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Supervisión: una función que cuando ocurre, se produce

por Diana Inés Golluscio


Se desarrolla la idea de que la supervisión es una función que se produce (si se produce) en un particular modo de transferencia
Se trabaja esta idea desde dos perspectivas temporales de las que puede dar cuenta el analista en función de supervisión, (ya que otras dimensiones temporales del efecto de supervisión atañen únicamente al analista que pide la supervisión). Una se vincula con la irrupción brusca , la evidencia instantánea de una posición: un efecto sincrónico. La otra se correspondería con una dimensión diacrónica de construcción de un estilo. Se plantean ideas acerca del carácter del acontecimiento que sucede en la entrevista de supervisión, la construcción de un que-hacer, el descubrimiento-creación del estilo del analista como un hallazgo vinculado con la producción de una posición clínica.


En el presente trabajo me interesa desarrollar algunas ideas acerca de la supervisión como función que se produce (si ocurre).
Si fuera posible demostrar esta afirmación, la misma palabra supervisión en su captación imaginaria, quedaría cuestionada (como "súper"-"visión", como "control").
Empecemos entonces por considerar la idea de función.
La entrevista de supervisión puede caracterizarse como el encuentro entre dos analistas, uno de ellos demanda supervisión, el otro es demandado (por una oferta consciente o inconsciente que ha hecho). Que se encuentren dos analistas no significa que estén en posición de tales. Entre ambos se establecerá cierto lazo transferencial causado por una pregunta acerca de un obstáculo en la conducción de un tratamiento. Esto último es lo que denomino (cuando se me solicita supervisión) motivo de la supervisión. Siempre es un obstáculo, y siempre es transferencial .Una de las posibilidades de producción de la función-supervisión es determinar el orden predominante del obstáculo en alguna de las vertientes de la transferencia ::imaginaria, simbólica, real.
Lo paradojal del caso es que si el obstáculo es perceptible y removible es en función de otra transferencia que se establece (si se establece) en la entrevista de supervisión.
En mi experiencia la condición de posibilidad para que se cumpla la función de supervisión depende de la posición del analista que esté en función de supervisor. Un itinerario relativamente prolongado y sostenido en la función me ha ido forjando una posición que podría resumir sencillamente de esta forma: en una supervisiòn no se trata tanto de señalar (como si esto fuera posible!) qué se debe hacer, sino de crear las condiciones para inscribir qué pasó, qué es lo que está haciendo esa otra transferencia por la que el supervisor es consultado, qué se puede anticipar relativamente de sus efectos. Me parece un corrimiento análogo al que se verifica en la experiencia de la escucha en la clínica, donde el eje va virando desde la preocupación inevitable por "Qué le digo" al "Qué escuché" de lo que dijo. Este corrimiento no se produce solamente en el eje diacrónico de la experiencia de un analista y su itinerario por años de sostén de transferencias. También se verifica en el eje sincrónico de cada caso nuevo al que se ofrece la escucha, y aun más, en cada sesión.
Por eso, un motivo frecuente de supervisión es ' qué hice', y ahora 'qué hago', que puede presentar matices de vergüenza, culpa o desazón pero que recorta de ese modo el fondo angustioso y solitario del analista frente a su acto . Lo que se aísla la mayoría de las veces es la aparición o el desfallecimiento de la función deseo del analista.

En un espacio de supervisión grupal del hospital a donde asistía como concurrente de segundo año aparecí un día con la desesperación de haberle dicho a una paciente, levantándome bruscamente de mi silla y golpeando el escritorio: "Pero usted, ¿qué está esperando?, que su hijo la mate? Va a llamar ahora mismo al padre de su hijo para que venga a su casa y le saque el arma!! " El mismo escritorio, la misma silla desde donde tranquilamente antes habré escuchado a la paciente con su tono monocorde, quien ese día, (con el mismo tono) había relatado que al ir a despertar a su hijo a la mañana, él había sacado un arma de abajo del la almohada y le había apuntado con la misma alevosía con que impunemente manejaba una ambulancia por las noches, con sirena aun sin enfermo a trasladar, por el solo gusto de probar el poder que eso le confería..

Otro recuerdo vívido se me presenta de un colega que iniciaba su práctica en el hospital y descerraja su pregunta en la supervisión: "¿Uno es responsable de la vida del paciente?". Esa pregunta, que me ha atenaceado por años , se había desencadenado a partir de que la paciente había prendiera fuego al taller en el que trabajaba, con ella adentro. Y si bien había , como se dice, "vivido para contarlo" (y descerrajarlo a su analista) eso no alcanzaba para tranquilizar a nadie. La angustia que se produce cuando cesa la posibilidad del sujeto de ser representado entre significantes era dramáticamente transferida al analista, y del analista a la supervisión. La angustia como arma, más que como señal de alarma, produjo en aquel caso una secuencia diaria de entrevistas de supervisión, más el rastreo bibliográfico más exhaustivo que me ha causado una supervisión. Y tal vez, incluso, quince años después, este trabajo. Todo para seguir sin poder responder a ciencia cierta, esa pregunta. En todo caso, sí la conciencia imprescindible de la responsabilidad que atañe a ese particular modo de deseo que es el del analista. Que alguien ante tamaño desafío transferencial formule semejante pregunta en otra transferencia, por pura propulsión a angustia, es sin duda una respuesta en acto. Podría haber huido, o derivado el caso, o internado a la paciente sin demora con tal de no formularse semejante pregunta. (por supuesto que ,a veces ,ante un intento de suicidio hay que derivar o internar al paciente , actos que pueden ser también la resultante de una supervisión)
Ante el recuerdo de estas escenas no puedo evitar la ironía de pensar cuánta letra muerta se amontona acerca del sublime "acto analítico" cuando el mismo está hecho de la materia de esas desesperaciones, esos desfallecimientos, de todos esos agujeros negros que quedan cuando no quedan más recursos y sólo queda , si queda, un deseo.

Quisiera señalar por último que la experiencia transferencial de supervisión cuando se produce como función , se verifica en la revelación brusca de algo que permite dar alguna respuesta al problema planteado en el motivo de supervisión. Eso que se produce no necesariamente proviene del supervisor ni del supervisando, sino que se construye de golpe, como una evidencia. Por un problema de estilo, didáctico, digamos, a mí me interesa explicitar que ahí hay una respuesta. Otros supervisores prefieren que eso se decante solo, sin más subrayado. En un caso que se me presenta a supervisión, la analista se plantea como algo desorientada, con la sensación de que el paciente es "engañoso". Varias circunstancias avalan esa percepción, la más evidente es que el paciente es "mandado" a tratamiento y que necesita obtener una habilitación como chofer de taxi. Con una historia de adicciones para las que el taxi y la mujer le funcionan como control, aparece un contagio de hepatitis detectada al presentarse el paciente como donante de sangre. Eso produce dudas en la mujer del paciente, y una intervención de la analista: "su mujer tiene bases para dudar de usted", intervenciòn que es escuchada en el curso de la supervisiòn como un corte y a la vez una continuidad con el motivo de la supervisión, como una puesta en transferencia de algo que representa al paciente. Subrayado este producto, la analista arma la hipótesis de que es el paciente tal vez el que se ha engañado, creyendo que el taxi o la mujer lo controlarían y que es esa "solución" la que está cuestionada y cuestiona al sujeto, dividiéndolo y trayéndolo a la consulta.

Otro eje que se puede seguir desde la supervisión como función es el diacrónico, que consiste en el raro privilegio para el supervisor de asistir, o acompañar a la construcción de un estilo. Cuando la experiencia de supervisión del mismo analista con el mismo supervisor se repite y se renueva en un lapso prolongado, es posible inscribir, (y a veces, devolver para que sea perceptible, y utilizable como recurso para el analista) algo del orden del estilo. El estilo es la marca singular, aquello que imprime al enunciado la marca de la enunciación, aquello que en cada analista
se construye como modos de decir, modos de hacer, la singular forma de maniobrar con la transferencia, un quehacer artesanal, propio y distintivo de cada analista, en su propia clínica y a la vez, en cada caso. Por eso es que la supervisión como espacio ve reducida su posibilidad de indicar qué hacer o qué decir, y mucho menos, cómo. El qué surge de la evidencia instantánea como respuesta, el propio mensaje (del supervisando) retorna en forma invertida, desde el "se produce" de la entrevista de supervisión. El cómo, el estilo , creo que en parte está marcado por el deseo del analista, su presencia y la angustia ante su acto, y a la vez por algo de su división como sujeto y los atravesamientos que el propio análisis le hayan propiciado. En esa tensión se articula el estilo, se articula en que aunque para el paciente lo que escucha o registra le vuelve del Otro de la transferencia, es en el estilo de su analista donde se filtran las diferencias, por eso la repetición en transferencia nunca será un repetir lo mismo.


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