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La construcción del instante

Por Eduardo Smalinski


Estimados Paula y Daniel (1): Esta temática, la del tiempo en sus infinitas versiones me hizo recordar un episodio clínico que me dejó muchas enseñanzas. Me dirigía hace algunos años al consultorio de mi analista, tenía tiempo, por lo que fui caminando y en el trayecto me encontré con un paciente al que había atendido durante un prolongado lapso y que había decidido interrumpir su tratamiento. Se trataba de un hombre con una personalidad esquizoide, que sufría una vida solitaria y al que se le imponía un fantaseo que lo atormentaba por constituir el polo opuesto de su triste realidad. Durante el tiempo que trabajamos, el clima transferencial que se fue generando, era cada vez mas tenso y agresivo, por lo que su interrupción no dejó de ser un alivio para ambos. Sin embargo el reencuentro casual fue agradable, el se alegró de verme y yo también. Me habló de su situación y me preguntó si podía acompañarme, le dije que sí. Durante la infrecuente caminata, me dijo que seguía como siempre mal, que sentía la "obligación" de hacer terapia y al mismo tiempo que esta se le tornaba insoportable. Decía que entre una y otra sesión "se obsesionaba". Esta queja yo la había escuchado sin cesar durante el
tratamiento. Me preguntó que podía hacer porque en tratamiento no podía estar, y sin tratamiento tampoco. Él recordaba que yo le había dicho que se tomara un descanso, pero que el así tampoco podía descansar. Se me ocurrió decirle que el quizás tendría que tener, cada entrevista como si fuera la última, lo cual para mi sorpresa le pareció bien. Me dijo que no sabía cuando, pero que me llamaría. Al llegar a mi análisis comenté lo sucedido, era la primera vez que un paciente me acompañaba hasta allí, advertí lo lejos que había llegado en cuanto a llevar la locura a ese ámbito. La interpretación me pareció
acertada. El paciente llamó al tiempo y tuvo durante algunos años esas últimas entrevistas. Tenían características particulares, algunas semanas venía mas de una vez y otros meses no llamaba. Otras veces dejaba un mensaje en donde aclaraba que no quería una entrevista sino sólo hacer una pregunta o un comentario. También habíamos advertido lo inconveniente que resultaba que la entrevista no se realizara el mismo día que la solicitaba, de no ser posible prefería no tenerla y llamar en otro momento, al día, a la semana o al mes siguiente. No podría decir que este paciente haya mejorado como resultado del tratamiento, sólo hubieron algunos acercamientos, más o menos logrados a
representantes del género femenino. Diría si como significativo, que el clima de las entrevistas mejoró, creo que pasamos de resultarnos insoportables a generar un clima de cierta tolerancia y simpatía, considero que ese espacio era único y significativo para el paciente aunque no lo reconociera explícitamente. Me interesaba relatar esta experiencia, porque me permitió pensar la complejidad de la construcción de un espacio y de un tiempo. Un tiempo que tenía que ser "único" y "final", un tiempo que no se demorara, que en cuanto a la demanda tenía que ser satisfecho al instante, para que no precipitara en el fantaseo. Pero también un tiempo que al no constituir una frecuencia
standard, le permitía al paciente, demandarlo, desearlo, e incluso tolerar la frustración de no conseguirlo. Fue una alternativa entre el tener que hacer terapia y el no hacerlo, le otorgaba la posibilidad de constituir un tiempo subjetivo del cual él era el protagonista, siempre que el análisis le posibilitara jugar esa instancia, es decir que no le impusiera el tiempo del "analista" sino que lo ayudara a encontrar su propio tiempo.
Ese paciente me planteó dificultades que en gran medida no pude resolver, rescato sin embargo ese tiempo, esos "instantes" que pudimos construir.


(1)Este texto surge a partir de la siguiente convocatoria, cursada a todos nuestros amigos y lectores: En primavera convocamos a nuestros lectores a reflexionar sobre "el valor de los detalles". Amigos y colegas nos enviaron sus mensajes desmintiendo el aparente rigor suplementario -y poco inocente- de los detalles en toda experiencia más o menos íntima (Estos mensajes pueden leerse en el número de primavera de www.espaciopotencial.com.ar). Para el número de verano nos gustaría indagar el "valor de los instantes". Hay quien piensa que el tiempo sólo tiene una realidad ceñida al instante y que todo individuo es una suma -casi accidental- de unos cuantos accidentes: los instantes. Nos gustaría compartir pareceres al respecto. Les mandamos un saludo muy afectuoso y esperamos los mensajes en "La casa de Winnicott" (buzon@espaciopotencial.com.ar o contestando este email).
Paula Larotonda
Daniel Ripesi


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