Siempre me han resultado significativas las primeras entrevistas
con padres en el curso de un futuro tratamiento psicoanalítico
con chicos. Suelo tomarme -si la urgencia paterna en la
presentación lo posibilita- un corto lapso inicial,
en que escucho a los papás contar aquello de su hijo,
por lo que hacen la consulta. Qué los trae, cómo
los trae, por qué ahora, qué esperan.
Tal vez por la particularidad de mi práctica clínica
con chicos, donde las derivaciones y consultas no son sólo
de índole privado (sostengo algunas Orientaciones
a padres o inclusive Tratamiento con chicos, derivados de
diferentes Obras Sociales o Medicinas Prepagas) me veo en
la necesidad de darme un tiempo para deslindar el motivo
de consulta, ubicar la solicitud manifiesta por la que se
llegan hasta el consultorio de un "analista de niños"
-explicito de entrada mi formación-, "los supuestos"
que portan y los "resultados" que esperan, conforme
a los "saberes" atribuidos a mi persona, (supuesto
saber que podrán variar a lo largo del tratamiento,
en caso de comenzar éste).
"Nos recomendó el pediatra que iniciásemos
un tratamiento con un especialista en chicos, varón,
porque
", comenzará una entrevista un papá
a propósito de su hijo de 5 años que se empecina
en jugar con muñecas; "sé que trabaja
con chicos autistas y necesito
" dirá el
mensaje dejado en el contestador por una madre, a quien
escucho en su ansiedad y su necesidad; "no estaríamos
aquí, si no fuese por que la escuela...", señalando
una solicitud de consulta, que merece interrogarse, para
deslindar las razones de habilitar siquiera, un espacio
de entrevista con la pequeña de quien se habla; "me
autorizaron diez entrevistas de psicoprofilaxis quirúrgica
y orientación a padres", dirá la madre
de un pequeño al presentarse -ella sola-, describiendo
con lujo de tecnicismos médicos la operación
a que someterán a su hijo y la angustia por la que
atraviesa al "pensar siquiera en que abrirán
a mi hijo", para "abrir" luego una solicitud
de "entrevistas para mí", sorteada la angustiosa
inmediatez de la intervención y permitido alojar
un enigmático significante, en su insistencia.
No
deja de sorprenderme la riqueza de estas presentaciones
familiares, por lo que me permito acomodar en mi agenda
algún horario extenso, como para escuchar "sin
prisa". Una laxa disposición flotante.
Diría que casi siempre me he encontrado con "simpresas..."
El relato de aquello que se presenta inicial, como dificultad
o problema en el chico, y que a poco de andar suele abrir
a cuestiones personales de la pareja o familiares, tiene
la "frescura silvestre" de no encontrarse mayormente
atravesado por las resistencias propias de lo ya instalado
de un tratamiento, de lo ya sancionado.
Cierto estado inicial que pareciera -imaginariamente- no
ser puesto a cuenta todavía, de un tratamiento futuro,
favorece el tono, o si se quiere, da el tono, lo
hace oír.
Suelo plantear que me interesa escuchar un poco más,
si les es posible darme un poco de tiempo, que necesito
preguntar y conjeturar, ubicar alguna cuestión, por
lo que insisto en invitarlos.
Cuando se me permite, adopto cierta displicente inocencia,
cierto aire de sorpresa que nos tome en el hilo del relato
y permita el paso a las entrevistas con el hijo. "¡Mire
usted lo que dice!..." "¡Caramba!... ¿Le
parece así?"
Algo quedará en suspenso para una próxima
vez, más adelante.
No obstante, las más de las veces, algo cambió
allí. "Algo" se instalará (1),
en relación al discurso y, por qué no, en
relación al lugar que se atribuirá a mi persona
(2).
Sólo señalar con cierta afectación
un término, interrumpir un relato aduciendo que:
"esto me parece importante, les propongo ahora mantener
algunas entrevistas con su hijo y volver a encontrarnos
un poco más adelante
", u otros modos de
intervención sobre el entramado discursivo del relato
sostenido por los padres, en las consultas iniciales, modifica
la posición de estos e inaugura la posibilidad de
iniciar entrevistas preliminares.
Espontánea crudeza, otras veces. Silencio obligado
que promueva más palabras, mudez o miradas, explicaciones
buscando dar sentido o pretextar.
Modos de presentación discursiva.
Tonos, miradas y suspiros, detenciones, silencios y risas,
lo que se comparte o separa y cómo se transmite en
lo que se cuenta, vacilaciones, dudas o certezas, una entrada
y cómo se van, una mano apretada y cómo vuelven
a llegar. Presentaciones discursivas.
Las
entrevistas con padres, tienen la lógica de mostrar
los puntos de anclaje del pequeño en la "sintomática
familiar", la fijación a los deseos y fantasmas
paternos de este hijo, el sentido y valor económico
del síntoma en la verdad de la pareja, su lugar,
en la estructura (aún cuando pareciera no tenerlo).
No debe confundirse, no obstante, con esta modalidad
de presentación inicial a la que me refiero (3).
"Entrevistas
silvestres" me permito llamarlas, en las que a
posteriori, de mediar un tiempo de tratamiento, y como efecto
de una intervención "ingenua" sobre el
discurso manifiesto de los padres, permitirán poner
en relación, ciertos comentarios, ciertos términos,
indicios que tomarán su valor formulada una propuesta
de entrevistas preliminares con el niño. Pero ya
será otro tiempo ese.
Verdaderas
boyas indicadoras, en la oscura noche del Río de
la Plata, es cuestión de mantenerlas así:
flotando a nuestra atención ciega, enmarcando un
rumbo para no en-callar.
La travesía se hará con el chico.
UN
INICIO DE TRATAMIENTO CON UN CHICO
(TIEMPO DE PASAJE)
Cuando
los papás de M. llegan a la consulta inicial (la
madre presenta un embarazo de meses que ya se nota), lo
harán por que su hijo de 11 años "nuevamente
ha comenzado a hacerse caca". Lleva ya más de
tres años presentando "un episodio" que
insiste en su aparición, "un accidente"
que se reitera cada tanto.
Desde hace unos 20 días vuelve a presentar "este
accidente" (al decir del padre).
Ubicarán tres episodios, que ha juicio de la madre,
vuelven a desencadenar "este problema": "una
discusión con su entrenador de fútbol"
donde "perdió la confianza" (dejó
de jugar por este motivo); "problemas" que se
acentúan cada vez más "en el colegio"
(dispersión, dificultades en la comprensión,
vocabulario soez, se escapa del aula); "la pérdida
de mis embarazos" (presentó 2 "episodios"
-dirá- donde pierde sus embarazos, antes de este
tercero en curso).
Manifestarán que "no mide el riesgo de su cuerpo",
accidentes que se repiten, "labio partido, paleta partida".
En sucesivas entrevistas irán ubicando las distintas
dificultades de su hijo, notorias en su insistencia, en
cuanto actos: conductas incomprensibles para todos,
que persisten en su repetición; y a la vez notoriamente
significativas en el modo de calificarlas por ellos, merced
al empleo insistente de algunos términos. El hilo
del relato deja oír una reiteración de palabras
aplicadas para distintas situaciones, tanto ocurridas al
hijo de ambos, como a ellos.
Insisto en oírlos. Pregunto. No entiendo. "Cuenten,
cuenten un poco más..."-diré.
Quiero ubicar su pedido: "Que deje de hacerse caca.
Que se haga cargo. Ya es grande", en relación
a la historia de la pareja. ¡Qué ocurrencia
esta de que se caga por los embarazos perdidos! Me abstengo
por llenar de algún sentido la afirmación,
para continuar con el pedido cordial de "más
relato"...
Concebido el embarazo por un accidente juvenil, la vida
en común transcurrió problemática,
sin contar con un lugar propio donde instalarse ellos, en
clara dependencia de sus respectivas familias. Un tiempo
en que "todo estaba mezclado, no podíamos poner
freno" -al decir del padre-, la familia se metía,
no pudiendo discriminarse los lugares: "no podía
separar las aguas. Todo mezclado. Mi madre cumplía
el rol de madre y yo era hermana de mi hijo". "No
se respetaban los tiempos, los espacios, (todos convivían
juntos). Éramos como inquilinos" -insistirá
el papá-.
Tiempo de "cruce entre adultos", con discusiones
y castigos sobre M.
Un tiempo que lleva a separarse, "hasta que empiezan
los problemas escolares de M", reiterados, insistentes
y "el gabinete nos dijo que empezara terapia".
De este primer tiempo de tratamiento y problemas, quedará
a cuenta un volver a vivir todos juntos, ellos solos, como
familia, esta vez.
Del
relato conjeturo un chico, que confronta a sus padres y
a su entorno con su propia "conflictiva" edípica
no tramitada (¿qué niño que llega no
lo hace?)
El, que llega, vuelve a poner en tela de juicio los interrogantes
sobre el origen: ¿Cómo llegan los niños
al mundo? ¿Llegan? ¿Dónde se van?
El nacimiento cuestiona, confronta en la ignorancia de "ser
padres".
El nacimiento de un chico siempre es un acontecimiento.
Una frase que se dice, que solemos escuchar
También
el psicoanálisis hablará de acontecimiento.
Al
momento de la consulta M. "vive un retroceso".
Frente a los problemas escolares, que tanto angustian a
su madre, dice: "no me importa nada", Castigos,
privaciones de jugar al fútbol o salir no podrán
con su empecinado negativismo.
"Pone cara de culo", dirán, y persistirá
no sólo en sus "problemas escolares", sino
en sus "accidentes": comenzará a hacerse
caca en la escuela. Insistente. Notorio.
"Si se ensucia no se cambia hasta que uno de nosotros
no se da cuenta" (me percato de cierta negación
que insiste). Esconde los calzoncillos. Niega lo que le
ocurre hasta que "el olor lo delata".
Hijo. No puede dejar de convocar odoríficamente
a su madre.
Madre. No puede dejar de oler a su hijo.
Padre. No puede hacerle correr la nariz de este vínculo
que los ata.
¿Qué nos señala este olor de hijo
que circula? (Esta pregunta que se me instala será
puesta a trabajar en el curso del tratamiento con M.)
El
tiempo apremia. El problema -¿de quién(es)?-
insiste: "¿cuándo podrá tener
una entrevista con nuestro hijo?" "Esto ya no
se aguanta más".
El discurso de los papás, manifiesta que no
hay más tiempo -por ahora-.
Interrogo si sabe él que ellos concurren, si le cuentan
qué los trae, qué les ocupa, si manifiesta
algún interés él respecto de lo que
le pasa.
"No sé qué me pasa", se desprende
de una de las charlas que tienen. "Tengo miedo que
no me cure".
Pediré entonces tener una entrevista con M.
Se
presentará diciendo: "mi mamá dice que
cuando perdió el bebé empecé con el
problema"; retomando una explicación materna.
"¿Qué problema?"
Describirá su problema como: "no puedo retener",
"me olvido", "no llego".
Pasa vergüenza en el colegio. Se distrae y no llega
al baño. No quiere estar. No sabe qué hacer.
¿Se puede hacer algo?, me dirige la pregunta.
"Te puedo escuchar y podemos buscar juntos las respuestas"
digo ingenuamente.
Hablará del embarazo de su madre del que no fue informado.
- "¡¿No te dijeron?!..."
- Pero "ya lo sabía". Tanto como de la
pérdida de por lo menos otro embarazo.
- "¿No te dijeron?"
- "Sabía que pasaba algo. Ella llora cuando
tiene problemas"
Sabe muchas cosas...
Sabe dirá, cómo llegan los chicos al mundo,
pero no sabe: "¿cómo se pierden?".
Pregunta ambigua
(4), que propongo reiterar a sus padres cuando lleguen
a buscarle.
Acepta gustoso.
Instalados los cuatro en el consultorio, ante la pregunta
amable de cómo fue todo, acotaré brevemente
que pude escucharlo mas no responderle a una pregunta que
entendía iba dirigida a ellos.
-"Sé como llegan los chicos, pero no sé
cómo se pierden...", dirá.
-"No entiendo la pregunta".
-"Cómo se pierden", reitero con un sonrisa.
- "Por el mismo lugar que se tienen... por la cola".
-Ingenuamente repregunto: "¡Ah!... ¿Si?
-Sorprendida en su decir, por lo dicho: "¡No!!...Por
la vagina!..."
Las miradas y risas entre ellos se sostienen, mientras una
afirmación insiste de boca de la madre: "Pero
entonces... Usted quiere decir... ¡Claro!!! ¡Claro!..."
Mientras comienzo a levantarme y "propongo dejar
aquí por hoy", "para todos", enfatizo
sonriente.
Los despido entre risas y suposiciones, quedando en volver
a encontrarme con M.
"Solo con él", diré cerrando la
puerta.
En su próxima entrevista se mostrará exultante.
-"¡Es increíble!" "No se qué
pasó" "Estoy mejor. Puedo llegar".
"No me tenía confianza para controlar el problema.
Pero estoy mejor. La señorita me lo dijo. Quiero
volver a jugar al fútbol".
Se muestra entusiasmado y locuaz. No sabemos qué
pasó, pero algo cambió.
Le propongo entonces, iniciar un tiempo de entrevistas
donde poder charlar de sus cosas, escucharlo, poder jugar
lo que él proponga.
Elige un juego para armar palabras.
Empezamos a jugar.
(1) Cabe
lo señalado por Freud en Sobre la dinámica
de la transferencia: "Deseo agregar aquí algunas
observaciones que permitirán que se comprenda que
la transferencia se produce inevitablemente (notwending)
en una cura psicoanalítica (
)" Obras Completas,
Buenos Aires, Amorrortu ed.
(2)
"(
)
Hay otra representación-meta que el paciente no sospecha:
ist die meiner Person". La interpretación de
los sueños. S. Freud Obras Completas; Buenos Aires,
Amorrortu ed.
(3) Debemos distinguir claramente estas presentaciones discursivas
iniciales como formas del discurso manifiesto inicial, al
que solo podremos referirnos a posteriori, para poner a
trabajar. Al modo del relato manifiesto de un sueño.
Cabe aquí recordar lo señalado por Freud a
propósito del trabajo de Interpretación de
los Sueños: "Pero justamente cosas tan importantes
como el distingo básico entre contenido manifiesto
del sueño y pensamientos latentes del sueño,
la inteligencia de que los sueños de angustia no
contradicen la función del sueño como cumplimiento
de deseo, la imposibilidad de interpretar el sueño
cuando no se dispone de las correspondientes asociaciones
del soñante y, particularmente, el discernimiento
que lo esencial en él es el proceso de trabajo del
sueño, todo eso parece aún tan extraño
a la conciencia general como lo era treinta años
antes" (29º Conferencia en "Nuevas
"
Obras completas)
(4) ¿A
quién va dirigida? ¿A él, a sus padres,
a mí? Se soporta en mi persona, pero, insito: ¿a
quién se dirige?