Recuerdo hace tiempo, a una madre que llega con su hijo
a la entrevista inicial -no obstante haber convenido con
ella al momento del insistente llamado telefónico
que concurrirían solo los padres-. Despliega un relato
que casi no escucho, mientras el pequeño arrasa con
el estante de juegos y presentifica un desorden de piezas,
muñecos y juegos sobre el piso, sin detenerse en
ninguno de los objetos.
Habla ella (ante mi silencio) de las dificultades en jardín
de su hijo: "me dicen que parece autista", "no
realiza actividades", "agrede a los compañeros",
"corre, se escapa". Y de sus propias limitaciones
para dejarlo solo: "no tengo con quién",
"tuve que traerlo conmigo, no puedo separarme de él,
dese cuenta, fíjese...", "hay que estar
controlando constantemente qué hace" (mientras
el pequeño comienza a ulular desde el piso, -casi
respondiendo a los dichos- y golpear uno de los muñecos).
Si bien Uno con su madre, esta prosigue en su relato, parece
no escucharlo ni verlo actuar. Un controlar sin ver ni oír:
solo presencia.
¿Qué Otro constituye (soporta) esta madre
en esta escena descrita? Las acciones realizadas, el ingreso
intempestivo: tirando, desparramando, no conmueven al Otro
(ninguno de los dos adultos allí presentes, dice
nada) no interrogan al Otro, no lo llevan a intervenir buscando
otorgar algún sentido, a lo que se presenta a los
ojos como (aparente) puro sinsentido. Así
planteado: ¿dónde queda el chico? ¿En
qué lugar, a qué lugar queda abrochado, sino
al de la demanda de un goce autista, ajeno a la lengua?
No obstante: algo se dirige al Otro, que no constituye mensaje.
No tiene este carácter. Conjeturemos: pura llamada,
sin eco.
No tenemos posibilidad así, de interrogarnos por
la intención, de formularnos la pregunta de qué
se busca con esta acción, qué dice; o si se
quiere: qué deseo se juega allí. Ante la falta
de Otro que consista, que se apreste a constituir algún
sentido (que se interrogue; cuando más) no podemos
formular la existencia de deseo allí circulando.
En la medida que no constituya acto significante (pasaje
por la vía del significante) no tenemos posibilidad
de ver constituirse el deseo. Estamos en el mejor de los
casos en el nivel de la Demanda. ¿Demanda un límite.
Un freno? Sostener esta pregunta, ya implicaría una
transformación de necesidad en demanda (un
en más, un plus) Algo, merced el estatuto significante,
se dirige al Otro, pasa, pervirtiendo la pura necesidad.
Jugando con las palabras, decimos: ¿qué necesidad
de tirar todo? ¿Descarga motora? ¿Necesidad
de ejercicio, al modo de las corridas en los gatos detrás
del señuelo imaginario que los convoca, permitiendo
(propiciando) tanto la descarga motriz como el ejercicio
de habilidad motriz fundamental para su existencia como
animal?
Ya una formulación de este tipo, una mirada de
este tipo, constituiría un ingreso al registro significante,
de la acción. El animal pierde su condición
de tal, se constituye en nuestro (nuestro objeto
de estudio, de interés, de interrogación,
etc.).
Ajeno, ajenos (salvo, él, en su atención aparentemente
ausente) ninguno de nosotros parece prestarle atención:
mis tiempos están sobrecargados -pienso-, no tengo
horarios para ofrecer a un tratamiento, menos para una derivación
por obra social (donde se me deja tan poco margen de maniobra
para el trabajo con padres), además, con este grado
de dificultad que supongo, prejuzgo, -desconociendo-. Y
más en este momento del año... Me afirmo en
mis argumentos y pensamientos. Y busco palabras que expresen
lo que estoy pensando y sirva a que la madre entienda (¿quién,
quienes?) motivos personales. No escucho. No estoy en
función.
No puedo precisar en mi recuerdo qué de los dichos
maternos, qué término, pero me retorna la
expresión: "él puede dibujar", a
propósito del chico entre sus piernas tocando y tomando
los elementos del escritorio ante mi fastidio. Se que allí
abrí algo más que mi boca para preguntar:
"¿dibuja?..."; y el pequeño que
levanta sus ojos y veo -por primera vez le dirijo la mirada-
viendo que me mira y dibuja en mi bloc dos
ojos que (me) empuja hacia mi (deseo).
Ver no es mirar. Diría que cuando dejo de ver para
mirar: algo fugaz se habilita. Conjeturo hoy que en ese
cruce de miradas, sostenido en el instante,
algo se instauró. Un campo virtual. Un espacio de
producción, casi pensado al modo winnicottiano (espacio
potencial). Una oportunidad si se quiere...
Y allí una pequeña producción. Un dibujo
que se me torna enigma, casi un jeroglífico. Un dibujo
que supongo encierra un mensaje. Entonces escritura.
Merced al enigma convocante, se constituye el mensaje al
mismo tiempo que el registro del Otro, postulándose
a su lectura interpretativa.
Una transformación se produjo allí. El propio
ingreso del registro significante transforma,
"En consecuencia, desde este comienzo, lo que entra
en la creación del significado, no es pura y simple
traducción de la necesidad sino recuperación,
reasunción, remodelado de la necesidad. Es la necesidad
más el significante" (J. Lacan).
Del lado del Otro, una satisfacción se juega:
satisfacción significante. Un nuevo mensaje
ha sido creado. Aquello que Freud señala como el
placer del ejercicio del significante. Placer de uso del
significante. Y este es un valor fundamental, para la circulación
que pretendemos se instale allí. Uso significante.
Se que de alguna forma estoy en esos ojos allí representados,
está mi pregunta capturada y la mirada que nos toma
fundando el campo de producción. Está su producto,
eso que empuja a mis ojos, que da a leer, y el enigma que
me toma y constituye mi lugar. Un producto para Otro. Esos
ojos que lo representan: "A los ojos" del Otro.
Hay ahí un Otro presente a través de la mirada.
Propuse un horario.
Esforzándonos, pudimos encontrar un día y
una hora, de lo que luego fue un tratamiento: ellos cambiaron
algunos horarios y rutinas familiares. Algo cedió,
habilitando un lugar. También yo acomodé los
míos a mi deseo jugado-tomado allí.
"Lo infantil es la fuente de lo inconsciente, y los
procesos del pensar inconsciente no son sino los que en
la primera infancia se establecieron en forma única
y exclusiva (...) esa rara elaboración inconsciente
no es otra cosa que el tipo infantil de trabajo de pensamiento".
Sigmund Freud
BIBLIOGRAFÍA:
El
chiste y su relación con lo inconsciente (1905)
Sigmund Freud. Amorrortu
Las
formaciones del inconsciente (1957-1958) Jacques Lacan
Seminario 5, Paidós
Realidad
y juego, D. W. Winnicott, Editorial Gedisa