I. Su cuna fue un conventillo
Elizabeth ha tenido una vida ordenada, prolija, sin demasiado
sobresaltos. Aquel verano impiadoso, días antes de
llegar a su primera consulta -y motivo de la misma- se ha
mudado una inquilina nueva a la casa de al lado. Esta vecina
es una mujer joven y explosiva: habla en voz alta, ríe
a carcajadas, escucha y baila salsa a todo volumen, recibe
la visita de diversos hombres.... Esta vecina alegre tiene
dos hijas pequeñas con las que pelea y grita todo
el día. Ya el primer día comienzan los problemas:
Elizabeth va a darle la bienvenida al barrio y de paso le
pide amablemente que baje un poco la música. La nueva
vecina le grita una serie de barbaridades para rematar con
"loca", y luego "conventillera".
A partir de ese momento, Elizabeth siente que algo se quiebra
en ella: Comienza a encerrarse en su propia casa, cierra
todas las ventanas, ni siquiera sale al patio (es pleno
verano) o sino se va, huye de su casa y permanece lejos
todo el tiempo que pueda. No obstante empieza a descubrir
con espanto que esté donde esté, ya no podrá
dejar de pensar en la vecina. Su vida poco a poco se convierte
en un infierno, no duerme, llora en todas partes, su vida
con el marido y con el hijo se deteriora...
Así llega a verme al consultorio: una mujer seria,
avejentada, opaca, habla muy bajo, no dice malas palabras
y -me advierte- no quiere escucharlas. Recuerdo que me impactaba
su agresión reprimida: Era notable que no conseguia
oprimir el timbre de mi consultorio con la debida fuerza
como para que sonara. Todo en ella era exasperadamente armonioso
y adecuado a la situación, educado y pacífico.
Ya en aquella primera entrevista comenzamos a situar las
diferentes viviendas que Elizabeth había habitado,
desde el presente hasta su casa natal. Su morada anterior
era un departamento tipo PH en una planta baja. En el departamento
de arriba vivía una mujer con dos hijos adolescentes.
Además de los ruidos que hacían estos chicos,
la madre solía volver de madrugada y sentarse en
el umbral (compartido por los vecinos) a tomar alcohol con
algún compañero de turno. Esto poco a poco
se transformó en motivo de peleas entre esta mujer
y Elizabeth, hasta que finalmente Elizabeth decide mudarse
de casa, es así que elige esta casa actual. Ya en
la nueva casa tiene como vecinos a dos viejitos silenciosos.
Hasta que hace unos días llegó esta nueva
vecina... Elizabeth se pregunta -refiriéndose a la
elección de la casa- ¿Cómo me volví
a equivocar? Otras veces dirá: "(el problema)
es volver a casa"...estas frases, cargadas de una economía
muy densa serán repetidas a lo largo de toda la primera
etapa de su tratamiento...
Mas adelante en esa primera entrevista cuenta que anteriormente
ella se había mudado a la provincia de Buenos Aires,
y sus padres se mudaron a la casa de al lado, eran sus "vecinos".
Finalmente llegamos a su casa natal: una casa grande con
muchas habitaciones que se alquilaban, con un patio en común
que dividía el espacio entre las habitaciones -algunas
con baño privado, otras no-... era... ¡un conventillo!.
Recuerda una pelea entre vecinos y se recuerda a ella misma
-pequeña- saliendo a la calle a pedir ayuda. Luego
de esto el padre decide mudarse...Elizabeth evoca a cada
uno de los vecinos, a los cuales siguió viendo hasta
el presente, ya que dice que eran algo así como una
gran familia...
II.
Los gritos de una nena
Comienzan las clases y Elizabeth debe reintegrarse a su
trabajo, lo que implica cuatro viajes en tren de dos líneas
diferentes. Está tan angustiada que se le empieza
a imponer la idea de tirarse en las vías. En ese
momento decido hacer una interconsulta psiquiátrica
y aumentar la frecuencia de entrevistas a dos veces por
semana. La colega psiquiatra le receta un ansiolítico
y la angustia cede un poco. Pero el conflicto de Elizabeth
con la vecina se agudiza: las peleas son cada vez más
frecuentes y más agresivas: En una oportunidad una
de las nenas de la vecina comienza a gritar y Elizabeth
grita, imitándola, sin poder ya parar de gritar y
llorar, finalmente la vecina llama a la policía y
Elizabeth queda tirada en un rincón de la casa haciendo
rocking y llorando.
A partir de esto Elizabeth comienza a pensar algunas cosas:
sabe todos los horarios de la vecina, sabe, por ejemplo,
que tal fin de semana "las nenas estan en casa"
(las nenas de la vecina), "están en el patio
de casa", o por ejemplo dice que no siente vergüenza
ajena por el comportamiento de ellas sino vergüenza
propia.
A la vez, siente que su marido y su hijo se van convirtiendo
en extraños...
Los vecinos son familia, la familia vecinos, el afuera y
el adentro no están delimitados, tampoco lo ajeno
y lo propio.
Comienzo a pensar en que -en esta paciente- algo no ha terminado
de constituirse y que será preciso ir delimitándolo
y construyéndolo a partir de nuestros encuentros...la
sensación es que su frágil equilibrio amenaza
quebrarse...
III.
La casa: metáfora de su aparato anímico
El estado anímico de Elizabeth empeora. Insiste con
la imagen de una nena llorando, lo que nos lleva una y otra
vez a su casa natal. Dice no soportar más los ruidos
que llegan a su casa, de la casa vecina. Le pido entonces
que dibuje el plano de su casa. Lo hace, remarcando con
amarillo (sobre el lápiz) todo el límite de
su casa.
A la entrevista siguiente cuenta que estaba peleando con
el marido, porque él quería irse a pescar
el fin de semana y ella no quería quedarse sola ya
que ese fin de semana las nenas (de la vecina) estarían
en la casa (fin de semana por medio estan con el padre).
En ese momento, asombrada y conmovida, recuerda un episodio,
ocurrido hace quince años, y que había olvidado
por completo, incluso había omitido comentármelo
cuando yo le pregunté exhaustivamente sobre su maternidad.
Hacía dos años que buscaba estar embarazada
cuando una noche que el marido se había ido de pesca
por el fin de semana, ella se fue a dormir a la casa de
los padres, se levantó de madrugada y tuvo una hemorragia
impresionante con coágulos y pedazos de "algo
como si fuera bofe", la madre la lleva al hospital
donde la acusan de haberse provocado un aborto. Elizabeth
ni siquiera sabía que estaba embarazada. Finalmente
queda internada todo el fin de semana. No recuerda haber
visto al padre en todos esos días, intuye que estaría
allí pero no lo recuerda. Señalo que los hombres
estaban ausentes, igual que en las casas vecinas.
Elizabeth dice que esto ahora lo asocia con escuchar a una
nena gritar; y también con algunas operaciones traumáticas,
que sufrió de chica... Recuerda, asimismo un episodio
de una de aquellas vecinas del conventillo a la que se le
explota una varice y le sale la sangre a chorros.
Sangre que desborda, pedazos, derrame de líquidos...
exceso de cantidad que no ha llegado a simbolizarse, que
no ha alcanzado a ligarse en su aparato anímico.
IV.
Los gritos de una madre
Nos veíamos dos veces por semana y trabajábamos
la idea de una madre "mala", ligada a aquel aborto.
Dice: "cualquier vecino que el día de mañana
se mude al lado , ya no podré evitar pensar que están
en mi casa". "Cuando la vecina llega de la calle
y prende la luz, se ilumina mi casa".
Intentamos, entonces, construir la escena en su casa de
la infancia: ella y los padres durmiendo en la misma habitación,
patio de por medio, otros vecinos, otras habitaciones: una
gran familia.
Comienza a hablar de su madre. Trae una hipótesis:
su problema emocional se debe probablemente a la depresión
de su madre, recuerda que su madre se enfermó luego
de que una beba suya nació muerta. Elizabeth tendría
unos 8 años, no lo recuerda muy bien, dice que lo
había olvidado por completo, que sólo en ese
momento lo recuerda. Siempre pensó que era hija única
por decisión de los padres...
Luego de esa sesión (me contará la vez siguiente)
se va "acelerada", no puede dejar de pensar en
que la relación con su hijo no es lo que ella hubiera
esperado, o, que la relación entre su marido y su
hijo está teñida de celos y rivalidad, etc.
Piensa en su casa, en su familia, en sus padres, en que
hace años que ella no se alegra por ningun aspecto
de su vida...
En en esa misma semana sucede algo diferente con respecto
a los gritos de las nenas vecinas. Relata que la nena más
pequeña empieza a gritar, un grito -refiere- "de
auxilio", la hermanita mas grande comienza a llamar
a la madre (las dos estaban encerradas en el baño),
Elizabeth comienza a desesperarse y pregunta a las nenas
"qué está pasando allí?"....luego
comienza a llamar a la vecina para que socorra a las nenas...
Le señalo que es la primera vez que escucha el contenido
de los gritos. Y que interpreta estos gritos, este llamado
a una madre inasistente.
Elizabeth recuerda durante esa sesión que, luego
que la madre tuvo esa hija muerta, se apegó a una
nenita "vecina" a la que cuidaba como si fuera
una hija, Elizabeth se sentía celosa de esa relación.
Luego evoca que, cuando se mudaron de su casa natal a un
edificio de departamentos, cierta vez su padre le arrebató
las llaves de la terraza a su esposa, la madre de Elizabeth,
cuando ésta se dirigía a la terraza para suicidarse..........Ahora,
los gritos son los de una madre.
V.
Puertas y Ventanas
La sesión siguiente cuenta que una tarde, ella y
el marido intentaban charlar en la cocina y los gritos vecinos
se hicieron tan intolerables que ella reclamó en
voz alta no poder hablar en su propia casa. La vecina "se
prendió" al timbre de la casa de Elizabeth y
su marido (que hasta ese momento se había mostrado
pasivo en esta pelea con la vecina) fue a abrir la puerta.
Allí, la vecina los amenazó a ambos de muerte.
El marido y ella deciden, entonces, hacer la denuncia en
la policía...
Dice: "ahora, la loca, a quien la policía va
a buscar es la vecina" . Esa noche sale con unas amigas
a cenar y se divierte.
Un buen día la vecina desaparece, dejando ropa tendida,
y todo en su lugar. Nunca la vuelven a ver.
Elizabeth se anota en un curso de gimnasia y en un curso
de pintura. En la casa, cambia todos los muebles de lugar,
pinta cuadros y los cuelga. Trae uno a su sesión,
tamaño 50x60, para mostrarme su obra: Una casa, rodeada
de mucho verde, con las puertas indefinidas, inacabadas...
las ventanas parecen transparentes, de color verde, la pared
medianera celeste claro, también con efecto traslúcido,
parece un cielo...
VI.
Ruidos y golpes
Pasan varios meses, un cierto día su padre muere.
Elizabeth pasa por el proceso de duelo y su madre se instala
en su casa por unos quince días porque no quiere
quedarse sola en su propia casa. Esta mujer mayor se la
pasa llorando y diciendo lo que extraña a su marido
y esto a Elizabeth le provoca un sentimiento de mucha bronca.
Cuando viene a su consulta comenta lo difícil que
se le hace convivir con ella. Relata que, por un lado, le
da odio escuchar lo que dice su madre ahora que su padre
está muerto, en tanto cuando estaba vivo le hizo
la vida imposible. Se refiere a varias situaciones en las
que la madre se peleaba con ella, con el padre, o con cualquier
otra persona y hacía un gran escándalo y el
padre se abochornaba de eso. En esa entrevista dice: "mi
mamá siempre se peleaba, siempre fue una conventillera".
Le señalo que con esa palabra aquella vecina en los
comienzos de nuestros encuentros la había insultado....se
queda meditando largo rato y comenta que habían pensado
(la madre, el marido y ella) que la madre podría
vender su departamentito y comprar la casa de al lado que
estaba vacía desde que aquella vecina se había
ido, así podía estar cerca...Digo: su madre
-la conventillera- sería su vecina. Recuerda una
escena de ella pequeña y su madre pegándole,
ella escondiéndose debajo de la cama para no recibir
más golpes y la madre pegándole debajo de
la cama...
Se pregunta: ¿qué pasará entonces con
mi madre?....y agrega: ¿qué pasará
con la casa vecina?...Yo levantaría un paredón
con tal de no escuchar, también se escuchan ruidos
de otras casas vecinas...ruidos, golpes, yo hasta ahora
me los banqué bastante bien, pero ahora están
golpeando para hacer una escalera de la otra medianera...y
es muy fuerte...
"La
casa natal vive en nosotros, como la infancia, inalterada.
Ella nunca se gasta, nunca se pierde...cómo es posible
entonces inscribir su recuerdo?...Somos el diagrama de las
funciones de habitar esa casa y todas las demás casas
no son más que variaciones de un tema fundamental...Hay
que decir, pues, cómo habitamos nuestro espacio vital
de acuerdo con todas las dialécticas de la vida,
cómo nos enraizamos, de día en día,
en un "rincón del mundo"(...) la casa es
nuestro rincón del mundo (...)"
(1)Gastón
Bachelard, "La Poética del Espacio" Capítulo 1, La casa,
del sótano a la guardilla..
Si
quiere leer el comentario de Eduardo Smalinsky respecto
de este recorte clínico, desde una perspectiva ligada
a la teoría winnicottiana, haga
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