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El objeto: un analista…
A propósito de Winnicott, un analista profano
Por Alejandro Varela


¡Es inútil, Masud, que me pida que lea algo Si lo que leo me aburre me quedo dormido a la mitad de la primera página, y si me interesa en cuanto termino esa página la escribo de nuevo! (1)

Pintura: Martín Riwnyj


Estimulado por esta comunicación relatada por el discípulo, es que me apresuro ante la posibilidad del primer bostezo a realizar algunos comentarios alrededor de El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones.

Quiero partir de tres afirmaciones de Winnicott: 1 .La relación de objeto es una experiencia del sujeto que se puede describir en términos de este como un aislado… Cuando hablo del uso… agrego nuevos rasgos que abarcan la naturaleza y conducta del objeto... El objeto es real en el sentido de formar parte de la realidad compartida... (2)

2. Si el filósofo - de gabinete…se sienta en el suelo con el paciente encontrará que hay una posición intermedia… Descubrirá que después de "el sujeto se relaciona con el objeto" viene "el sujeto destruye al objeto (cuando se vuelve exterior); y después puede venir "el objeto sobrevive a la destrucción por el sujeto". (3)

3. Cuando hablo de uso no me refiero a la explotación. (4)

Que la utilización de un objeto marque una desposesión de la omnipotencia subjetiva y habilite la posibilidad de la aparición de un nuevo sujeto o la aparición del propio sujeto en un lugar que no se creía poder habitar, ha sido señalado oportuna y abundantemente por Daniel Ripesi. (5)

Tanto el texto de Winnicott como el de Ripesi son muy generosos en relación al enfoque de una interpretación que se mida por sus efectos y no en un acompañamiento interminable de aporte de sentido que tenga como único resultado colaborar con el paciente a sentirse psiconeurótico.

También en el cuestionamiento de la ingenua noción de representación y la destrucción como acto creativo, ambos textos son particularmente abarcativos.

Donde me voy a detener es en algunas consecuencias más de las tres afirmaciones de Winnicott que he destacado.
En primer lugar, ¿cuál es la filosofía de gabinete a la que se hace alusión? En segundo término: ¿a qué se refiere el autor cuando nos habla de esa supervivencia del objeto que se encuentra en la zona intermedia? Finalmente: ¿por qué diferencia uso de explotación?

Para intentar responder a estas preguntas, voy a señalar a Winnicott como:

1. Un practicante de la inmanencia.

2. Un constructor de una escena del análisis como un teatro de títeres en contrapunto con el uso de la computadora.

3. Un analista profano.


I.

Comienzo por el título que le he dado a esta comunicación: El objeto: un analista…

Tal es la interpretación libre que me permito hacer de El uso del objeto y la relación por medio de identificaciones.

El objeto - dos puntos - un analista - con tres puntos suspensivos al final.

Le otorgo a los signos de puntuación esa característica que le da Deleuze de ser términos técnicos.

No afirmo: El objeto es un analista. Sí así fuera, sería incluso posible inferir que el analista es una propiedad que tiene el objeto, o que el analista, es nada más que una variedad del objeto.

Tampoco dije El objeto y un analista. Si así lo hubiese hecho hubiera seguramente rescatado el valor enorme de la y para destruir cualquier pretensión ontológica que adquiere en la identidad su expresión.

Usar la y, es una operación de agenciamiento. Se rescata la singularidad, se libera al "analista" y al "objeto" de recubrirse y se deja abierta la posibilidad de que el objeto no se sature en el analista y viceversa.

Usé los dos puntos. Quiero destacar menos que una identidad y más que un simple agenciamiento.

Algo del objeto se da, se transfiere al analista.

Adorno tiene un trabajo clásico acerca de los signos de puntuación y clasifica a los dos puntos entre los signos que abren, como si fueran un semáforo del lenguaje.

Habría entonces entre El objeto: un analista…, una suerte de tránsito sin distancia e identificación, algo así como un pasaje sin cambio espacial. (6)

En este sentido, los dos puntos representan en este pasaje de un término de la frase al otro, la dislocación del objeto en sí mismo, la apertura a otro: el analista que recibe la primera parte de la frase y que permanece absolutamente objetalizado.

Daniel Ripesi subraya que es el sujeto quien en la destrucción de un objeto que sobrevive, debe renunciar al control omnipotente que linda con la manipulación, pero también el objeto se disloca, en el uso que el sujeto hace de él.

¿Qué es lo que sobrevive? ¿Sólo su materialidad? ¿O su resistencia a la misma?

Masud Khan para hablar de esta circunstancia nos dice: Es importante señalar que el objeto transicional no es significativo porque es una cosa; su cosidad es decisiva porque ayuda al niño a tolerar una realidad interna que crece y evoluciona… (7)

Tal vez sea el subrayado que Daniel hace, lo que desmerece la acción de la magia, que en el final de esta comunicación intentaré recuperar.

Señalé también que el título que di es El objeto: un analista…con esos tres puntos suspensivos al final.

¿Qué son los tres puntos suspensivos?

Comúnmente podríamos decir que remiten a un sentido ulterior omitido o faltante.

Sin embargo en un texto póstumo que se llama La inmanencia: una vida… (8), Deleuze plantea a los mismos como señalando una indefinición particular, la del término una.

En ese texto Deleuze señala que la inmanencia se expresa como vida singular, sin sujeto ni objeto; es decir, lo que pasa, lo que sucede, siendo los tres puntos suspensivos el índice de que una vida es absolutamente indefinida. No remite a una individualidad que tiene como fondo una generalidad o universalidad posible.

Un analista no remite a la clase analista que sería permanente, y de la que ese un sería su especificación, sino que es meramente un acontecimiento, una virtualidad.

Virtualidad no se opone a realidad, sino a actualidad. Esto quiere decir que así como una vida es absolutamente inmanente más allá de su actualización, un analista constituye la misma circunstancia.

Deleuze: Una vida sólo contiene entidades virtuales. Está hecha de virtualidades, acontecimientos, singularidades. Lo que se domina virtual no es algo que carezca de realidad. (9)

Para ejemplificar esto el mismo Deleuze se basa en un cuento de Dickens donde tres amigos se alegran de la vuelta a la vida de un canalla moribundo.

Voy a referir el pasaje porque me parece que es absolutamente representativo de lo que denomino empirismo trascendental y que señalo de aplicación a El objeto: un analista…

Un canalla, un sujeto vil despreciado por todos está agonizando y los encargados de curarlo manifiestan una especie de esmero, de respeto, de amor por el menor signo de vida del moribundo. Todos se empeñan en salvarlo, al punto de que en lo más profundo de su coma el villano siente que algo dulce lo penetra. Pero a medida que retorna a la vida sus salvadores se vuelven más fríos, y él recupera toda su grosería y maldad. Entre su vida y su muerte, hay un momento que no es más que el de una vida que juega con la muerte. La vida del individuo le cedió lugar a una vida impersonal, y sin embargo singular, de la que se desprende un puro acontecimiento liberado de los accidentes de la vida interior y exterior, es decir de la subjetividad y objetividad de lo que pasa. (10)

Se denomina empirismo trascendental, lo que parece paradójico, porque la atención a esa chispa de vida es absolutamente material.

Trascendental no quiere decir trascendente. Trascendente sería que se remitiera por ejemplo a alguna característica generalizable de humanitarismo o religiosidad de los salvadores o a la mala o buena moral del canalla.

Esto se puede armar después o antes, pero el momento de la intervención para salvarle la vida es trascendental y puntual.

La virtualidad sobrevuela todo el tiempo a El objeto: un analista…No es que no sea real sino que puede actualizarse.

Me parece que este es el modo de entender la abstinencia de interpretar, sólo efectivizada como modo de señalar los límites de la comprensión, y la espera del despliegue de la transferencia para que la destitución subjetiva y cosidad se involucren.

No hay ninguna trascendencia en algún objeto del que dependiera el ser de un analista y tampoco de un analista que tuviera a bien convertirse en un objeto.

En todo caso, se podría proponer, según el enfoque de este otro empirista trascendental que por los beneficios de la homonimia podríamos considerar - Wittgenstein, ¿cuál es el juego de lenguaje que se actualiza?


II.

El escritor alemán Heinrich von Kleist (1777 - 1811) nos ha dejado un texto sobre el teatro de marionetas que es sumamente sugestivo y del que quiero extraer algunas consecuencias para el tema que nos ocupa. (11)

¿Cómo se hace para manejar las marionetas sin que se necesiten miríadas de hilos?

No se trata de que el titiritero, en los distintos momentos de la danza, accione cada miembro en particular y tire de él.

Para un interlocutor imaginario que Kleist hace figurar en su texto, cada movimiento tiene su centro de gravedad en el interior de la figura, y los miembros no son sino péndulos que por sí mismos siguen los movimientos de manera mecánica.

La habilidad del titiritero consiste en identificar ese centro de gravedad y no en movilizar cada miembro.

De lo que se trata es de situar el recorrido del alma del bailarín…y el titiritero se sitúa en el mismo centro de gravedad de la marioneta, es decir baila.

Lo interesante es que en la polémica imaginaria que entablan Kleist y su interlocutor, no se trata de que el muñeco copie la habilidad de un danzante, sino que en realidad es al revés.

La ventaja que ofrece el muñeco al bailarín vivo es que nunca muestra afectación.

Desde el punto de vista del sujeto es una ventaja negativa… nunca mostraría afectación. Pues la afectación aparece, como sabe usted, cuando el alma (vis motrix) se localiza en algún otro punto que el centro de gravedad del movimiento. Pero siendo así que el titiritero, mediante el hilo o el alambre, no tendría absolutamente ningún otro punto a su disposición sino ese: entonces los restantes miembros serían lo que deben ser, puros péndulos muertos, y obedecerían meramente a la ley de gravedad; un atributo envidiable, que buscaríamos en vano en la mayoría d e nuestros bailarines.

Podríamos forzar aun más estos comentarios y afirmar que en realidad la gran ventaja de los muñecos es que son ingrávidos: necesitan el suelo sólo para rozarlo, como los elfos…nosotros lo necesitamos para descansar sobre él, y para recobrarnos de los esfuerzos de la danza; momento éste que obviamente no pertenece a la danza, y con el que se puede hacer nada mejor que eliminarlo si es posible.

El fantaseo que corresponde a la negación maníaca o control omnipotente del objeto es hacer del descanso una ley. Es como si se quisiera compensar esa ingravidez fundante.

¿Es el objeto un ser que sustituye al hombre?

Sólo en Occidente el títere es realista, es decir que representa a un humano. En Oriente encarna una idea o un sentimiento.

La danza o en nuestros términos el uso del objeto, no es tratar al muñeco como un sustituto del hombre, sino en darle función de encarnar lo inanimado. De ahí lo que se desprende del texto de Kleist: función de causa.

"La esencial fascinación del teatro de títeres, su habilidad para comprometer y atraer la atención de la audiencia, es una función especial de su naturaleza entendida como actividad teatral consistente en la animación de objetos carentes de vida (cosas muertas) a través de la intervención activa de una persona operante viva". (12)

El títere es distinto del realismo de la muñeca o del autómata. Si se camufla su alteridad asemejándolo a un humano, por ejemplo, es sólo para resaltar esa alteridad, ya que su definición obedece a su uso.

"En el teatro de títeres, el uso (plenitud del objeto) es mucho más significativo que el objetivo en sí mismo". (13)

Se plantea una doble pérdida: del sujeto en la caída de la significación realista del muñeco y del objeto en su sometimiento al uso por parte del sujeto: a través de la intervención operante d e una persona viva.

El jugando de la sesión winnicottiana se asemeja más a un teatro de títeres que a un niño con un juguete.

Me parece que subrayar sólo la alteridad del sujeto frente al objeto real lleva al jugando a la posibilidad de transformación del objeto en un nuevo Golem.

Carlos Fuentes reproduce un acontecimiento frecuente en la literatura: la transformación del dios en un personaje vivo a través de la apropiación indebida del ídolo.

Chac Mool, es el dios de la tempestad y Filiberto adquiere su imagen en un negocio ignorando que el sacrilegio lo expondrá a la inundación de su casa y posterior anegamiento y muerte.

Su espíritu ha vivido en el cántaro y la tempestad, natural; otra cosa es su piedra, y haberla arrancado al escondite es artificial y cruel. Creo que nunca lo perdonará el Chac Mool. Él sabe de la inminencia del hecho estético. (14)

El peligro de la sesión winnicottiana es la estetización del psicoanálisis. La idealización del objeto se corresponde incluso a lo que podemos llamar apoteosis del juguete o lo que voy a desarrollar en el punto tres como abolición de la profanación: tal es me parece el "ab - uso" de eso que los españoles llaman ordenador.

Hace tiempo que tengo algún pudor en armar una caja de juegos: varias veces es despreciada en aras de los jueguitos de la compu..

Me parece que además de la pérdida del control omnipotente en el sometimiento al objeto debiera subrayarse siempre la cosidad del objeto transicional.


III.

Winnicott plantea que para usar un objeto es preciso que un sujeto haya desarrollado una capacidad que le permita usarlos. (15)

El ambiente facilitador necesario para esta circunstancia (desde ya se declara de modo decisivo la diferencia con Melanie Klein), es el que permite la lógica del objeto y espacio transicionales.

… el rasgo esencial del concepto de objetos y fenómenos transicionales… es la paradoja y la aceptación de esta: el bebé crea el objeto, pero estaba ahí, esperando que se lo crease y que se lo denominara objeto cargado… (16)

Daniel Ripesi ha definido la introducción del objeto transicional como el encuentro con un objeto que puede ser entramado en una experiencia de jugar compartido con otros.

El juego mismo es transicional. Lo que le da al mismo esta posibilidad es la tensión perdida en la sociedad de consumo de transitar entre lo sagrado y lo profano.

Le debo a una intuición de Graciela Milano, la posibilidad de vincular el uso del objeto y la profanación.

Es sabido que desde Trebacio, tal como nos lo recuerda Agamben: Profano se dice en sentido propio de aquello que, habiendo sido sagrado o religioso, es restituido al uso y propiedad de los hombres. (17)

Si bien es cierto que el pasaje por excelencia de lo sagrado a lo profano es el juego, nunca se rompe del todo la relación entre ambos dominios.

Benveniste subraya que lo religioso une mito y rito. En el juego se rompe esa unidad siendo el ludus puro rito.

Sin embargo así como la ronda recuerda los ritos matrimoniales o el juego de la pelota las luchas de los dioses por la posesión del sol, hay en el juego siempre una memoria de lo sagrado y una invitación a la profanación.

En el dominio de lo sagrado mismo hay un pasaje permanente hacia lo profano y al revés.

Los niños cuando juegan con objetos significados por la economía la degradan de su valor sagrado.

El tema es qué pasa en el capitalismo extremo y en su fase superior: la sociedad del espectáculo.

Aquí la división no da lugar a la profanación sino que se la seculariza, lo que implica que la separación es inherente a la forma misma del objeto, que se escinde en valor de uso y valor de cambio y se transforma en un fetiche inaprensible,…siendo desplazado en una esfera separada que no define alguna división sustancial y en la cual cada uso se vuelve duraderamente imposible. (18)

Pareciera que en este sistema el uso se ha disuelto en la mera exhibición y se ha posibilitado la creación de algo improfanable.

En este sentido la advertencia de Winnicott de diferenciar uso de explotación me parece por lo demás elocuente. La verdadera negación maníaca o de control omnipotente es la del sistema. Oportunidad manifiesta para el fantaseo.

Si la separación del objeto que sobrevive es una forma de detener el control omnipotente es porque precisamente realiza el único modo de acotar la sociedad del espectáculo: separar medios de fines.

Imaginemos niños que separan a los personajes del juego cibernético del Club Pengüin y los hacen danzar o que no sólo miran el backstage de La guerra de las galaxias y configuran con sus personajes una historia carrolliana.

Tal vez se piense que es algo un poco mágico.

Existe una secreta solidaridad entre hacer magia y la felicidad. Esta se constituye porque debería haber algo fuera de lo normal. Para ser felices los niños saben perfectamente que tienen que tener su geniecito, su máquina fantástica o la gallina de los huevos de oro.

La moral tradicional se encarga de unir la felicidad a la dignidad, lo que los niños sistemáticamente rechazan. La felicidad no es algo que pueda merecerse.

En realidad la felicidad sobreviene donde no se la espera, es decir se produce por arte de magia.

Tal vez la creación artística, como el mismo Winnicott aclara en los collages de Braque o Picasso, o esa acción con el vacío, otro lugar para el deseo del analista, le de a la cultura por el desvío de la magia otro lugar que no sea exclusivamente el del malestar.

(1) Khan, Masud. Sobre Winnicott. Ecos editores. Bs. As. 1975. Pag. 16
(2) Winnicott, Donald. El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones. En realidad y juego. Gedisa. Barcelona. 1979. Página 119.
(3) Winnicott, Donald. Op. Cit. Pag. 121. (Destacado propio).
(4) Winnicott, Donald. Op. Cit. Pag. 126.
(5) Ripesi, Daniel. Sobre la noción de uso de objeto. Comunicación inédita

(6) Agamben, Giorgio. La inmanencia absoluta. En Ensayos sobre biopolítica. Paidós. Bs. As. 2007. Pag. 64.
(7) Khan, Masud. Op. Cit. Pag. 20.
(8) Deleuze, Gilles. La inmanencia: una vida… En Ensayos sobre biopolítica. Pag. 35 a 40.
(9) Deleuze, Gilles. Op. Cit. Pag. 40
(10) Deleuze, Gilles Op. Cit. Pags. 37 y 38..
(11) von Keist, Heinrich. Sobre el teatro de marionetas. En Fragmentos para una historia del cuerpo humano .Tomo I. Taurus. Madrid. 1990. pag. 431.
(12) Paska, Roman. Lo inanimado encarnado .En Fragmentos para una historia del cuerpo humano. Op. Cit. Pag. 428.
(13) Paska, Roman. Op. Cit. Pag. 428.
(14) Fuentes, Carlos. Chac Mool. En Cuentos sobrenaturales. Alfaguara. Bs. As. 2007. pag. 20.

(15) Winnicott, Donald. El uso de un objeto…Op. Cit. Pag. 120 y 121.
(16) Winnicott, Donald. Op.Cit. Pag. 120.
(17) Agamben, Giorgio. Elogio de la profanación. En Profanaciones. Adriana Hidalgo Editora. Bs. As. 2005. Pag. 97.

(18) Agamben, Giorgio. Op. Cit. Pag. 107.



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