El punto de partida de la teoría para Freud es el modelo de la perversión como reverso de la neurosis.
A partir de 1924, tras elaborar la 2° tópica, se pregunta si no se justifica mas oponer neurosis a psicosis.
En 1927, en su artículo sobre fetichismo, es donde sitúa una manifestación esencial en el yo, mediante la descripción del clivaje y la denegación.
La contribución del fetichismo es la coexistencia de 2 sistemas, uno que niega la percepción y otro que la reconoce.
Antes del fetichismo, la represión mantenía lo reprimido en lo inconsciente y verificábamos el retorno de lo reprimido. Con el clivaje ya no hay verticalidad, hay horizontalidad, coexisten 2 juicios, ninguno de los cuales anula al otro. Se que las mujeres no tienen, pero no puedo creerlo.
La prueba de lo que el modelo cambió es que Freud retoma el caso del fetichismo, en el compendio de psicoanálisis, cuando describe la fragmentación psicótica. Describe esta fragmentación como un clivaje mutilador multiplicado al infinito.
Resulta interesante y Freud ya lo había visto desde 1924, la descripción que hace de mecanismos que afectan la unidad del yo, de manera que para no hundirse sufre fisuras, grietas, cortes que dejan cicatrices de traumas antiguos. Freud escribe”corresponden a las extravagancias y la locura de los hombres” y que para el yo, son el equivalente de lo que las perversiones sexuales son para la sexualidad.
Esta es una idea importante de la 2° mitad de la obra de Freud, la búsqueda del equivalente en el yo de lo que son las perversiones para la sexualidad.
El interés por el Yo, a partir de 1950 decayó como respuesta a la “ego psychology” que se apartaba del pensamiento Freudiano. Pero parece importante retomar, recordando el artículo de Lacan “Algunas reflexiones sobre el yo”, en donde afirma que el yo, es producto de las identificaciones especulares del sujeto, lo cual es cierto, pero como Freud lo señala, excede el plano de las identificaciones.
Freud no busca por el lado de la adaptación, ni tampoco por la relación con la realidad. Sospecha que el yo es poco confiable a causa de sus orígenes, el hecho de ser una diferenciación del ello.
Freud habla de la locura de los hombres, que no es la psicosis, sino algo mucho mas general.
En el comienzo de su obra Freud se apoya en un tríptico coherente que es psiconeurosis de transferencia, neurosis de transferencia y el vínculo de una y otra que pasa por la neurosis infantil, la que analizada disolverá a ambas.
Cuando Freud dice que en los narcisistas no hay transferencia, esto nos sorprende ya que advertimos en los psicóticos transferencias violentas. Pero no es transferencia en el sentido en que Freud lo entiende. No estamos ante la transferencia de una entidad inteligible en otro nivel de inteligibilidad a la persona del analista, en que el análisis permite su disolución.
Estamos ante un límite, cómo operar? Qué hacer? Ante esta transferencia que Freud no reconocía como tal, pero con el que acordamos que no opera como una transferencia neurótica.
Cuando Freud habla de las relaciones entre Conc, Precc e Inc, como del Yo, Ello y S. Yo, considera lo que ocurre en el nivel de las transiciones entre las diferentes instancias y comparando con el impresionismo dice “no imaginen que esas relaciones se definen como en las cartas geográficas, con fronteras nítidas, se parece mucho mas a la pintura impresionista con sus esfumados.”
Podemos entender que los límites son zonas de elaboración psíquica.
La concepción freudiana del aparato psíquico es una referencia a límites, y los límites son zonas de elaboración.
El 1° modelo freudiano es: sueño-relato del sueño. En 1920 cambia por el actuar y la repetición. La representación cede su lugar al movimiento pulsional. Lo inconsciente es reemplazado por el Ello. El modelo del actuar entra como amenaza para la elaboración psíquica. El fantasma tiene la estructura del actuar, Bion dice al respecto que el papel del fantasma no es elaborar sino ser evacuado.
Así advertimos el importante cambio producido en el aparato psíquico. Ya no es un aparato que sólo elabora, no es un aparato que se conforma con reprimir, porque reprimir es también conservar. Es un aparato que por medio de la renegación, la forclusión, el clivaje, evacua elementos y se automutila.
Desde otra perspectiva, si tomamos al deseo, cualquiera sean los obstáculos que la realidad interponga, existe un sistema en el que ese deseo encontrará cierta forma de satisfacción, eso responde a la noción de inconciente y en ese aspecto lo inconciente representa una lógica de la esperanza, nada puede impedir la realización del deseo inconciente, ya sea a través del sueño, del fantasma, del anhelo, del voto, del síntoma y de la transferencia.
Freud necesito cierto tiempo para darse cuenta que ese sistema podía fracasar, que la esperanza no estaba garantizada, y desde “Mas allá del principio del placer” advierte estructuras no regidas por el Princ. Placer-displacer sino por la compulsión a la repetición, y esto concernía tanto a experiencias dolorosas como agradables. Ya no es el deseo el que triunfa sino el actuar, se pasa de la rememoración a la actualización. Repite en vez de recordar. El modelo es ahora pulsional. En la 2° tópica cuando Freud habla del Ello no hace alusión a actividad representativa alguna.
El movimiento pulsional remite a la descarga con la meta de aliviar para salvar mínimamente la conexión psíquica primaria. La representación, en esta tópica, no es un dato sino el resultado de un trabajo. La tendencia es al actuar, a repetir y a la desorganización del yo. Estamos hablando de locura, no de psicosis. Y es una locura que puede manifestarse en toda su amplitud cuando se le dan condiciones para ello, eso es lo que hacemos aquí, de eso nos ocupamos. Puede suceder que cuando la situación sea intolerable para el analista, irrumpan afectos contratransferenciales cuyos resultados pueden sorprendernos. La inevitabilidad del odio en la contratransferencia es tan evidente como la sexualidad infantil.
Hoy sabemos que la transferencia puede ser el modo en que el analizante hace experimentar al analista lo que el mismo no puede tolerar. Es nuestro problema y nuestra tarea, el crear el modo de que el analizante haga una experiencia de lo que hasta ese momento se sitúa en la categoría de traumático.