|
Extremadamente provocante, ese tema requiere explicitación
teórica compleja, especialmente en relación a
dos conceptos íntimamente imbricados entre sí
y centrales en su obra: 1) el carácter específico
del enfermar psicótico (que generó una nueva clasificación
de las patologías), cualquiera que sea la organización
patológica en la cual se manifieste y 2) la cualidad
peculiar del desarrollo emocional durante el período
de no-integración.
Para
la comprensión del primer punto, importa atender a
la manera como Winnicott configura la "naturaleza"
de la diferencia entre neurosis y psicosis. Dice: "Fuera
del estudio de las personas sanas, tal vez sólo en
la neurosis y en la depresión reactiva sea posible
aproximarse a la enfermedad verdaderamente interna, la enfermedad
que forma parte del intolerable conflicto inherente a la vida
y al vivir de las personas enteras (whole persons)".
(APM, 124)
"Verdaderamente
interna" se refiere, a mi ver, a un territorio ya constituido
(a pesar de jamás estable a punto de no poder volver
a perderse) donde se puede percibir el no-yo e inclusive desearlo,
o envidiarlo, o querer destruirlo. Organizadas en piso pulsional,
las neurosis representan así un estadio sofisticado
del desarrollo. Llegar a la fase edípica con la posibilidad
de padecer de los afectos y sus sintomatologías defensivas,
en medio de relaciones interpersonales, significa haber alcanzado
una vida emocional a nivel de salud, de la posible y precaria
salud humana. Ese es el territorio tradicional de pesquisa
e interés analítico: toda la inmensa gama de
conflictos y formaciones fantasmáticas generadas en
la eterna lucha del amor y del odio, "conflicto inherente
a la vida y al vivir de las personas enteras" (ibídem).
Pero
si el pensamiento analítico clásico, por basarse
en las neurosis, da por supuesto el territorio (pulsiones,
objetos, deseos) o sea, una integración (aunque precaria
o parcial) en un self, lo que interesa a Winnicott,
atento a la vacuidad borderline, es lo que pasa antes,
o mejor, lo que no pasa, a punto de impedir que la integración
se lleve a cabo, se realice. Son los agujeros de ese no
sucedido, que de forma patológica, muchas veces
subyacen a la organización neurótica que funciona,
entonces, como cobertor defensivo de un vacío radical.
Según
Winnicott, ese es el caso de las psicosis fronterizas. Es
el caso de los dos pacientes cuyo análisis destacamos
en este Encuentro. Fue la experiencia analítica con
pacientes borderline lo que le posibilitó acercarse
al carácter propiamente psicótico de la psicosis;
así afirma haber encontrado allí "la oportunidad
de observar los delicados fenómenos que apuntan a la
comprensión de los estados verdaderamente esquizofrénicos".
(BR, 121). Tratándose de ese tipo de patología,
sabemos que Winnicott no iría a suponer la existencia
(integración) de un self que quedó a
medio camino, y, por lo tanto, no tratará de encontrar
al paciente que aún no está ahí para
ser encontrado. Tampoco esperará encontrarse con
el sufrimiento típico de los conflictos pulsionales
relativos a los afectos. El fronterizo está más
allá de lo que podría llamarse vida psíquica.
Esos pacientes, y esa es la característica de la patología
fronteriza, viven en la forma de una no-existencia
(2).
Aquél, cuyo análisis es narrado en el libro
ttHolding e lnterpretação" vive
en el fantasear (BR, cap. II) que evita y sustituye
a la realidad interna; usa la mente, hipertrofiada y disociada
de la experiencia, ámbito que el paciente desconoce.
La otra (BR, 83), transita entre flashes esparcidos
y citas de poetas; vida hecha de pedazos amorfos, desconectados
y sin sentido. Ambos se protegen de una amenaza, vaga para
ellos, pero que, sabemos, es la de los encuentros reales,
la amenaza de existir. Se someten, entonces, a las expectativas
del ambiente extemo para garantizar la sobrevivencia de la
cascara, a partir de la cual se presentan a sí mismos
y a los otros. Siguiendo a Winnicott es posible suponer, a
propósito de ambos, que en la etapa más precoz,
antes de alcanzar el lugar (la reunión, el self)
desde donde podrían sentirse afectados (afectos), concernidos,
tomáronse puramente reactivos, controlando el peligro
de las intrusiones y de los sobresaltos. Prematuramente atentos,
la mente sustituyendo el papel del ambiente protector, no
llegaron a la experiencia de dejarse estar, de habitar, y
perdieron la aventura de vivir. En vez de concéntricos
tomáronse excéntricos. No encontraron el camino
del juego.
2.
El estado de no-integración y las psicosis
La tesis que sostiene esa fenomenología consiste en
que, para Winnicott, las psicosis se refieren a un momento
de no-integración, anterior a la reunión
en un self, a esa fase de dependencia absoluta donde
ocurrieron fallas de adaptación en al amago de la unidad
bebé-mamá. La gravedad de esas fallas está
relacionada con el hecho de que, en ese momento en que el
bebé todavía "no existe" y sólo
"existe" en unidad con la madre, están siendo
gestados los fundamentos, las condiciones de posibilidad
de ingreso a la vida, vida que será, entonces,
atravesada por conflictos pulsionales
(3).
La
afirmación de que el bebé "no existe"
no es retórica ni simbólica. Para Winnicott,
el existir no es dado y no coincide con el nacimiento biológico.
Nointegrado, el bebé no tiene yo ni no-yo; no hay intencionalidad,
objetos o intereses. Se trata, por lo tanto, de un momento
pre-objetal, pre-pulsional y presimbólico. Antes de
notar los objetos, nombrarlos y valorarlos, se encontrará
y habitará en un "medio", en un "ambiente"
espacial y temporal, dotado de una cierta "atmósfera".
En ese momento, lo que el bebé tiene, sí, son
posibilidades virtuales (bebé posible) que requieren
ser actualizadas, "realizadas", ganar configuración
y expresión (bebé real): sólo así
puede llegar, como dice Heidegger, a ser-en-el-mundo,
existiendo en las estructuras fundamentales del tiempo y del
espacio, como un ser situado y datado.
Notemos:
abrirse para el mundo y abrirse para sí mismo, self,
es un único y mismo proceso. Por tanto precisa tener,
con la ayuda de la madre, la experiencia de habitar
(permanencia, protección de intrusiones, regularidad
etc.) de modo de llegar a tener el sentimiento de "estar
en casa"; un lugar (mundo y self) a partir del cual
acoger y dejarse afectar por los sucesos, lugar donde pueda
reunir y guardar las cosas que encuentra y en la duración
de un tiempo continuo (continuidad, previsibilidad) en que
una existencia se extiende como pasado, presente y futuro
(3bis(4)
).
El
existir (ex-sistere), por lo tanto, sólo comienza
cuando el bebé, llegando a la integración que
implica el reconocimiento de la existencia separada del no-yo
y correlativamente del yo, alcanza el sentimiento de ser real
y de habitar en un mundo real. Pero mucho tendrá que
suceder todavía para que el bebé llegue a eso.
"La integración es una conquista", dice Winnicott.
Antes puede pensarse en una no-existencia. Se trata, por lo
tanto, de un momento delicadísimo que requiere cuidados
específicos.
Para
tener esa experiencia inaugural de habitar y llevar a cabo
la tendencia virtual a la integración, ese momento
debe poder ser vivido en las condiciones de inmadurez que
le son inherentes y en la entrega de quien se siente bien
sostenido. Eso sólo es posible en presencia de un ambiente
favorable que reconoce, acepta, reúne y da soporte
a ese estado de no-integración, sin apresurar el proceso.
Este debe seguir su propio curso, estando garantizada y protegida
la "continuidad del ser". "La base para
el establecimiento del ego es una continuidad existencial
suficiente, que no sea interrumpida por reacciones a la intrusión."
(PP, 496) (4).
Cabe
a la madre "suficientemente buena" propiciar al
bebé los cuidados de soporte, de presencia continua
y previsible y de protección contra las intrusiones.
En la salud, eso es posible porque, identificada con el bebé,
la madre tiene capacidad para una adaptación sensible,
activa y completa a sus necesidades. Luego, ella provee
la desadaptación gradual, cuando pequeñas
fallas suceden, en la misma medida de la capacidad maduracional
creciente del bebé, lo que significa que forman parte
de la pauta de la adaptación. Mas, he ahí un
punto que merece destaque y revela la profundidad del pensamiento
de Winnicott: la adaptación completa no apunta específicamente
a la satisfacción instintiva (5).
Hay algo más básico y estructural sucediendo.
En la adaptación completa hay un encuentro y ese
encuentro es fundamental: es la matriz de los encuentros
posibles, el paradigma existencial de los vínculos
de que se constituye el existir. Observemos que el propio
bebé no se encuentra con la madre ya que en ese momento
la madre no existe y el bebé tampoco. Pero el encontrarse
está sucediendo en el completar el gesto del bebé
y en el atender a su necesidad "en su punto" (madre
suficientemente buena). Sin que el bebé se dé
cuenta, se está creando el sentimiento de que el no-yo
es encontrable, puede concernirle y tener sentido; se están
plantando también las raíces de la mutualidad
y de la posibilidad de comunicación, sin pérdida
de la soledad esencial.
(6).
Pero
puede darse el desencuentro. Puede ser que la madre no sea
capaz de sintonizar, desde lo íntimo, la necesidad
del bebé. Ella no consigue crear el "entre",
la burbuja de intimidad y protección donde se gesta,
en la ilusión de omnipotencia, el sentimiento
de que es posible encontrar y significar el mundo que va a
servirle de morada. Tal vez ella no pueda soportar lo amorfo
de la nointegración que le recuerda su propio desamparo
escondido y recubierto por el ajetrear adulto. Y así,
no hay encuentro. Esa madre, más atenta a su papel
de madre que al bebé, puede embutirle el alimento y
el mundo garganta adentro. Si pudiese abrir el "entre"
y ensayar la posibilidad del encuentro, ella sabría
que el bebé necesita ser introducido al mundo muy despacito,
en su medida y ritmo, y tener la oportunidad de crear el mundo
que encuentra: habitar en la paradoja (7).
Necesita de cuidados que se refieran a él, no al género
bebé. Necesita que ella dé soporte y sostén
tanto para el avance como para el retroceso. Retroceder significa
que el bebé, a veces, siente necesidad de morir un
poquito y abandonarse en algún lugar al que la madre
no tenga acceso: "En el centro de cada persona, hay un
algo no comunicable. Este es sagrado y merece ser preservado."
(APM. 170)
Por
la ilusión de omnipotencia, el bebé es introducido,
imperceptiblemente, en el ámbito abierto del mundo.
Le es permitido un tiempo en que está eximido de la
tarea de separar el yo del no-yo, protegido de la conciencia
prematura de la extemalidad del mundo. Sin esos cuidados,
hay intrusión y desencuentro. La instrusión
quiebra la continuidad de ser: algo rebalsa la posibilidad
del bebé o sencillamente no sucede. El bebé
hace el gesto que le viene del impulso momentáneo y
no halla nada, nada le viene al encuentro. O, todo le es dado
en demasía, más allá de su real necesidad.
Aprende, entonces, a tener aquellas necesidades que dan a
la madre la sensación de estar viva y actuante. En
esos
casos, es el bebé el que se encarga de mantener a la
madre "viva". Si eso se vuelve norma de conducta
ambiental, puede haber un retroceso dramático como
en el autismo o un retroceso defensivo con formación
de coraza extema de sumisión que simula vínculos,
como en los fronterizos. Son innúmeros los matices
de las fallas en esa primera relación que fuerzan al
bebé a superarse, a ponerse alerta antes de
tiempo, y él, desviado de sí, interrumpido en
su "continuidad de ser" y ocupado en controlar el
ambiente, queda reactivo, precozmente expuesto a la exterioridad
del mundo y a la incumbencia de existir.
Hay,
por lo tanto, quienes no llegan a nacer y permanecen en un
tiempo anterior al tiempo del mundo. Un tiempo donde el hombre
"privado del don de residir, habita en la eternidad de
un presente vacío, sin movimiento, donde no pasa nada"
(8).
En ese cuadro, según Winnicott, "están
todos los pacientes cuyo análisis debe enfrentar las
etapas primitivas del desarrollo emocional, antes y hasta
el establecimiento de la personalidad como entidad y antes
de la adquisición del status de unidad espacio-tiempo".
(PP. 460).
La
falla en proveer la matriz de los vínculos y del habitar,
puede hacer un agujero en el tejido de la continuidad de ser
y hacer caer al bebé fuera del camino que lo llevaría
a la integración. No cae en el mundo; cae fuera
(9). Extraviado del vivir, exi-(56)
liado de sí mismo y del mundo, permanentemente extranjero,
el individuo no sabe habitar. Deambula en un desierto sin
referencias, sin familiaridad posible: nada le concierne.
Ni siquiera puede saber lo que ha sucedido o no, porque, nonacido
todavía, no estaba allí para que algo sucediese.
La falla que lo habita, como un vacío informe, sucedió,
sorprendentemente, fuera de su psiquis
(10). Dice Winnicott: "Los psicóticos
sufren de disturbios derivados de un estado todavía
más precoz y básico. Sus dificultades y problemas
son especialmente dolorosos. Por no ser inherentes, no
forman parte de la vida, pero sí" de la lucha
por alcanzar la vida. El tratamiento exitoso de un psicótico
permite que el paciente comience a vivir y empiece a experimentar
las dificultades inherentes a la vida. " (NH, 100, subrayados
míos)
Para
algunos, sin embargo, residir en el mundo creyendo en su realidad,
y dejarse ser, tomóse demasiado lejano. Así,
con el paciente de "Holding e Interpretado":
era capaz, a veces, de dejarse cuidar por Winnicott y de entregarse
a la dependencia. Pero esa posibilidad se desvanecía
pronto. Para él, que solo podía vivir en la
ruta del script ambiental, el estado de no orientación
e informe de la no-integración eran terroríficos.
Su principal recurso defensivo era el retraimiento en el adormecer.
En el excelente prefacio al libro, dice Masud Khan: "Desde
el comienzo, Winnicott tenía conciencia de que toda
forma de hablar y de relatar del paciente encerraba una reacción
terapéutica negativa. El paciente hace su propio diagnóstico:
"No me he hecho humano jamás. Perdí esa
experiencia' (pág. 107) y, 'resumiendo, mi problema
es cómo encontrar una lucha que nunca hubo\ (pág.
185). Winnicott no se dejó intimidar. Mucho menos tentó
la cura." (Khan, M. 1991, 16, subrayado mío)
No
tentar la cura es la sabiduría clínica de Winnicott.
Tal vez exactamente residiese allí la falla original
e insuperable: una madre que impelía a su hijo a mantenerse
vivo, siempre, a cualquier precio. Pero eso no significa que
Winnicott no usase los recursos de que disponía. Él
extiende, disponible, el piso sobre el cual un nacimiento
podría llegar a suceder, o para, por lo menos, mantener
al paciente en la estrecha abertura que le era posible. Winnicott
ofrece el soporte para que el paciente haga uso de él
cuándo y como pueda. Con relación al dar holding,
en el setting analítico, hay un detalle que
merece examen: holding casi siempre se entiende como
la continuidad de cuidados que teje el piso, aquello que da
soporte, sustentación. Pero ocurren fallas, porque
siempre ocurren fallas. Winnicott notó, sin embargo,
que el paciente aprovechaba exactamente las fallas para avances
en el proceso de maduración. Esas fallas repetían,
sí, la intrusión temprana. Pero ahora, revividas
y configuradas en la relación analítica, podían
propiamente suceder y comenzar a formar parte del psiquismo.
3.
Dos tareas analíticas: soporte para la noiníegración
y el uso analítico de las fallas del analista.
Dado lo arriba expuesto, y tratándose de pacientes
fronterizos en regresión a la dependencia, surge una
cuestión para la función del análisis:
no hay cómo retrazar o resignifícar una historia
que no sucedió, ni cómo analizar la calidad
libidinal de vínculos que no existen a no ser como
remedos de vínculos extemos, artificiales, capas producidas
para cubrir un campo interno vacío. En virtud de esa
nueva perspectiva, la relación analítica tendrá
que preferir otra función que aquella para la cual
fue originalmente concebida (la interpretación de los
conflictos pulsionales). El analista tendrá que estar
atento, cuando el fondo de extrañamiento y vacuidad
está cubierto por una organización neurótica
o un disturbio psicosomático. "En tales casos,
el psicoanalista puede ser cómplice, durante años,
de la necesidad del paciente de ser psi-coneurótico
(en contraposición a loco) y de ser tratado como tal.
El análisis progresa y todos manifiestan satisfacción.
El único inconveniente está en que el análisis
jamás termina. Puede ser concluido y el paciente puede
inclusive movilizar un falso self para finalizar el
tratamiento y expresar gratitud. En verdad, sin embargo, él
sabe que no hubo alteración en el estado (psicótico)
subyacente y que analista y paciente tuvieron éxito
en el complot para provocar un fracaso." (BR, 122)
Con
pacientes borderline, por lo tanto, si se quiere llegar
al fondo, la regresión es necesaria, y no es verdad
que los clínicamente más regresivos sean los
más enfermos. Tal vez sea más difícil
la tarea de tratar pacientes psicóticos en estado de
fuga en la salud (PP, 471), como era el caso del paciente
anteriormente mencionado. Sin embargo, en general, si el analista
ofrece las condiciones requeridas, el paciente fronterizo
"atraviesa gradualmente las barreras que denominé
técnica del analista y actitud profesional, y fuerza
un relacionamiento directo, de tipo primitivo, llegando hasta
el límite de la fusión". (APM, 150).
La
regresión a la dependencia "representa la esperanza
del individuo psicótico de que ciertos aspectos del
ambiente que fallaron originalmente, puedan ser revividos,
con el ambiente, ahora con éxito, en vez de fallar
en su función de favorecer la tendencia heredada del
individuo de desarrollarse y madurar" (APM, 117). Pero,
¿qué es lo que el paciente busca repetir, revivir,
recordar? No es posible rescatar "algo que no ha sucedido
aún, y esta cosa del pasado no ha sucedido porque el
paciente no estaba allí para que sucediese" (Ex,
I, 117). La falla, el derrumbe, sucedió fuera del psiquismo,
en un "sin lugar", "sin tiempo", "sin
forma" y no puede pertenecer al pasado a menos que
sea experienciado en el presente por primera vez. "Para
entender eso es preciso pensar, no en un trauma, sino en que
no pasó nada cuando algo provechoso podría haber
pasado." (Ex, I, 118, subrayado mío). Es esta
la razón por la que lo que sucedió en el período
de no-integración no pueda ser rescatado como un recuerdo
olvidado en los vericuetos del inconsciente, y en las formas
tradicionales de la transferencia.
En
esas situaciones de regresión casi todo lo que está
ocurriendo de importante,
se ofrece en el registro pre-verbal y entonces se presenta
un desafío al analista: necesita saber todo lo que
se refiere a las interpretaciones relativas al material presentado,
mas "debe ser capaz de contenerse para no ser desviado
a esa función, que sena inapropiada, porque la necesidad
es la de apoyo simple al ego, o sea, la de holding.
Ese holding, como la tarea de la madre en el cuidado
del bebé, reconoce tácitamente la tendencia
del paciente a desintegrarse, a cesar de existir, a caer para
siempre". (APM, 217).
Es
de extrema importancia la tarea analítica de mantener
cuidadosamente la continuidad previsible y regular del setting,
creando las condiciones para que una falla del analista
sea sentida como tal, como falla del ambiente. Así,
la falla debe ser entendida estrictamente en relación
a la necesidad del paciente que se permite estar no-integrado,
dependiente y fundido con el analista: cualquier movimiento
del analista que se dirija fuera de la órbita de omnipotencia
del individuo puede ser sentido como falla. Y esa será
la ocasión para que aquella falla sufrida (pero no
experienciada) en el período original de no-integración,
alcance un contexto, una configuración, una historia,
para que pueda finalmente suceder y,
reconocida, tomarse una experiencia del individuo. A ese respecto
relata Winnicott, refiriéndose a un paciente: Ella
"siempre siente espanto, pero durante un cuarto
de hora, sintió espanto por algo" (Ex, I, 165).
Para Winnicott, cuando las fallas del analista son casuales
y no tienen una pauta fija propia, el paciente sufrirá
aquella que corresponde "a la pauta según la cual
el propio ambiente del paciente le falló a este en
una etapa significativa." (Ex, II, 200).
Pero,
para que el paciente ose aproximarse al vacío amorfo
que lo habita sin lugar propio, hay que tejer, primero, la
casa: una base muy firme de confíabilidad hecha de
los cuidados básicos de permanencia, regularidad, simplicidad,
monotonía, esto es, establecer la ilusión
de la omnipotencia sobre cuyo piso, bien asentado, la
falla, la desilusión configurada, pueda suceder
de modo de ser experienciada, sufrida, soportada. Muy amparado,
el paciente puede empezar a tener sentimientos y no a estar
hundido en sensaciones; ya puede sentir falta de algo,
y no el vacío de todo; ya puede sufrir frustración
y odio y no aniquilamiento. Dice Winnicott sobre otra paciente:
"Mi tarea consistía, en primer lugar, en cooperar
con su proceso de idealización a mi respecto, y luego
compartir el peso de la responsabilidad por la quiebra de
esa idealización a raíz de su odio..."
(Ex, I, 165). En las condiciones altamente especializadas
del setting analítico y después de haberse
establecido firmemente la con-fíabilidad, la falla
puede suceder y dar ciudadanía al odio. "En la
recuperación de la situación original de fracaso,
cuando la situación congelada de fracaso se descongela,
el individuo puede, por primera vez, sentirse frustrado y
desarrollar defensas más complejas, así como
experimentar furia o ira, justamente contra el fracaso."
(GE, 54). Y aún: "Estas fallas producen rabia,
lo que es valioso, porque esa rabia trae el pasado al presente.
En el momento de la falla (o falla relativa) inicial, la organización
yoica del bebé no estaba suficientemente preparada
para una cuestión tan compleja como es la de tener
rabia acerca de una cuestión concreta" (Ex,
I, 306, subrayado mío).
Es
sólo en la regresión a la dependencia que la
necesidad del paciente de experimentar el vacío, lo
no-sucedido, la decepción, puede emerger y tener lugar.
Sólo dentro del soporte del analista es que la falla
tendrá esa función y esa importancia. Winnicott
relata cómo sería, si fuera verbal, la demanda
de un paciente que se ve a punto de entrar en regresión
a la dependencia: "Ya es hora de que usted se decida:
o va hasta el final, o se retira. No me importa que me diga
ahora que no está en condiciones de hacerlo, pero si
sigue avanzando, yo le entregaré algo que es muy mío
y me volveré peligrosamente dependiente de usted, y
sus errores tendrán una enorme importancia"
(Ex, I, 124, subrayado mío).
El
destaque dado a ese punto no debe llevar a pensar que, en
el trato del fronterizo, Winnicott aconseje al analista programar
fallas. Tanto en la adaptación como en la desadaptación,
en el error o en el acierto, cualquier mecanicismo malogra
la tarea de introducir al bebé o al paciente en el
mundo humano. Tal como la madre "suficientemente buena",
el analista fallará espontáneamente por el simple
hecho de ser humano y porque las necesidades del paciente,
así como las del bebé, son, por decirlo así,
"inhumanas". Se trata de estar atento y usar analíticamente
la situación.
Una
de las ocasiones más frecuentes de falla se refiere
al tiempo: en virtud del agotamiento originado en el carácter
absorbente de la adaptación completa y sintiéndose
llamados por otros intereses, madre y analista sobreestiman
los progresos del bebé o del paciente y anticipan posibilidades
que no se establecieron todavía. El paciente se siente
sobrecargado, no visto y, otra vez, su "estar allí"
se constituye en un peso del cual él mismo y quien
lo cuida quieren librarse. El retroceso es inevitable. Es
una suerte cuando el paciente puede avanzar del retraimiento
a la regresión y entregarse a nuestros cuidados. En
la regresión a la dependencia pisamos en un terreno
extremadamente frágil: hay grandes riesgos entrañados,
pero hay que correrlos. "En los casos graves, todo lo
que importa y es real, personal, original y creativo, permanece
oculto y no manifiesta ninguna señal de existencia.
En ese caso extremo, al individuo no le importa vivir o morir."
(BR, 99). Silencios, retraimientos y, sobre todo, aquello
que Freud denominó reacción terapéutica
negativa, son, en general, entendidos como resistencia a la
propia relación analítica y/o a un contenido
pulsional indeseable. Freud quedó sorprendido al darse
cuenta de que había pacientes que luchaban contra la
cura y sólo entonces pudo configurar el mecanismo de
la resistencia. Si lleváramos esto hasta el fin, verificaríamos
que la resistencia puede residir en un rechazo más
básico aún, y sin contenido, rechazo a cualquier
posibilidad de una existencia real. "-No me haga querer
SER...", decía una paciente de Winnicott, citando
al poeta Hopkins. Un rato antes, en la sesión, ella
había dicho: <<-Tengo a veces la sensación
de que nací... ¡Si no hubiera sucedido! Eso me
viene; no es como la depresión." Winnicott: "-Si
usted hubiera podido no existir, hubiera sido bueno."
Ella: "-¡Pero lo que es tan terrible es la existencia
negada! Jamás hubo una época en que yo pensara:
¡qué bueno haber nacido! Siempre tengo presente
que hubiera sido mejor si yo no hubiera nacido, pero, ¿quién
sabe? Podría ser, no sé" (BR, 89).
Es
sólo con el permiso y el soporte para el no-ser que
el existir puede empezar a ser posible. "Es sólo
a partir de la no-existencia que la existencia puede comenzar",
dice Winnicott (Ex, I, 120). Tal como en la aceptación
y soporte de la madre al estado de no-integración del
bebé. Tal vez, la falla mayor del analista en esos
casos, sea la incapacidad de soportar la negatividad que deshace
toda realidad y la impaciencia por introducir al paciente
en la existencia, en la positividad de la vida, donde todo
sucede. La confíabilidad del setting puede ayudar
al paciente a querer ser, pero necesita confiar en
que puede retroceder y a veces dejar de existir; necesita
saber que el analista soporta ese retomo a la noexistencia
o al estado no-integrado, amorfo, de la completa dependencia.
"El sentimiento del self surge sobre la base de
un estado no-integrado que, con todo, por definición,
no es observado ni recordado por el individuo y que se pierde,
a menos que sea observado y espejado de vuelta por alguien
en quien se confía, que justifica la confianza y atiende
a la dependencia." (BR, 88).
Referencias
bibliográficas
Nota:
Las siglas, luego del título de las obras de Winnicott,
son las mismas utilizadas como referencia inmediatamente después
de la cita, en el cuerpo del texto, seguidas de los números
de las páginas. Junto a la fecha de la edición
utilizada, señalé el año de la publicación
original; cuando me pareció importante, hice lo mismo
con las obras de apoyo. Siempre que fue posible, comparé
las traducciones en portugués y español con
los originales y, cuando fue necesario, procedí a correcciones
que, sin embargo, no están explícitamente señaladas.
KHAN, M. (1978) Prefacio a: Winnicott (1978).
KHAN, M. 1991: Introdução a Winnicott (1991).
LOPARIC, Z. (1990): HEIDEGGER réu: um ensaio sobre
a periculosidade da filosofía. Campinas: Papiros.
PESSANHA,
J. G. (1992): "O Ponto K - HEIDEGGER e FREUD" en
IDE, Revista da Soc. Bras. De Psicanálise. S. Paulo.
PONTALIS, J. B. (1977): ' Trouver, accueillir, reconnaitre
l'absent" en Entre le rêve et la douleur. Paris:
Gallimard.
PONTALIS, J.B. (1977/1971): "L'illusion maintenue"
en Entre le rêve et la douleur. Paris:
Gallimard. SECHEHAYE, M. A. (1988): La realización
simbólica y Diario de una esquizofrénica. México:
Fundo de Cultura Econômica.
WINNICOTT, Donald W. (1978): Da Pediatria à Psicanálise.
Textos selecionados (PP). Francisco Alves, Rio de Janeiro.
WINNICOTT, Donald W. (1971): A Criança e seu Mundo
(CM). Rio de Janeiro: Zahar, 2a. edição.
WINNICOTT, Donald W. (1983): O Ambiente e os Processos de
Maturação (APM). Porto Alegre: Artes Médicas.
WINNICOTT, Donald W. (1980): A Família e o Desenvolvimento
do Indivíduo
(FDI). Belo-Horizonte: Interlivros.
WINNICOTT, Donald W. (1975): O Brincar e a Realidade (BR).
Sao Paulo: Imago.
WINNICOTT, Donald W. (1971): Holding e Interpretação
(HI). Sao Paulo: Martins Fontes
WINNICOTT, Donald W. (1989): Tudo Começa em Casa (TCC).
Sao Paulo: Martins Fontes
WINNICOTT, Donald W. (1990): O Gesto Espontâneo (GE).
São Paulo: Martins Fontes.
WINNICOTT, Donald W. (1990): Natureza Humana (NH). Rio de
Janeiro: Imago.
WINNICOTT, Donald W. (1991): Exploraciones Psicoanalíticas.
I e II (Ex I y II). Buenos Aires: Paidós, col. Psicología
Profunda.
(*)
(**) El
presente artículo fue presentado en el II Encuentro
Latinoamericano sobre el pensamiento de D. W.
Winnicott: aspectos técnicos de su obra (octubre de
1993, Montevideo). El Encuentro destacó, para
discusión, dos casos clínicos de Winnicott:
1) el paciente cuyo análisis es relatado en
"Holding e
Interpetacáo" y 2) el caso que ilustra el ítem
"A busca do Self", en el cuarto capítulo
de "O Brincar e a
Realidade".
(**) Fax: 871-5296, San Pablo, Brasil.
(2) En las neurosis, la vida ya empezó
y el individuo está enraizado en un mundo de cuya realidad
no duda, capturado por la trama consistente de la positividad
del vivir: lo "lleno" de los sucesos, recuerdos,
fantasmas, heridas, traumas; escenario abierto donde el enredo
del existir puede desarrollarse, tiempo interno extendido
-pasado, presente, futuro- a veces distorsionado, trabado,
pero horizonte en el cual el individuo teje su historia. En
las psicosis fronterizas no hay escenario: una ausencia peculiar,
un vacío afectivo atraviesa toda presencia. De ahí
la extrañeza y perplejidad que invade al analista o
interlocutor eventual. El individuo no presenta trazos abiertamente
patológicos y sus relatos, pertinentes, exhiben contactos
aparentemente bien establecidos o coloreados por conflictos
neuróticos triviales. Viven, sin embargo, una inconsistencia
básica, como si nada pudiera ser propiamente real.
Los vínculos, flojos, extemos, duran el tiempo de la
presencia concreta y sólo ésta existe. De ahí,
tal vez, la dependencia de la extemalidad, de la presencia
efectiva de los otros y de las cosas. Parece que los vínculos,
actuados pero no vividos, no tienen a qué referirse,
dónde instalarse internamente, ni cómo, cosiéndose
unos a otros, entretejer enredos. El mundo está afuera,
como una película que no les concierne, y no hay puente
posible a no ser por la observancia de las reglas y sumisión
a los roteros y expectativas. Lo que parece faltarles es la
materia prima misma del vivir: la posibilidad de dejarse afectar
por los otros y por los sucesos de la vida, y de así
vincularse. La quiebra revélase como anterior al establecimiento
de vínculos. Es relativa a la propia posibilidad de
formarlos. Es una quiebra en el orden del ser. "Todo
lo que conseguí fue lo que no conseguí",
decía una paciente de Winnicott. Y él comenta:
"He aquí una tentativa desesperada de transformar
lo negativo en una última defensa contra el fin de
todo. Lo negativo es lo único positivo." (BR,
42.
(3) Es la inconfigurabilidad de las pulsiones, en ese
momento de no integración, en que no hay todavía
yo ni
no-yo, lo que lleva Winnicott a afirmar que "no hay id
antes del ego". (APM, 55).
3 bis 4. La prioridad de esta necesidad queda clara
cuando se presta atención a aquella que es, en general,
mencionada por Winnicott como la primera de las tres conquistas
que realizan el proceso de integración
(también denominada integración, tal como el
proceso global, lo que sugiere que es la más básica):
se trata de
la reunión (integración en un self) de las posibilidades
de ser del bebé (ahí entran las impulsos eróticos
y
agresivos) en una unidad espacio-nempo. Dice Winnicott: "La
tendencia principal del proceso maduracional
está contenida en los varios significados de la palabra
integración. La integración en el tiempo se
agrega a lo
(que podría llamarse) integración en el espacio."
(APM, 58).
(4) Esto vale para el bebé y también
para el paciente fronterizo que, cuando todo va bien y se
ofrecen las
condiciones altamente especializadas de soporte analítico,
llegará a regresar a la dependencia
(5)
Dice Winnicott" "Una fuente de equívocos
es la idea (que algunos analistas tienen) de que el términoadaptación
a las necesidades, en el tratamiento de los pacientes fronterizos
y en el cuidado del lactante,significa satisfacer los impulsos
del id. En esta situación, no existe la cuestión
de satisfacer o frustrar los impulsos del id. Hay cosas más
importantes sucediendo, como proveer apoyo a los procesos
del ego. Es sólo en condiciones de adecuación
del ego que los impulsos del id, sean satisfechos o frustrados,
témanse experiencias del individuo." (APM, 217).
Winnicott hace notar la prevalencia del ámbito de la
experiencia (matriz de significado y sentido) sobre el del
placer/displacer, satisfación/frustración. Lo
que importa es que se creen las condiciones para que el nuevo
individuo pueda acoger aquello que llega, como experiencia
real y personal (en su medida) y, por lo tanto, creativa,
en el sentido winnicottiano.
(6).La dependencia absoluta no puede,
por lo tanto, ser pensada de modo trivial (como el desvalimiento
del
bebé para la sobrevivencia) ni tampoco referida a una
supuesta "producción" del bebé como
tabla rasa, por el
ambiente. No se trata, tampoco, de dependencia afectiva, en
el sentido tradicional ya que en ese momento, no
hay todavía afectos. Se trata de dependencia estructural,
ontológica. Como en Winnicott no hay que contar con
una constitución que autónoma e intrapsíquicamente
vaya de sí, inscrita en la naturaleza, el todo sólo
se da en el encuentro. Repitiendo, eso no significa que el
ambiente hace el bebé pero, sí, que el bebé
depende enteramente de la madre para llegar a ser aquello
que ya es en cuanto posibilidad. Las posibilidades, virtuales,
son del bebé pero precisan ser actualizadas y eso sólo
se da en encuentro con el mundo. O sea, o la madre, en la
medida y ritmo del bebé, tiene éxito en la tarea
de introducirlo en el espacio y en el tiempo del mundo, en
la presencia de
las cosas, cuidando de protegerlo de las intrusiones y precocidades,
o el bebé queda, por decirlo así, desucedido.
No nace, queda crudo. Es en el vacío del no-sucedido
que el fronterizo órbita, sin lugar y sin tiempo.
(7).
Este es uno de los puntos más fascinantes del pensamiento
de Winnicott y que lo vincula al
pensamiento pos-metafísico. Si para el psicoanálisis
clásico, es preciso deshacerse de las ilusiones para
llegar a la realidad, para Winnicott es sólo a través
de la ilusión que una relación con la realidad
extema, por vía de la realidad compartida, es posible
(Cf. Pontalis 1977/1971). Fuera del ámbito de la ilusión,
esto es, si el nuevo
individuo es expuesto prematuramente a la conciencia de la
extemalidad del mundo, el no-yo puede quedar
definitivamente inhóspito, eternamente extranjero e
increable por su absoluta y cruda exterioridad.
(8). Pessanha, J. G.*'0 ponto K" (Heidegger e
Freud) en IDE, Revista da Soc. Bras. de Psicanálase
de S. Paulo.
Recomiendo vivamente al interesado en la cuestión de
la no-existencia, de ese "más allá del
principio del placer",
el estudio de Pessanha acerca de la temporalidad y negadvidad
en Freud y Heidegger. Forma parte de un proyecto
de reflexión, iniciada por Zeljko Loparic, que intenta
pensar las categorías de la psicopatología freudiana
a partir
de la ontología heideggeriana expuesto en "Ser
y Tiempo" (1927).
(9). Es esa la agonía impensable del "caer
para siempre": caer fuera del espacio-tiempo del mundo,
exiliado del
lugar donde se puede habitar en la presencia y en la familiaridad
de las cosas, en la repetición cotidiana y
aseguradora de los hábitos, y en la tradición,
entre proximidades y lejanías, vida que puede ser contada,
Sería como caer en el puro fisicismo, iluminación
sin sombras, mecánica y desprovista de significado:
el
"sistema", la "irrealidad" de la esquizofrénica
de Sechehaye.
(10). En el bellísimo artículo-prefacio
de la traducción francesa, hecha por él mismo,
de "O Brincar
e a Realidadé", describe Pontalis, en negativo,
la paradoja central de la falla no experenciada: Algo "tuvo
lugar sin encontrar su lugar psíquico; no está
depositado en ninguna parte. No es un traumatismo enterrado
en la memoria, cualquiera que sea la profundidad con que se
lo postule. No es, igualmente, lo reprimido, en el sentido
de un trazo que estaña inscripto en un sistema relativamente
autónomo del aparato psíquico. Inclusive hablar
incluso de escisión (clivage), con aquello que la noción
implica de elemento interno irreductible, sería, a
mi ver, erróneo". (1977,196)
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