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La vía freudiana 5: ¿Qué escucha el analista?

Por Juan Pawlow

En el inicio de la serie hicimos mención a la “regla fundamental del psicoanálisis”, la formulación de la misma que citábamos establecía una distinción entre reflexión y ocurrencia, cosa que ya habíamos rastreado en el texto sobre el Witz1. Ello nos permitió realizar una analogía entre la “cabeza graciosa” como la llama Freud y el analizante, en ambos encontramos el mismo clivaje, la misma escisión en su modo de dejarse tomar por la palabra. Lo que está en juego allí es un lazo particular con la palabra. Ver más aquí

1 S.Freud: “El chiste y su relación con el inconciente”. AE VIII p. 134

 

Pintura: Alejandro Boim

 

La regla fundamental del psicoanálisis, la llamada “asociación libre”2 , al pedir ocurrencias, convoca al sujeto escindido3, apuesta a que algo se produzca en el análisis mismo, un fallido, un lapsus, una asociación que traiga un elemento olvidado y que establezca un nexo que nunca había sido hecho concientemente. Freud excluye que esas producciones sean posibilitadas por la reflexión, por el pensamiento, y aun más, destaca el hecho de que el enfermo ya pensó mucho en lo que le pasa y por allí no avanzó ni un tramo en el camino de su curación, en tanto el camino de la reflexión deja intacta la satisfacción pulsional anudada en el síntoma 4.
En este artículo vamos a insistir en lo que a primera vista podría aparecer como una diferencia sutil, y sin embargo en el tratamiento analítico no lo es: no tiene el mismo valor contar todo lo que se pensó acerca de una representación obsesiva o de un fallido, que tener una ocurrencia acerca de ellos o incluso producir un fallido durante la sesión. Ni que hablar de la angustia: se puede hablar horas y horas de la angustia sin estar afectado por eso, otra cosa es angustiarse. Estoy apuntando a algo que es del orden de una presencia en acto distinguiéndola de la representación vía el pensamiento, a partir de allí podemos distinguir qué privilegia la escucha freudiana.
En algunos artículos Freud es muy claro respecto de lo que debería primar en la escucha. Tomemos “El uso de la interpretación de los sueños en psicoanálisis”5. Interesa aclarar en principio el contexto de ese artículo. Freud había dejado atrás sus años de aislamiento, el psicoanálisis se difundía, la Traumdeutung dejaba ya de ser un fracaso editorial como en los primeros años y nuevos practicantes se sumaban y empezaban a interpretar sueños. Es en ese punto donde interviene el artículo de Freud.
“Quien aborde el tratamiento analítico partiendo de la interpretación de sueños retendrá su interés por el contenido de estos y entonces querrá obtener la interpretación más completa posible de cada sueño que el enfermo le cuente.”
Subrayemos: interés por el contenido y por una interpretación lo más completa posible. El problema que Freud detecta es que, por llevar adelante ese ideal, el análisis de un sueño puede prolongarse a sesiones siguientes y la cura perder actualidad. Freud propone otro procedimiento:
“A semejante técnica hay que contraponer esta regla: para el tratamiento es del máximo valor tomar noticia, cada vez, de la superficie psíquica del enfermo, y mantenerse uno orientado hacia los complejos y las resistencias que por el momento {derzeit} puedan moverse en su interior...”
Hay entonces contrapuestos dos modos, el primero privilegia el contenido, el segundo la superficie psíquica, el “cada vez” de la enunciación.
Para poder discernir qué se juega en esa diferencia volvamos a nuestro punto de partida, el texto sobre el Witz con el que iniciamos la serie. En el capítulo II “La técnica del chiste”, Freud señala que un mismo pensamiento, puede expresarse “en distintas formas lingüísticas”, ¿qué hace gracioso ese contenido? Freud está analizando allí el ejemplo del familionär, y concluye que se podría decir lo mismo con otra expresión, pero de ningún modo eso podrá ser considerado un witz:
 “Entonces, si el carácter de chiste de nuestro ejemplo no adhiere al pensamiento mismo, se lo ha de buscar en la forma, en el texto de su expresión. No nos hace falta más que estudiar la particularidad de ese modo de expresión para asir lo que puede designarse como la técnica en las palabras, o expresiva, de este chiste, y que por fuerza ha de vincularse íntimamente a la esencia del chiste, pues tanto su carácter como su efecto de tal desaparecen si sustituimos aquel modo por otro”6
Por lo tanto, esa forma de expresión tiene un efecto singular, lo que –tanto en el chiste como en la ocurrencia en el análisis y en la interpretación- siempre conlleva sorpresa, sorprende lo nuevo que allí se produce. Freud es tajante: ese efecto nunca se produce por la vía del pensamiento.
Si la técnica de escucha que Freud propone privilegia lo que se produce cada vez en lugar del contenido ya pensado, es que en esa superficie que podemos llamar discursiva aparece un sujeto que no está dado desde antes, sino que se pulsa justamente allí.
Volvemos con esto a situar la potencia del descubrimiento freudiano: el inconciente no es un reservorio de contenidos que en algún momento se expresan, sino una lógica de producción, “un sistema de actividad psíquica” como situábamos en el segundo de nuestros artículos.


2 Valga la siguiente afirmación de Lacan, para poner en cuestión la expresión “asociación libre”: “No hay asociación libre, así como no se podría decir que es libre una variable ligada en una función matemática, y la función definida por el discurso analítico no es evidentemente libre: está ligada. Está ligada por condiciones que designaré rápidamente como aquellas del consultorio analítico.” El Seminario, versión inédita 17/02/71

3 Justamente en nuestro tercer artículo decíamos que Freud al exhortar a Katharina  a seguir hablando convocaba a la neurosis, al sujeto escindido, único sujeto de la experiencia analítica.

4 Un ejemplo de esto puede encontrarse en  el  “hombre de las ratas”, (AE X p.138) quien encontraba solo una “tranquilización temporaria” y debido al “influjo personal del amigo” más que a las razones de éste: “Es que los argumentos de su amigo no eran otros que los suyos propios” afirma Freud, no había allí nada nuevo.

5 S. Freud “El uso de la interpretación de los sueños en psicoanálisis” (1911)  AE XII

6 S.Freud: “El chiste y su relación con el inconciente”. AE VIII p. 19

 

 


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