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Primeras "entrevistas silvestres" con padres


por Rubén Flores

"…la demanda la hacen otros de quienes depende, no el sujeto analizante, la situación se complica, ya que no es sin relación de la transferencia con los padres que se sostiene la cura…"
Rosine y Robert Lefort


Siempre me han resultado significativas las primeras entrevistas con padres en el curso de un futuro tratamiento psicoanalítico con chicos. Suelo tomarme -si la urgencia paterna en la presentación lo posibilita- un corto lapso inicial, en que escucho a los papás contar aquello de su hijo, por lo que hacen la consulta. Qué los trae, cómo los trae, por qué ahora, qué esperan.
Tal vez por la particularidad de mi práctica clínica con chicos, donde las derivaciones y consultas no son sólo de índole privado (sostengo algunas Orientaciones a padres o inclusive Tratamiento con chicos, derivados de diferentes Obras Sociales o Medicinas Prepagas) me veo en la necesidad de darme un tiempo para deslindar el motivo de consulta, ubicar la solicitud manifiesta por la que se llegan hasta el consultorio de un "analista de niños" -explicito de entrada mi formación-, "los supuestos" que portan y los "resultados" que esperan, conforme a los "saberes" atribuidos a mi persona, (supuesto saber que podrán variar a lo largo del tratamiento, en caso de comenzar éste).
"Nos recomendó el pediatra que iniciásemos un tratamiento con un especialista en chicos, varón, porque…", comenzará una entrevista un papá a propósito de su hijo de 5 años que se empecina en jugar con muñecas; "sé que trabaja con chicos autistas y necesito…" dirá el mensaje dejado en el contestador por una madre, a quien escucho en su ansiedad y su necesidad; "no estaríamos aquí, si no fuese por que la escuela...", señalando una solicitud de consulta, que merece interrogarse, para deslindar las razones de habilitar siquiera, un espacio de entrevista con la pequeña de quien se habla; "me autorizaron diez entrevistas de psicoprofilaxis quirúrgica y orientación a padres", dirá la madre de un pequeño al presentarse -ella sola-, describiendo con lujo de tecnicismos médicos la operación a que someterán a su hijo y la angustia por la que atraviesa al "pensar siquiera en que abrirán a mi hijo", para "abrir" luego una solicitud de "entrevistas para mí", sorteada la angustiosa inmediatez de la intervención y permitido alojar un enigmático significante, en su insistencia.

No deja de sorprenderme la riqueza de estas presentaciones familiares, por lo que me permito acomodar en mi agenda algún horario extenso, como para escuchar "sin prisa". Una laxa disposición flotante.
Diría que casi siempre me he encontrado con "simpresas..."
El relato de aquello que se presenta inicial, como dificultad o problema en el chico, y que a poco de andar suele abrir a cuestiones personales de la pareja o familiares, tiene la "frescura silvestre" de no encontrarse mayormente atravesado por las resistencias propias de lo ya instalado de un tratamiento, de lo ya sancionado.
Cierto estado inicial que pareciera -imaginariamente- no ser puesto a cuenta todavía, de un tratamiento futuro, favorece el tono, o si se quiere, da el tono, lo hace oír.
Suelo plantear que me interesa escuchar un poco más, si les es posible darme un poco de tiempo, que necesito preguntar y conjeturar, ubicar alguna cuestión, por lo que insisto en invitarlos.
Cuando se me permite, adopto cierta displicente inocencia, cierto aire de sorpresa que nos tome en el hilo del relato y permita el paso a las entrevistas con el hijo. "¡Mire usted lo que dice!..." "¡Caramba!... ¿Le parece así?"
Algo quedará en suspenso para una próxima vez, más adelante.
No obstante, las más de las veces, algo cambió allí. "Algo" se instalará (1), en relación al discurso y, por qué no, en relación al lugar que se atribuirá a mi persona (2).
Sólo señalar con cierta afectación un término, interrumpir un relato aduciendo que: "esto me parece importante, les propongo ahora mantener algunas entrevistas con su hijo y volver a encontrarnos un poco más adelante…", u otros modos de intervención sobre el entramado discursivo del relato sostenido por los padres, en las consultas iniciales, modifica la posición de estos e inaugura la posibilidad de iniciar entrevistas preliminares.
Espontánea crudeza, otras veces. Silencio obligado que promueva más palabras, mudez o miradas, explicaciones buscando dar sentido o pretextar.
Modos de presentación discursiva.
Tonos, miradas y suspiros, detenciones, silencios y risas, lo que se comparte o separa y cómo se transmite en lo que se cuenta, vacilaciones, dudas o certezas, una entrada y cómo se van, una mano apretada y cómo vuelven a llegar. Presentaciones discursivas.

Las entrevistas con padres, tienen la lógica de mostrar los puntos de anclaje del pequeño en la "sintomática familiar", la fijación a los deseos y fantasmas paternos de este hijo, el sentido y valor económico del síntoma en la verdad de la pareja, su lugar, en la estructura (aún cuando pareciera no tenerlo).
No debe confundirse, no obstante, con esta modalidad de presentación inicial a la que me refiero (3).

"Entrevistas silvestres" me permito llamarlas, en las que a posteriori, de mediar un tiempo de tratamiento, y como efecto de una intervención "ingenua" sobre el discurso manifiesto de los padres, permitirán poner en relación, ciertos comentarios, ciertos términos, indicios que tomarán su valor formulada una propuesta de entrevistas preliminares con el niño. Pero ya será otro tiempo ese.

Verdaderas boyas indicadoras, en la oscura noche del Río de la Plata, es cuestión de mantenerlas así: flotando a nuestra atención ciega, enmarcando un rumbo para no en-callar.
La travesía se hará con el chico.

UN INICIO DE TRATAMIENTO CON UN CHICO
(TIEMPO DE PASAJE)

Cuando los papás de M. llegan a la consulta inicial (la madre presenta un embarazo de meses que ya se nota), lo harán por que su hijo de 11 años "nuevamente ha comenzado a hacerse caca". Lleva ya más de tres años presentando "un episodio" que insiste en su aparición, "un accidente" que se reitera cada tanto.
Desde hace unos 20 días vuelve a presentar "este accidente" (al decir del padre).
Ubicarán tres episodios, que ha juicio de la madre, vuelven a desencadenar "este problema": "una discusión con su entrenador de fútbol" donde "perdió la confianza" (dejó de jugar por este motivo); "problemas" que se acentúan cada vez más "en el colegio" (dispersión, dificultades en la comprensión, vocabulario soez, se escapa del aula); "la pérdida de mis embarazos" (presentó 2 "episodios" -dirá- donde pierde sus embarazos, antes de este tercero en curso).
Manifestarán que "no mide el riesgo de su cuerpo", accidentes que se repiten, "labio partido, paleta partida".
En sucesivas entrevistas irán ubicando las distintas dificultades de su hijo, notorias en su insistencia, en cuanto actos: conductas incomprensibles para todos, que persisten en su repetición; y a la vez notoriamente significativas en el modo de calificarlas por ellos, merced al empleo insistente de algunos términos. El hilo del relato deja oír una reiteración de palabras aplicadas para distintas situaciones, tanto ocurridas al hijo de ambos, como a ellos.
Insisto en oírlos. Pregunto. No entiendo. "Cuenten, cuenten un poco más..."-diré.
Quiero ubicar su pedido: "Que deje de hacerse caca. Que se haga cargo. Ya es grande", en relación a la historia de la pareja. ¡Qué ocurrencia esta de que se caga por los embarazos perdidos! Me abstengo por llenar de algún sentido la afirmación, para continuar con el pedido cordial de "más relato"...
Concebido el embarazo por un accidente juvenil, la vida en común transcurrió problemática, sin contar con un lugar propio donde instalarse ellos, en clara dependencia de sus respectivas familias. Un tiempo en que "todo estaba mezclado, no podíamos poner freno" -al decir del padre-, la familia se metía, no pudiendo discriminarse los lugares: "no podía separar las aguas. Todo mezclado. Mi madre cumplía el rol de madre y yo era hermana de mi hijo". "No se respetaban los tiempos, los espacios, (todos convivían juntos). Éramos como inquilinos" -insistirá el papá-.
Tiempo de "cruce entre adultos", con discusiones y castigos sobre M.
Un tiempo que lleva a separarse, "hasta que empiezan los problemas escolares de M", reiterados, insistentes y "el gabinete nos dijo que empezara terapia".
De este primer tiempo de tratamiento y problemas, quedará a cuenta un volver a vivir todos juntos, ellos solos, como familia, esta vez.

Del relato conjeturo un chico, que confronta a sus padres y a su entorno con su propia "conflictiva" edípica no tramitada (¿qué niño que llega no lo hace?)
El, que llega, vuelve a poner en tela de juicio los interrogantes sobre el origen: ¿Cómo llegan los niños al mundo? ¿Llegan? ¿Dónde se van?
El nacimiento cuestiona, confronta en la ignorancia de "ser padres".
El nacimiento de un chico siempre es un acontecimiento. Una frase que se dice, que solemos escuchar… También el psicoanálisis hablará de acontecimiento.

Al momento de la consulta M. "vive un retroceso".
Frente a los problemas escolares, que tanto angustian a su madre, dice: "no me importa nada", Castigos, privaciones de jugar al fútbol o salir no podrán con su empecinado negativismo.
"Pone cara de culo", dirán, y persistirá no sólo en sus "problemas escolares", sino en sus "accidentes": comenzará a hacerse caca en la escuela. Insistente. Notorio.
"Si se ensucia no se cambia hasta que uno de nosotros no se da cuenta" (me percato de cierta negación que insiste). Esconde los calzoncillos. Niega lo que le ocurre hasta que "el olor lo delata".
Hijo. No puede dejar de convocar odoríficamente a su madre.
Madre. No puede dejar de oler a su hijo.
Padre. No puede hacerle correr la nariz de este vínculo que los ata.
¿Qué nos señala este olor de hijo que circula? (Esta pregunta que se me instala será puesta a trabajar en el curso del tratamiento con M.)

El tiempo apremia. El problema -¿de quién(es)?- insiste: "¿cuándo podrá tener una entrevista con nuestro hijo?" "Esto ya no se aguanta más".
El discurso de los papás, manifiesta que no hay más tiempo -por ahora-.
Interrogo si sabe él que ellos concurren, si le cuentan qué los trae, qué les ocupa, si manifiesta algún interés él respecto de lo que le pasa.
"No sé qué me pasa", se desprende de una de las charlas que tienen. "Tengo miedo que no me cure".
Pediré entonces tener una entrevista con M.

Se presentará diciendo: "mi mamá dice que cuando perdió el bebé empecé con el problema"; retomando una explicación materna.
"¿Qué problema?"
Describirá su problema como: "no puedo retener", "me olvido", "no llego".
Pasa vergüenza en el colegio. Se distrae y no llega al baño. No quiere estar. No sabe qué hacer. ¿Se puede hacer algo?, me dirige la pregunta.
"Te puedo escuchar y podemos buscar juntos las respuestas" digo ingenuamente.
Hablará del embarazo de su madre del que no fue informado.
- "¡¿No te dijeron?!..."
- Pero "ya lo sabía". Tanto como de la pérdida de por lo menos otro embarazo.
- "¿No te dijeron?"
- "Sabía que pasaba algo. Ella llora cuando tiene problemas"
Sabe muchas cosas...
Sabe dirá, cómo llegan los chicos al mundo, pero no sabe: "¿cómo se pierden?".
Pregunta ambigua (4), que propongo reiterar a sus padres cuando lleguen a buscarle.
Acepta gustoso.
Instalados los cuatro en el consultorio, ante la pregunta amable de cómo fue todo, acotaré brevemente que pude escucharlo mas no responderle a una pregunta que entendía iba dirigida a ellos.
-"Sé como llegan los chicos, pero no sé cómo se pierden...", dirá.
-"No entiendo la pregunta".
-"Cómo se pierden", reitero con un sonrisa.
- "Por el mismo lugar que se tienen... por la cola".
-Ingenuamente repregunto: "¡Ah!... ¿Si?
-Sorprendida en su decir, por lo dicho: "¡No!!...Por la vagina!..."
Las miradas y risas entre ellos se sostienen, mientras una afirmación insiste de boca de la madre: "Pero entonces... Usted quiere decir... ¡Claro!!! ¡Claro!..." Mientras comienzo a levantarme y "propongo dejar aquí por hoy", "para todos", enfatizo sonriente.
Los despido entre risas y suposiciones, quedando en volver a encontrarme con M.
"Solo con él", diré cerrando la puerta.
En su próxima entrevista se mostrará exultante.
-"¡Es increíble!" "No se qué pasó" "Estoy mejor. Puedo llegar".
"No me tenía confianza para controlar el problema. Pero estoy mejor. La señorita me lo dijo. Quiero volver a jugar al fútbol".
Se muestra entusiasmado y locuaz. No sabemos qué pasó, pero algo cambió.
Le propongo entonces, iniciar un tiempo de entrevistas donde poder charlar de sus cosas, escucharlo, poder jugar lo que él proponga.
Elige un juego para armar palabras.
Empezamos a jugar.

(1) Cabe lo señalado por Freud en Sobre la dinámica de la transferencia: "Deseo agregar aquí algunas observaciones que permitirán que se comprenda que la transferencia se produce inevitablemente (notwending) en una cura psicoanalítica (…)" Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu ed.
(2) "(…) Hay otra representación-meta que el paciente no sospecha: ist die meiner Person". La interpretación de los sueños. S. Freud Obras Completas; Buenos Aires, Amorrortu ed.
(3) Debemos distinguir claramente estas presentaciones discursivas iniciales como formas del discurso manifiesto inicial, al que solo podremos referirnos a posteriori, para poner a trabajar. Al modo del relato manifiesto de un sueño.
Cabe aquí recordar lo señalado por Freud a propósito del trabajo de Interpretación de los Sueños: "Pero justamente cosas tan importantes como el distingo básico entre contenido manifiesto del sueño y pensamientos latentes del sueño, la inteligencia de que los sueños de angustia no contradicen la función del sueño como cumplimiento de deseo, la imposibilidad de interpretar el sueño cuando no se dispone de las correspondientes asociaciones del soñante y, particularmente, el discernimiento que lo esencial en él es el proceso de trabajo del sueño, todo eso parece aún tan extraño a la conciencia general como lo era treinta años antes" (29º Conferencia en "Nuevas…" Obras completas)

(4) ¿A quién va dirigida? ¿A él, a sus padres, a mí? Se soporta en mi persona, pero, insito: ¿a quién se dirige?

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