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Mudanza,
¿ Cambio de casa?
Irene Contardo
Temas
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Todos
tenemos recuerdos, imágenes de las casas que habitamos,
algunas con mayor nostalgia, de otras, apenas recordamos
el barrio en donde se encontraban. A lo largo de la historia
de un sujeto se habla de la casa de la infancia, la de los
abuelos; la famosa "casita del árbol",
que quizás sólo estaba a diez centímetros
del suelo o la casa era, tan sólo, una rama.
Qué será entonces una casa, si puede ser una
rama o un recuerdo?
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El "pequeño Larousse ilustrado" dice, entre
otros tantos significados que tiene la palabra casa: casa
como habitación, sinónimo de familia, raza,
transmisión del nombre y títulos en la nobleza.
Quizás sea desde aquí donde tenemos que ubicar
qué le sucede a un niño ante la posibilidad
de una mudanza.
La mudanza implica un cambio, una variación en la
cotidianeidad de los hábitos, de las costumbres.
Justamente eso es lo significa la palabra mudanza, cambio
de aspecto, de domicilio, transformación. Por ende,
esto puede ser grato y esperable; pero también puede
implicar temor ante una posible transformación no
deseada. Es por esto, que las mudanzas son un tema delicado,
que obliga a prestar atención ante sus efectos en
el presente y en la historia de un niño.
Este movimiento se transita de diferentes maneras según
la estructura familiar en la que se encuentre inmerso y
cuál sea el motivo de la misma. Una situación
que uno puede observar es que los adultos no creen que sea
necesario hacer participar a los niños en estos cambios
y entonces, ellos son trasladados de la misma forma que
pueden serlo los muebles o lo que es peor aún, ese
día son llevados a la casa de algún familiar
o amigo que los cuiden para que no molesten y así
son sacados de un lugar sin poder participar como protagonistas
que realmente son. De repente aparecen en otro lado, sin
poder despedirse de ese espacio que hasta el momento había
sido "su lugar".
La estructuración de un sujeto está íntimamente
ligada al espacio y al tiempo, por lo tanto la casa, que
para un niño pueden ser algunos rincones, deben ser
respetados. No es que no se puedan mudar, sino todo lo contrario,
si el cambio es acompañado de palabras, explicado
el por qué en forma simple y sencilla, garantizando
que en el nuevo espacio se van a poder armar estos "rincones"
conocidos, no aparecerán dificultades.
La posibilidad de hablar evitará que este cambio
sea una ruptura con lo vivido hasta el momento, será
una continuidad pero en otro lugar. Los temores aparecen
ante lo desconocido y al poder hacer un pasaje continente,
si bien no podrá evitar sentir la pérdida
del lugar, lo cual habla de su salud psíquica, dado
que también sería preocupante que no pudiese
diferenciar entre un lugar y otro, que todo sea lo mismo,
ésta podrá ser amortiguada; porque lo que
se modifica es un espacio físico, pero no el hogar.
Hogar y casa, ¿son sinónimos?, puede que sí
para los distintos sentidos que aparecen en diccionario,
pero desde lo real, la connotación es diferente.
Porque hogar está vinculado al calor de las personas
con las que uno comparte un espacio, y no todas las casas
transmiten esa calidez, pero ¿son las casas?...quizás
apropiarse de un lugar, construir un hogar sea mucho más
difícil que cambiar de casa.
Pero volviendo a los niños y a los cambios en los
que participan, son protagonistas, pero no deciden... por
qué esta pérdida del lugar podría ser
amortiguada por la palabra? Porque tal vez la pregunta inicial
tendría que ser dónde viven los niños?
Esta no es una pregunta simple, abre a una dimensión
que no es la de la concretud de las paredes, ni el nombre
de la calle, ni el número en el que se sitúa
la casa, ni la cantidad de habitaciones.
El lugar de los niños, generalizando, para evitar
entrar en el caso por caso, es el lugar del deseo de sus
padres, el lugar que se les haya asignado en el mito familiar,
es desde este punto en el podrá estructurarse para
poder ser él mismo, construir su propia imagen.
Entonces volvemos al punto de partida, y pareciera que mudarse
no es importante, desde lo planteado anteriormente, que
es lo mismo vivir en un ambiente que estar en una casa de
cuatro habitaciones con patio.
Evidentemente no, porque no sólo son los metros cuadrados
los que influyen, sino la historia que se haya ido construyendo
en ese espacio, porque a veces el cambio de casa implica
cambio de escuela, de amigos, ciudades...países.
Cambio de lengua, de hábitos, de cultura...Situación
que hace tambalear la identidad y que obliga a construir
donde ya se había construido, no es reconstrucción
sino una nueva construcción.
Podrán aparecer situaciones críticas ante
cambios tan bruscos, sin embargo si existe ese rincón
que aloja, que cobija y protege, ese abrazo que evita la
caída al vacío, un niño podrá
transitar cambios de paredes y calles; de ciudades y países.
Irene E. Contardo
Psicoanalista
e-mail: irescon@hotmail.com
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