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La vía freudiana 4 - El “ambiente” del hablante.

Por Juan Pawlow



Pintura: Ernesto Deira


En la vía freudiana que el autor traza para la casa de Winnicott (para ver entregas anteriores haga clic aquí) se reflexiona sobre el carácter específico del “ambiente” humano.

 

 

Habíamos anunciado que proseguiríamos en nuestra vía por la transferencia, pero tomaremos cierto desvío. Decíamos en nuestro primer artículo que el psicoanálisis se enfrentó desde el comienzo con una actitud de rechazo y que hoy volvía un furioso repudio y especialmente de las neurociencias.

Día a día aparecen nuevas “noticias” en los grandes medios de difusión acerca del carácter genético de los padecimientos y producciones humanas, así alguien pretenderá algún día descubrir qué gen llevó a Cervantes a escribir el Quijote. Pero también hay gente que se ocupa seriamente de cuestiones biológicas, este artículo, de algún modo, fue causado por un comentario de ese orden.

En un programa radial1 hace pocos días entrevistaban a un biólogo2 que criticaba el reduccionismo de algunos en cuanto a las cuestiones genéticas a las que aludíamos más arriba y criticaba la idea de la determinación absoluta de los genes argumentando que no se podía desconocer la influencia del “ambiente”. Este término seguramente tiene un campo definido de aplicación en biología, pero me parece que el descubrimiento freudiano tiene mucho para precisar e incluso transformar en cuanto a la noción de “ambiente” cuando se refiere a seres hablantes.

Tomemos otra referencia, también del campo de la biología, más precisamente del fundador de la etología, Konrad Lorenz. Lorenz realizó extensas y minuciosas descripciones de ciertos “rituales” de animales, especialmente de gansos, los comparó con los rituales humanos, pero allí trazó un límite preciso: “En los animales no hay símbolos que se transmitan de una generación a otra...”3.

Decimos que allí encontramos un límite preciso, el mismo Lorenz sugiere que allí podría establecerse la frontera entre el animal y el hombre. Los psicoanalistas sabemos que con la presencia de lo simbólico atravesamos un umbral que trastoca toda naturalidad.

Otro campo, en el que también se alude a las leyes biológicas y encontramos un asunto equivalente, es el que funda Levy Strauss cuando descubre que la prohibición del incesto es la única ley que participa de la universalidad característica de la leyes naturales siendo un producto social4. En otros términos: el cuerpo deja de ser un puro ente biológico, la cultura interviene sobre él, si el cuerpo de una hembra pasa a ser tabú para un macho y no para otros, si no se lo puede ni mirar, si ocasiona horror, es que el puro ser biológico está trastocado por otro orden, y eso hace a su “ambiente”.

Estas cuestiones tan evidentes que sin embargo parecen desconocer muchos seguidores de las llamadas “neurociencias”, fueron estudiadas por Freud hace más de cien años y todavía siguen siendo los pilares del psicoanálisis. Lo “psíquico” es producto de eso que constituye el “ambiente” humano: el lenguaje y la prohibición respecto de lo sexual.

En el llamado “Proyecto de Psicología”5 , Freud describe el desvalimiento del niño al nacer y las consecuencias de esto. El niño requiere de un “individuo experimentado” que advierta el estado de “alteración interior” y lo cancele mediante una “acción específica”; pero ¿cómo advierte el adulto esta alteración? Freud encuentra que la función primaria (de descarga) del berreo del niño adquiere la función secundaria de advertir al “individuo experimentado” acerca de su estado de necesidad: “Esta vía de descarga cobra así la función secundaria ,importante en extremo, del entendimiento (Verständigung; o “comunicación”), y el inicial desvalimiento del ser humano es la fuente primordial de todos los motivos morales.”

Esta Verständigung, este “entendimiento” o “comunicación” se entreteje de entrada con las necesidades biológicas más elementales; ese berreo queda a expensas de la interpretación del otro. La necesidad biológica desde el arranque está expuesta a los desencuentros y trastocamientos que hacen a la relación con el otro. Así los primeros cuidados son indiscernibles del “baño de lenguaje”, como dice una expresión francesa. Cuando se da de mamar se hace mucho más que satisfacer una pura necesidad; se “mama” la lengua como ya lo descubrieron hace mucho tiempo San Agustín y Cervantes.

San Agustín en sus “Confesiones” explica su conversión al cristianismo por el hecho de que su madre –Santa Mónica- había grabado el nombre de Jesucristo en su corazón al mismo tiempo de darle la leche de su pecho

Cervantes le hace decir a Don Quijote algo en el mismo sentido: “...todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche...”

Que lo biológico quede afectado por las vicisitudes del encuentro, del “entendimiento”, con el otro define también el “ambiente” en cuanto a lo sexual. La sexualidad humana pasa por el desfiladero del Complejo de Edipo, es decir, por la prohibición.

Que no haya en el hombre de entrada nada que le indique qué hacer como hombre y mujer es algo que seguramente tendremos que desarrollar en algún artículo futuro6; veremos que el psicoanálisis nos enseña que la pulsión es siempre parcial.

Para esta ocasión alcanza mencionar la primera referencia de Freud a Edipo en una publicación (en su correspondencia con Fliess la había realizado antes). Porque allí Freud da a ver cómo las vicisitudes edípicas no son contingentes sino estructurales (se podría decir que forman tanto nuestro “ambiente” como el aire que respiramos).

Allí Freud se pregunta por qué nos conmueve aún hoy Edipo rey, y contesta:

“Tiene que haber en nuestra interioridad una voz predispuesta a reconocer el imperio fatal del destino de Edipo(...) un factor así está contenido en la historia de Edipo. Su destino nos conmueve únicamente porque podría haber sido el nuestro, porque antes de que naciéramos el oráculo fulminó sobre nosotros esa misma maldición. Quizás a todos nos estuvo deparado dirigir la primera moción sexual hacia la madre y el primer odio y deseo violento hacia el padre ; nuestros sueños nos convencen de ello.”7


1 “Tarde o temprano” Radio nacional.

2 Alguien ligado a la Universidad nacional de Quilmas. Me excuso de no haber retenido su nombre.

3 Konrad Lorenz “Sobre la agresión: el pretendido mal” Ed. Siglo XXI pág. 80

4 Levy Strauss “Antropología estructural” Cap.: “Naturaleza y cultura” , “La prohibición del incesto”.

5 S. Freud .Obras completas tomo I pág. 362 Amorrortu editores

6 El hecho que hay revistas como “Ser mujer” (tal vez ya ésta no se publique pero sí alguna sucedánea) muestra que “ser mujer” es algo que no viene sólo con la biología. Hay incluso talleres de masculinidad, de feminidad, que serían versiones modernas de Dafnis y Cloé (Longo)

7 S. Freud, Obras completas tomo IV pág. 271 Amorrortu editores.



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