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Haciendo Garabatos
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Claudia Constante


Sobre el tiempo -en ciertas situaciones clínicas- en lo que se podría llamar “función de la espera”, un nombre que podría ser reemplazado por otros: Fernando Ulloa hablaba de estructura de demora. Disraeli lo llamaba el “gran médico” en cuanto al tiempo como forma de cura.




En esta ocasión: 1 El Tiempo como Fenómeno Transicional

Por Eduardo Smalinsky

El problema del tiempo es una cuestión extremadamente amplia. Empezaré por decir de qué no me voy a ocupar. No me ocuparé de la función de la prisa, ni del momento de concluir, ni del corte, ni de la escansión.
Son todos estos aspectos importantes en los análisis, cuando circulan por la vía de la rememoración y cuando se ha constituido una neurosis de transferencia.
Me ocuparé en esta oportunidad de lo que podemos denominar transferencias sin neurosis, visibles en los análisis de niños, en los pacientes fronterizos, en los momentos de locura tanto en las neurosis como en las psicosis, en las adicciones, trastornos alimentarios, trastornos psicosomáticos y también mucho más frecuentemente que lo que se reconoce, en los análisis de neuróticos “como uno”.
Me ocuparé del tiempo en lo que podríamos llamar función de la espera, es un nombre pero podría ser otro. Fernando Ulloa hablaba de estructura de demora. Disraeli lo llamaba el “gran médico” en cuanto al tiempo como forma de cura.
Winnicott en sus notas sobre el tiempo subraya la adaptación materna que permite al bebé apoderarse, construir y crear su propio tiempo objetivo-subjetivo.
Menciona a un analista, que ante la pregunta de un paciente sobre si no pudiesen existir curas que durasen unos pocos minutos, contesta: Pero Ud. ha podido dilapidarme durante cuatro años y eso ha sido lo importante en su tratamiento, ¿cómo sería posible condensarlo en un momento?
Señala que el tiempo es la cuarta dimensión dentro de su teoría del desarrollo y afirma que “los analistas debemos tolerar las tensiones que nos imponen nuestros pacientes, cuando los resultados no son en modo alguno inmediatos e incluso cuando hemos aprendido a desconfiar de los resultados inmediatos”. Tendremos que distinguir claramente qué es lo que el analizante saca del tratamiento y qué los analistas. Para nosotros el trabajo tiene que tener interés en sí mismo, es decir mas allá de que obtengamos o no resultados. Nuestra labor, muchas veces produce resultados luego de un lapso que no podemos controlar. Es similar a la crianza de un niño.
No hay que olvidar que Winnicott enlaza la idea de cura con la de cuidado, palabra de la que deriva. La cura-cuidado coincide en muchos aspectos, con las consideraciones de Heidegger en “Ser y tiempo”, el “ser ahí”, el dasein, requiere de cuidados para devenir “ser en el mundo” y “ser para la muerte”.

Quiero retomar en este punto, una canción por seguramente todos conocida de M. E. Walsh que se llama “Osías el osito” y dice:
“Quiero tiempo, pero tiempo no apurado
Tiempo de jugar que es el mejor
Por favor me lo da suelto y no enjaulado
Adentro de un despertador.”

Entonces “no apurado”, no es ni mucho ni poco, tampoco enlentecido ni despacio, es una cualidad.
Tiempo de jugar, podríamos hablar mucho del jugar, y del jugar a solas en presencia de otro. Jugar no es pensar, jugar es hacer, para jugar es imprescindible haber hecho uso del otro, disponer del otro y que el otro se involucre, no es posible jugar desde afuera. Tampoco es posible jugar, cuando se le presta demasiada atención al reloj, el jugar implica olvidarse transitoriamente del tiempo, es perder el tiempo y la manera más radical de aprovecharlo.

En el proyecto de 1895, Freud plantea en referencia a la experiencia de satisfacción, que la armonía interior-exterior depende del ritmo, de la presencia-ausencia del pecho.
Es decir que la armonización de los diferentes ritmos, succión, presión de la mano, continuidad-discontinuidad del flujo de leche es necesaria para que la satisfacción ocurra como algo encontrado-creado.
Es decir que a buen ritmo, los cuidados maternos son satisfactorios. En cambio la disarmonía, la disritmia, pueden dar la impresión de un mundo incontrolable, si todo llega demasiado rápido y desesperante, si todo llega con lentitud.
Podríamos hablar entonces de una experiencia de armonización primaria de los ritmos.
La idea conductora de estas reflexiones, desarrolladas por Rene Rousillon, es que la capacidad para aceptar un diferimiento, una espera no vivida como sumisión, se apuntala en la organización y la aceptación de un tiempo rítmico, es decir un tiempo del retorno diferido de lo mismo.
Sería una forma intermedia entre la compulsión de repetición y la organización de un tiempo cronológicamente orientado. Nos plantea la problemática de lo transitorio, del tránsito, lo que por lo general se teoriza alrededor del modo de organización anal.
Su operador es la identificación con un otro primordial, capaz de esperar pasivamente que llegue el momento, es decir el buen momento.
Para sentirse sujeto de lo que lo habita y lo toma, el niño necesita que el ambiente lo espere, que espere que su tránsito interior haya avanzado como para que pueda reconocerse en ello y dejar su marca propia.
Winnicott dice que el analista debe ser capaz de esperar que los contenidos del ambiente sean aprehendidos, tomados por el paciente como proyecciones para poder interpretarlos.
Freud indica que el paso del viajero-analizante, es el que regulará los tiempos del análisis.
Hemos dicho que es necesario para el niño un tiempo suficiente para que se sienta agente de lo que se desenvuelve. Sin embargo cada fuente pulsional tiende a autonomizarse y por esto a volverse tiránica. Recobrar una armonización impone que la tiranía pulsional sea “domeñada”. Freud en el proyecto señala, que este domeñamiento de la pulsión es el eje organizador de la primera diferenciación tópica.
El domeñamiento permite un diferir que debe ser representado para alcanzar su eficacia. Dicho de otra manera el “no” como operador solo es eficaz si se duplica en un antes, o un mas tarde, en una promesa de retorno. No se renuncia, no hay formación de compromiso sino hay promesa de realización futura.
O sea que la primera forma del Superyo no es de renuncia sino de diferimiento. Y este será solo aceptable en la medida en que esté apuntalado desde adentro por experiencias de retorno rítmico de lo mismo. Freud nos indica que la primera confrontación del niño con la diferencia de los sexos, no tiene carácter traumático si el niño introduce una dimensión temporal “eso crecerá después”. Este movimiento no tiene un carácter de desmentida, permite al contrario que la percepción resulte aceptable.
La amenaza de escisión del yo aparece cuando tal reedición de la percepción, no es posible. El yo se ve demasiado precozmente confrontado con una diferencia radical en un momento en que no puede alcanzar un sentido estructurante. La percepción cobra entonces el valor de una amenaza de hundimiento del yo.

Pensaremos para ir finalizando cual podría ser el papel de la cuestión del ritmo, como pre-condición de la simbolización y su función en el análisis.
En Iniciación del tratamiento” Freud define 3 modalidades temporales: duración de la cura, frecuencia de las sesiones y duración de cada una de ellas, siempre prioriza el ritmo propio del paciente. Señala que la duración es indecidible por anticipado pero no por ausencia de la temporalidad sino porque el tiempo es a “medida”, el analizando posee su tiempo, todo su tiempo. Decía “El médico puede encontrarse con enfermos a los que conviene dedicar más tiempo que el acostumbrado, porque para entregarse y ponerse comunicativos necesitan que haya transcurrido la mayor parte de la sesión” (1913 Pág. 86)
El afán de Freud de estandarizar el análisis se dialectiza por la necesidad de tomar el tiempo propio del analizado.
En muchos análisis aparecen problemas con relación a factores temporales, estos parecen señalar la existencia de una zona traumática en cuanto al ritmo y su apropiación, las sesiones según el analizando duran demasiado, o muy poco, son demasiadas o escasas, o muy próximas o demasiado espaciadas o ambas cosas. A veces es el analista el que piensa esto. Pareciera que el encuadre temporal del análisis no acertara a cumplir el papel de apuntalamiento externo a la organización rítmica del analizando. En segunda instancia podríamos pensar que el análisis se ha convertido en sede de la transferencia de una vivencia de disritmia. Es decir que uno de los dos tiempos, de la investidura o de la interiorización del ritmo no se organizó de manera apuntaladora.
El analista ante una coyuntura de esta índole tiene dos alternativas que no son incompatibles entre sí. Puede modificar los elementos temporales, duración, frecuencia etc. sin amenazar el carácter analítico de la situación. Puede interpretar, reconstruir, el tipo de trauma acumulativo por disritmia que él analizando ha podido experimentar.
Es importante considerar que cuando los problemas clínicos se centran en la temporalidad, las intervenciones del analista y el momento en que se realizan, también tienen que estar reguladas por esos modos absolutamente singulares de configuración del tiempo.

Daré un ejemplo: Se trata de Luciana, tiene 25 años y vive con su mamá. Su padre murió cuando ella tenía 12 años, y pasó la mayor parte de su vida en la casa familiar, enfermo. Durante muchos de esos años en que Luciana quedaba en la casa al cuidado del padre, éste,  según los recuerdos de Luciana se dedicaba a atormentarla, a aterrorizarla y ella desplegó durante ese tiempo formas evitativas de defensa como esconderse o intentar pasar desapercibida. Al regresar su madre, esta no creía que el padre la mortificara o decía que ella exageraba.
Tengo que aclarar que esta paciente a la que atiendo hace varios años, consultó por tener una pésima relación con su mamá, a la que le pegaba y de la cual tampoco podía prescindir, consumía diferentes drogas, tenía una vida muy desorganizada, promiscua y el lugar donde se sentía mas a gusto era un boliche bailable en el que pasaba todas las noches, era su “casa” según ella.
Después de varios años de un tratamiento, que me ha resultado muy difícil, puedo decir que Luciana es una paciente fronteriza a la que en los comienzos le tenía muy poco aprecio, ella se presentaba desafiante y despreciativa y lograba que yo la detestara. Con los años esto fue cambiando, en la actualidad trabaja, cosa sorprendente porque aunque puede ser responsable con la tarea, los arranques de locura que padece ocasionalmente son soportados por el dueño de la empresa que le tiene una paciencia amorosa y paterna.
Hace unos meses antes del horario de su sesión me llama por teléfono y me pregunta si puede llegar unos 20 minutos demorada, le digo que la espero. Me quedo pensando por el llamado porque advierto que su pregunta no apuntaba solo a avisarme de su retraso sino a otra cosa. Cuando llega me pregunta hasta que hora la voy a atender, le pregunto porque? Dice que ella llamó porque quería que le compensase el tiempo perdido, que ella no es la culpable de esa pérdida y ya demasiadas injusticias padeció, que sino ella se va y no vuelve mas. Que no le importa.
Advirtiendo que Luciana no tiene a mi entender la posibilidad de simbolizar ese tiempo perdido pero también pensando que era importante que quede alguna huella de esa pérdida, le propongo: “Mirá yo hoy no me puedo quedar los 20 minutos que perdiste porque me esperan, pero puedo quedarme 10 y si querés te doy un vale para reponer los otros 10 en una próxima sesión”. Luciana acepta aunque no del todo satisfecha.
Unos meses después se repite la situación, esta vez le digo que antes de ver qué es lo que hacemos con el problema quisiera que me explique cuál es el sentido de que se le reponga el tiempo que se pierde. Luciana dice que se trata de una cadena en que así como ella tuvo que padecer diferentes pérdidas, es importante que si alguien quiere ayudarla ella le pueda transferir esa pérdida, que si yo no lo acepto ella no puede continuar con el tratamiento. En esta ocasión le digo que nuevamente me haré cargo de la mitad del tiempo y que más adelante le compensaré la otra mitad. Pero que nos queda pendiente un problema más serio y es que más tarde o más temprano el análisis no la podrá compensar de las injusticias sufridas, ni de las actuales y tendrá ella que decidir si perder este espacio que nos costó tanto sostener, lo que será una injusticia para ambos o considerar en alguna medida que aunque las cosas no resulten como ella lo espera, de no aceptar la perdida ocasional, se condena a perderlo todo.
Todavía seguimos trabajando para que Luciana esté en condiciones de decidir.



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