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La regresión a la dependencia y el uso terapéutico de la falla del analista(*)
por Elsa Oliveira Dias (**)(*) (**)


En memoria de Amazonas Alves Lima


1. Introducción

Uno de los aspectos técnicos más fecundos del pensamiento de Winnicott consiste en el uso de lo que llamaremos, con él, la "falla" del analista; se refiere, sobre todo, a las fases de regresión a la dependencia en el tratamiento de pacientes fronterizos.
Extremadamente provocante, ese tema requiere explicitación teórica compleja, especialmente en relación a dos conceptos íntimamente imbricados entre sí y centrales en su obra: 1) el carácter específico del enfermar psicótico (que generó una nueva clasificación de las patologías), cualquiera que sea la organización patológica en la cual se manifieste y 2) la cualidad peculiar del desarrollo emocional durante el período de no-integración.

Para la comprensión del primer punto, importa atender a la manera como Winnicott configura la "naturaleza" de la diferencia entre neurosis y psicosis. Dice: "Fuera del estudio de las personas sanas, tal vez sólo en la neurosis y en la depresión reactiva sea posible aproximarse a la enfermedad verdaderamente interna, la enfermedad que forma parte del intolerable conflicto inherente a la vida y al vivir de las personas enteras (whole persons)". (APM, 124)

"Verdaderamente interna" se refiere, a mi ver, a un territorio ya constituido (a pesar de jamás estable a punto de no poder volver a perderse) donde se puede percibir el no-yo e inclusive desearlo, o envidiarlo, o querer destruirlo. Organizadas en piso pulsional, las neurosis representan así un estadio sofisticado del desarrollo. Llegar a la fase edípica con la posibilidad de padecer de los afectos y sus sintomatologías defensivas, en medio de relaciones interpersonales, significa haber alcanzado una vida emocional a nivel de salud, de la posible y precaria salud humana. Ese es el territorio tradicional de pesquisa e interés analítico: toda la inmensa gama de conflictos y formaciones fantasmáticas generadas en la eterna lucha del amor y del odio, "conflicto inherente a la vida y al vivir de las personas enteras" (ibídem).

Pero si el pensamiento analítico clásico, por basarse en las neurosis, da por supuesto el territorio (pulsiones, objetos, deseos) o sea, una integración (aunque precaria o parcial) en un self, lo que interesa a Winnicott, atento a la vacuidad borderline, es lo que pasa antes, o mejor, lo que no pasa, a punto de impedir que la integración se lleve a cabo, se realice. Son los agujeros de ese no sucedido, que de forma patológica, muchas veces subyacen a la organización neurótica que funciona, entonces, como cobertor defensivo de un vacío radical.

Según Winnicott, ese es el caso de las psicosis fronterizas. Es el caso de los dos pacientes cuyo análisis destacamos en este Encuentro. Fue la experiencia analítica con pacientes borderline lo que le posibilitó acercarse al carácter propiamente psicótico de la psicosis; así afirma haber encontrado allí "la oportunidad de observar los delicados fenómenos que apuntan a la comprensión de los estados verdaderamente esquizofrénicos". (BR, 121). Tratándose de ese tipo de patología, sabemos que Winnicott no iría a suponer la existencia (integración) de un self que quedó a medio camino, y, por lo tanto, no tratará de encontrar al paciente que aún no está ahí para ser encontrado. Tampoco esperará encontrarse con el sufrimiento típico de los conflictos pulsionales relativos a los afectos. El fronterizo está más allá de lo que podría llamarse vida psíquica. Esos pacientes, y esa es la característica de la patología fronteriza, viven en la forma de una no-existencia (2). Aquél, cuyo análisis es narrado en el libro ttHolding e lnterpretação" vive en el fantasear (BR, cap. II) que evita y sustituye a la realidad interna; usa la mente, hipertrofiada y disociada de la experiencia, ámbito que el paciente desconoce. La otra (BR, 83), transita entre flashes esparcidos y citas de poetas; vida hecha de pedazos amorfos, desconectados y sin sentido. Ambos se protegen de una amenaza, vaga para ellos, pero que, sabemos, es la de los encuentros reales, la amenaza de existir. Se someten, entonces, a las expectativas del ambiente extemo para garantizar la sobrevivencia de la cascara, a partir de la cual se presentan a sí mismos y a los otros. Siguiendo a Winnicott es posible suponer, a propósito de ambos, que en la etapa más precoz, antes de alcanzar el lugar (la reunión, el self) desde donde podrían sentirse afectados (afectos), concernidos, tomáronse puramente reactivos, controlando el peligro de las intrusiones y de los sobresaltos. Prematuramente atentos, la mente sustituyendo el papel del ambiente protector, no llegaron a la experiencia de dejarse estar, de habitar, y perdieron la aventura de vivir. En vez de concéntricos tomáronse excéntricos. No encontraron el camino del juego.

2. El estado de no-integración y las psicosis
La tesis que sostiene esa fenomenología consiste en que, para Winnicott, las psicosis se refieren a un momento de no-integración, anterior a la reunión en un self, a esa fase de dependencia absoluta donde ocurrieron fallas de adaptación en al amago de la unidad bebé-mamá. La gravedad de esas fallas está relacionada con el hecho de que, en ese momento en que el bebé todavía "no existe" y sólo "existe" en unidad con la madre, están siendo gestados los fundamentos, las condiciones de posibilidad de ingreso a la vida, vida que será, entonces, atravesada por conflictos pulsionales (3).

La afirmación de que el bebé "no existe" no es retórica ni simbólica. Para Winnicott, el existir no es dado y no coincide con el nacimiento biológico. Nointegrado, el bebé no tiene yo ni no-yo; no hay intencionalidad, objetos o intereses. Se trata, por lo tanto, de un momento pre-objetal, pre-pulsional y presimbólico. Antes de notar los objetos, nombrarlos y valorarlos, se encontrará y habitará en un "medio", en un "ambiente" espacial y temporal, dotado de una cierta "atmósfera". En ese momento, lo que el bebé tiene, sí, son posibilidades virtuales (bebé posible) que requieren ser actualizadas, "realizadas", ganar configuración y expresión (bebé real): sólo así puede llegar, como dice Heidegger, a ser-en-el-mundo, existiendo en las estructuras fundamentales del tiempo y del espacio, como un ser situado y datado.

Notemos: abrirse para el mundo y abrirse para sí mismo, self, es un único y mismo proceso. Por tanto precisa tener, con la ayuda de la madre, la experiencia de habitar (permanencia, protección de intrusiones, regularidad etc.) de modo de llegar a tener el sentimiento de "estar en casa"; un lugar (mundo y self) a partir del cual acoger y dejarse afectar por los sucesos, lugar donde pueda reunir y guardar las cosas que encuentra y en la duración de un tiempo continuo (continuidad, previsibilidad) en que una existencia se extiende como pasado, presente y futuro (3bis(4) ).

El existir (ex-sistere), por lo tanto, sólo comienza cuando el bebé, llegando a la integración que implica el reconocimiento de la existencia separada del no-yo y correlativamente del yo, alcanza el sentimiento de ser real y de habitar en un mundo real. Pero mucho tendrá que suceder todavía para que el bebé llegue a eso. "La integración es una conquista", dice Winnicott. Antes puede pensarse en una no-existencia. Se trata, por lo tanto, de un momento delicadísimo que requiere cuidados específicos.

Para tener esa experiencia inaugural de habitar y llevar a cabo la tendencia virtual a la integración, ese momento debe poder ser vivido en las condiciones de inmadurez que le son inherentes y en la entrega de quien se siente bien sostenido. Eso sólo es posible en presencia de un ambiente favorable que reconoce, acepta, reúne y da soporte a ese estado de no-integración, sin apresurar el proceso. Este debe seguir su propio curso, estando garantizada y protegida la "continuidad del ser". "La base para el establecimiento del ego es una continuidad existencial suficiente, que no sea interrumpida por reacciones a la intrusión." (PP, 496) (4).

Cabe a la madre "suficientemente buena" propiciar al bebé los cuidados de soporte, de presencia continua y previsible y de protección contra las intrusiones. En la salud, eso es posible porque, identificada con el bebé, la madre tiene capacidad para una adaptación sensible, activa y completa a sus necesidades. Luego, ella provee la desadaptación gradual, cuando pequeñas fallas suceden, en la misma medida de la capacidad maduracional creciente del bebé, lo que significa que forman parte de la pauta de la adaptación. Mas, he ahí un punto que merece destaque y revela la profundidad del pensamiento de Winnicott: la adaptación completa no apunta específicamente a la satisfacción instintiva (5). Hay algo más básico y estructural sucediendo. En la adaptación completa hay un encuentro y ese encuentro es fundamental: es la matriz de los encuentros posibles, el paradigma existencial de los vínculos de que se constituye el existir. Observemos que el propio bebé no se encuentra con la madre ya que en ese momento la madre no existe y el bebé tampoco. Pero el encontrarse está sucediendo en el completar el gesto del bebé y en el atender a su necesidad "en su punto" (madre suficientemente buena). Sin que el bebé se dé cuenta, se está creando el sentimiento de que el no-yo es encontrable, puede concernirle y tener sentido; se están plantando también las raíces de la mutualidad y de la posibilidad de comunicación, sin pérdida de la soledad esencial. (6).

Pero puede darse el desencuentro. Puede ser que la madre no sea capaz de sintonizar, desde lo íntimo, la necesidad del bebé. Ella no consigue crear el "entre", la burbuja de intimidad y protección donde se gesta, en la ilusión de omnipotencia, el sentimiento de que es posible encontrar y significar el mundo que va a servirle de morada. Tal vez ella no pueda soportar lo amorfo de la nointegración que le recuerda su propio desamparo escondido y recubierto por el ajetrear adulto. Y así, no hay encuentro. Esa madre, más atenta a su papel de madre que al bebé, puede embutirle el alimento y el mundo garganta adentro. Si pudiese abrir el "entre" y ensayar la posibilidad del encuentro, ella sabría que el bebé necesita ser introducido al mundo muy despacito, en su medida y ritmo, y tener la oportunidad de crear el mundo que encuentra: habitar en la paradoja (7).
Necesita de cuidados que se refieran a él, no al género bebé. Necesita que ella dé soporte y sostén tanto para el avance como para el retroceso. Retroceder significa que el bebé, a veces, siente necesidad de morir un poquito y abandonarse en algún lugar al que la madre no tenga acceso: "En el centro de cada persona, hay un algo no comunicable. Este es sagrado y merece ser preservado." (APM. 170)

Por la ilusión de omnipotencia, el bebé es introducido, imperceptiblemente, en el ámbito abierto del mundo. Le es permitido un tiempo en que está eximido de la tarea de separar el yo del no-yo, protegido de la conciencia prematura de la extemalidad del mundo. Sin esos cuidados, hay intrusión y desencuentro. La instrusión quiebra la continuidad de ser: algo rebalsa la posibilidad del bebé o sencillamente no sucede. El bebé hace el gesto que le viene del impulso momentáneo y no halla nada, nada le viene al encuentro. O, todo le es dado en demasía, más allá de su real necesidad. Aprende, entonces, a tener aquellas necesidades que dan a la madre la sensación de estar viva y actuante. En esos
casos, es el bebé el que se encarga de mantener a la madre "viva". Si eso se vuelve norma de conducta ambiental, puede haber un retroceso dramático como en el autismo o un retroceso defensivo con formación de coraza extema de sumisión que simula vínculos, como en los fronterizos. Son innúmeros los matices de las fallas en esa primera relación que fuerzan al bebé a superarse, a ponerse alerta antes de
tiempo, y él, desviado de sí, interrumpido en su "continuidad de ser" y ocupado en controlar el ambiente, queda reactivo, precozmente expuesto a la exterioridad del mundo y a la incumbencia de existir.

Hay, por lo tanto, quienes no llegan a nacer y permanecen en un tiempo anterior al tiempo del mundo. Un tiempo donde el hombre "privado del don de residir, habita en la eternidad de un presente vacío, sin movimiento, donde no pasa nada" (8). En ese cuadro, según Winnicott, "están todos los pacientes cuyo análisis debe enfrentar las etapas primitivas del desarrollo emocional, antes y hasta el establecimiento de la personalidad como entidad y antes de la adquisición del status de unidad espacio-tiempo". (PP. 460).

La falla en proveer la matriz de los vínculos y del habitar, puede hacer un agujero en el tejido de la continuidad de ser y hacer caer al bebé fuera del camino que lo llevaría a la integración. No cae en el mundo; cae fuera (9). Extraviado del vivir, exi-(56) liado de sí mismo y del mundo, permanentemente extranjero, el individuo no sabe habitar. Deambula en un desierto sin referencias, sin familiaridad posible: nada le concierne. Ni siquiera puede saber lo que ha sucedido o no, porque, nonacido todavía, no estaba allí para que algo sucediese. La falla que lo habita, como un vacío informe, sucedió, sorprendentemente, fuera de su psiquis (10). Dice Winnicott: "Los psicóticos sufren de disturbios derivados de un estado todavía más precoz y básico. Sus dificultades y problemas son especialmente dolorosos. Por no ser inherentes, no forman parte de la vida, pero sí" de la lucha por alcanzar la vida. El tratamiento exitoso de un psicótico permite que el paciente comience a vivir y empiece a experimentar las dificultades inherentes a la vida. " (NH, 100, subrayados míos)

Para algunos, sin embargo, residir en el mundo creyendo en su realidad, y dejarse ser, tomóse demasiado lejano. Así, con el paciente de "Holding e Interpretado": era capaz, a veces, de dejarse cuidar por Winnicott y de entregarse a la dependencia. Pero esa posibilidad se desvanecía pronto. Para él, que solo podía vivir en la ruta del script ambiental, el estado de no orientación e informe de la no-integración eran terroríficos. Su principal recurso defensivo era el retraimiento en el adormecer. En el excelente prefacio al libro, dice Masud Khan: "Desde el comienzo, Winnicott tenía conciencia de que toda forma de hablar y de relatar del paciente encerraba una reacción terapéutica negativa. El paciente hace su propio diagnóstico: "No me he hecho humano jamás. Perdí esa experiencia' (pág. 107) y, 'resumiendo, mi problema es cómo encontrar una lucha que nunca hubo\ (pág. 185). Winnicott no se dejó intimidar. Mucho menos tentó la cura." (Khan, M. 1991, 16, subrayado mío)

No tentar la cura es la sabiduría clínica de Winnicott. Tal vez exactamente residiese allí la falla original e insuperable: una madre que impelía a su hijo a mantenerse vivo, siempre, a cualquier precio. Pero eso no significa que Winnicott no usase los recursos de que disponía. Él extiende, disponible, el piso sobre el cual un nacimiento podría llegar a suceder, o para, por lo menos, mantener al paciente en la estrecha abertura que le era posible. Winnicott ofrece el soporte para que el paciente haga uso de él cuándo y como pueda. Con relación al dar holding, en el setting analítico, hay un detalle que merece examen: holding casi siempre se entiende como la continuidad de cuidados que teje el piso, aquello que da soporte, sustentación. Pero ocurren fallas, porque siempre ocurren fallas. Winnicott notó, sin embargo, que el paciente aprovechaba exactamente las fallas para avances en el proceso de maduración. Esas fallas repetían, sí, la intrusión temprana. Pero ahora, revividas y configuradas en la relación analítica, podían propiamente suceder y comenzar a formar parte del psiquismo.

3. Dos tareas analíticas: soporte para la noiníegración y el uso analítico de las fallas del analista.
Dado lo arriba expuesto, y tratándose de pacientes fronterizos en regresión a la dependencia, surge una cuestión para la función del análisis: no hay cómo retrazar o resignifícar una historia que no sucedió, ni cómo analizar la calidad libidinal de vínculos que no existen a no ser como remedos de vínculos extemos, artificiales, capas producidas para cubrir un campo interno vacío. En virtud de esa nueva perspectiva, la relación analítica tendrá que preferir otra función que aquella para la cual fue originalmente concebida (la interpretación de los conflictos pulsionales). El analista tendrá que estar atento, cuando el fondo de extrañamiento y vacuidad está cubierto por una organización neurótica o un disturbio psicosomático. "En tales casos, el psicoanalista puede ser cómplice, durante años, de la necesidad del paciente de ser psi-coneurótico (en contraposición a loco) y de ser tratado como tal. El análisis progresa y todos manifiestan satisfacción. El único inconveniente está en que el análisis jamás termina. Puede ser concluido y el paciente puede inclusive movilizar un falso self para finalizar el tratamiento y expresar gratitud. En verdad, sin embargo, él sabe que no hubo alteración en el estado (psicótico) subyacente y que analista y paciente tuvieron éxito en el complot para provocar un fracaso." (BR, 122)

Con pacientes borderline, por lo tanto, si se quiere llegar al fondo, la regresión es necesaria, y no es verdad que los clínicamente más regresivos sean los más enfermos. Tal vez sea más difícil la tarea de tratar pacientes psicóticos en estado de fuga en la salud (PP, 471), como era el caso del paciente anteriormente mencionado. Sin embargo, en general, si el analista ofrece las condiciones requeridas, el paciente fronterizo "atraviesa gradualmente las barreras que denominé técnica del analista y actitud profesional, y fuerza un relacionamiento directo, de tipo primitivo, llegando hasta el límite de la fusión". (APM, 150).

La regresión a la dependencia "representa la esperanza del individuo psicótico de que ciertos aspectos del ambiente que fallaron originalmente, puedan ser revividos, con el ambiente, ahora con éxito, en vez de fallar en su función de favorecer la tendencia heredada del individuo de desarrollarse y madurar" (APM, 117). Pero, ¿qué es lo que el paciente busca repetir, revivir, recordar? No es posible rescatar "algo que no ha sucedido aún, y esta cosa del pasado no ha sucedido porque el paciente no estaba allí para que sucediese" (Ex, I, 117). La falla, el derrumbe, sucedió fuera del psiquismo, en un "sin lugar", "sin tiempo", "sin forma" y no puede pertenecer al pasado a menos que sea experienciado en el presente por primera vez. "Para entender eso es preciso pensar, no en un trauma, sino en que no pasó nada cuando algo provechoso podría haber pasado." (Ex, I, 118, subrayado mío). Es esta la razón por la que lo que sucedió en el período de no-integración no pueda ser rescatado como un recuerdo olvidado en los vericuetos del inconsciente, y en las formas tradicionales de la transferencia.

En esas situaciones de regresión casi todo lo que está ocurriendo de importante,
se ofrece en el registro pre-verbal y entonces se presenta un desafío al analista: necesita saber todo lo que se refiere a las interpretaciones relativas al material presentado, mas "debe ser capaz de contenerse para no ser desviado a esa función, que sena inapropiada, porque la necesidad es la de apoyo simple al ego, o sea, la de holding. Ese holding, como la tarea de la madre en el cuidado del bebé, reconoce tácitamente la tendencia del paciente a desintegrarse, a cesar de existir, a caer para siempre". (APM, 217).

Es de extrema importancia la tarea analítica de mantener cuidadosamente la continuidad previsible y regular del setting, creando las condiciones para que una falla del analista sea sentida como tal, como falla del ambiente. Así, la falla debe ser entendida estrictamente en relación a la necesidad del paciente que se permite estar no-integrado, dependiente y fundido con el analista: cualquier movimiento del analista que se dirija fuera de la órbita de omnipotencia del individuo puede ser sentido como falla. Y esa será la ocasión para que aquella falla sufrida (pero no experienciada) en el período original de no-integración, alcance un contexto, una configuración, una historia, para que pueda finalmente suceder y,
reconocida, tomarse una experiencia del individuo. A ese respecto relata Winnicott, refiriéndose a un paciente: Ella "siempre siente espanto, pero durante un cuarto de hora, sintió espanto por algo" (Ex, I, 165). Para Winnicott, cuando las fallas del analista son casuales y no tienen una pauta fija propia, el paciente sufrirá aquella que corresponde "a la pauta según la cual el propio ambiente del paciente le falló a este en una etapa significativa." (Ex, II, 200).

Pero, para que el paciente ose aproximarse al vacío amorfo que lo habita sin lugar propio, hay que tejer, primero, la casa: una base muy firme de confíabilidad hecha de los cuidados básicos de permanencia, regularidad, simplicidad, monotonía, esto es, establecer la ilusión de la omnipotencia sobre cuyo piso, bien asentado, la falla, la desilusión configurada, pueda suceder de modo de ser experienciada, sufrida, soportada. Muy amparado, el paciente puede empezar a tener sentimientos y no a estar hundido en sensaciones; ya puede sentir falta de algo, y no el vacío de todo; ya puede sufrir frustración y odio y no aniquilamiento. Dice Winnicott sobre otra paciente: "Mi tarea consistía, en primer lugar, en cooperar con su proceso de idealización a mi respecto, y luego compartir el peso de la responsabilidad por la quiebra de esa idealización a raíz de su odio..." (Ex, I, 165). En las condiciones altamente especializadas del setting analítico y después de haberse establecido firmemente la con-fíabilidad, la falla puede suceder y dar ciudadanía al odio. "En la recuperación de la situación original de fracaso, cuando la situación congelada de fracaso se descongela, el individuo puede, por primera vez, sentirse frustrado y desarrollar defensas más complejas, así como experimentar furia o ira, justamente contra el fracaso." (GE, 54). Y aún: "Estas fallas producen rabia, lo que es valioso, porque esa rabia trae el pasado al presente. En el momento de la falla (o falla relativa) inicial, la organización yoica del bebé no estaba suficientemente preparada para una cuestión tan compleja como es la de tener rabia acerca de una cuestión concreta" (Ex, I, 306, subrayado mío).

Es sólo en la regresión a la dependencia que la necesidad del paciente de experimentar el vacío, lo no-sucedido, la decepción, puede emerger y tener lugar. Sólo dentro del soporte del analista es que la falla tendrá esa función y esa importancia. Winnicott relata cómo sería, si fuera verbal, la demanda de un paciente que se ve a punto de entrar en regresión a la dependencia: "Ya es hora de que usted se decida: o va hasta el final, o se retira. No me importa que me diga ahora que no está en condiciones de hacerlo, pero si sigue avanzando, yo le entregaré algo que es muy mío y me volveré peligrosamente dependiente de usted, y sus errores tendrán una enorme importancia" (Ex, I, 124, subrayado mío).

El destaque dado a ese punto no debe llevar a pensar que, en el trato del fronterizo, Winnicott aconseje al analista programar fallas. Tanto en la adaptación como en la desadaptación, en el error o en el acierto, cualquier mecanicismo malogra la tarea de introducir al bebé o al paciente en el mundo humano. Tal como la madre "suficientemente buena", el analista fallará espontáneamente por el simple hecho de ser humano y porque las necesidades del paciente, así como las del bebé, son, por decirlo así, "inhumanas". Se trata de estar atento y usar analíticamente la situación.

Una de las ocasiones más frecuentes de falla se refiere al tiempo: en virtud del agotamiento originado en el carácter absorbente de la adaptación completa y sintiéndose llamados por otros intereses, madre y analista sobreestiman los progresos del bebé o del paciente y anticipan posibilidades que no se establecieron todavía. El paciente se siente sobrecargado, no visto y, otra vez, su "estar allí" se constituye en un peso del cual él mismo y quien lo cuida quieren librarse. El retroceso es inevitable. Es una suerte cuando el paciente puede avanzar del retraimiento a la regresión y entregarse a nuestros cuidados. En la regresión a la dependencia pisamos en un terreno extremadamente frágil: hay grandes riesgos entrañados, pero hay que correrlos. "En los casos graves, todo lo que importa y es real, personal, original y creativo, permanece oculto y no manifiesta ninguna señal de existencia. En ese caso extremo, al individuo no le importa vivir o morir." (BR, 99). Silencios, retraimientos y, sobre todo, aquello que Freud denominó reacción terapéutica negativa, son, en general, entendidos como resistencia a la propia relación analítica y/o a un contenido pulsional indeseable. Freud quedó sorprendido al darse cuenta de que había pacientes que luchaban contra la cura y sólo entonces pudo configurar el mecanismo de la resistencia. Si lleváramos esto hasta el fin, verificaríamos que la resistencia puede residir en un rechazo más básico aún, y sin contenido, rechazo a cualquier posibilidad de una existencia real. "-No me haga querer SER...", decía una paciente de Winnicott, citando al poeta Hopkins. Un rato antes, en la sesión, ella había dicho: <<-Tengo a veces la sensación de que nací... ¡Si no hubiera sucedido! Eso me viene; no es como la depresión." Winnicott: "-Si usted hubiera podido no existir, hubiera sido bueno." Ella: "-¡Pero lo que es tan terrible es la existencia negada! Jamás hubo una época en que yo pensara: ¡qué bueno haber nacido! Siempre tengo presente que hubiera sido mejor si yo no hubiera nacido, pero, ¿quién sabe? Podría ser, no sé" (BR, 89).

Es sólo con el permiso y el soporte para el no-ser que el existir puede empezar a ser posible. "Es sólo a partir de la no-existencia que la existencia puede comenzar", dice Winnicott (Ex, I, 120). Tal como en la aceptación y soporte de la madre al estado de no-integración del bebé. Tal vez, la falla mayor del analista en esos casos, sea la incapacidad de soportar la negatividad que deshace toda realidad y la impaciencia por introducir al paciente en la existencia, en la positividad de la vida, donde todo sucede. La confíabilidad del setting puede ayudar al paciente a querer ser, pero necesita confiar en que puede retroceder y a veces dejar de existir; necesita saber que el analista soporta ese retomo a la noexistencia
o al estado no-integrado, amorfo, de la completa dependencia. "El sentimiento del self surge sobre la base de un estado no-integrado que, con todo, por definición, no es observado ni recordado por el individuo y que se pierde, a menos que sea observado y espejado de vuelta por alguien en quien se confía, que justifica la confianza y atiende a la dependencia." (BR, 88).

Referencias bibliográficas

Nota: Las siglas, luego del título de las obras de Winnicott, son las mismas utilizadas como referencia inmediatamente después de la cita, en el cuerpo del texto, seguidas de los números de las páginas. Junto a la fecha de la edición utilizada, señalé el año de la publicación original; cuando me pareció importante, hice lo mismo con las obras de apoyo. Siempre que fue posible, comparé las traducciones en portugués y español con los originales y, cuando fue necesario, procedí a correcciones que, sin embargo, no están explícitamente señaladas.
KHAN, M. (1978) Prefacio a: Winnicott (1978).
KHAN, M. 1991: Introdução a Winnicott (1991).
LOPARIC, Z. (1990): HEIDEGGER réu: um ensaio sobre a periculosidade da filosofía. Campinas: Papiros.

PESSANHA, J. G. (1992): "O Ponto K - HEIDEGGER e FREUD" en IDE, Revista da Soc. Bras. De Psicanálise. S. Paulo.
PONTALIS, J. B. (1977): ' Trouver, accueillir, reconnaitre l'absent" en Entre le rêve et la douleur. Paris: Gallimard.
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Gallimard. SECHEHAYE, M. A. (1988): La realización simbólica y Diario de una esquizofrénica. México: Fundo de Cultura Econômica.
WINNICOTT, Donald W. (1978): Da Pediatria à Psicanálise. Textos selecionados (PP). Francisco Alves, Rio de Janeiro.
WINNICOTT, Donald W. (1971): A Criança e seu Mundo (CM). Rio de Janeiro: Zahar, 2a. edição.
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WINNICOTT, Donald W. (1980): A Família e o Desenvolvimento do Indivíduo
(FDI). Belo-Horizonte: Interlivros.
WINNICOTT, Donald W. (1975): O Brincar e a Realidade (BR). Sao Paulo: Imago.
WINNICOTT, Donald W. (1971): Holding e Interpretação (HI). Sao Paulo: Martins Fontes
WINNICOTT, Donald W. (1989): Tudo Começa em Casa (TCC). Sao Paulo: Martins Fontes
WINNICOTT, Donald W. (1990): O Gesto Espontâneo (GE). São Paulo: Martins Fontes.
WINNICOTT, Donald W. (1990): Natureza Humana (NH). Rio de Janeiro: Imago.
WINNICOTT, Donald W. (1991): Exploraciones Psicoanalíticas. I e II (Ex I y II). Buenos Aires: Paidós, col. Psicología Profunda.

(*) (**) El presente artículo fue presentado en el II Encuentro Latinoamericano sobre el pensamiento de D. W.
Winnicott: aspectos técnicos de su obra (octubre de 1993, Montevideo). El Encuentro destacó, para
discusión, dos casos clínicos de Winnicott: 1) el paciente cuyo análisis es relatado en "Holding e
Interpetacáo" y 2) el caso que ilustra el ítem "A busca do Self", en el cuarto capítulo de "O Brincar e a
Realidade".
(**) Fax: 871-5296, San Pablo, Brasil.

(2) En las neurosis, la vida ya empezó y el individuo está enraizado en un mundo de cuya realidad no duda, capturado por la trama consistente de la positividad del vivir: lo "lleno" de los sucesos, recuerdos, fantasmas, heridas, traumas; escenario abierto donde el enredo del existir puede desarrollarse, tiempo interno extendido -pasado, presente, futuro- a veces distorsionado, trabado, pero horizonte en el cual el individuo teje su historia. En las psicosis fronterizas no hay escenario: una ausencia peculiar, un vacío afectivo atraviesa toda presencia. De ahí la extrañeza y perplejidad que invade al analista o interlocutor eventual. El individuo no presenta trazos abiertamente patológicos y sus relatos, pertinentes, exhiben contactos aparentemente bien establecidos o coloreados por conflictos neuróticos triviales. Viven, sin embargo, una inconsistencia básica, como si nada pudiera ser propiamente real. Los vínculos, flojos, extemos, duran el tiempo de la presencia concreta y sólo ésta existe. De ahí, tal vez, la dependencia de la extemalidad, de la presencia efectiva de los otros y de las cosas. Parece que los vínculos, actuados pero no vividos, no tienen a qué referirse, dónde instalarse internamente, ni cómo, cosiéndose unos a otros, entretejer enredos. El mundo está afuera, como una película que no les concierne, y no hay puente posible a no ser por la observancia de las reglas y sumisión a los roteros y expectativas. Lo que parece faltarles es la materia prima misma del vivir: la posibilidad de dejarse afectar por los otros y por los sucesos de la vida, y de así vincularse. La quiebra revélase como anterior al establecimiento de vínculos. Es relativa a la propia posibilidad de formarlos. Es una quiebra en el orden del ser. "Todo lo que conseguí fue lo que no conseguí", decía una paciente de Winnicott. Y él comenta: "He aquí una tentativa desesperada de transformar lo negativo en una última defensa contra el fin de todo. Lo negativo es lo único positivo." (BR, 42.
(3) Es la inconfigurabilidad de las pulsiones, en ese momento de no integración, en que no hay todavía yo ni
no-yo, lo que lleva Winnicott a afirmar que "no hay id antes del ego". (APM, 55).
3 bis 4. La prioridad de esta necesidad queda clara cuando se presta atención a aquella que es, en general,
mencionada por Winnicott como la primera de las tres conquistas que realizan el proceso de integración
(también denominada integración, tal como el proceso global, lo que sugiere que es la más básica): se trata de
la reunión (integración en un self) de las posibilidades de ser del bebé (ahí entran las impulsos eróticos y
agresivos) en una unidad espacio-nempo. Dice Winnicott: "La tendencia principal del proceso maduracional
está contenida en los varios significados de la palabra integración. La integración en el tiempo se agrega a lo
(que podría llamarse) integración en el espacio." (APM, 58).
(4) Esto vale para el bebé y también para el paciente fronterizo que, cuando todo va bien y se ofrecen las
condiciones altamente especializadas de soporte analítico, llegará a regresar a la dependencia
(
5) Dice Winnicott" "Una fuente de equívocos es la idea (que algunos analistas tienen) de que el términoadaptación a las necesidades, en el tratamiento de los pacientes fronterizos y en el cuidado del lactante,significa satisfacer los impulsos del id. En esta situación, no existe la cuestión de satisfacer o frustrar los impulsos del id. Hay cosas más importantes sucediendo, como proveer apoyo a los procesos del ego. Es sólo en condiciones de adecuación del ego que los impulsos del id, sean satisfechos o frustrados, témanse experiencias del individuo." (APM, 217). Winnicott hace notar la prevalencia del ámbito de la experiencia (matriz de significado y sentido) sobre el del placer/displacer, satisfación/frustración. Lo que importa es que se creen las condiciones para que el nuevo individuo pueda acoger aquello que llega, como experiencia real y personal (en su medida) y, por lo tanto, creativa, en el sentido winnicottiano.
(6).La dependencia absoluta no puede, por lo tanto, ser pensada de modo trivial (como el desvalimiento del
bebé para la sobrevivencia) ni tampoco referida a una supuesta "producción" del bebé como tabla rasa, por el
ambiente. No se trata, tampoco, de dependencia afectiva, en el sentido tradicional ya que en ese momento, no
hay todavía afectos. Se trata de dependencia estructural, ontológica. Como en Winnicott no hay que contar con
una constitución que autónoma e intrapsíquicamente vaya de sí, inscrita en la naturaleza, el todo sólo se da en el encuentro. Repitiendo, eso no significa que el ambiente hace el bebé pero, sí, que el bebé depende enteramente de la madre para llegar a ser aquello que ya es en cuanto posibilidad. Las posibilidades, virtuales, son del bebé pero precisan ser actualizadas y eso sólo se da en encuentro con el mundo. O sea, o la madre, en la medida y ritmo del bebé, tiene éxito en la tarea de introducirlo en el espacio y en el tiempo del mundo, en la presencia de
las cosas, cuidando de protegerlo de las intrusiones y precocidades, o el bebé queda, por decirlo así, desucedido. No nace, queda crudo. Es en el vacío del no-sucedido que el fronterizo órbita, sin lugar y sin tiempo.
(7). Este es uno de los puntos más fascinantes del pensamiento de Winnicott y que lo vincula al
pensamiento pos-metafísico. Si para el psicoanálisis clásico, es preciso deshacerse de las ilusiones para llegar a la realidad, para Winnicott es sólo a través de la ilusión que una relación con la realidad extema, por vía de la realidad compartida, es posible (Cf. Pontalis 1977/1971). Fuera del ámbito de la ilusión, esto es, si el nuevo
individuo es expuesto prematuramente a la conciencia de la extemalidad del mundo, el no-yo puede quedar
definitivamente inhóspito, eternamente extranjero e increable por su absoluta y cruda exterioridad.
(8). Pessanha, J. G.*'0 ponto K" (Heidegger e Freud) en IDE, Revista da Soc. Bras. de Psicanálase de S. Paulo.
Recomiendo vivamente al interesado en la cuestión de la no-existencia, de ese "más allá del principio del placer",
el estudio de Pessanha acerca de la temporalidad y negadvidad en Freud y Heidegger. Forma parte de un proyecto
de reflexión, iniciada por Zeljko Loparic, que intenta pensar las categorías de la psicopatología freudiana a partir
de la ontología heideggeriana expuesto en "Ser y Tiempo" (1927).
(9). Es esa la agonía impensable del "caer para siempre": caer fuera del espacio-tiempo del mundo, exiliado del
lugar donde se puede habitar en la presencia y en la familiaridad de las cosas, en la repetición cotidiana y
aseguradora de los hábitos, y en la tradición, entre proximidades y lejanías, vida que puede ser contada,
Sería como caer en el puro fisicismo, iluminación sin sombras, mecánica y desprovista de significado: el
"sistema", la "irrealidad" de la esquizofrénica de Sechehaye.
(10). En el bellísimo artículo-prefacio de la traducción francesa, hecha por él mismo, de "O Brincar
e a Realidadé", describe Pontalis, en negativo, la paradoja central de la falla no experenciada: Algo "tuvo lugar sin encontrar su lugar psíquico; no está depositado en ninguna parte. No es un traumatismo enterrado en la memoria, cualquiera que sea la profundidad con que se lo postule. No es, igualmente, lo reprimido, en el sentido de un trazo que estaña inscripto en un sistema relativamente autónomo del aparato psíquico. Inclusive hablar incluso de escisión (clivage), con aquello que la noción implica de elemento interno irreductible, sería, a mi ver, erróneo". (1977,196)

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