>> IR AL ALTILLO
El estudio


PRINCIPAL
LA SALA DE ESTAR
EL ESTUDIO
EL PATIO DE ATRAS
LA COCINA
EL BARRIO
 
Descargar archivo


¿QUÉ NECESIDAD?
Por Rubén Flores

"El niño ríe por puro placer (...) ciertos motivos de placer del niño parecen cegados para nosotros, los adultos". Sigmund Freud


Recuerdo hace tiempo, a una madre que llega con su hijo a la entrevista inicial -no obstante haber convenido con ella al momento del insistente llamado telefónico que concurrirían solo los padres-. Despliega un relato que casi no escucho, mientras el pequeño arrasa con el estante de juegos y presentifica un desorden de piezas, muñecos y juegos sobre el piso, sin detenerse en ninguno de los objetos.
Habla ella (ante mi silencio) de las dificultades en jardín de su hijo: "me dicen que parece autista", "no realiza actividades", "agrede a los compañeros", "corre, se escapa". Y de sus propias limitaciones para dejarlo solo: "no tengo con quién", "tuve que traerlo conmigo, no puedo separarme de él, dese cuenta, fíjese...", "hay que estar controlando constantemente qué hace" (mientras el pequeño comienza a ulular desde el piso, -casi respondiendo a los dichos- y golpear uno de los muñecos).
Si bien Uno con su madre, esta prosigue en su relato, parece no escucharlo ni verlo actuar. Un controlar sin ver ni oír: solo presencia.
¿Qué Otro constituye (soporta) esta madre en esta escena descrita? Las acciones realizadas, el ingreso intempestivo: tirando, desparramando, no conmueven al Otro (ninguno de los dos adultos allí presentes, dice nada) no interrogan al Otro, no lo llevan a intervenir buscando otorgar algún sentido, a lo que se presenta a los ojos como (aparente) puro sinsentido. Así planteado: ¿dónde queda el chico? ¿En qué lugar, a qué lugar queda abrochado, sino al de la demanda de un goce autista, ajeno a la lengua?
No obstante: algo se dirige al Otro, que no constituye mensaje. No tiene este carácter. Conjeturemos: pura llamada, sin eco.
No tenemos posibilidad así, de interrogarnos por la intención, de formularnos la pregunta de qué se busca con esta acción, qué dice; o si se quiere: qué deseo se juega allí. Ante la falta de Otro que consista, que se apreste a constituir algún sentido (que se interrogue; cuando más) no podemos formular la existencia de deseo allí circulando. En la medida que no constituya acto significante (pasaje por la vía del significante) no tenemos posibilidad de ver constituirse el deseo. Estamos en el mejor de los casos en el nivel de la Demanda. ¿Demanda un límite. Un freno? Sostener esta pregunta, ya implicaría una transformación de necesidad en demanda (un en más, un plus) Algo, merced el estatuto significante, se dirige al Otro, pasa, pervirtiendo la pura necesidad.
Jugando con las palabras, decimos: ¿qué necesidad de tirar todo? ¿Descarga motora? ¿Necesidad de ejercicio, al modo de las corridas en los gatos detrás del señuelo imaginario que los convoca, permitiendo (propiciando) tanto la descarga motriz como el ejercicio de habilidad motriz fundamental para su existencia como animal?
Ya una formulación de este tipo, una mirada de este tipo, constituiría un ingreso al registro significante, de la acción. El animal pierde su condición de tal, se constituye en nuestro (nuestro objeto de estudio, de interés, de interrogación, etc.).
Ajeno, ajenos (salvo, él, en su atención aparentemente ausente) ninguno de nosotros parece prestarle atención: mis tiempos están sobrecargados -pienso-, no tengo horarios para ofrecer a un tratamiento, menos para una derivación por obra social (donde se me deja tan poco margen de maniobra para el trabajo con padres), además, con este grado de dificultad que supongo, prejuzgo, -desconociendo-. Y más en este momento del año... Me afirmo en mis argumentos y pensamientos. Y busco palabras que expresen lo que estoy pensando y sirva a que la madre entienda (¿quién, quienes?) motivos personales. No escucho. No estoy en función.
No puedo precisar en mi recuerdo qué de los dichos maternos, qué término, pero me retorna la expresión: "él puede dibujar", a propósito del chico entre sus piernas tocando y tomando los elementos del escritorio ante mi fastidio. Se que allí abrí algo más que mi boca para preguntar: "¿dibuja?..."; y el pequeño que levanta sus ojos y veo -por primera vez le dirijo la mirada- viendo que me mira y dibuja en mi bloc dos ojos que (me) empuja hacia mi (deseo).
Ver no es mirar. Diría que cuando dejo de ver para mirar: algo fugaz se habilita. Conjeturo hoy que en ese cruce de miradas, sostenido en el instante, algo se instauró. Un campo virtual. Un espacio de producción, casi pensado al modo winnicottiano (espacio potencial). Una oportunidad si se quiere...
Y allí una pequeña producción. Un dibujo que se me torna enigma, casi un jeroglífico. Un dibujo que supongo encierra un mensaje. Entonces escritura.
Merced al enigma convocante, se constituye el mensaje al mismo tiempo que el registro del Otro, postulándose a su lectura interpretativa.
Una transformación se produjo allí. El propio ingreso del registro significante transforma,
"En consecuencia, desde este comienzo, lo que entra en la creación del significado, no es pura y simple traducción de la necesidad sino recuperación, reasunción, remodelado de la necesidad. Es la necesidad más el significante" (J. Lacan).
Del lado del Otro, una satisfacción se juega: satisfacción significante. Un nuevo mensaje ha sido creado. Aquello que Freud señala como el placer del ejercicio del significante. Placer de uso del significante. Y este es un valor fundamental, para la circulación que pretendemos se instale allí. Uso significante.
Se que de alguna forma estoy en esos ojos allí representados, está mi pregunta capturada y la mirada que nos toma fundando el campo de producción. Está su producto, eso que empuja a mis ojos, que da a leer, y el enigma que me toma y constituye mi lugar. Un producto para Otro. Esos ojos que lo representan: "A los ojos" del Otro. Hay ahí un Otro presente a través de la mirada.
Propuse un horario.
Esforzándonos, pudimos encontrar un día y una hora, de lo que luego fue un tratamiento: ellos cambiaron algunos horarios y rutinas familiares. Algo cedió, habilitando un lugar. También yo acomodé los míos a mi deseo jugado-tomado allí.

"Lo infantil es la fuente de lo inconsciente, y los procesos del pensar inconsciente no son sino los que en la primera infancia se establecieron en forma única y exclusiva (...) esa rara elaboración inconsciente no es otra cosa que el tipo infantil de trabajo de pensamiento". Sigmund Freud


BIBLIOGRAFÍA:

El chiste y su relación con lo inconsciente (1905) Sigmund Freud. Amorrortu

Las formaciones del inconsciente (1957-1958) Jacques Lacan Seminario 5, Paidós

Realidad y juego, D. W. Winnicott, Editorial Gedisa

 

Copyright © 2003/2006 - Todos los derechos reservados -