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Una gran cuna

por Paula Larotonda

"Quizás sea la casa natal aquella primera morada que determina luego el modo de habitar las moradas sucesivas de nuestra vida. Esta casa onírica habita en nosotros, en nuestro cuerpo...Por los sueños las diversas moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los tesoros de los días antiguos. Cuando vuelven, en la nueva casa, los recuerdos de las antiguas moradas, vamos al país de la Infancia Inmovil (...) la casa alberga al ensueño, la casa protege al soñador...la casa es una gran cuna..." 1


I. Su cuna fue un conventillo
Elizabeth ha tenido una vida ordenada, prolija, sin demasiado sobresaltos. Aquel verano impiadoso, días antes de llegar a su primera consulta -y motivo de la misma- se ha mudado una inquilina nueva a la casa de al lado. Esta vecina es una mujer joven y explosiva: habla en voz alta, ríe a carcajadas, escucha y baila salsa a todo volumen, recibe la visita de diversos hombres.... Esta vecina alegre tiene dos hijas pequeñas con las que pelea y grita todo el día. Ya el primer día comienzan los problemas: Elizabeth va a darle la bienvenida al barrio y de paso le pide amablemente que baje un poco la música. La nueva vecina le grita una serie de barbaridades para rematar con "loca", y luego "conventillera".
A partir de ese momento, Elizabeth siente que algo se quiebra en ella: Comienza a encerrarse en su propia casa, cierra todas las ventanas, ni siquiera sale al patio (es pleno verano) o sino se va, huye de su casa y permanece lejos todo el tiempo que pueda. No obstante empieza a descubrir con espanto que esté donde esté, ya no podrá dejar de pensar en la vecina. Su vida poco a poco se convierte en un infierno, no duerme, llora en todas partes, su vida con el marido y con el hijo se deteriora...
Así llega a verme al consultorio: una mujer seria, avejentada, opaca, habla muy bajo, no dice malas palabras y -me advierte- no quiere escucharlas. Recuerdo que me impactaba su agresión reprimida: Era notable que no conseguia oprimir el timbre de mi consultorio con la debida fuerza como para que sonara. Todo en ella era exasperadamente armonioso y adecuado a la situación, educado y pacífico.
Ya en aquella primera entrevista comenzamos a situar las diferentes viviendas que Elizabeth había habitado, desde el presente hasta su casa natal. Su morada anterior era un departamento tipo PH en una planta baja. En el departamento de arriba vivía una mujer con dos hijos adolescentes. Además de los ruidos que hacían estos chicos, la madre solía volver de madrugada y sentarse en el umbral (compartido por los vecinos) a tomar alcohol con algún compañero de turno. Esto poco a poco se transformó en motivo de peleas entre esta mujer y Elizabeth, hasta que finalmente Elizabeth decide mudarse de casa, es así que elige esta casa actual. Ya en la nueva casa tiene como vecinos a dos viejitos silenciosos. Hasta que hace unos días llegó esta nueva vecina... Elizabeth se pregunta -refiriéndose a la elección de la casa- ¿Cómo me volví a equivocar? Otras veces dirá: "(el problema) es volver a casa"...estas frases, cargadas de una economía muy densa serán repetidas a lo largo de toda la primera etapa de su tratamiento...
Mas adelante en esa primera entrevista cuenta que anteriormente ella se había mudado a la provincia de Buenos Aires, y sus padres se mudaron a la casa de al lado, eran sus "vecinos". Finalmente llegamos a su casa natal: una casa grande con muchas habitaciones que se alquilaban, con un patio en común que dividía el espacio entre las habitaciones -algunas con baño privado, otras no-... era... ¡un conventillo!. Recuerda una pelea entre vecinos y se recuerda a ella misma -pequeña- saliendo a la calle a pedir ayuda. Luego de esto el padre decide mudarse...Elizabeth evoca a cada uno de los vecinos, a los cuales siguió viendo hasta el presente, ya que dice que eran algo así como una gran familia...

II. Los gritos de una nena
Comienzan las clases y Elizabeth debe reintegrarse a su trabajo, lo que implica cuatro viajes en tren de dos líneas diferentes. Está tan angustiada que se le empieza a imponer la idea de tirarse en las vías. En ese momento decido hacer una interconsulta psiquiátrica y aumentar la frecuencia de entrevistas a dos veces por semana. La colega psiquiatra le receta un ansiolítico y la angustia cede un poco. Pero el conflicto de Elizabeth con la vecina se agudiza: las peleas son cada vez más frecuentes y más agresivas: En una oportunidad una de las nenas de la vecina comienza a gritar y Elizabeth grita, imitándola, sin poder ya parar de gritar y llorar, finalmente la vecina llama a la policía y Elizabeth queda tirada en un rincón de la casa haciendo rocking y llorando.
A partir de esto Elizabeth comienza a pensar algunas cosas: sabe todos los horarios de la vecina, sabe, por ejemplo, que tal fin de semana "las nenas estan en casa" (las nenas de la vecina), "están en el patio de casa", o por ejemplo dice que no siente vergüenza ajena por el comportamiento de ellas sino vergüenza propia.
A la vez, siente que su marido y su hijo se van convirtiendo en extraños...
Los vecinos son familia, la familia vecinos, el afuera y el adentro no están delimitados, tampoco lo ajeno y lo propio.
Comienzo a pensar en que -en esta paciente- algo no ha terminado de constituirse y que será preciso ir delimitándolo y construyéndolo a partir de nuestros encuentros...la sensación es que su frágil equilibrio amenaza quebrarse...

III. La casa: metáfora de su aparato anímico
El estado anímico de Elizabeth empeora. Insiste con la imagen de una nena llorando, lo que nos lleva una y otra vez a su casa natal. Dice no soportar más los ruidos que llegan a su casa, de la casa vecina. Le pido entonces que dibuje el plano de su casa. Lo hace, remarcando con amarillo (sobre el lápiz) todo el límite de su casa.
A la entrevista siguiente cuenta que estaba peleando con el marido, porque él quería irse a pescar el fin de semana y ella no quería quedarse sola ya que ese fin de semana las nenas (de la vecina) estarían en la casa (fin de semana por medio estan con el padre).
En ese momento, asombrada y conmovida, recuerda un episodio, ocurrido hace quince años, y que había olvidado por completo, incluso había omitido comentármelo cuando yo le pregunté exhaustivamente sobre su maternidad.
Hacía dos años que buscaba estar embarazada cuando una noche que el marido se había ido de pesca por el fin de semana, ella se fue a dormir a la casa de los padres, se levantó de madrugada y tuvo una hemorragia impresionante con coágulos y pedazos de "algo como si fuera bofe", la madre la lleva al hospital donde la acusan de haberse provocado un aborto. Elizabeth ni siquiera sabía que estaba embarazada. Finalmente queda internada todo el fin de semana. No recuerda haber visto al padre en todos esos días, intuye que estaría allí pero no lo recuerda. Señalo que los hombres estaban ausentes, igual que en las casas vecinas.
Elizabeth dice que esto ahora lo asocia con escuchar a una nena gritar; y también con algunas operaciones traumáticas, que sufrió de chica... Recuerda, asimismo un episodio de una de aquellas vecinas del conventillo a la que se le explota una varice y le sale la sangre a chorros.
Sangre que desborda, pedazos, derrame de líquidos... exceso de cantidad que no ha llegado a simbolizarse, que no ha alcanzado a ligarse en su aparato anímico.

IV. Los gritos de una madre
Nos veíamos dos veces por semana y trabajábamos la idea de una madre "mala", ligada a aquel aborto. Dice: "cualquier vecino que el día de mañana se mude al lado , ya no podré evitar pensar que están en mi casa". "Cuando la vecina llega de la calle y prende la luz, se ilumina mi casa".
Intentamos, entonces, construir la escena en su casa de la infancia: ella y los padres durmiendo en la misma habitación, patio de por medio, otros vecinos, otras habitaciones: una gran familia.
Comienza a hablar de su madre. Trae una hipótesis: su problema emocional se debe probablemente a la depresión de su madre, recuerda que su madre se enfermó luego de que una beba suya nació muerta. Elizabeth tendría unos 8 años, no lo recuerda muy bien, dice que lo había olvidado por completo, que sólo en ese momento lo recuerda. Siempre pensó que era hija única por decisión de los padres...
Luego de esa sesión (me contará la vez siguiente) se va "acelerada", no puede dejar de pensar en que la relación con su hijo no es lo que ella hubiera esperado, o, que la relación entre su marido y su hijo está teñida de celos y rivalidad, etc. Piensa en su casa, en su familia, en sus padres, en que hace años que ella no se alegra por ningun aspecto de su vida...
En en esa misma semana sucede algo diferente con respecto a los gritos de las nenas vecinas. Relata que la nena más pequeña empieza a gritar, un grito -refiere- "de auxilio", la hermanita mas grande comienza a llamar a la madre (las dos estaban encerradas en el baño), Elizabeth comienza a desesperarse y pregunta a las nenas "qué está pasando allí?"....luego comienza a llamar a la vecina para que socorra a las nenas...
Le señalo que es la primera vez que escucha el contenido de los gritos. Y que interpreta estos gritos, este llamado a una madre inasistente.
Elizabeth recuerda durante esa sesión que, luego que la madre tuvo esa hija muerta, se apegó a una nenita "vecina" a la que cuidaba como si fuera una hija, Elizabeth se sentía celosa de esa relación. Luego evoca que, cuando se mudaron de su casa natal a un edificio de departamentos, cierta vez su padre le arrebató las llaves de la terraza a su esposa, la madre de Elizabeth, cuando ésta se dirigía a la terraza para suicidarse..........Ahora, los gritos son los de una madre.

V. Puertas y Ventanas
La sesión siguiente cuenta que una tarde, ella y el marido intentaban charlar en la cocina y los gritos vecinos se hicieron tan intolerables que ella reclamó en voz alta no poder hablar en su propia casa. La vecina "se prendió" al timbre de la casa de Elizabeth y su marido (que hasta ese momento se había mostrado pasivo en esta pelea con la vecina) fue a abrir la puerta. Allí, la vecina los amenazó a ambos de muerte. El marido y ella deciden, entonces, hacer la denuncia en la policía...
Dice: "ahora, la loca, a quien la policía va a buscar es la vecina" . Esa noche sale con unas amigas a cenar y se divierte.
Un buen día la vecina desaparece, dejando ropa tendida, y todo en su lugar. Nunca la vuelven a ver.
Elizabeth se anota en un curso de gimnasia y en un curso de pintura. En la casa, cambia todos los muebles de lugar, pinta cuadros y los cuelga. Trae uno a su sesión, tamaño 50x60, para mostrarme su obra: Una casa, rodeada de mucho verde, con las puertas indefinidas, inacabadas... las ventanas parecen transparentes, de color verde, la pared medianera celeste claro, también con efecto traslúcido, parece un cielo...

VI. Ruidos y golpes
Pasan varios meses, un cierto día su padre muere. Elizabeth pasa por el proceso de duelo y su madre se instala en su casa por unos quince días porque no quiere quedarse sola en su propia casa. Esta mujer mayor se la pasa llorando y diciendo lo que extraña a su marido y esto a Elizabeth le provoca un sentimiento de mucha bronca. Cuando viene a su consulta comenta lo difícil que se le hace convivir con ella. Relata que, por un lado, le da odio escuchar lo que dice su madre ahora que su padre está muerto, en tanto cuando estaba vivo le hizo la vida imposible. Se refiere a varias situaciones en las que la madre se peleaba con ella, con el padre, o con cualquier otra persona y hacía un gran escándalo y el padre se abochornaba de eso. En esa entrevista dice: "mi mamá siempre se peleaba, siempre fue una conventillera". Le señalo que con esa palabra aquella vecina en los comienzos de nuestros encuentros la había insultado....se queda meditando largo rato y comenta que habían pensado (la madre, el marido y ella) que la madre podría vender su departamentito y comprar la casa de al lado que estaba vacía desde que aquella vecina se había ido, así podía estar cerca...Digo: su madre -la conventillera- sería su vecina. Recuerda una escena de ella pequeña y su madre pegándole, ella escondiéndose debajo de la cama para no recibir más golpes y la madre pegándole debajo de la cama...
Se pregunta: ¿qué pasará entonces con mi madre?....y agrega: ¿qué pasará con la casa vecina?...Yo levantaría un paredón con tal de no escuchar, también se escuchan ruidos de otras casas vecinas...ruidos, golpes, yo hasta ahora me los banqué bastante bien, pero ahora están golpeando para hacer una escalera de la otra medianera...y es muy fuerte...

"La casa natal vive en nosotros, como la infancia, inalterada. Ella nunca se gasta, nunca se pierde...cómo es posible entonces inscribir su recuerdo?...Somos el diagrama de las funciones de habitar esa casa y todas las demás casas no son más que variaciones de un tema fundamental...Hay que decir, pues, cómo habitamos nuestro espacio vital de acuerdo con todas las dialécticas de la vida, cómo nos enraizamos, de día en día, en un "rincón del mundo"(...) la casa es nuestro rincón del mundo (...)"

(1)Gastón Bachelard, "La Poética del Espacio" Capítulo 1, La casa, del sótano a la guardilla..

Si quiere leer el comentario de Eduardo Smalinsky respecto de este recorte clínico, desde una perspectiva ligada a la teoría winnicottiana, haga click aquí

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