero
self. El paciente desarrolla la capacidad de utilizar los
limitados éxitos de adaptación del analista.
Pero esto lo hace a través del uso de los fracasos
del analista, esos fracasos tienen un carácter inevitable
y la clave es que deben ser tratados como fracasos del pasado,
fracasos que el paciente es capaz de percibir y -a partir
de los cuales- sentir ira. El analista necesita utilizar
sus fracasos en términos de lo que significan para
el paciente.
Cuando, como en el caso de Luciana, se produce un episodio
de acting, una puesta en escena; esto indica que el analista
ha cometido una equivocación en la adaptación.
El acting persiste hasta que el analista descubra el fracaso,
y se lo explique al paciente para que éste pueda
utilizarlo.
Si el analista se defiende a sí mismo, el paciente
perderá la oportunidad de mostrar su enojo por un
fracaso pasado, allí donde su ira se estaba haciendo
posible.
Este trabajo resulta exigente ya que requiere sensibilidad
del analista para adaptarse a las necesidades del paciente
y el problema es que el analista no es la madre natural
del paciente.
De esta manera la transferencia negativa del análisis
neurótico, es reemplazada por la ira objetiva acerca
de los fracasos del analista.
El episodio relatado, es producto de un fracaso originario,
que transferido objetivamente en el análisis, llama
la atención, demanda una presencia y permite algún
tipo de reconocimiento, reparación y posicionamiento
subjetivo.
Espero que esta breve crónica, les sea tan útil
y sugerente como a mí
(1)
Consultar "Aspectos metapsicológicos y clínicos
de la regresión dentro del marco psicoanalítico"
(1954), D.W.Winnicott, Escritos de pediatría y psicoanálisis,
Ed. Laia, Barcelona, 1979