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Reconocimiento del otro: fundamento para una ética
Por Pola Roitman Woscoboinik


Trabajo presentado en el Encuentro Latinoamericano sobre Winnicott en Bs. As., diciembre del 2006

Pintura: Martín Riwnyj


En el momento que comienzo a escribir esta ponencia, aparece una primera asociación: es un recuerdo, un grato recuerdo. Se remonta a algunos -bastantes- años atrás en los que mi aproximación a Winnicott recién comenzaba. No sólo con interés teórico sino con una vivencia muy especial: la de estar frente a conceptualizaciones, aparentemente sencillas, pero a la vez muy profundas y, para mí, conmovedoras.
La evocación me conduce a la Maternidad Sardá, centro asistencial público de nuestra ciudad. Estábamos trabajando un equipo de colegas con un valioso "material" humano: un grupo abierto de adolescentes embarazadas, la mayoría solteras, que no habían pensado en la posibilidad de ser madres tan pronto y que seguían viviendo con sus propios padres. En algunos casos, cohabitando con el compañero; en otros, éste se mantenía a distancia o había desaparecido de la escena.
Momentos difíciles para estas jóvenes que apenas asomadas a su vida sexual, "descubrían" su embarazo. Los objetivos del equipo de trabajo eran obvios. Para conocerlas mejor habíamos diseñado, acompañando a las entrevistas grupales e individuales, un conjunto de técnicas proyectivas, muy simple y elemental: la adaptación del CATS infantil, serie de láminas que muestran animales humanizados en diferentes situaciones, algunas sugiriendo la relación padres-hijo y consignas para realizar algunos dibujos, los llamados tests gráficos. Una de esas consignas era directa, puntual: "Tratar de dibujar cómo imaginaban al hijo cuando ya hubiese nacido".
Y aquí el recuerdo: una de esas muchachas -no más de 15 años- a medida que va haciendo su dibujo, verbaliza: "Para imaginar y dibujar al bebé tengo que dibujarme a mí también. El bebé no puede estar solo".
Desde su "adentro", Winnicott puro: lección teórico-práctica winnicottiana.
Casi con sus mismas palabras. Imposible no pensar en él.
Y así se lo imagina y así lo dibuja: ella "sosteniendo" en el regazo a su hijo.
Se ha nombrado a sí misma, al otro, al otro con minúscula. El cercano imprescindible para que el bebé pueda llegar a ser persona. Y soy fiel, aquí, al lenguaje de nuestro pensador aunque hoy hablemos de sujeto y de subjetividad. Esta niña, en tren de convertirse en madre, se siente, el primer otro en la vida de su bebé. Simultáneamente, experimenta la vivencia -lo muestra su dibujo- de "uno-solo" con el hijo. También Winnicott.
Hasta aquí, la evocación.

La problemática del "otro", con las resonancias que ha adquirido en el campo de la reflexión psicoanalítica hoy, es un planteo relativamente reciente. Resulta inevitable la mención a Lacan con sus conceptualizaciones acerca del "otro" -con minúscula- y del "Otro", con mayúscula y el significado específico que le otorga desde su lectura.
Algo similar ha pasado con los conceptos de sujeto y subjetividad.
Pero es justo reconocer que esta problemática es inaugural en el pensamiento filosófico. La filosofía toda, desde sus orígenes hasta nuestros días, de modo manifiesto o latente, hace de esta cuestión un tema axial. Como dato ilustrativo: Laing Entralgo, en un trabajo de envergadura, ha historiado las distintas especulaciones que se han desplegado a través del tiempo en torno a esta problemática. Se detiene sobre todo, en las teorías de la modernidad.

Ahora, mi ponencia: "Reconocimiento del otro. Fundamento para una ética".
Con legítimo derecho, la ética hoy -en la cultura de la posmodernidad y de la globalización- plantea temas urticantes: la dignidad del hombre, sus "derechos humanos", el lugar del sujeto entre lo público y lo privado, la posibilidad de acceder a un proyecto de vida, con las naturales tensiones entre lo individual y lo social, etc.
¿Puede el Psicoanálisis interrogarse a sí-mismo sobre estas temáticas?
Considero que sí, y considero también que los desarrollos teóricos de Winnicott constituyen un aporte fundamental para pensar una ética desde nuestro campo de conocimientos. En especial, aquellos escritos que subrayan, no sólo la (imprescindible) presencia del otro significativo en la estructuración del psiquismo y los procesos que operan en el reconocimiento de ese otro como tal, sino los referidos al desarrollo de "la capacidad de preocuparse" por el objeto.
Propongo entonces, a manera de hipótesis-conjetura, el siguiente enunciado: la dinámica que se despliega en el reconocimiento del "objeto-objetivo" -con un descentramiento ineludible- constituye un punto de inflexión para el ingreso del pequeño infans a la condición de sujeto moral. Las características de este proceso inauguran la posibilidad de acceso a un mundo axiológico, fundamento de la/s ética/s

Ya lo sabemos, pero es útil recordarlo: ubicándose desde la interioridad misma del infans. Winnicott da cuenta de cómo va emergiendo el "objeto/objetivo". De lo que implica como descubrimiento y también, como desengaño. ¿Sigo siendo yo el rey del castillo?
Frente al pequeño monarca destronado, la presencia del otro: el cercano y nuevos "otros" del entorno, Germen de la consideración del otro como "un semejante", semejante a mi, pero a la vez, diferente y separado. Momentos de sustantivación, en una neta acepción gramatical. El otro "es". De objeto/subjetivo ha pasado a ser objeto/sujeto.
Es cierto que la cualidad -adjetivación- estará siempre presente, soldada estructuralmente a las maneras de percibir al otro/los otros.

En términos de metapsicología freudiana, el juicio de atribución -por el que expulso lo que siento como malo y trago, incorporo lo bueno- cederá su preeminencia para dar paso al juicio de existencia. Y, concomitantemente, apertura al examen de realidad.
Además, considero que es en este proceso donde se juega, el destino del narcisismo de cada sujeto.
Esta perspectiva conceptual es heredera de uno de los tres descentramientos fundamentales señalados por Freud.

Pero ¿cómo y por qué sale el infans de esa situación ilusoria de omnipotencia creadora para posicionarse en un otro espacio descentrado y, por fuerza, marcado por la dependencia?
No sin agresividad, nos dirá Winnicott, Y no sin dolor, agrego. Es que la evidencia de la autonomía del objeto materno constituye un descubrimiento de rasgos dramáticos para el niño: sorpresa, desengaño, desilusión. Autonomía y, a la vez, falibilidad inevitable. Green lo expresará con estas palabras: "se establece una reacción circular entre los afectos de destrucción y este nacimiento del objeto objetivo".
Porque, entiendo yo, en esa experiencia edénica del objeto-sentido-subjetivo, que no exige esfuerzo alguno de comunicación, auspiciada y sostenida por una "madre suficientemente buena", se van imponiendo las fallas forzosas del objeto materno. Tanto de la madre-objeto como de la madre-ambiente.
Y como en una otra paradoja, el desengaño por dejar de ser "el magnífico demiurgo", se convertirá en motor de una nueva creación y un re-nacimiento.
Para seguir el encadenamiento de mis reflexiones, se entraman aquí dos trabajos de Winnicott, sin duda fundamentales:
1- la serie relativa al "Uso del objeto" y "Uso de la palabra uso", entre 1963 y 1968. Estos trabajos le plantearon la necesidad de aclararaciones conceptuales a la comunidad psicoanalítica.
2- "El desarrollo de la capacidad de preocuparse por el otro" (1962/3).
La palabra uso se presta, es cierto, a ser bastardeada. Debemos recuperar el sentido winnicottiano. Surge, al igual que casi todas sus conceptualizaciones, de la experiencia clínica. Y destaco una observación suya muy apropiada porque disipa muchos malententidos: es precisamente el uso de la persona del analista lo que diferencia un psicoanálisis de un autoanálisis. Para que una interpretación tenga efecto, será necesario "que el paciente pueda colocar al analista fuera de la esfera de los fenómenos subjetivos". Sólo así podrá el analista, ser "usado".
El uso supone la relación de objeto. Pero con un plus decisivo: el objeto debe ser real en "el sentido de una realidad compartida", estar ahí, y no un "manojo de proyecciones".
Vuelve así al modelo de la relación inaugural madre/infans y su asimetría. Lo que pasó en la vida, se volverá a presentar en el análisis para intentar su reestructuración..
Es decisiva la comprobación que el objeto sigue ahì, que sobrevivió a mis ataques. Puedo, entonces, permitir mi bronca y mi agresión. Confiar en él.
El segundo de los trabajos citados contiene en su título, dos nociones básicas: por una parte, el enunciado del otro como tal y, por otra, el concepto de desarrollo de una capacidad: la de preocuparse por ese otro. Es este punto el que permite empezar a transitar el camino hacia una ética.
"Si todo ha ido bien" -palabras muy usadas por Winnicott- nace el deseo por el cuidado de ese otro que comienza a importar: es un otro que "lo toca", lo conmueve, vuelve a ponerlo introyectivamente dentro suyo. Pero ahora de distinta manera: es una identificación que va a permitir con empatía comprender lo que le pasa.
Es una nueva la dimensión: siente y acepta lo que llama preocupación por el otro, se responsabiliza por él.
Hago hincapié en este término porque representa, a mi entender, el aspecto esencial de la condición ética de las personas.
La preocupación por el otro es considerada como el positivo de la culpa. Pero -y esto es importante- no se trata de una culpa que remita a la condenación desde lo social. Es el resultado de un cierto grado de integración del yo individual que puede registrar la ambivalencia, condición del crecimiento emocional.
Está allí, en presencia y en la fantasía, ese objeto objetivo al que se ha atacado. Surge la necesidad de una reparación porque el otro me interesa, me importa su bien-estar. Agrego: es que el sufrimiento del otro puede ser pensado desde el sí-mismo.
Con su sencillez característica, Winnicott hace una afirmación sustancial: "La capacidad de preocuparse está detrás de todo juego y trabajo constructivos; es propia de la vida sana y normal y merece la atención del psicoanalista".

La noción de responsabilidad hace puente y conduce al terreno de la Ética. Aquí me encuentro -selectividad mediante- con los desarrollos de Lévinas. Es que algunas de sus teorizaciones, no todos comprendidas en su densidad, ayudan a fundamentar mi propuesta.
Lévinas concibe la responsabilidad para con el otro como la estructura primera y esencial de la subjetividad. Lo que implica considerar al sujeto en términos éticos. Y a la ética, no como el suplemento supraestructural de una base existencial previa, sino como núcleo mismo "donde se anuda lo subjetivo". En su planteo, la categoría que marca la emergencia de la subjetividad no es ni la pertenencia, ni la autonomía, sino la responsabilidad. La ética precede así, a la ontología.
La subjetividad no es un "para sí" sino, inicialmente, un "para el otro" prójimo. Se trata de una proximidad que se despliega y alude no solo a una relación espacial. El otro se aproxima "en tanto yo soy responsable de él ". Son palabras de Lévinas.
Y desde el momento que ese otro me mira, pasa ser "rostro". Esta cualidad de conformarse como "rostro" me interpela en mi responsabilidad respecto a él: el otro, "me incumbe".
La responsabilidad pasa a ser una categoría existencial. Se ubica en el basamento de una forma de relación. Diferente a otras estructura relacionales. por ejemplo, la del conocimiento. Decir: "Heme aquí" es ya hacer algo por el otro. Es la disponibilidad de dar. Lo propio del ser, del espíritu humano. El lazo con el otro no se anuda nada más y nada menos que con responsabilidad.
Me pregunto, si este concepto tiene puntos de contacto con la noción de capacidad de preocupación de Winnicott, aunque en muy distintos planos de reflexión
También Lévinas hace hincapié en la asimetría de la relación intersubjetiva: soy responsable del otro sin esperar la recíproca. "Soy sujeción de otro. En este sentido, soy sujeto".
De resonancias importantes es la cita a Dostoievski en Los hermanos Kamarazov: "Todos somos culpables… y yo soy más que los otros". Pero aclara, esa culpabilidad no es a causa de faltas que se hubieran cometido, sino porque "soy responsable de y con una responsabilidad total".
Estos conceptos se alejan del planteo tradicional: responsabilidad ligada a culpa.

En pocos lugares de su obra, Freud habla de responsabilidad. Lo hace casi exclusivamente en relación a los sueños preguntándose sobre sus contenidos inmorales. Compromiso de las pulsiones, expresión del deseo inconsciente. Lo que cobra primacía en sus reflexiones es el sentimiento de culpa.

Vuelvo ahora a Winnicott y a mis planteos iniciales.
Sus desarrollos teórico-clínicos me han ayudado no sólo en mi práctica psicoanalítica, tradicional y en el terreno de las patologías individuales actuales -patologías narcisistas con un profundo sentimiento de vacío y sufrimiento, sino en algo más: un despliegue hacia lo social, una mayor comprensión psicoanalítica sobre "el mal-estar" actual de la cultura,
Rescatar la noción de la preocupación por el otro me ubica en el lugar de la responsabilidad donde "ese otro" no solo me incumbe sino que me permite vivir creativamente mi propia vida.

Bibliografía
Cullen, Carlos -"El pensamiento crítico con 100 años de
psicoanálisis". 1995.
-Curso: "Contexto del origen y contexto actual del
Psicoanálisis", dictado en Ateneo Psicoanalítico, 1996.
- Conferencia: "Ética y Psicoanálisis"
Panel central del simposium del Ateneo Psicoanalítico
De abril de 1997.
Freud, Sigmund (1914) Introducción del narcisismo Obras Completas
Tomo XIV Amorrortu editores Buenos Aires, 1979.
Green, André (1983) Narcisismo de vida, narcisismo de muerte
Amorrortu editores. Buenos Aires, 1986.

Laplanche, Jean (1999) "Responsabilidad y respuesta" en Entre seducción
e inspiración: el hombre. Amorrortu Bs As, 2001

Lévinas, Emmanuel (1982) Ética e infinito Visor Distribuciones Madrid, 1979.

Winnicott, Donald -(1963) "El desarrollo de la capacidad de preocuparse por
el otro"
-(1966) "La ausencia de un sentimiento de culpa"
(1984)Deprivación y delincuencia Paidós Bs. As. 1990




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